lunes, 9 de septiembre de 2019

DÉLFOR B. MÉNDEZ - Abogado y Escritor Gaucho


Allá por 1982/83 supe de Délfor B. Méndez por boca de mi admirado Carlos Antonio Moncaut, cuando en una de nuestras entretenidas charlas sobre la historia del “Viejo Pago de la Magdalena”, me inquirió: “-¿No lo conoce a Méndez…? Tiene que leer su novela ‘Silvano Ponce’”, y por suerte tiempo después pude adquirirla en una “librería de viejo”, como llamamos a aquellos locales dedicados a textos antiguos o raros. El amigo Mario Lenzi me la consiguió.

Ahora bien, resulta que dicho autor -abogado de profesión, y por muchos años y por vocación, columnista del diario “El Día”-, había tenido trato amistoso con mi abuelo Desiderio Espinel, e incluso solía llegar a “Los Ombúes” en el paraje “El Zapata”.
(Lástima grande que entonces yo no tuviera edad para recopilar los datos que me permitirían hoy, cubrir ese bache que es lo poco que sobre él se conoce).
El 3/08/1998, el diario “El Día” de La Plata, me cedió el espacio para unas líneas tituladas “Un Recuerdo Para la Obra de Délfor B. Méndez”, y ellas motivaron que un prestigioso periodista de dicho medio, el Prof. Juan José Terry, se comunicara conmigo para contarme, que cuando el 18/julio/1969 se impuso, en un acto académico llevado a cabo en la Municipalidad de Magdalena, el nombre del escritor al Club Literario local, había tenido a su cargo las palabras evocativas.
Para entonces ya habían transcurrido 19 años de su fallecimiento (acaecido en 1950), y si enumeramos que a más del aludido profesor hicieron uso de la palabra el Secretario de Gobierno municipal, Sr. Félix Gorrasi, y el Director de Cultura de la Provincia Prof. Horacio Carballal, contándose con la asistencia al citado acto del Director de Cultura de La Plata, funcionarios de la Subsecretaría Provinciales, el presidente y vicepresidente de la Sociedad de Escritores de la Provincia (SEP), salta a la vista que su importancia intelectual era mucha.

La obra aludida al principio “Silvano Ponce – La novela de un mensual”, publicada en 1938, es una exquisita pintura de costumbres, ambientada en una estancia magdalenense que el autor denomina “El Sarandí, de Don Rudecindo Llanos”, en la que Silvano nace en “la población de la costa, denominada ‘El Descanso’”, el puesto que ocupaba su padre.
Sin duda es su obra cumbre, novela con la que obtiene el Primer Premio Provincial de Literatura; indudablemente es un genuino homenaje a su pago natal, demostrando un profundo conocimiento de su ambiente rural.
Con anterioridad había publicado: “Flores de Luz” (1913), “Caminito sin Fin”  (1919), “Vida - cantos de juventud, de amor y de optimismo” (1921) y “Tibieza de Nido” (1923), todos de poesía; “La Hierra” -narración- (1934), y posteriormente, ya como póstumo, “Viñetas Platenses” -prosa- (1950).
Permanecen inéditos: “La Canción Buena” (poesía), “Tientos Trenzados” (poesía gauchesca), y las novelas: “Corazón adentro” (novela breve), “El Vasco Aguirre o El Vasco Martín” (sobre los vascos en el país), y “El Agregado” (sobre el peón de campo y los viejos saladeros), por lo que se sabe, las dos últimas  vinculadas a su querido terruño natal.
En 1993, otro admirado que me distinguió con su trato, el historiador Fermín Chávez, incluía en su antología “Aquí Me Pongo a Cantar”, las cuartetas de Méndez tituladas “Facón”.
Délfor B. Méndez nació en Magdalena, provincia de Buenos Aires, el 24/08/1894.
Realiza estudios superiores en La Plata de cuya Universidad egresa como Doctor en Leyes.
Desde muy temprana edad se manifiesta en él, el gusto por la poesía, al punto que escribe a los 15 años su primer libro que publicará cuatro años después.
Mozo de 21 años, escribe el himno deportivo “Gimnasia y Esgrima”, y años después compone el tango deportivo para piano “Mens Sana”, dedicado a su club. En este rubro musical, digamos que, entre otros temas, es letrista con música del violinista Hugo Galli, del tango “La Fulana” que el dúo Magaldi-Noda estrena en Radio Belgrano. El reputado historiador del tango platense, Don Juan Cendoya, nos ha informado que en  los cinco temas de su autoría registrados en SADAIC utiliza el seudónimo de “Delfín Mendizabal”, como que también compuso una zamba titulada “Vidita Mía” que también fue grabada.

Desarrolla una intensa actividad cultural y literaria, publicando con asiduidad; y como ocurrió con otros platenses de su tiempo, también frecuentó el movimiento de la Agrupación Bases, y a la disolución de ésta se integra a la naciente Sociedad de Escritores de la Provincia (SEP), donde, entre 1948/49 lo encontramos como directivo.
Integra la redacción del diario “El Día” de La Plata, y en oportunidades es jurado de certámenes literarios.
Con jóvenes 56 años falleció en la ciudad Capital provincial, el 29/10/1950
No debemos olvidarnos de citar que en diciembre de 1973, la Biblioteca de la Escuela Nº 60 “Hugo Stunz”, fue designada con su nombre, acto en el que estuvieron presente sus hijos Susana y Manuel.
A 125 años de su natalicio, bien se merece este recuerdo.
La Plata, 15/marzo/2019


Fuentes
-Diario El Día de La Plata, edición del 21/03/1993
-“Aquí me pongo a cantar” -Antología-, de Fermín Chávez
(1993)
-“Los Profesionales y el tango”, por Juan Cendoya (Rev. Colegio de Veterinarios)
-“Diccionario Biográfico de Escritores Costumbristas Platenses”, de C. R. Risso (2010)

lunes, 26 de agosto de 2019

"SANTA ANA" de CEPEDA - Bavio, Magdalena


Por rama de mi abuela materna, Ana Isabel Cepeda (“Chicha”), mi tatarabuelo se llamó Francisco Cepeda, nacido en 1813, y muerto a los 70 años de edad en 1883; según la tradición oral familiar, en su campo, siendo velado en el casco de “Santa Ana”, y sepultado en el Cementerio de Magdalena.
Hasta allí llegan los recuerdos de familia. Luego, gracias a inquietudes de un primo hermano de mi madre, Miguel Cepeda, que se preocupó en reunir viejas escritura entre las que estaba la antigua posesión familiar, comprobamos que Francisco era nieto de Manuel Ponce de León y Cepeda, por lo que, en algún momento y desconociéndose el motivo, miembros de la familia acortaron su apellido, simplemente a Cepeda.
Francisco Cepeda hacia 1880.
También vestía de chiripá
Viene a cuento referir que en las inmediaciones de lo que fue “Santa Ana”, en ese vecindario rural, existían pobladores Ponce de León, aparentemente sin vínculos con la familia Cepeda, pero… si vamos más atrás algún parentesco deben haber tenido.
Guiándonos por la planificación actual, “Santa Ana” quedaba comprendida en lo que hoy es la localidad de Bartolomé Bavio. Su ubicación es sobre el lateral norte de la Ruta Provincial 54 que empalma con la Ruta 11 en un cruce de caminos conocido como Paraje “El Pino”. Dicha ruta es una recta que antes de llegar al pueblo de Bavio se abre en una amplia curva; pues bien, a lo largo de toda la recta se desarrollaba la vieja estanzuela de Cepeda.
En ésta margen del Plata, el apellido ya estuvo presente cuando la primera fundación de Buenos Aires, pues entre las tropas que trajo el adelantado Don Pedro de Mendoza, formaba un Capitán de apellido Cepeda. Ignoramos si estuvo entre los que iniciaron el regreso junto al Adelantado, si formó parte de los que remontaron el camino hacía el litoral norte, o si cayó en alguno de los tantos combates librados con los naturales del lugar.
En la familia no faltan los que han querido ver una vinculación directa con Santa Teresa de Jesús, pues el nombre de ésta santa española es Teresa de Cepeda y Ahumada o Teresa de Sánchez Cepeda y Dávila, pero no hay ningún indicio documentado que pruebe tal aserto.
Valentín Cepeda, hacia 1870/75
Ignoramos con quien estuvo casado Manuel Ponce de León y Cepeda, pero sí que su hijo Saturnino Cepeda (ya sin el Ponce de León) lo estuvo con Isabel Cepeda, probablemente prima o sobrina. Francisco, uno de sus hijos, quizás el mayor, fue quien conformó la estanzuela “Santa Ana”, curiosamente su primera esposa, con la que tuvo cuatro hijos, se llamó Ana Castro. No sería de extrañar que el nombre haya sido en su homenaje.
Es de estimar que el casco de la propiedad es de mediados del Siglo XIX, y a la fecha se encuentra en muy buen estado, conservando casi exacta la forma original. Es un edificio más vale chato, en forma de “U”, con un patio/jardín central, con el clásico aljibe al medio. En su frente y el ala este, tiene una amplia galería.
Plano de "Santa Ana" al momento de la sucesión 
Sabemos que en 1862 Francisco compra al Estado una fracción de casi 430 has., tierras consideradas de “bien público o fiscales”, las que anexa a la extensión que ya tenía, obteniéndose una señal de que el casco ya existía, porque el agrimensor Gonnet dice: “El primero de abril en Casa de Dn Fco Cepeda observé la altura meridiana…” (textual).
En noviembre de 1876 vuelve sobre tierras fiscales, y solicita a las autoridades - el Jefe de la Oficina de Tierras Públicas-, la compra de un retazo que encaja dentro de su propiedad, el que se aproxima a las 170 has. El gobierno designa al Agrimensor Don Pedro M. Cortina la mensura de dichas tierras, las que finalmente son adjudicadas a Cepeda, en julio de 1877.
Juan de Dios Cepeda
Por la testamentaría realizada tras su fallecimiento, sabemos que al menos a ese momento (1883), “Santa Ana” tenía una extensión de 1.006 has. y que efectuado el reparto, el casco con una fracción de 463 has  pasó a poder de su segunda esposa, Doña Petrona Hornos y al hijo mayor de ese matrimonio, Epifanio Rufino Cepeda (1869 / 1952), mi bisabuelo.
Este Epifanio fue un hombre progresista, con ganado prestigio en la zona y en ‘el pago’; en la política de su tiempo formaba fila con los conservadores (los boina colorada, orejudos o vacunos, como la ‘contra’ los designaba) y supo estar cerca de las autoridades provinciales de su partido.
Fue uno de los primeros vecinos en tener automóvil, toda una novedad por entonces; también dotó al casco de luz artificial, ya que instaló un sistema a gas de carburo, adelanto del que ninguna otra población del vecindario gozaba, y luego, años más adelante sumo la luz a molinillo.
A su muerte, la casa principal de “San Ana” y una fracción del campo pasó a pertenecer a su hijo Silvano, y actualmente lo conserva uno de sus hijos, un nieto de aquél, de nombre Miguel.

TRES NOTICIAS AL MARGEN

La Primera

Una historia de la tradición oral de la familia -que desgraciadamente conocí de grande, cuando ya no quedaban más mayores que las dos tías abuelas que me la contaron, y ya no tenía donde más indagar-, dice que a la muerte de Francisco Cepeda el 28/09/1883, sus dos hijos mayores, Juan de Dios y Valentín se hallaban poblando campo hacia el sudeste, por el partido del Vecino.
Hasta allá se mandó un chasque portando la infausta nueva, y se esperó la llegada de esos hijos a “Santa Ana”, para entonces sí dar sepultura al finado en el Cementerio de Magdalena.
Contaban que a mata caballo, con tropilla por delante, cruzando ríos y arroyos pudieron cumplir con el propósito de despedir al padre. Luego volvieron a aquella zona donde se establecieron definitivamente, constituyendo familias reconocidas, con descendientes que llegaron a los más altos cargos municipales.
¿Por qué al Vecino? Parece ser que allí también tenía campos Francisco Cepeda.
De un estudio de 1964 de Don Justo P. Sáenz (h), sobre la importante Estancia “La Quinua” de aquellos lares, afirma que al venderse las más de 33.000 has. que por entonces la constituían (originalmente eran más), en dos fracciones, al emprendedor Don Pedro Luro, en febrero y julio de 1877, Don Francisco Cepeda figura como lindero en ambos campos, en la ubicación Sud Oeste.
Posiblemente ese fue el motivo de la radicación de aquellos hijos en El Vecino, hoy Gral. Guido.
Anecdóticamente agregamos que Don Carlos A. Moncaut, en su libro “Pulperías, Esquinas y Almacenes de la Campaña Bonaerense” (1999), en la página 626 del Tomo II, enumerando esquinas y pulperías de la provincia, cita <‘La Protegida’ de Laplace, en campos de Cepeda>, en territorio del actual partido de Gral. Guido.

La Segunda

Mi abuela materna Ana I. Cepeda (“Chicha” o “Lala” para mí), era una memoriosa conocedora del pasado familiar y zonal; en una oportunidad en nuestras muchas conversaciones, evocando anécdotas de su niñez y juventud en “Santa Ana” de Cepeda, recordaba cuando en la casa se comentaban los viajes que “a la estancia” hacia en coche de caballos, el Gral. Hornos, a visitar a Doña Petrona Hornos, su abuela. Cuando inquirí las razones, si había motivos de parentesco, dijo desconocer todo, ya que nunca había oído al respecto otra cosa que lo narrado, como que tampoco se había comentado que “la abuela Petrona” pudiese ser entrerriana, provincia en la que se afirma nació el General.
Epifanio R. Cepeda
hacia 1895
Ya que mi bisabuelo Epifanio nació el 7/04/1869 debemos suponer… que Francisco Cepeda y Petrona Hornos debieron casarse hacia 1867/8, y como Hornos falleció en Buenos Aires el 14/07/1871, esas visitas deberían haberse realizado en ese breve lapso de tiempo (1867/8 – 1871).

La Tercera

Cuando mi abuela y sus hermanos recordaban lejanos años de niñez y juventud y contaban anécdotas, se referían a “Santa Ana”, como “la estancia”; inclusive Tío “Panchito” Cepeda (1895) -hijo mayor de Pedro, el hermano menor de Epifanio-, hablando sobre una vieja fotografía enmarcada que conservo, en la que se ve a un paisano junto al caballo ensillado, en un corral con la tropilla, cuando le pregunté si se sabía quién era, me respondió “…no, yo era chico, y  ese cuadro con otro parecido, estaban colgados en el comedor de ‘la estancia’, le decíamos ‘los capataces’…”.
Sobre el final de sus días, mi abuela me refirió que cuando mocita, ella, en “la estancia” montaba a caballo con silla de amazona. Dato que me llamó poderosamente la atención, pues nunca en la zona había escuchado algo por el estilo. Pregunté enseguida que había sido de ella. Y me respondió que al casarse y establecerse en “San Miguel” de Espinel, había quedado en “la estancia”.

La Plata, 25 de Agosto de 2019

miércoles, 26 de junio de 2019


Tratando de hacerle una cuerpiada a los malos tiempos económicos que corren (sobre todo para un jubilado), y pensando siempre en aportar a la cultura criolla, he ideado realizar la “pre-venta”  de un próximo libro titulado “Charamuscas – Versos Camperos”, por lo que hice imprimir una tarjeta con un valor de $ 250,00 la que más adelante cambiaré por un ejemplar del libro ya impreso.
Sea un éxito o un fracaso la venta de la tarjeta, me comprometo a tenerlo disponible entre el Día de la Tradición (que este año cumple el 80 Aniversario) y el Día de la Soberanía, o sea el 10/11 y el 20/11/19

Si bien mis datos figuran en el blog, los copio acá para hacerlo más sencillo:
TE (0221) 452-5032
Chasque electrónico: carlosraulrisso@yahoo.com.ar

Gracias a todos…,
                               Y disculpen,
26/06/2019
                                                       Carlos Risso

domingo, 2 de junio de 2019

GIMÉNEZ, Víctor Abel - Semblanza de un quehacer


Este reconocido poeta, a quien la familia y sus amigos íntimos llamaban “Vasco”, así a secas, sin el artículo “el”, como habitualmente se lo nombra “El Vasco”, nació en “La Rinconada”, el barrio más típico de Cnel. Vidal (antiguo pueblo de ‘Arbolito’), el 9/01/1922 en el hogar formado por Victorina Martina Rípodas y Luis Santos Giménez.
Dos hermanos varones completaban la familia: Luis Jorge (doctor en historia), el mayor, y el más chico, Carlos Raúl.
Siempre recordaba con mucho aprecio y agradecimiento al hermano de su madre, el tío Alejo Rípodas, su amigo y guía, como a la persona que le supo inculcar el amor por nuestras costumbres y tradiciones gauchas.
Parece ser que la inclinación por el verso la tuvo desde temprana edad, porque él mismo recordaba con pícara sonrisa que en 5to. grado primario, cuando la maestra le daba tema para una redacción, desarrollaba el mismo… pero en verso!!
El destino del servicio militar lo trasladó de su querido Arbolito a Mar del Plata, donde terminó radicándose y estableciendo su vida laboral y familiar.
En aquellos años de la juventud se involucró con el movimiento nativista de su ciudad adoptiva, y así fue cantor, guitarrero, bailarín y recitador; en este rubro se presentaba con el seudónimo de “El Chasqui”; y como cantor formó parte del conjunto “Tierra Querida”.
A diferencia de muchos de los poetas que en este espacio hemos recordado, que sustentaron su obra y difusión a través de los libro, como Charrúa, Menvielle, Boloqui, Berho o Cabezas, Giménez nunca tuvo como objetivo primario publicar, pero su vinculo directo con el ambiente de los cantores folklóricos, lo transformó en uno de los autores con mayor cantidad de temas grabados, y si bien abarcó con sus composiciones los cuatro rumbos cardinales, se destacó más en aquellos de marcado color surero, sean huellas, triunfos, poemas o milongas, y así fue que lo grabaron artistas como Alberto Merlo, Víctor Velázquez, Argentino Luna, José Larralde, Miguel Franco, Chino Martínez, Francisco Chamorro, Claudio Agrelo, Atilio Payeta, Rodolfo Lemble, Beto Ruidíaz, Santiago Lettieri, Triviño Montiel, etc.
Por eso podemos decir que fue uno de los poetas más prolíficos y difundidos de la segunda mitad del S. 20, como que más de 100 composiciones suyas fueron grabadas y en SADAIC se registran unos 250 temas de su autoría.
“Vasco” Giménez, no fue un hombre de campo, pero las tradiciones gauchas calaron tan hondo en su espíritu, que supo cabalmente interpretar la vida rural y transmitir todas esas sensaciones a sus versos, con tal fidelidad, que hace que el que desconozca ese aspecto de su vida, lo imagine acabadamente como un hombre de campo.
Cursó la primaria la Escuela Sarmiento de su pueblo Vidal; y luego, libre, algunos años del secundario, más siempre se consideró autodidacta.
Puede decirse sin tapujos, que “Vasco” fue un hombre de los medios, y si bien han sido importantes los programas que creó y condujo, que ya nombraremos, no podemos olvidar que fue libretista de Miguel Franco en las audiciones “Las Alegres Fiestas Gauchas” de La Hoja, por LR3 Radio Belgrano y LR4 Radio Splendid, y “Surcos Estelares” de Hanomac, por LR1 Radio El Mundo.
También condujo sus propios espacios, como “Buenos Días, Sr. Día” (23 años en el aire en LU6 Emisora Atlántica de Mar del Plata, de lunes a sábado, de 6 a 7.30hs.), “Folklore Junto al Mar” (LU9 Radio M. del Plata), “Motivos Musicales Argentinos” (LU9 y LR2); “Muy Buenas y con Licencia” que se emitía grabado por LU22 Radio Tandil, entre otros programas.
La TV no le fue ajena, y así condujo “Encuentro Criollo” por el porteño Canal 11, que le valió importantes reconocimientos y un muy buen encendido de pantalla; “Mangrullo 10” y “Rastrillando”, por Canal 10 y 8 respectivamente, de Mar del Plata.
Asimismo fue animador/conductor en los más grandes festivales del país, como por ejemplo el “Festival de Doma y Folklore” de Jesús María (Córdoba), “Fiesta de la Ganadería” en Victorica (La Pampa), “Fiesta Nacional del Gaucho” en Madariaga (Bs. As.), “Fiesta Nacional del Trigo” en Leones (Córdoba), “Fiesta Nacional de la Esquila” en Río Mayo (Chubut), “Fiesta de las Tropillas” de Lobería, y por supuesto en la gran fiesta criolla de Miguel Franco y Orlando Gargiulo: “A Lonja y Guitarra”, en las ediciones de Cañuelas, Lobos, Pehuajó y Balcarce, e/o. Acá podemos agregar que fue el autor de dicho nombre que en su momento fue emblemático: “A Lonja y Guitarra”, recordando que surgió en una reunión en lo de Gargiulo en la que también estaba Franco.
Giménez se definía con precisión: “Yo soy Argentinista”, y también supo resumir su pensamiento: “No podemos renunciar a lo que nos pertenece por legítimo derecho; la Patria es una sola y la vivimos todos a través de la música, la danza, las costumbres, la tradición…”, y en aras de bregar por imponerlo, dedicó su vida a manifestarse en ese sentido, y sin darse cuenta quizás, a hacer escuela con el ejemplo de su sano y puro proceder.
Corría 1986 y era joven aún como que tenía 64 años, cuando decidió retirarse de la conducción de festivales: había concurrido a Chubut por la “Fiesta de la Esquila”, cuando sintió que las distancias lo cansaban y que ya no disfrutaba de lo que con tanta pasión hasta entonces había hecho… y allí plantó bandera.
Del mismo modo, en 1998, a los 76 años, le echó cerrojo a las puertas del poeta, cuando decidió clausurar su profuso oficio de versificador, después de escribir el poema “Cautiverio”.
Sus programas radiales y televisivos, y su actividad como autor y hombre de los medios, fue reconocida con importantes distinciones, por ejemplo, mereció el celebrado “Martín Fierro” de APTRA, el Premio “Santa Clara de Asís”, la “Cruz de Plata” del Instituto Fray Mamerto Esquiú, el “Premio Payador” otorgado por LS11 Radio Provincia de Buenos Aires, el “Premio Broadcasting” de la porteña Universidad de Belgrano, la “Distinción Trayectoria” de los Escritores Tradicionalistas, y el “Lobo de Mar” de la ciudad de Mar del Plata; y a nivel internacional el Premio de la Revista Literaria “Vendaval”, y la “Llave de Oro” de Radio Popular de Lugo, España.
También merecidamente su pueblo natal y el adoptivo, lo reconocieron con orgullo; así en 1993 fue declarado Ciudadano Ilustre de Cnel. Vidal (Ptdo. de Mar Chiquita), y en 2000 Ciudadano Emérito de Mar del Plata (Ptdo. Gral. Pueyrredón).
Como no siempre lo artístico da para vivir, “Vasco” tuvo otras actividades, y así podemos decir que fue por espacio de 40 años, agente de seguros de la Cía. La Primera, en su Vidal natal; fue también gerente del City Hotel de Mar del Plata durante dos décadas. Y por si era poco, Síndico de la S.A., León Desbots y Cía.
La cuestión es que los temas de “Vasco” Giménez, andaban de fogón en fogón, de escenario en escenario, apareciendo a veces en revistas criollas y cancioneros folcloricos, pero… ni por asomo reunidos en las páginas de un libro; ocurre que el hombre tenía sus pareceres y forma de pensar, tal es así que sobre el particular, opinaba: “Para no darle de comer a las propias vanidades”, fue que nunca encaró una edición de autor. Él esperaba que alguna editorial lo convocara para publicar “su” libro. Y allá por septiembre de 1998 su aspiración estuvo a punto de concretarse cuando quienes manejaban la edición de una revista llamada “Proyecto Nacional”, le solicitaron material y aportó 70 temas inéditos para dar cuerpo a un libro, que finalmente… no llegó a ver la luz.
Enfermo ya, internado en un geriátrico con demencia senil, aparecerá su primer libro; ocurrió que su esposa Nydia Vázquez (con quien se había casado en 1947), ordenando sus libros y papeles, se topó sin querer, con una carpeta que contenía el original de un libro, ordenado de la primera a la última página, y titulado “Yuyos”: “…tan humilde como la hierba campera”, según testimonió en el prólogo.

A lo encontrado, Nydia le arrimó varios trabajos de su autoría confeccionados en tinta china, que se estamparon como viñetas, completando el libro que tomó forma en Imprenta Del Plata “La Imprenta” de Mar del Plata en septiembre de 2006.
Perla Carlino, amiga y colaboradora que lo acompañó por largos años en la audición mañanera, dice que “Yuyos” fue tipeado íntegramente en su <vieja Remignton, en la década del ’90, en el campo “La Lomita”>, donde vivió durante 6 años, ya jubilado de sus actividades y en parte retirado de la actividad radial.
Ahora bien, obra en mi archivo una carta suya del 12/09/1998, donde dice que lo único que escribió en esa partecita de su vida que se fue a pasar al campo, fue un  poema que titulo “Cautiverio”, que desconocemos, y que no integra las páginas de “Yuyos”.
El libro fue presentado en La Feria del Libro de Mar del Plata, en la Fiesta Nacional del Gaucho de Madariaga y en la muestra de Tandil, “Escuela, Campo y Folklore”.
Ya póstumo apareció su segundo libro, “Mirando Lejos”, ordenado y seleccionado por su esposa, al que se le agregaron ilustraciones confeccionadas por el pintor de Areco, Miguel Ángel Gasparini. Este libro apareció en octubre de 2007, bajo el sello de la marplatense Editorial Martín.
No podemos dejar de mencionar, que recordando sus épocas de “El Chasqui”, había hecho una producción discográfica que tituló “Muy Buenas y Con Licencia”.
Si bien, como ya comentamos, escribió sobre cuestiones de toda la geografía Patria: “Por razones de lugar de nacimiento y de actuación, me quedo con el sur. Me gusta la milonga, la huella…”, sentenció. “Yo hice lo que me gustó siempre: defender la identidad de mi tierra. Estoy más que conforme y contento.”

El domingo 30/09/2007, a la edad de 85 años, falleció en Mar del Plata, y en sencilla e íntima ceremonia sus restos recibieron sepultura en el cementerio de Cnel. Vidal,  su pueblo natal.
                          La Plata, 02 de junio de 2019


domingo, 21 de abril de 2019

JUAN ANTONIO BÉHÉRAN


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
                                 Micro Nº 87 – 15/12/2012
Con su licencia, paisano!
Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

La página de hoy está dedicada a un poeta que no es conocido por el público general, en virtud de que su obra solo se difundió en reuniones familiares o en campereadas con amigos; la escasa difusión pública es producto de lo hecho por el cantor de Rauch, “Pacho” Duhalde, que por su condición de amigo personal, disponía de temas que cantaba y que tras su fallecimiento, grabó a modo de homenaje. No obstante, convencido, afirmamos que estamos ante un gran poeta al que es necesario hacer conocer.
Su nombre: JUAN ANTONIO BÉHÈRAN. Nació el 18/03/1951 en la ciudad de Bs. As., en el hogar conformado por Olga Dora Del Potro y Juan Bautista Béhèran Sarciat. Pasó su infancia en el establecimiento paterno “El Porvenir”, en Udaquiola, partido de Ayacucho, cursando la primaria en la Escuela Nº 19 “La Blanqueada”.
Ya con edad de estudios secundarios, la familia se estableció en la Capital, donde cursó en el Colegio Champagnat, y luego los universitarios en la Facultad de Agronomía de la UBA, donde le faltó una materia para recibirse de Ing. Agrónomo.
Tras este período se afincó definitivamente en Rauch, dedicándose a las actividades rurales en campos de la familia, donde supo desarrollar las tareas camperas, domando sus propios montados, trabajando con el lazo en el corral o a campo, oficiando de soguero cuando las necesidades así lo requerían, etc.
En su etapa universitaria conoció a Rosario Seminario con quien se casó en la Capilla de la Estancia “Cinco Lomas”, en Langeyú, el 29/12/1984.
Su inclinación por la poesía le viene “de siempre”, si así entendemos que a la edad de 9 años compuso “Canción de Cuna de la Luna Lunita”, que cuarenta y algo de años después Duhalde incluyó en su grabación “Del Mismo Pelaje”.
La práctica de la vida criolla le dio el material necesario que su inspirada moyera supo concretar en acabados versos de un sentir muy paisano, como que es muy campera su forma de expresar, a través de distintas formas estróficas, las cuestiones criollas.
Y no satisfecho con lo que en versos creaba, dedicó tiempo también a expresarse en prosa, manifestando su imaginación por medio de cuentos criollos.
Estamos seguros, como ya dijimos, que de haberse manifestado en vida sería hoy un reconocido poeta, pero aún estamos a tiempo de conocerlo, y nos alegra saber que su familia -su esposa y sus cuatro hijos-, están abocados a compendiar en un libro la obra que lo sobrevive, y allí destacamos a su hijo Martín, quien ha tenido la generosidad de facilitarnos la información que ahora compartimos con los oyentes.
A la edad de 50 años, falleció el poeta en Rauch, el 7/12/2001, hace ya 11 años.
La Plata, diciembre/2012

viernes, 22 de marzo de 2019

AUSENCIA, DE NOVILLO QUIROGA - DESMENUZANDO SUS DECIRES


                       “AUSENCIA”
                            (triste)

Como listas’e poncho se me jueron los días,
qui’arrimao a sus ojos ramonié su querencia.
Jué un’alfalfa tiernita su presenci’a mi gusto
y el hayarla era fácil, como agüita di’acequia.

 Alboriaba su encuentro mirasol d’entusiasmo,
golondrina di’ocaso m’enlutaba su ausencia:
peru’había en su pago trebolar d’esperansa,
q’encontrarl’a otro día me verdiaba promesas.
  
Floreció’e vidalitas su camino de siempre
-mi guitarra en canciones mojonaba su güeya-
y hoy me güelv’el camino lamentao’e los tristes:
la vidala es un triste cuando busca y nu’encuentra.
  
Su ricuerdu’es el sol que me arrea las noches,
el reparu’y reposo de suestadas y leguas,
la defens’a los áhugos, contra mal tan grandote,
pans’arriba, a sarpasos, como gatu’en la leña.

 And’está l’arroyito que mojaba mi sé,
and’el sauce yorón que sombriaba mi siesta?
¡La Chiquita es agatas un siñuelu’engañoso,
y yo soy un guachito que le bala a su pena!
  
Floreció’e vidalitas su camino de siempre
-mi guitarra en canciones mojonaba su güeya-
y hoy me güelv’el camino lamentao’e los tristes:
¡la vidala es un triste cuando busca y nu’encuentra!
  
Versos de Diego Novillo Quiroga
Música de Magaldi-Noda

“AUSENCIA”, DE NOVILLO QUIROGA Desmenuzando sus Decires


Novillo Quiroga se manejó en esta poesía (y en otras también), con un lenguaje muy campero y metafórico. Era muy propio del hombre de campo de antaño, hablar, explicar cosas, haciendo “comparancias” con elementos de su vida habitual, incluso muy común  comparar con animales.
Contaban mis padres, cuando en un censo en la primera mitad del S. XX, llegan las maestras censistas a una chacra, donde había un matrimonio joven con una hija en la cuna, y como la mayoría de los trabajadores rurales, o analfabetos o semi analfabetos.
Preguntan los datos de rigor, nombre de cada uno, fechas de nacimientos, etc. Al preguntar cuando había nacido la beba, se miran los esposos, hasta que la mujer reacciona y mirando al marido le dice: “Viejo, cuando fue que tuvo cría la yegua alazana…?” . La certeza era que ubicando el nacimiento del potrillo, deducía el de su hija.
Valga todo esto como un introito.
“Ausencia” es el poema de un amor perdido.
La estrofa primera es toda una gran figura (no es una metáfora porque expresa “como”). Dice que los días se le escaparon sin solución de continuidad, “Como listas’e poncho se me jueron los días…”. Los antiguos ponchos tejidos en los telares criollos de Córdoba, La Rioja, Catamarca (por ello llamado por nosotros, los de la llanura: “arribeños”), eran o totalmente lisos, o bien listados, a veces en todo su paño, y otras con guardas de listas en sus costados, por ej. (Hay otras variantes), y la imaginación del poeta ve que sus días son como las largas listas de su poncho, una junto a la otra.
Para decir de la felicidad de estar con su amada, arma la metáfora (ahora sí es metáfora), en que remite a un animal (casi con seguridad pensó en su caballo), y dice que despuntó los tallos de la alfalfa tierna -ramonió- (habla de una mujer joven) y bebió del agua clara de una acequia (no es de arroyo ni de laguna), su pureza.
En la segunda estrofa, siente que cuando está, ella es su sol, y cuando le falta la vida se le pone negra como el plumaje de la golondrina. Pero creer en sus promesas le daba esperanzas.
En la tercera, refiere que ir a verla era recorrer un camino en el que las dulces vidalitas que entonaba iban dejando señales; ahora que no está, en vez de vidalita entona un triste, canción dolorosa emparentada con el yaraví, y posiblemente, madre del estilo, que es un ritmo muy sentido.
Dice en la cuarta que la luz de su recuerdo le aleja las sombras, le sirve de reparo en las sudestadas, y lo ayuda en el reposo del mucho andar. Su recuerdo lo salva de la asfixia del dolor que lo aqueja, contra el que lucha como gato entre las leñas (de nuevo la referencia animal).
Por último se pregunta ¿dónde está… qué fue de ella?
Por último: el paisano enamorado canta de dolor, ¡y canta un triste!

Lo que no sé explicar es la referencia que hace a “La Chiquita”, o bien ese era el apodo con que la nombraba, o por qué no?, una hija… (¡La Chiquita es a gatas un siñuelo’engañoso, / y yo soy un gauchito que le bala a su pena!)
Para armar las tropas y para ponerlas en marcha, como para hacerlas entrar a un corral o para encarar el cruce de un arroyo, los reseros se valían de un grupo de animales, mansos ya, adiestrados a tal efecto, que eran los que hacían punta cuando hacía falta. Se los llamaba “siñuelos”, y acá nos dice que “la Chiquita es un siñuelo engañoso”.

A grandes rasgos y con mis limitaciones, esta sería una explicación. De hecho que un poema no se explica, pero habiendo en éste una terminología muy campera, con giros y expresiones, es que intenté desmenuzarla.
Espero haber sido claro. Cualquier duda, ¡acá estoy a su mandao!
La Plata, 30/05/13

Nota: este comentario surgió a raíz de una consulta del estudioso e investigador Christian Gaume. En realidad, digamos que fue una carta privada, pero hoy, casi 6 años después, me parece interesante compartirla con los lectores.

jueves, 21 de marzo de 2019

MARCHA ECUESTRE "BS. AS. - CATARATAS DEL IGUAZÚ - BS. AS."


La Condesa Elena Batthyány de Szechenyi, montando a “Taragüi” -un overo rosado de la cabaña entrerriana de don Nicasio Garat- y a “Pampero Ché” -un lobuno tobiano-, ambos pingos de raza criolla, unió la Ciudad de Buenos Aires con las Cataratas del Iguazú, y regresó al punto de partida.
La marcha se extendió por un período de siete meses, por regiones desoladas y bravías.
Dicha referencia la tomamos de Elías Carpena en su libro “Defensa de Estanislao del Campo” (1961), en la que en realidad hace la defensa del pelaje “overo rosado”.
No hemos encontrado otras citas que confirmen o reafirmen dicho viaje hípico, que estimamos realizado entre 1946 / 1950.
La Plata, 10 de Junio de 2018

martes, 29 de enero de 2019

ABEL GONZÁLEZ ¡Hasta más ver...!


En la madrugada de este domingo 27 de enero, como se decía en la campaña de ayer “se cortó” el existir de uno de los tradicionalistas más importantes del amplio movimiento que hoy nos comprende. Su nombre Abel González.

Si no le erro fue en el pasado invierno que una cruel enfermedad le tronchó el camino. En un primer momento, tomar conciencia de esa situación, lo conmocionó y lo llevó casi a entregarse, mas pasado un tiempo se repuso, y si bien era consciente de que su situación era muy complicada, recapacitó y analizando que todos andamos por la vida “a plazo fijo”, se dispuso a vivir el tiempo que le quedaba, sin entregarse.
Por el último día del año 18 mantuvimos una larga conversación telefónica, y me alegró saber que se encontraba grabando pasajes de su rica vida, para que esas experiencias y esos saberes no estén presentes en el traje que lo arrope en la partida, porque de ser así quedan sepultados bajo la negra tierra de la tumba final, perdiéndose irreparablemente.
Las primeras imágenes de Abel que quedaron grabadas en mis retinas, se remontan a 1981 y 82, cuando en la Ciudad de La Plata y su zona de influencia, el movimiento tradicionalista estaba efervescente, atareado y enfocado en celebrar gauchamente el Centenario de la Ciudad de Rocha.
Había llegado de Navarro para atar y hacer desfilar por las calles citadinas, la gran chata cerealera de Muñeca; y por cierto que se lució en dicha empresa. Fue la primera vez que uno de esos ‘gigantes de la llanura’, anduvo participando de un festejo gaucho en la Ciudad Capital. Por entonces era Abel un joven paisano de 31/32 años, y ya estaban impresos en él: el gesto reservado, la palabra medida, la falta de ostentación, la observación sentenciosa.
No sé si ya la habían fundado u ocurrió unos años después, pero cuando en Navarro ‘hizo roncha’ la Agrupación “Gauchos de Manuel Dorrego”, que tenía en Rubén Trezza el espíritu creador, allí anduvo aportando el paisano evocado. Hacia el inverno del 93, cuando Trezza invitó a un grupo de amigos a compartir un asado en su “Rancho El Cencerro”, nos volvimos a encontrar.
Aquel día, mientras en el fogón la carne se doraba, se me acerca Abel y me pregunta si tenía algo que hacer; le respondo que no, solo compartir con los allí reunidos. Entonces me invita a salir a dar una vuelta para conocer el pueblo y algunos lugares que él consideraba importantes. Le dije si podía invitar un par de amigos, y sumé a Agustín López y Manuel Rodríguez. Por entonces tenía un “Falcón”, y arrancamos la aventura a la que nos invitaba.
Me dijo que a un pueblo había que conocerlo comenzando por sus muertos, y fue así que enfilamos al viejo Cementerio de Navarro. Fuimos al sector más antiguo donde se mantienen vigentes varias tumbas con la reja que las rodeaba, como se acostumbraba “allá lejos…”; una correspondía a uno de los oficiales que había acompañado a Lavalle en su derrotero final de 1840. Luego estuvimos frente a un viejo boliche ya cerrado, en el que la historia lugareña ubica a Moreira tomando la copa; pasamos por la iglesia de amplia escalinata, donde -cuando unas elecciones- sostuvo un comentado duelo a cuchillo. El paso siguiente fue visitar el lugar donde se lo fusiló al Cnel. Dorrego, sitio que hoy ocupa el Museo que lo evoca. Allí cerquita, el casco y el monte de la Ea. “El Talar”, y gracias a su conocimiento del lugar y su gente, pudimos acercarnos al viejo edificio, al que si bien no pudimos entrar, se nos permitió observar a través de una ventana, la habitación -entonces desierta- en la que pasó su última noche y donde escribió sus últimas esquelas, el Cnel. Dorrego.
Agarrado allí de los barrotes de la reja, sentí vibrar la historia, escuché las voces del pasado.

 Del antiguaso monte de talas que da nombre a la estancia, nos contó Abel que estaba alambrado, lo que impedía el ingreso de animales, entonces, las hojas secas, las ramitas y ramas que caen cuando alguna tormenta, han ido tapizando el suelo formando un colchón que de a poco se va integrando al suelo. Me decía que en ocasiones él entraba, porque había allí una energía especial producto de una naturaleza que se mantenía virgen y que sentía que le transfería un sentimiento positivo.
¡Jamás de los jamases! Olvidaré lo vivido en esa jornada.
Después la vida nos cruzó los caminos en diversas ocasiones, siempre propicias para el abrazo fraterno y la charla fructífera.
Siendo que era él un sabio, me distinguió con un  trato deferente honrándome con una reciprocidad que no sé si la merezco.
Había nacido en Bolivar el 30/09/1950, por lo que tenía 68 años.
Supo contarme que en su ser convergían la sangre de antiguos estancieros criollos y de chacareros pioneros, por lo que decía que tenía los profundos saberes de esas dos corrientes, que si bien a veces parecen antepuestas, en él convivían parejitas y entabladas.
Como decían nuestros mayores, se “cortó su esistir”, y ha pasado a vibrar en otra dimensión, menos humana… más espiritual.
¡Hasta más ver, paisano amigo Abel González!
La Plata, 27 de Enero de 2019

Carlos Raúl Risso E.-

martes, 15 de enero de 2019

JULIO SECUNDINO CABEZAS -Vida y Obra-

Don Julio y su sobrino Víctor Cabezas

Fue -quizás- el primer hombre en realizar la animación de una jineteada tal como hoy se conoce, y esto allá por la segunda mitad de la década de 1950 (aunque hay quien arriesga que ya por el ‘40 lo hacía); reconocido hacedor de botas de potros, blancas y sobadas como un guante, cuando en aquellos mismos años no era tan común que los jinetes las usasen; antes había sido jinete, y aunque no se recuerden hazañas de sus montas (prefería las clinas y el cuero tendido), sí es sabido que en “jineteada por equipos”, junto a Manuel González, Cipriano Terán, Manuco Galíndez, Eustaquio Parodi y Manuel Fernández, resultaron el equipo campeón internacional en 1931, en Montevideo. Donde se cuenta que más se destacaba, era con el lazo. Y esto no es todo, porque debemos agregar que fue poeta, y si quizás por ahí estuvo un escalón por debajo de Charrúa, Menvielle y Risso, no se puede negar que fue un genuino hacedor de versos camperos que supieron ganarse un lugar propio en los fogones gauchos.
Ese hombre se llamó Julio Secundino Cabezas, y fue “Cunino” para el trato familiar y con la gente amiga.
Nunca tuvo empacho en decir que había nacido en el sur patagónico, más precisamente en el Chubut, habiéndose criado en la estancia de la familia Yenki, por Esquel. Pero nunca dio más detalles que esos, ignorándose cuando y donde había nacido.
Pero en agosto de 1963, en entrevista que el famoso soguero Don Luis Alberto Flores le realizara en su casa de Villa Insuperable, Lomas del Mirador, partido de La Matanza, le cuenta haber nacido en 1909, en Gobernador Costa, Chubut. El reportaje fue publicado en la edición N° 266 de la importantísima Revista “El Caballo”.
Mucho más acá, abril de 2016, y a raíz de un artículo mío publicado en Internet, recibo una comunicación de Virginia Drazer, quien me cuenta ser la nieta mayor de “Cunino”, y me informa que poco se conocía en familia, de Don Julio y sus dos primeras décadas vividas en el lejano sur, pero también me dice que es tenedora del documento del abuelo, donde figura asentado el 25/02/1909, en Fuerte Roca, Río Negro. Dato que nos complica la historia.
Año 1938, jineteando con el cuero tendido, en Parque Camet, Mar del Plata
En carta del 1/04/2003, el ya citado Flores, conocedor de mis vínculos familiares y amor por “el viejo Pago de la Magdalena”, me cuenta que Cabezas le había referido que su padre era natal de La Magdalena, quien mozo se había ido al sur, siendo “uno de los primeros pobladores del oeste del entonces Territorio Nacional de Chubut”. Casualmente, conocía por relatos de mi abuelo Desiderio Espinel, que el capataz de la estanzuela de mi tatarabuelo Miguel Espinel, era un tal Cabezas o Cabeza, y un hijo de éste bien podía haber sido el padre de “Cunino”, pero… también recuerdo que me había contado que solo tenía una hija, de su misma edad, y que ésta era ciega. Casi casi… tengo el origen de Cabezas en los campos de “El Mirador”
Por 1929, al llamado del Servicio Militar, se traslada a Bs. As. para cumplir con dicha obligación, y aunque ignoramos a que cuerpo se incorpora, sí sabemos que luego será domador del Regimiento 8 de Caballería, que desde principios del Siglo 20 y hasta 1953, tuvo su asiento en la Guarnición Militar de Campo de Mayo. Dicho cuerpo es el que hoy, como Caballería Mecanizada, tiene su destino en Magdalena. Es muy posible que en él cumpliera como soldado, y que a raíz de ese vínculo se enganchara luego como “domador”.
A este respecto, en lo que él en sus libros llama “Prosas”, refiere que se fue criando en la costa de la Cordillera, por Río Pico, Somán, Esquel y Gobernador Costa, y que en su vida patagónica fue domador en las estancias “El Piche” y “Las Lagunas”.
Ya comentamos que hay cuestiones de su vida que poco se conocen -inclusive en la familia- pero su nieta Virginia nos ha brindado información que a ayuda a clarificar el tema de un hijo varón.
Parece ser que al trasladarse a Buenos Aires, viene con él, o lo sigue al poco tiempo, un hermano de nombre Maclovio; mientras “Cunino” cumplía como soldado, conoce a una joven llamada Emilia Gobbi, con la que comienza una relación de noviazgo; ésta tenía una hermana de nombre Elisa, que, valga la casualidad, se pone de novia con Maclovio, y tiempo después las dos hermanas Gobbi se casan con los dos hermanos Cabezas; del matrimonio de Julio nacerá su única hija Alicia, y del de Maclovio, nacerá Víctor.
Se cuenta en familia que Maclovio trabajaba embarcado, o sea, que estaba en la marina (ignoramos si en la mercante o de la Armada), ahora, lo cierto es que un día, cuando Víctor aún era muy chico, Maclovio se embarcó y no volvió más a su casa y nunca más se tuvieron noticias de él; fue un duro golpe para “Cunino” quien resultó un ‘padre’ para aquel niño, que al hacerse adolescente y joven, siempre lo acompañaba a todas las fiestas por las que andaba, inclusive se lo ve en las tapas o contratapas de alguno de sus libros, y hasta era común que lo presentara o se refiriera a él, como hijo.
Julio sufrió mucho con esa desaparición, y su pensamiento se atormentaba pensando que su hermano se suicidó. A raíz de esa conclusión escribió un verso de tono reflexivo que se titula “Ingratitud”, incluido en su primer libro.
Su tarjeta personal
Cuando en 12/1966 se batió en “duelo criollo a primera sangre” con el escritor Dalmiro Sáenz, Víctor Cabezas fue quien ofició de juez, y esto lo relataremos más adelante.
En cuanto a sus estudios, él mismo dijo que cursó hasta 3° grado, lo que allá por 1920 era decir mucho, pero es posible así haya sido, pues es probable que en la estancia en la que se crió, o había escuela, o asistía algún maestro que daba clases a los chicos de la misma.
Volviendo a su primera época en Buenos Aires, después de estar como domador en el Regimiento 8, se conchabó en la misma condición en el Mercado de Hacienda de Liniers.
A mediados de los ‘90, el paisano Don José Yebré (El Turco Yebré), que también había sido trabajador del Mercado de Hacienda, me contó que Cabezas, andando el tiempo, si bien tenía nombramiento de ‘domador’, se desempeñaba en realidad en la sección “Marcas y Señales”
En el ambiente de las jineteadas, hay total coincidencia en considerarlo el creador del “floreo” en la animación, y por nuestra parte le damos la derecha pues no suenan nombres de paisanos en la misma función que los hayan utilizados. Cuando niño aún, lo vi y escuché a Don Rodolfo Nicanor Kruzich animar en “La Montonera” de Ensenada, utilizaba floreos de su propia cosecha, pero claro… el “¡Voy al hombre… nomás!” de Cabezas ya era popular.
Don Julio y su esposa Emilia Gobbi
Como tuve un trato muy amistoso con Don Nicanor, hoy me lamento no haberle preguntado cómo eran las animaciones que hacía junto a Pedro Risso, y ahora ya es tarde…
No tenemos referencias sobre en qué momento de su vida se involucró con la composición de versos, y en nuestras búsquedas por viejas revistas, hemos encontrado colaboraciones suyas a mediado de la década del 40, pero para entonces ya era hombre de 36 años, por lo que suponemos, que debe haber iniciado mucho antes, siendo más joven.
Su primer libro se tituló “Gaucho Parejo” y apareció en 01/1959 bajo el sello de Editorial Caymi, sello que en las décadas anteriores había publicado incontables libros de los más variados autores criollos; en 1967, Ed. Luminton realizó una 2da. edición. A "Gaucho Parejo" lo siguió “Herencia de Tata” y solo podemos decir que es anterior al año 65, pero sin poder determinar el año real; luego viene “Abarajando Chispas” de 1965, que es en realidad un folleto de pocas páginas, y así lo calificamos pues está abrochado por el lomo, o sea, no tiene encuadernación; en 1971 publicado por Ángel Estrada y Cía. apareció "Campereando"; el próximo por Ed. Luminton fue “Voy al Hombre” en 1973; luego, en 1974 hay dos ediciones de “Jinetes y Reservados”, ambas de Ed. Luminton, que llevan la misma tapa, pero una tiene más páginas que la otra, o sea: es distinto en el interior. Y por último en 1980 -para nuestros registros, su octavo libro-, aparece “Recostao en la Tranquera”, que tiene unas cuantas páginas pero es abrochado por el lomo. Debe haber otro titulado “Floreos”, que como no hemos visto, no sabemos si contiene versos criollos o son solo “floreos”, ni de qué año es.
Existe otro pequeño folleto que contiene unas cuatro composiciones de Cabezas y una de Martín Castro, titulado “Con Baguales y Milongas”, que creemos publicación realizada por el cantor Carlos Martínez Luna. Tampoco tiene fecha de edición.
Su obra no solo se encuentra en las páginas del libro, sino que también hay registros discográficos, y así podemos decir que antes de 1969 realizó una grabación con el ‘Payador Sampedrino’, Roberto Ayrala, que lleva por título “Camperiando”, y también junto al cantor Roberto Sánchez, “El Zorzal Entrerriano”, concretaron una producción que bautizaron “Voy al Hombre!”, que fue realizada para el Sello “Europhone” y Ramón Merlo Producciones, hacia 05/1977. Al respecto tenemos en nuestro archivo un recorte de un diario rosarino -que no identificamos-, fechado 23/05/1977, que anuncia la presentación de dicho disco para el 25/05 en el transcurso del Festival “Jineteada y Canto Argentino”, en la Sociedad Rural de Rosario.
05/1977 - Don Julio y Roberto Sánchez
 Sus letras sencillas, nada pretenciosas pero gauchonas, fueron llevadas al disco, a más de los ya nombrados Martínez Luna, Ayrala y Sánchez, por intérpretes como: Héctor del Valle, Suma Paz, Manuel Rosa, Roberto Garayalde, Mario Sosa, Claudio Agrelo, éste último: su ahijado artístico.
En diciembre 1966, alrededor del día 11, en las instalaciones del Círculo  Criollo “El Rodeo” (entonces en el Palomar), se batió en duelo a cuchillo y a primera sangre, con el escritor y periodista Dalmiro Sáenz. ¿El motivo?, ofrecerle a la muy nueva revista “Gente y la Actualidad”, una nota de riesgo, corajuda y de color. Sáenz trabajaba para la revista y se le ocurrió vivir esa experiencia y ofrecerla como una nota curiosa. Vaya a saber porque lo eligió a Cabezas, porque éste no tenía fama de hombre peleador; él mismo un par de años después aclaró en un reportaje: “…yo sé manejar el cuchillo pero no soy cuchillero; debe ser lo más malo cortar a un hombre a sangre fría…”. Por su lado Dalmiro recordaría las horas previas al duelo: “…iba a la casa de un hombre llamado Julio Secundino Cabezas, un domador de prestigio, un verdadero artista del lazo, un hombre que maneja el cuchillo con la misma naturalidad con que yo manejo la birome sobre este papel donde estoy escribiendo. Iba a pedirle que sostuviera conmigo un duelo criollo a primera sangre”.
Por entonces Cabezas ya estaba ‘orejiando’ los 58 años, y Sáenz andaba por los 40; Cabezas vestía bombacha sujetada por la faja, sin tirador, y lucía sobre el cuello de la camisa de puños abrochados, un pañuelo tendido, usando su clásico chambergo chico, de ala requintada; empuñaba un facón sin defensa, que a juzgar por los testimonios gráficos bien pudo haber sido una daga. En el brazo izquierdo un ponchito liviano de guarda pampa, le hacía de escudo.
Por su parte, el contrincante se presentaba descalzo, con un pantalón tipo “vaquero” algo arremangado, empuñando un facón con defensa en ‘S’, que según dijo, correspondía a un caronero que por habérsele quebrado, lo había acortado. Con el brazo izquierdo, libre al uso de los esgrimistas, buscaba el equilibro.
De público: dos reporteros gráficos para registrar las acciones, y el jurado, que era su sobrino Víctor. (quizás entre los árboles haya habido paisanos pispiando).
Escena del duelo, con Sáenz ya cortado
El duelo no tenía tiempo estipulado, sí, que al primer corte, a la primera sangre que se asome, automáticamente se suspendía.
Según la crónica de Sáenz combatieron durante 45 minutos, pero según Cabezas contó años después, no fueron más de 30 minutos. Lo cierto es que Cabezas lo cortó en un brazo, y aunque hubo sangre, Dalmiro encarnizadamente, no se daba por enterado y seguía tirando buscando de cortarlo; Cabezas lo volvió a cortar arriba de un ojo, un tajo que lo marcó en la frente, y Dalmiro más se afanaba en el combate. Cabezas intentaba llamarlo a la realidad al grito de “Pare hombre! Pare Dalmiro!”, pensando -íntimamente- que lo único que le quedaba era tirarle de punta y a fondo, cosa voltearlo o matarlo, y su sobrino, casi sopesaba ya un ladrillo para dormirlo de un golpe. Finalmente, Dalmiro se sosegó, aceptando la derrota.
A Sáenz, la nota le reportó en el momento cierto renombre al encarar algo tan riesgoso, y a “Cunino” le permitió embolsar $10000 de la época, según habían pactado de antemano, que no deben haber sido poca cosa. Han transcurrido ya 52 años.
Para evocar como lo conocí, traemos una anécdota al fogón: el domingo 23/03/1958, la Cooperadora de la Escuela del Paraje El Pino -zona de Bavio, partido de Magdalena, Bs. As.- , organizó una fiesta criolla para recaudar fondos, y la misma se realizaba en la casa de mis mayores: “Los Ombúes” de Espinel.
A diferencia de los grandes afiches de la actualidad, un pequeño volante de 19x27cm (que agujereados en un extremo se colgaban en el almacén, el boliche, la casa consignataria de hacienda, en la feria, etc.), anunciaba: “Gran Jineteada de Potros Reservados” a partir de las 14hs. se subirían potros y reservados de La Montonera y La Totora, El Vale Cuatro, El As de Espada, El Picante y Andá si Puedes, del Sr. Rey, y  La Tostada y La Canaria del Sr. Mercaníe.
Y aunque era muy chico -tenía 6 años-, hay cosas que quedaron grabadas en mi memoria; por ejemplo, que como cualquier concurrente, pagó la entrada y entró a la fiesta un paisano que recuerdo bien vestido, con un pequeño envoltorio bajo el brazo, que al cruzármele en el camino ya llegando al campo de la jineteada, me detuvo y me alzó sobre un tronco alto, y desatándome el pañuelo colorado que tenía al cuello, haciéndome en él el nudo espuela me lo dejó nuevamente puesto. Aquel hombre era Julio Secundino Cabezas, y el pequeño envoltorio eran unas botas de potro, con las que si no me equivoco, se hizo una rifa.
Después de un punto y aparte, recuerdo que por aquellos mismos años o 1960, la entonces novísima televisión, o sea el Canal 7, los días domingos a la nochecita transmitía un programa argentinista llamado “Fortín Fiesta”, y de él participaba Cabezas haciendo galas de sus decires, sus versos y floreos.
Los últimos 10 años de su vida, ya retirado de la actividad y creo que habiendo enviudado, los pasó en Gral. Rodríguez, donde falleció el 13/12/1988 a la edad de 79 años.
En 1998, a diez años de su partida, en dicha localidad se inauguró en su homenaje, un gran monumento que lo muestra de cuerpo entero. En su base hay una décima que dice: “Unas botas me han quedao / como un recuerdo paisano / de quien fuera un artesano / y con justeza, mentao; / pero ha de ser recordao / porque jué güen pialador / y en fiestas, animador / que ha gustao al paisanaje, / supo el tema del pelaje / era pueta y floriador”.
Vale aclarar que el autor de la misma es Don Agustín López, y no quien allí quedó registrado.
1972, Ayacucho. Con el jinete Rogelio Lamenza
Por mucho tiempo en los campos de jineteadas, como si Cabezas estuviera presente, resonará el eco de su “¡Voy al hombre… nomás…!”.
La Plata, 14 de Enero de 2019