viernes, 7 de enero de 2011

Y Entre Esas Cuestiones de los Decires ¡EL RELATO!

Quién, que guste de las expresiones artísticas criollas -el canto, la danza, el decir poético-, no ha escuchado con asiduidad referirse en el tercero de los aspectos mencionados, al relato?
Todos (o casi todos, para no exagerar), hemos alguna vez escuchado a un decidor o un recitador, encarar decidido el contenido de una versada bautizada de tal modo.
Y como en torno a dicha expresión he escuchado, a veces, algunos desvaríos, es que me propuse, si bien no a echar la luz definitiva, sí a clarificar algunos aspectos y disipar algunas sombras.
Puesto a hurgar entonces en cuanto libro sobre literatura gauchesca quedaba al alcance de mi mano, me sorprendo con la ausencia de tratados sobre tal expresión; sí verifico menciones al pasar, como quien habla de algo sobrentendido.
La vida del relato entronca con la más antigua tradición del fogón, sea éste a campo abierto, como en la época de las vaquerías, o un tanto posterior cuando se empezaban a extender las estancias y la única referencia, a falta de la población aún no construida, era el sitio del rodeo y el fogón de los “aquerenciadores”, señalado a veces por un rústico bendito; como también lo fueron los vivaques de la soldadesca en los períodos épicos de las luchas independentistas, primero, y en los de las montoneras después, prolongándose más tarde en los fogones de las estancias ya establecidas, en sus materas, y luego también en las amplias cocinas de peones y cocinas de chacras.
Comúnmente luego de la faena diaria, venían las referencias de lo ocurrido en la jornada, y aprovechando la presencia de un buen narrador, el sucedido de algún hecho conocido en la zona por ser algo que trascendió, o bien porque el mismo contador ya lo había expresado en otra ocasión, despertando el interés de los presentes.
A este respecto alude Ventura Robustiano Lynch, cuando quizá sin proponérselo o ignorando el sentido, practicó el primer relevamiento de campo en la región pampeana, sobre usos y costumbres, cantos y danzas, que publicó en 1883 en una obra que hoy se conoce como “Folklore Bonaerense”. Allí, bajo el subtítulo de “Poesías, cuentos e historias”, expresa: “En las largas veladas del invierno, después de sus faenas cotidianas, el gaucho gana la cocina y se agrupa en torno del fogón. (...) Allí es donde, envuelto entre el humo de la viznaga o de la bosta de oveja y alumbrado por un candil, para matar el tiempo, o toma la guitarra y canta, o cuenta historias, cuentos, etc., con esa sencillez habitual que le es característica.”
Vale insertar acá la opinión de Guillermo Ara cuando estudiando los primeros esbozos de una literatura propia, afirma que “Ofrecen interés aparte los relatos, los cuentos puestos en boca de un gaucho reconocidamente dotado para entretener con ‘sucedidos’ propios o ajenos (...) o con narraciones de pura fantasía.” y dice también que esas narraciones muchas veces son contadas en ‘prosa corriente’ y otras “el relato se ofrece en verso y en el nivel general de la lengua entre vulgar y literaria que caracteriza estas composiciones.”
Sabido es que en la época de las luchas gloriosas que acompañaron la nacencia de la Patria, los sucesos se contaban y difundían en forma poética, y lo mismo ocurre a paso seguido cuando el territorio se divide en federales y unitarios, y aparecen las expresiones gauchi-políticas, que primordialmente se publicaban en zumbonas gacetas, de donde mediante un oficioso lector pasaban a la difusión oral dado lo iletrado del pueblo, aunque valga la salvedad de que sus autores eran hombres de pluma en mano que elegían las formas del decir popular para llegar al común, al pueblo sin formación de aulas, esas que no existían en la campaña.
En esos momentos, las luchas por la independencia y las posteriores por la organización, es que aparece mostrando los elementos y valores que lo consolidarán, el género gauchesco. Allí sentarán base Maciel, Hidalgo y Godoy, usando un mismo elemento versificador que denominan
de distintas maneras, aunque comparten una característica fundamental. Se llamarán estas composiciones: diálogos, relaciones, cantos, conversaciones e incluso confesiones; y tienen en común que cuentan in extenso una historia de interés general, narran un suceso vinculado al pueblo, relatan un hecho propio de la vida rural, y se desarrollan -casi sin excepción- “apelando a su habla (la del gaucho), instalados en el molde inmediato y cómodo del antiquísimo octosílabo. Esos poemas debieron ser marcadamente narrativos”, como definió Rodolfo A. Borello en disertación efectuada en la Universidad Nacional del Sur, hacia 1972.
De los extensos diálogos y relaciones tenemos antecedentes escritos -fruto de autores letrados- desde 1820, pero este hecho lleva a presuponer que esos autores, dada la aceptación de sus obras, no crearon ni inventaron el modelo, más vale el mismo corría en la voz del pueblo, con un perfil definido que ya lo había identificado en el medio rural, desde por lo menos media centuria antes, con lo que nos remontamos a 1770, aunque otros autores/investigadores -Borello, p. ej.- se inclinan por una antigüedad mayor.
La forma de diálogo, por lo general una conversación poetizada entre dos interlocutores, responde a la narración de sucesos comunes al pueblo o bien cuestiones biográficas, en el cual el relato se realiza en primera persona, y su forma es una herencia del teatro popular español en verso.
En cuanto a la denominación de relaciones -quizás tan o más popular que la de diálogos-, provenga tal vez de las relaciones que los funcionarios españoles elevaban periódicamente a sus superiores en la península, informando distintas cuestiones políticas, económicas, administrativas, de la vida de estas colonias.
¿Y qué quiere decir “relaciones” sino relato! Veamos al respecto.
Recurriendo a diccionarios de uso familiar (al alcance de la mano y no rarezas de biblioteca), podemos echar algo de luz esclarecedora. Por ej., dice el “Pequeño Larousse Ilustrado” (Ed. 1973):

a) Relación: acción y efecto de referir o referirse (1º acepción) / Narración. Sinónimo: lista y
relato (4º acepción).
b) Referir: relatar o contar un acontecimiento.
c) Relato: acción de relatar o referirse.

En el “Diccionario Enciclopédico Espasa Calpe” (Ed. 1997):

a) Relación: referencia que se hace de un hecho.
b) Referencia: narración o relación de una cosa.
c) Referir: relatar un hecho suceso.
d) Relato: conocimiento que se da generalmente detallado de un hecho. Narración. Cuento.

Pretendo con estos sencillo ejemplos, dejar en claro que cuando los primeros autores letrados del gauchesco, titularon o incluyeron la palabra “relación” en los largos títulos de sus compuestos, no hacían otra cosa que aludir a lo que el pueblo recuerda como relatos.
Quede en claro también para evitar equívocos, que nada tiene que ver la expresión con las populares “relaciones” que intercambian los bailarines en determinadas danzas.
Por ejemplo, un diálogo que Hidalgo bautizara “Relaciones que hace el gaucho Ramón Contreras a Jacinto Chano...”, años después y fundamentalmente en el siglo pasado (S. 20) se lo hubiese titulado: “Relato que hace...”, ya que la otra voz, “relaciones”, cayó en desuso.
Redondeando lo expresado hasta el momento, intentemos una definición específica:

“RELATO: Composición casi exclusivamente en versos octosílabos, en cualquier tipo estrófico (romance, cuartetas, sextinas, décimas), primordialmente extensa que narra un hecho definido y tiene un final contundente, aunque a veces puede dejar lugar a que la historia se continúe”.
Tradicionalmente sus temas han sido épico-militares, trágico-amorosos, historias de matreros, de las actividades propias de la vida rural, de tipo biográfico.
Concretamente, y en esto hago hincapié: el relato no es en si mismo un género, ni una forma literaria específica; sí es un estilo que se centra en narrar una historia concreta en forma extensa y en verso.
Curiosamente encuentro en una de las composiciones más antiguas que dio la imprenta (1820) y que se conserva completa (la que relata la historia de un soldado de granaderos sublevado en la región de Cuyo), que cada parte del largo diálogo en que el soldado cuenta su historia, la misma está expresada en una sonora décima, lo que no deja de ser un importante testimonio, ya que por lo general Hidalgo utilizará decires que arriman al romance. El trabajo a que aludía se conoce como “Confesión histórica en diálogo que hace el Quijote de Cuyo Francisco Corro a un anciano, que tenía ya noticias de sus aventuras, sentados a la orilla del fuego la noche que corrió hasta el pajonal, la que escribió a un amigo suyo”. Se componen de un total de 624 versos, dentro de los que hay 33 décimas. Su autor: Juan Gualberto Godoy.
Muchos de los temas que con el andar del Siglo19 irán dando forma definitiva al gauchesco, encuadran en la denominación de relato. Así puede denominárselo al “Fausto” de Estanislao del Campo, como también a las 10 décimas de su “Gobierno Gaucho”; lo mismo se puede decir de la versión definitiva del “Santos Vega” de Hilario Ascasubi que suma 13180 versos y cuya intención primordial es relatar, contar la diversidad de cosas vinculadas a la vida rural de la época.
Autores menos conocidos también publicaban por entonces en diarios y periódicos, lo que dado lo iletrado del pueblo de la campaña, bien hace suponer que fueron divulgados en pulperías y fogones, por lectores que asumían la condición de decidor de ese relato, y así como al pasar, nombramos la “Carta de Jacinto Lugares a Pancho Lugares...” (s/f) y la “Biografía de Rosas” (1821/23), ambos trabajos de Luis Pérez, o las cuartetas del “Cielito del Blandengue retirado”, rescatado en Montevideo y ubicado entre 1821 y 1823, aunque carente de autor.
Podrá el lector distraído sorprenderse si digo que el propio “Martín Fierro” (en sus dos partes) es un verdadero relato, al que se lo leía a expectantes auditorios camperos -muy identificados con la historia-, al punto que muchos de estos atentos escuchas memorizaban partes que seguían a su vez relatando a otros, tanto, que varios de los pasajes de la obra sufrieron un proceso de folclorización, perdiendo incluso en ese camino, el nombre del autor.
Si vuelvo un paso atrás podría mencionar al mismo Sarmiento -a quien no podrá tildárselo de gauchófilo y sí más vale de gauchófobo-, que dice en su “Facundo”, que: “El cantor anda de pago en pago, ‘de tapera en galpón’, cantando sus héroes de la pampa, perseguidos por la justicia, los llantos de la viuda a quien los indios robaron sus hijos en un malón reciente (...) (y), mezcla entre sus cantos heroicos la relación de sus propias hazañas.”. Como se ve, iba de relato en relato, y hablamos de un libro publicado en 1845.
Ya en el Siglo 20, cuando las composiciones son decididamente de autor, y las mismas se difunden entre un pueblo rural que ha cambiado en sus costumbres debiendo adecuarse a nuevos tipos de explotación rural, pero que de ninguna manera ha perdido el espíritu gaucho que heredó de sus mayores, mantiene el relato su vigencia, mentándose que tal o cual es de ‘20 pies’ y aquel otros de ‘30 o más’, en referencia a la cantidad de estrofas que marcaban su extensión. Y estos comentarios los he escuchado personalmente en mi niñez.
No llame la atención del lector si en los ejemplos siguientes encuentran nombres de autores uruguayos, pues la situación es común a la cuenca del Plata, y de paso sirva la explicación ya que hemos mostrado algunos casos orientales.
Uno de los relatos más difundidos el siglo pasado, ha sido “La Leyenda del Mojón” -18 décimas-, que aunque de la autoría del payador uruguayo Juan Pedro López, se lo supone escrito en ésta orilla.
De un autor muy respetado por su tratamiento de la temática campera Don Omar J. Menvielle, podemos enumerar un lindo cuarteto de relatos: “Los Medinas” -11 décimas-, “Malas Noticias” -8 décimas-, “Vecindario” -14 décimas- y “Romerías” -26 décimas-; el poeta de San Miguel del Monte, Enrique Uzal, dio a la prensa un relato que supo de la aceptación popular, las 52 décimas de “Historias y Fantasías del Viejo Don Luis Paredes”.
“El Salao” se titula el relato compuesto de 11 décimas que se debe a la inspiración sobre un hecho real, del payador natal de Neuquén, Don Juan Quiroga.
La segunda mitad de la centuria pasada fue testigo del nacimiento y difusión de un relato de gran contenido social debido a la creación de Atahualpa Yupanqui: “El Payador Perseguido” (1966).
De la Banda Oriental sobresalen por méritos propios Wenceslao Varela y Osiris Rodríguez Castillo; del primero se puede decir que todas las composiciones que dan cuerpo a su bello libro “10 Años Sobre El Recao” (1978), son en si mismas, cada una un relato; y del segundo, imposible no mentar su reconocido “Romance del Malevo” y la notable “Leyenda del Paso de los Toros”, ambas composiciones de 126 versos cada una.
Si buscamos por el litoral, rescatamos del “sanjavierino” Julio Migno, su muy logrado “Tata Nica” (90 versos).
Y tratando de cerrar esta ronda de ejemplos, nos remitimos al admirado Pedro Risso, y de él evocamos “Trenzao de Seis” -8 décimas-, “Un Susto Grande” -8 décimas- y “Los Diez Hermanos Rosales” -10 décimas- y de don Justo P. Saénz (h) imposible no mencionar “La Carrera” -32 décimas-, “El Overo de Aguilar” -10 décimas-, y por última cita la obra que en su título lleva inserta la palabra en cuestión de este trabajo: el “Relato de un Mayoral”, 29 décimas de un genuino ejemplo de lo que estamos tratando de explicar.
Pienso que no es necesario aclarar que la nómina enunciada anteriormente se hace al sólo objeto de dar ejemplos concretos recurriendo a autores mayormente conocidos del aficionado a los decires gauchos, y que de ser propicio podría aumentarse considerablemente sin trabajo, y si no baste recordar que Evaristo Barrios tituló uno de sus libros “Relatos Gauchos”.
Se me ocurre pensar que somos quienes participamos del movimiento tradicionalista los culpables de que la palabra motivo de éstas líneas se haya visto mermada en su uso. Pero allí está el relato, firme en su sitio como siempre lo estuvo... aunque casi no lo nombráramos.
Quede en claro pues, que cualquier composición octosilábica que cuente una historia de un modo extenso y contenido concreto, es un relato. Y si no... ¿de qué hemos estado hablando?
La Plata, 2 de julio de 2000

BIBLIOGRAFÍA
- La Poesía Gauchesca, por Guillermo Ara (Enciclopedia Literaria, Vol. 4 C.E.A.L.) -5/1967-
- La Primitiva Literatura Gauchesca, por Jorge B. Rivera (Edit. J. Álvarez) -12/1968-
- Literatura Gauchesca, por Alvaro Yunque (Historia de los Argentinos, T. 3 Cap. XV – Ediciones
Ánfora SACI) -3/1968-
- Juan Gualberto Godoy: literatura y política – poesía popular y poesía gauchesca, por Félix
Weinberg (Ed. Solar/Hachete, Biblioteca Dimensión Argentina) -3/1970-
- Poesía Gauchesca -los fundadores-, por Augusto Raúl Cortazar (Ed. Culturales Argentina,
Ministerio de Cultura y Educación) -12/1970-
- Trayectoria de la Poesía Gauchesca -Vol. 17, Ensayos-, por Borello, Becco, Prieto, Weinberg (Ed.
Plus Ultra) -1977-
- Folklore Bonaerense, por Ventura Robustiano Lynch.

Otros: - Los libros de los poetas que se mencionan en el trabajo.
(Publicado en Revista El Tradicional N° 55)

domingo, 21 de noviembre de 2010

ALMAFUERTE un platense universal

El próximo 28 de febrero (2006) se cumplen 89 años del paso a la inmortalidad de Almafuerte. Tenía entonces 62 años.
Había nacido en San Justo (actual partido de La Matanza), el 13/05/1854, en momentos en que el país iniciaba un cambio profundo regido por su novísima Constitución, y si bien buenos vientos soplaban para el crecimiento y desarrollo de la nación, mucha sangre habría aún de derramarse por cuestiones intestinas y externas, hasta afirmarse como el país pujante que mostró el Centenario.
Almafuerte -el poeta en cuestión- nació como Pedro Palacios en el hogar constituido por Jacinta Rodríguez y Vicente Palacios, quienes se habían unido en matrimonio el 12/08/1848. Completaban el grupo familiar sus hermanos Juan Bautista, Manuel, José Abel, Trinidad y Pedro; otros dos -Marta y Mariano- fallecieron tempranamente.
Desgraciadamente muy breve será la vida junto a sus progenitores (a los cinco años huérfano de madre; a los siete abandonado por el padre), pasando primero -por poco tiempo- a vivir con sus abuelos, y luego y hasta la adolescencia, con su culta tía Carolina Palacios en la ciudad de Buenos Aires. Ella será la madre del corazón; con ella se acercará ala lectura e indirectamente a la pintura.
Quizás sea la aludida circunstancia de su padre, el motivo que lo llevó después a firmar con seudónimos, sus múltiples artículos periodísticos, habiendo usado no menos de veinte.
Muy corto será su período de estudio que comenzó en la Escuela Elemental de Varones de la Parroquia del Pilar, sita en Santa Fe e/Paraná y Montevideo, pero muy grande su capacidad de asimilación, motivo por el cual algún biógrafo ha dicho “Con dieciséis años poseía una mediana cultura”. En esa su formación primaria -la tía Carolina y la Escuela-, la Biblia será su libro de cabecera; su punto de referencia.
El aprendizaje precoz y la necesidad de sustentarse, hacen que también tempranamente busque trabajo en el orden educacional, comenzando por 1870 como “ayudante” en la misma escuela en que había estudiado, para ser luego “preceptor” en varios establecimientos de Buenos Aires.
Docente sin título, ejerce el magisterio en diferentes escuelas y en distritos donde realmente se debía tener vocación para ejercerlo, por lo adverso de las circunstancias. Así enumeramos Mercedes (es maestro, da clases de pintura y dibujo y se aboca al periodismo), Chacabuco, Salto Argentino y Trenque Lauquen.
Estando en Chacabuco (1884), Sarmiento llega a la ciudad y es propuesto para dar el discurso de bienvenida; después de la recepción “el maestro sanjuanino” lo invitará a radicarse en Buenos Aires, pero él, pintándose de cuerpo entero, responderá: “Vea, yo me quedo en el desierto y cuando la pampa se haya poblado, me iré de maestro al Chubut”; parecería que ¡vencer a la adversidad con la educación como objetivo principal!, fuese su premisa.
Paradójicamente el 8/04/1896, siendo docente en Trenque Lauquen, se le retira la autorización para enseñar por carecer de título habilitante.
Pasarían setenta y ocho años, hasta que llega “post-mortem”, la reparación moral, cuando el 11/09/1974 se lo designa “Maestro Honoris Causa”.
Puede afirmarse que su vocación frustrada fue el dibujo y la pintura; deseó estudiar y perfeccionarse en las artes plásticas, y como le era imposible financiarse esos estudios buscó afanosamente una beca que le permitiera viajar a Europa por un aprendizaje superior, pero al frustrarse tal deseo, parecería que volcó toda su capacidad creadora en la poesía.
No obstante, cuando años después se establece como maestro en Mercedes, para ampliar sus ingresos publica en la prensa local el siguiente aviso: “Pedro B. Palacios. Pintor al óleo. Ofrece sus humildes conocimientos al público y a sus relaciones. Retratos de todo tamaño. Al óleo y al lápiz. Lecciones de dibujo a domicilio. Tiene su taller en el hotel del Comercio”.
En la adolescencia borroneó sus primeros poemas, pero como era un perfeccionista, una y otra vez volvió al ayer con afán de corrector en busca de mejorar lo hecho. Y si desde temprana edad fue educador con la tiza y la pizarra, también siempre lo fue desde la prosa y la poesía. No escribe para cantarle a una mariposa o a una puesta de sol, no. Más vale escribe para opinar convencido de su verdad, escribe para que el confundido recapacite, y si su voz es un trueno en la tormenta, su mensaje es relámpago de luz que señala un buen rumbo.
“Es pasión de Almafuerte humanizar al hombre”, apuntó sagaz Lázaro Seigel, y agregó, “Todo nobleza es su postura, virulencia su disposición (...) su poesía (tiene), sí, la metálica dureza del hierro, y no la maleabilidad del azófar (...) Habla con el fragor de los torrentes, no con la cortedad de los arroyos”. Precisas apreciaciones ciertamente.
La resonancia del verso la buscaba el poeta repitiendo una y otra vez lo que escribía en alta voz mientras caminaba de un extremo a otro de la habitación en que se hallaba. Sobre el particular, en oportuna conferencia que Jorge Héctor Paladini pronunciara cuando el Centenario de La Plata (1982), trajo a colación anécdotas que le contaran viejos vecinos que conocieron y trataron al poeta. Uno de ellos “afirmaba que, dueño de una voz potente y de acentos casi marciales, solía leer en voz alta sus poemas, buscando sus ritmos y limando lo que suponía sus asperezas, y con tono tan estentóreo que se percibía, claramente, de la vereda de enfrente”. Vivía entonces en su última morada, y la Avda. 66 no es nada angosta...
Aunque virulento muchas veces, poco afecto a doblar la cerviz, de decir sin tapujos lo que sentía, lo que provocó que no faltaran voces que lo tildaran de “resentido”, supo del reconocimiento de intelectuales contemporáneos, coterráneos y extranjeros. Valga como ejemplo la opinión de Ricardo Rojas: “Se levantó por su propio talento natural a las altas esferas de la celebridad literaria.” (el destacado es nuestro).
A pesar de su dedicación no pudo vivir de su pluma, y estuvo forzado permanentemente a la búsqueda de trabajo; a pesar de eso, compartió su pobreza con los vecinos más pobres, con el pueblo, con “su chusma”. Poco le costó compartir su pan, su mate, su puchero, su sopa. Ayudar le retemplaba el alma. Aunque sufriera. Por eso canta:

“Yo tuve mi covacha siempre abierta
para cualquier afán falaz o cierto,
y tan franco, tan libre, tan abierto
mi hermoso corazón como mi puerta”.

“Hombre ansioso de la verdad misma de las cosas, como hijo de esta tierra interesado en pulsar las cuerdas del alma argentina, en auscultar atentamente el pulmón espiritual de mi pueblo”, tal la autodefinición de su personalidad.
En 1916 -antes de la muerte del poeta-, el prolífico entrerriano Julián de Charras, quien asegura conocer “como pocos en sus detalle más particulares, la vida privada del poeta, por haberlo ligado a mi familia una antigua y constante amistad...”, a pesar de no compartir el concepto superlativo y la talla genial con que de Almafuerte se opinaba generalmente, declara que le admira el talento y la personalidad, y lo considera “poeta extraordinario”, rematando “Hermosa es la obra de Almafuerte. Juzgándola en conjunto, sobre el campo de la literatura universal, aparece como una de las más valientes rebeldías del espíritu humano”. Y conste que opina un crítico.
No siempre fue Almafuerte. Este seudónimo que habría de trocar su nombre, apareció hacia 1887 cuando ya había superado los treinta años, y fue a consecuencia de los artículos que publicaba a favor de la ley de divorcio, oponiéndose a los que Carlos Olivera firmaba como “Alma Viva”.
Por entonces tiene su primera residencia en La Plata, que será temporaria, ya que hacia 1889 vuelve a Buenos Aires. Regresará después para ejercer la dirección del diario “El Pueblo”, y hacia 1904 se establece definitivamente.
Amigo de lo popular, era un entusiasta del canto de los payadores, y así fue que remató el soneto que dedicara al trovero Francisco N. Bianco, diciéndole: “¡También hay genios en mi patrio suelo!”.
En este punto acotemos que si bien no cultivó el gauchesco demostró que lo conocía y podía abordarlo escribiendo “La Primera Traición”, poema de catorce estrofas en décimas que dedicara “Para el distinguido payador Alfredo F. Plot”, el 22/02/1903.
Se le ha querido buscar a Almafuerte antecedentes en los que se inspirara; se ha pretendido enrolarlo en tal o cual corriente o movimiento, pero Almafuerte es él: no copia a nadie y con nadie se ata. No es cencerro que amadrina, es campana que tañe y su tañido, ariete que golpea.
Respecto de su nombre siempre firmaba como Pedro B. Palacios, y a esa “B” nominal -que nunca aclaró el interesado- se la hace corresponder a Bonifacio o Benjamín, pero ni la inscripción de nacimiento ni el acta bautismal lo avala. Y este asunto ha desarrollado minuciosamente Atilio Milanta en libro de reciente aparición, donde expone que el poeta es “un tal Don Pedro... de apelativo Palacios”.
Resulta curioso enterarse “que Almafuerte sólo publicó un librito de 92 páginas, en 1906, con el título de 'Lamentaciones', siendo que hoy son incontables las ediciones que difunden su obra.
Al cumplirse el 75º aniversario de su natalicio, por Resolución del 15/05/1929 del gobierno bonaerense, se dispuso la edición de sus obras completas, estimándose en no menos de diez los volúmenes que habrían de compendiar sus poesías, discursos, epistolarios, un drama en verso, etc., material que fue reunido por la Comisión Nacional de Homenaje designada por los herederos.
Falleció Pedro Palacios el 28/02/1917, y el diario El Día del 1º/03 comenzó su necrológica diciendo: “En el silencio de su morada modesta y accesible, pero sin embargo tan prestigiosa e imponente e inquietante, como la guarida de un viejo león, ha muerto ayer para siempre , se ha extinguido ayer para siempre, el espíritu del más grande de los poetas de América, la existencia fecunda de una de las intelectualidades más vigorosas que haya producido la Raza.”
Pero en algo se equivocó Almafuerte... que nadie es perfecto. Erró cuando dijo:

“Y a pesar de ser bálsamo y ser puerto,
de ser lumbre, ser manto y ser comida,
¡a mi nadie me amó sobre la vida;
ni nadie me honrara después de muerto!”

Hoy es un poeta admirado y permanentemente estudiado sobre el que siempre se escribe. Un importante cenotafio lo recuerda en el Cementerio platense, que aunque nacido en otros lares y habiendo residido en la capital provincial tan solo unos tres lustros, está íntimamente identificado con La Plata, al punto que no dudamos en llamarlo “¡Un platense universal!”
La Plata, 25 de Enero de 2006

Bibliografía

- Charras, Julián de – “La Patria en marcha” (1926)
- El Día de La Plata – Diarios del 1º/03/1917 y 20/10/1982
- Milanta, Atilio – “¿Quién es Almafuerte?” (2005)
- Museo Almafuerte – Publicaciones varias
- Oyhanarte, Rodolfo - “La estética de Almafuerte” (Diario La Prensa, s/f)
- Palacios, Pedro – “Poesías de Almafuerte” Obras Completas Tomo I (1930)
- Paladín, Jorge Héctor –“Reflexiones entorno a la palabra del poeta” (1982)
- Seigel, Lázaro – “El paisaje lírico de la pampa” (1962)
(Publicado en Revista Magazine Inmobiliario de 02/2006)

lunes, 14 de junio de 2010

DÍA DE LA TRADICIÓN - Su 60 Aniversario (1939 / 1999)




“La Fiesta de la Tradición no es una devoción,
es una obligación, porque es la afirmación
de la Patria Misma.”
Artemio Arán
El “Día de la Tradición”, promulgado en la provincia por la Ley 4756/39, fue, por lo que se sabe, el primero en su tipo en el territorio patrio. Y acá lo curioso: ¡fue gestado por un grupo de hombres de la cultura, ajenos ellos -salvo uno- a los trajines ecuestres! Valga entonces una evocación.
Pasa por lo general, que hablar de dicha fecha y asociarla a Hernández y al Martín Fierro, es un acto reflejo; acto que, paradójicamente, se transforma en el árbol que no deja ver el monte, al hacer pasar inadvertido al grupo de hombres que lo gestó, aunque le dé esa situación un entronque decididamente “tradicional”, ya que los hechos concebidos por el pueblo y transmitidos de generación en generación, pueden reconocer una comarca o un pago de nacimiento pero jamás arrastrar o proyectar el nombre de su autor.
No obstante, por ser el caso un hecho netamente cultural y contemporáneo, merece la evocación de sus mentores y la revalorización de su logro.
Remontémonos al 28/03/1928, cuando en la Capital de la provincia quedó fundada la “Agrupación Bases”,con la intención de contribuir al enriquecimiento del intelecto para sobreponerse al materialismo de la época”, constituyéndose en “custodia” del legado almafuerteano; siendo su nombre un “homenaje a las Bases de Juan Bautista Alberdi” -según lo propusiera uno de sus miembros fundadores, Juan Ignacio Cendoya-, y su sede, la casona en que pasara sus últimos años el poeta natal de San Justo, Pedro Palacios.
Entre los muchos logros de “Bases”, es sin duda, el “Día de la Tradición” el que más trascendió, y el que -de alguna manera-, puso el broche a su prolífica existencia, ya que en 1945 cerró su ciclo vital, depositando en la Federación Gaucha Bonaerense (también creación suya y embrión de lo que hoy se conoce como movimiento tradicionalista organizado), la continuación de los festejos del 10 de noviembre.
Sin lugar a duda, los antecedentes que obran en el “Museo Almafuerte” dejan en claro que la idea de propender a la institucionalización de un día que conmemore las tradiciones gauchas sin que sea un festivo más, correspondió al poeta nacido en Ayacucho, Francisco “Pancho” Timpone, quién en una reunión de básicos (así se autodefinían los miembros de la Agrupación), en “el rancho criollo” de Justiniano de la Fuente, en la noche del 13 de diciembre de 1937, propuso abocarse a esa brega iniciando las gestiones necesarias ante el Poder Legislativo, tomando la fecha del natalicio de Hernández (“hecho trascendental en nuestra literatura autóctona”), como una fecha símbolo para evocar todo lo atinente a las tradiciones gauchas. A dicha proposición adhirieron entusiastamente todos los presentes: Juan Carlos Dellatorre, Arturo C. Schianca, Mario L., Sureda, Víctor A. Carlaván, Francisco Carbonell y el propio dueño de casa.
Casi inmediatamente Mario L. Sureda publicó en las páginas de “El Argentino”, un artículo bajo el título de “El Día de la Tradición”, que obtuvo rápida y grande repercusión.
Cuando el 6 de junio de 1938, “Bases” presentó oficialmente la nota con su solicitud ante el Honorable Senado provincial (presidido entonces por Aurelio F. Amoedo), al escrito que firmaba Víctor A. Carlaván como secretario designado a ese efecto (ad hoc), se adjuntaba el texto de dicho artículo.
De allí en más, sería ímproba la tarea desarrollada por el que resulta padre espiritual de la fecha, el poeta Timpone, quien a raíz de seguir insistentemente, paso a paso, cada uno de los movimientos del expediente que se generara con la presentación de “Bases”, recibió de sus compañeros el mote cariñoso de “la hormiga” por su incansable tesón, o aquel otro de “el monje blanco de la secta básica”, con que lo recordara el escritor costumbrista de la cordobesa Bell Ville (Fraile Muerto), Artemio Arán, ganado por la gente de la Agrupación para la causa de las tradiciones.
Ante lo bien encaminado de la gestión legislativa, “Bases” editó en junio de 1939, un folleto dirigido “Al Pueblo de la Provincia”, titulado “La Fiesta de la Tradición”, ilustrado en su portada por la imagen de un gaucho, lazo en mano (fruto de la creación del “básico” Atilio Boveri, que quedaría como lema gráfico de la fiesta), con una leyenda que rezaba “Las tradiciones son la raigambre de oro de la historia. Festejar las tradiciones significará glorificar la historia”, más esta breve cita: “Año Jubiloso de 1939”. ¡Qué así sentían aquellos soñadores dichos aconteceres!
En aquel texto, ya se invitaba a la población, a “la peregrinación cívica al Museo Gaucho ‘Ricardo Güiraldes’, de San Antonio de Areco, en homenaje y como consagración efectiva de “El Día de la Tradición”, que “Bases” había previsto para el 10 de noviembre de ese año.
Finalmente, tras las aprobaciones unánimes en las Cámaras de Senadores y Diputados, el 18 de Agosto quedó promulgada la Ley 4756/39 instituyendo la fecha gaucha, la que se publicó en el Boletín Oficial (entrando en vigencia), el 9/09/39.
Recordemos aunque sea al pasar, los nombres de los senadores Atilio Roncoroni y Edgardo J. Miguez, y de los diputados Carlos Sánchez Viamonte y Ernesto de las Carreras (h), entusiastas oradores todos ellos, en aquellas memorables sesiones.
Y llega el primer 10 de noviembre, y entonces -como recordaría “Bases” al año siguiente-, “con la colaboración de las autoridades provinciales y de los intendentes municipales de La Plata y San Antonio de Areco”, se realiza como ya lo tenían previsto, en el Parque Criollo, el primer festejo de las tradiciones.
Ya a partir de 1940, La Plata contendrá en su seno la fiesta, de allí que “Bases” considerara “indeclinable deber, significar (…) lo que ha representado, para alcanzar el mayor brillo,. Y ver coronada con el mejor de los éxitos su iniciativa de festejar el Día de la Tradición en la Ciudad Capital de la provincia de Buenos Aires, la colaboración amplia, generosa y patriótica del gobierno” provincial.
Sobre el particular, en carta que dirigida a Enrique Udaondo (Director del Museo de Luján) remitiera “Bases” con la firma de Timpone, al imponerlo de las novedades para noviembre del ’40, le expresa: “Este año -así como el anterior lo hiciera en San Antonio de Areco- nuestra Agrupación no escatimará esfuerzo alguno por esta fiesta de la argentinidad, de tan alta jerarquía nacional (…)”.A partir de ese año y por varios más, a la concreción de cada fiesta seguirá la publicación de un libro, resumen de todo lo acontecido. Cada uno de esos opúsculos, en su portada rezaba: “Día de la Tradición – 10 de Noviembre – Iniciativa de la Agrupación Bases”.
Con el advenimiento de la democracia, por esos caprichos de los hombres, la Ley 10220/84 modificó a la Ley 4756/39 el Art. 3° original, que pasó a decir: “Declárase sede provincial permanente de la tradición a la localidad de San Antonio de Areco…”.
Por otro lado, por Ley Nacional N° 21154 de 1975, el Congreso Nacional extendió a todo el territorio argentino, la vigencia del 10 de noviembre como “Día de la Tradición”, (cumpliéndose lo que era una inconclusa aspiración de “Bases”), declarándose Ciudad de la Tradición a la Ciudad de San Martín, por ser ésta, pago natal de Hernández.
60 años han pasado. La intensidad de los festejos ha sido intermitente. El esplendor de los años 40 se fue apocando, para resurgir entusiasta en los 80, fructificando con un montón de celebraciones en distintas localidades de la provincia y el país.
Sirvan estas líneas, como un homenaje a D. Osvaldo Durán, que con sus 96 años, es el único básico sobreviviente.
Y cerramos con las palabras sobre la tradición del único hombre de a caballo de aquella Agrupación insigne, D. Justiniano de la Fuente: “Para su hallazgo emocional es menester olvidar la posibilidad inmediata de encontrar la prebenda perdida en el camino, para divisar arriba la eternizada estrella del recuerdo”.La Plata, 25 de Julio de 1999
BiliografíaBases 1929 (Año I – N° 1)
La Agrupación Bases en su 10° Aniversario
La Fiesta de la Tradición (Folleto, 6/1939)
Día de la Tradición, Festejos Celebrados en La Plata (Años 1940 / 1942 / 1944)
Carta Agrupación Bases a Udaondo (1/10/1940)
La Fiesta de la Tradición, por Artemio Arán (1941)
Día de la Tradición y Monumento al Gaucho – Honorable Senado de Buenos Aires (1948)
Agrupación Bases: vida, pasión y vigencia, Lázaro Seigel (La Plata Ciudad Milagro, Ed. Corregidor 11/1982)
1939-1989 Día de la Tradición – Bodas de Oro, Carlos R. Risso (9/1989)


(Artículo publicado en el ejemplar Nº 29 de Revista "El Tradicional")

domingo, 16 de mayo de 2010

LA MONTONERA de Ensenada




Dado que el 22 de mayo de 2010, esta agrupación gaucha cumple 70 años, es bueno recordar esta nota escrita cuatro años atras.



Que el tradicionalismo es un sentimiento con raíces profundas, es innegable; y que el movimiento tradicionalista se sustenta en instituciones serias y bien constituidas, es una verdad que no necesita explicarse.
Y en las vecindades de la Capital de la provincia, la Agrupación Tradicionalista y Campo de Pato “La Montonera” de Ensenada, cumple con los principios antes mencionados. Y esto que es hoy presente y pujanza, arranca en un ayer del que ya nos separan sesenta y seis años.
Promulgada la Ley 4756/39 que instituyó el “Día de la Tradición”, la “Agrupación Bases” se aboca a la creación de una entidad que se encargue de difundir el ideario de la tradición y promueva la creación de “fortines gauchos”, y es esta la Federación Gaucha Bonaerense nacida al despuntar el año 40, y allí nomás -sobre la pata- un grupo de paisanos ensenadenses que ya había colaborado con “Bases”, un 22 de mayo de 1940 funda en la zona rural próxima a la Ciudad de Ensenada (entonces partido de La Plata, desde 1882 y hasta 1957), la Agrupación Tradicionalista “La Montonera”, entidad primigenia y señera en un antiguo “pago gaucho”.
En un campo del Ministerio de Asuntos Agrarios, donde como encargado se desempeñaba José Ortelli -paisano emblemático de aquel momento-, en vísperas de la fecha patria se reúnen un grupo de hombres de a caballo que decididos a aunar esfuerzos en pro de aportar institucionalmente al significado del recién creado “Día de la Tradición”, se amalgaman abriéndole la tranquera a la primera agrupación gaucha del distrito Capital, naciendo así, bajo un nombre que evoca a aquellos hombres, hijos de la campaña, que tras la figura carismática de un jefe natural –el caudillo-, estuvieron en todas las luchas que a lo largo del Siglo 19 se desarrollaron en pro de forjar una nación soberana, y que la historia recuerda como “las montoneras gauchas”; y parece que en aquella ocasión, reunidos ya una treintena de hombres, vieron por el camino acercase a tres paisano más lo que hizo que alguien exclamara “¡ya somos una montonera!”. Y así nació entonces, como “La Montonera” de la Ensenada de Barragán.
Transcurridos ocho años, deben entregar el campo en que habían nacido y donde desarrollaban sus actividades, y a la zozobra del primer momento, le sigue el reiniciar la lucha cuando D. Ramón Carnagui ofrece en préstamo 6 has. de campo, linderas al Club Petirossi, en la zona que hoy se conoce como “Villa Tranquila”.Y allí se instalan. Se han acercado “al pueblo” pero conservan su empaque gaucho.
En ese retazo decampo permanecerán hasta 1952, y dos años después se instalan en forma definitiva en el predio que hoy ocupan, donde han crecido y se han consolidado.
Sobre 10 ½ has. se desparraman: el campo de destrezas -que ocupa casi 3 has., perfectamente alambrado y con acogedora sombra sobre dos de sus lados-; los corrales, mangas y embarcaderos; el salón para las actividades sociales y culturales que se desarrolla sobre 360 m2, sin contar los sanitarios, la cocina, la pulpería y la secretaría; el tinglado para los asadores cubre un espacio de 10 x 20m; y una pulpería próxima al campo de destrezas que ocupa 80m2. A esto habría que sumarle la casa del casero y la hermita que cobija a la Virgen, en cuyas paredes se desgranan las placas recordatorias de aquellos socios y amigos que ya no están.
Y por si esto fuera poco, el empuje de la Comisión Directiva vigente ha encarado otra gran construcción -cuya estructura ya se encuentra erguida-, destinada a contener todos los carruajes de la institución, y a dar cabida a la Capilla que permita realizar las ceremonias religiosas de un bautismo, una misa o un casamiento, llegado el caso.
Y la columna de su haber no termina allí, pues debe ser “La Montonera” una de las pocas agrupaciones -si no la única- que tiene su propia caballada de reservados para los días de jineteadas.
Finalmente, en 1979 se obtiene la definitiva posesión de las tierras fiscales ocupadas, cuando ser procede a la firma de la escritura traslativa de dominio. ¡Un sueño cumplido!
AQUELLOS COMIENZOS
Volviendo sobre el lazo a los años primeros, recién en 1943 se constituye la Comisión Directiva como Dios manda, resultando su primer Presidente el Dr. Raúl Chávez, Presidente Honorario D. Lucio González y Mayordomo José Ortelli.
Ya por 1942 cuentan con “equipo de pato”, siendo una de sus primeras formaciones la integrada por José Di Rienzo, Demetrio Oliva, Estanislao de la Vega y Luis Carnagui. Y en este deporte también son pioneros en la zona, habiéndolo sumado a las corridas de sortija, jineteadas, yerras y las actividades sociales de salón, como que establecidos de su primera mudanza se formará su primer Conjunto de Danzas Nativas.
La práctica del “deporte nacional” hará que -deshojando el almanaque con el andar del tiempo-, al sumarse a la Federación de Campos de Pato, deba variar su denominación, ya que era necesario que la expresión figurase en su nombre, y así es que su actual nominación es “Agrupación Tradicionalista y Campo de Pato La Montonera”, hecho que ocurre hacia fines de la década del 60. Esto también le sirve como aval para seguir ocupando ese predio fiscal.
Y la institución crece. Es que sus dirigentes, socios y colaboradores le roban horas a la familia y al descanso: que levantar paredes, que blanquearlas existentes, que colocar postes y tirar un alambrado, que encerrarla caballada, que arreglarla para presentar los reservados en forma prolija, que hay que organizar un viaje o preparar la próxima fiesta, o que hay que colaborar con algún jardín de infantes, una escuela o el Hospital del partido, porque entre otras cosas, “La Montonera” es la Entidad de Bien Público Nº 2 de la Ensenada.
Y como si eso fuese poco, esos hombres toman para la Agrupación créditos a su nombre, y llegan al extremo de hipotecar sus viviendas para obtener medios que les permitan seguir creciendo y afirmarse.
Rememorando las principales cabezas de cada una de sus Comisiones, al ya citado Chávez, agregamos otros presidentes: Alberto Lastra, Antonio López Osornio, Mario de Olano, Rodolfo Goñi, Omar Lacay, Luis Carnagui y el actual, Juan Carlos Ameghino, con su primo “Pepe” Ameghino como Mayordomo y Gustavo Astorari como Capataz.
DE MÁS ACÁ
Algunas fechas se han hecho “tradición” en “La Montonera” más allá de la reunión aniversario, y está la “jineteada del aficionado” del 1º de mayo; la marcha por tierra a Luján para participar de la célebre “Peregrinación a Caballo”, y la “Semana de la Tradición” de noviembre, con exposiciones, reuniones folclóricas, conferencias, y dos días de destrezas criollas.
También asiste con regularidad a los grandes encuentros del “Día del Gaucho”, habiendo recibido en dos oportunidades la distinción como mejor agrupación otorgado por la Asociación Criolla. Aportando a la cultura, en su sede se dictan cursos de platería criolla, guitarra y danzas nativas.
Y no puede dejar de citarse que en 1985, aceptando un desafío de Víctor Di Santo y Pepe Curbelo, organizó el Primer Certamen de Payadores Noveles que sirvió para abrirle rumbo a varios intérpretes hoy reconocidos; y al año siguiente concretó un gran Encuentro de Payadores Rioplatenses.
Desde aquel primer partido de pato contra “El Carmen” jugado en el campo del Histórico Fuerte de Barragán en 1942, y desde aquella primera gran fiesta criolla a beneficio de los afectados por el terremoto de San Juan en 1943, mucha criollería y mucha tradición ha palpitado en la vida de “La Montonera”, y por lo que se ve y aprecia, habrá de seguir latiendo hacia el futuro, que una institución, nace con la grandeza de un sueño; luego se hace grande con el esfuerzo, el sacrificio y la dedicación de quienes la soñaron y quienes heredaron ese sueño. Y así es “La Montonera”.
UNA REFERENCIA FINAL
El campo de “La Montonera”, su entrada principal y su embarcadero, dan el frente al Camino Rivadavia que une a Ensenada con La Plata, y ese camino que para los viejos lugareños es “el camino blanco”, es la misma huella que Bernardino Rivadavia mando mejorar para tener un seguro acceso al viejo Puerto de la Ensenada. Como la misma atravesaba bajos y bañados buscando las lomas de la Ensenada, hubo que rellenar y aterraplenar, y para hacerlo se recurrió a la abundante conchilla de la zona, dándole un aspecto especial que hizo que se lo conociera por “Camino Blanco”.
Y a esa histórica senda da su frente la gaucha “Montonera”.

(Publicada en el N° 75 de Revista El Tradicional)

miércoles, 28 de abril de 2010

El 10 de Noviembre y una confusión

Escribo estas líneas a raíz de que en los últimos años he visto que ha ido creciendo una confusión, cuando llegado el mes de noviembre los amantes de las tradiciones gauchas nos aprestamos a celebrar, como un regocijo del espíritu, el Día de la Tradición.
Entendidos y neófitos, se encargan en rendirle tributo y homenaje a D. José Hernández, apareciendo en diarios, suplementos, revistas, espacios radiales y televisivos, datos biográficos del eterno poeta, escritos o narrados -según sea el medio-, reconociéndose en todos lados el valor del “Martín Fierro”, su dimensión y alcance, y el significado aún vigente de sus sextinas y sentencias (¡hasta que venga algún criollo en esta tierra a mandar!).
Aclaro que si de algo no tengo empacho en declararme, es en ser Sanmartiniano y Hernandeano, y digo esto para que no se malinterprete esta reflexión que comparto con los lectores.
Ocurre que cuando los impulsores del Día de la Tradición (en la provincia, al menos), se propusieron bregar porque tal iniciativa se convierta en ley (y entiendo que el propósito a nivel nacional debe haber sido el mismo), lo que pretendían era reverenciar con el alma de hinojos, todo lo inherente a las tradiciones gauchas del país, esos usos y costumbres propios del tipo social llamado “gaucho”, que se venía dando en el territorio nacional desde hacía casi dos siglos.
De acuerdo en esta condición básica y puestos a buscar una fecha acorde y apropiada para celebrar sin pitos ni matracas un acontecimiento que sirva como reverencia a la ya por entonces maltratada propia identidad, gestada en esos doscientos años ya aludidos, se convino en que el día del natalicio de Don José Hernández era el más apropiado, peticionándose entonces para que sea el 10 de noviembre, el día a instituir en el calendario de celebraciones.
El correr del tiempo y los vaivenes de nuestra propia realidad, han hecho -a mi entender- que poco a poco se vaya tergiversando el sentido del homenaje, al que interpreto mucho más amplio como un agasajo a todo el espectro de lo que significan y representan las tradiciones gauchas, que limitado a una conmemoración del natalicio del poeta gaucho.
Es reivindicar la identidad de la fecha, si lo que sobre la misma se escribe y se enuncia en los discursos del caso, habla de la historia del gaucho, por ejemplo, de sus habilidades y de su abnegación y de tantas cosas que tienen que ver con la cultura gaucha y sirven para su evocación.
Por otro lado hago hincapié en mentar las tradiciones gauchas, ya que la tradición, así a secas, comprende cuestiones que nada tienen que ver con el gaucho, su vida y sus costumbres.
No niego que el 10 de noviembre puede haber un acto frente al monumento de Hernández -donde lo haya- y que de él se hable; lo que sostengo es que aquello que se escriba o se difunda por radio y televisión puede y debe tener un contenido en el que converjan no sólo Hernández, sino todas aquellas personas que con su esfuerzo contribuyeron a desentrañar y honrar la imagen del gaucho, prototipo podría decirse, de aquellos que añoramos un país que se reconozca a si mismo por el basamento de la historia, y no una nación ignorante que ande gritando por pecho, espalda y sombreros extraños, consignas que en nada nos identifican ni nos representan y que sólo nos ligan al yugo de esclavitud cultural, la peor de las esclavitudes ya que se ignora que se la padece, cuestión que le apetece así sea a quien o quienes la imponen.
Sin olvidarnos de Hernández, tengamos presente que al celebrar el Día de la Tradición, estamos haciendo una simbólica reverencia a toda la historia del gaucho en su conjunto.
Sin crear controversias -que es lo que menos me interesa, pues sirve lo que construye, no lo que destruye-, espero haber aportado alguna luz sobre el particular.
La Plata, 19 de mayo de 2001
(Publicado en el N° 16 de Revista De Mis Pagos)

Don FERMÍN CHÁVEZ - Mi agradecido recuerdo

Cuando desaparece un notable de la cultura, una personalidad que ha trascendido por sus investigaciones y sus posturas, como por generación espontánea surgen amigos y muy amigos que el extinto no puede rebatir.
Y hago esta introducción porque el 29/05/06 cerró sus ojos el historiador y escritor Fermín Chávez, y a él me quiero referir sin haber sido su amigo.
Lo respetaba y admiraba como historiador, como experto hernandiano y como conocedor de la poesía gauchesca, temas estos que son mi debilidad.
De su mano, hace 25 años, conocí “Un Nuevo Diálogo Gauchesco” debido a la inspiración del Coronel Bernardo Echevarría, tal cual investigara y dejara establecido en la introducción que realiza al largo diálogo que al estilo de los de Hidalgo, describen en éste caso los festejos en honor a Rosas llevados a cabo en Palermo en 1851.
La lectura del poema me deparó la satisfacción de encontrar la cita del “pago de mis mayores” - La Magdalena - identificado a través de un estilo de espuelas que al protagonista le hace exclamar: “Qué espuelas Magalenistas”, referencia que me resultó útil para incluirla en un trabajo titulado “El Viejo Pago de la Magdalena en la literatura y sus escritores”, que escribí por entonces.
Luego, mi afición e interés por el tema hernandiano me llevó a consultar obras suyas, como “José Hernández” (1959) y “La Vuelta de José Hernández” (1973), convirtiéndose desde entonces en un referente ineludible para conocer y ahondar en una cuestión que aún hoy, sigue siendo tema de actualidad.
Más adelante, en una visita que hiciera a la carnicería-museo “El Resero”, de mi amigo Agustín López, en el barrio de Constitución, me autografió un par de ellos, y me enriqueció uno con varias anotaciones de puño y letra en distintas páginas.
Por entonces -corría 1992- la Subsecretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Lomas de Zamora, se contactó con la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalista (en la que siempre he militado), con la intención de homenajear a un poeta de su distrito que era nuestro Presidente Honorario, me refiero a D. Rodolfo Nicanor Kruzich, proponiéndonos organizar conjuntamente un certamen de poesía gauchesca con su nombre, cuyo primer premio consistiría en la edición del trabajo ganador. Manos a la obra, a la hora de conformar el jurado nos atrevimos en pedirle colaboración a Don Fermín quien no dudó en trabajar con nosotros desinteresadamente para llevar a buen termino esa intención, a la que se debe el primer libro del poeta de Cañuelas, Carlos Loray, “Entre Paisanos”, ya que resultó éste el trabajo elegido por unanimidad .
Y no fue esa la única vez que lo molestamos, ya que en 1995 lo convocamos junto a D. Carlos Antonio Moncaut y Abel Zabala, para que dictaminaran en el certamen de obras éditas “Faja de Honor 25 de Mayo”, y al año siguiente para jurar en el “6º Certamen de Poesía Gauchesca”. Y hago estas citas para destacar su predisposición a colaborar en emprendimientos que poco destacaban su nombre y más vale se engrandecían con su aporte. En ese sentido tenía Don Fermín el sí fácil.
Vale acotar que su actual compañera, la notable escritora platense Aurora Venturini -a la que conocí al expirar la década del 70 en la desaparecida editorial Ramos Americana por el tiempo en que publicaba su “Antología Personal”-, fue quien me indujo a ingresar en SADE La Plata, y a presentar mi primer libro de versos gauchos en sus certámenes.
Estos últimos años, 2003/4/5, conjuntamente con la Dirección de Bibliotecas y Promoción de la Lectura del gobierno provincial, Aurora llevó a cabo, siempre con la colaboración de Don Fermín, certámenes de soneto, cuento y ensayo -respectivamente-, dotándolos con premio en efectivo que aportaba de su propio peculio, y allí, asistiendo a las entregas de premios que siempre se efectuaron en salones de la Biblioteca “Gral. San Martín” (47 Nº 510), tenía la oportunidad de saludarlos y “chancear” con el maestro, respecto de que compartíamos la “categoría” de colaboradores de “De Mis Pagos”. Del último de estos encuentros, el 20/12/2005, guardo el testimonio de la foto que acompaña este emocionado recuerdo.
No dudo que el paso del tiempo nos irá dando la exacta dimensión de la obra y la personalidad de este entrerriano nacido el 13/07/1924 en “El pueblito”, vecindades de Nogoyá, en el modesto hogar de gente de campo que integraban Doña Gregoria Giménez y Don Eleuterio Chávez, y al que Fray Reginaldo de la Cruz puso en el camino de la literatura pensante, que le valió andando el tiempo, el Premio Consagración Nacional (1990) y ser declarado “ciudadano ilustre” de “su” Nogoyá y también de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2003), en cuya Legislatura fueron velados sus restos.
Una de sus última obras, “Historia y Antología de la Poesía Gauchesca” (2004), hará que lo estemos recordando a cada rato, por eso entonces que le decimos: “Hasta cada rato, Maestro”.
La Plata, 12 de julio de 2006(Publicado en el N° 25 de Revista De Mis Pagos)

martes, 27 de abril de 2010

Don CARLOS MONCAUT Un Hombre Inolvidable


Una forma potencial de evocar el “bicentenario” patrio, es recordando a quienes con pasión han trabajado por desentrañar los recovecos de la historia; por eso, para los platenses y especialmente para los de la zona Norte del partido, resulta ineludible referirse a D. Carlos Antonio Moncaut, de quien mucho vamos a extrañar durante éste especial año, las enriquecedoras notas con que nos ilustraría, sucesos y hechos curiosos de aquellos años gloriosos, que casualmente no aparecen en los textos habituales para el conocimiento del ayer.
El 22 del corriente se han cumplido dieciséis meses de su desaparición, acaecida a los 81 años, el 22/12/2008. Había nacido en la localidad de Ángel Etcheverri, se crió en vecindades de la Estación Ferroviaria La Plata, y desde su juventud se aquerenció en un encantador barrio próximo a la Estación City Bell.
Más allá de sus virtudes de historiador, es grato recordar -copiando su evocación de las cosas menudas-, que en el jardín de su confortable y apacible vivienda, se recrea con naturalidad el paisaje del campo pampeano, con matorrales de paja brava, árboles de la flora criolla, y alguna lagunita muy a propósito de los distintos patos silvestres y chajaes que pueblan ese ámbito, junto a alguna gallina y alguna pata criolla con sus pequeños a la rastra, todo prolijamente presentado y atendido.
Una base de molino, algún señalador de viejos caminos, un mojón de piedra, otro de madera dura, un mortero y cuantos etcéteras el lector imagine, se encuentran prolijamente diseminados por ese “criollo” escenario.
Moncaut, comenzó en su adolescencia -los 15 años aproximadamente- a interesarse por los temas rurales y por acopiar libros, diarios, revistas y todo papel que pudiese aportarle información del pasado. Recordaba con una sonrisa, que las monedas que su padre solía darle para ir al cine o algún otro pequeño gasto cotidiano, las guardaba, y cuando había juntado la suma necesaria, la invertía en algún libro que su ojo avisado había descubierto en ésta o aquella otra librería.
Al momento de su partida se encontraba abocado con ahínco a redactar un libro sobre “los grandes félidos americanos” (yaguareté, puma y otros), y tenía en mente -ya había apartado el material primario-, escribir sobre las cartas que Don Juan Manuel de Rosas dirigía puntillosamente a los encargados de las estancias que administraba. Y no es todo: hasta último momento siguió acopiando material de estudio.
Citando lo que menos que de él se sabe, es bueno recordar que tenía gran afición por la pintura, habiendo volcado en telas no muy grandes, agradables motivos y paisajes de distintos puntos que visitó del país, siempre acompañado por la inseparable “Lili”, su esposa María Teresa Barberis.
Quizás el destino lo tenemos marcado desde el momento mismo del nacimiento, por eso, cuando cumplió 80 años escribimos al comenzar una nota: "Parecería que el nacer en una escuela le marcó un destino 'de letras', y como esa escuela era rural, la particularidad le agregó 'el amor por la campaña' ".Simple y claro como un arroyo incontaminado, así era Moncaut.¡Gracias ‘maestro’ por habernos permitido abrevar en su aguada!

(Publicado en Semanario Norte - Diario El Día - Viernes 23 de abril de 2010)