domingo, 19 de abril de 2015

NOVILLO QUIROGA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 174 – 20/09/2014

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

DIEGO NOVILLO QUIROGA “Hijo  de  ricos  estancieros  y  bisnieto  del  célebre caudillo riojano, Gral. Juan Facundo Quiroga, su amor a la tierra nativa lo convirtió en magnífico poeta”, así comienza la semblanza biográfica que sobre él escribiera Orlando del Greco.
Este poeta bonaerense nació en la localidad de San Pedro, el 24/10/1899, por lo que el próximo mes se cumplirán 115 años de su natalicio.
Su bohemia creadora lo llevó a frecuentar ambientes humildes, dándose más con los que menos tienen que con aquellos ambientes sociales que le eran propios por cuna.
Desde la adolescencia se dio a la poesía y al periodismo, habiendo escrito en la mayoría de los medios populares de sus años juveniles e inmediatos posteriores, tales como: “La Verdad”, “Crítica”, “La Bastilla”, “El Sol”, “Noticias Gráficas”, “La Nación”, y revistas como “Nativa”, “El Hogar” y “Caras y Caretas”, y por 1918, con el también escritor Ernesto Morales, fundan la revista “Hebe”. Con este mismo colega, publica en 1917 la “Antología Contemporánea de Poetas Argentinos”; ese mismo año aparece su primer libro de poemas: “Desde mi torre de marfil”. En 1922 da a la prensa “Sabañones” -versos satíricos-, en 1929 “Vinchas – versos criollos”, y en 1930 “Rasjidos”, compendio de canciones criollas compuesto por las letras y las partituras musicales de las mismas, desgranándose en sus páginas: zamba, vidala, chacarera, cuando, tonada, firmeza, huella, triunfo, triste, estilo, gato, vidalita, cielito, pericón y hasta un arrorró gaucho. Lo pinta de cuerpo entero la dedicatoria que escribe en su libro: “A mi pago, San Pedro, Provincia de Buenos Aires, húmedo a lágrimas de macho en mi ternura de hijo”.
Cierra su serie editorial el libro de cuentos criollos aparecido en 1939, “Pampa del Recuerdo”, obra que fuera alabada por la crítica.
Según su familia tuvo desde la juventud, trato amistoso con Carlos Gardel, y así fue que éste le grabó la ranchera “Hasta que ardan los candiles”, tema que había resultado premiado en un concurso de la grabadora Odeón; también José Razzano le grabó, en este caso el tango “Viejo Callejón”.
También es autor del primer tema grabado como chamamé, que fue “Corrientes Poty”,  y que grabara Samuel Aguayo.
Se sabe que tenía en preparación 2 libros que no llegaron a concretarse: “Diccionario del pelo de los caballos criollos” y “Vocabulario Criollo”.
Con jóvenes 50 años, falleció en Bs. As. el 26/06/1950. 

lunes, 2 de febrero de 2015

El "Adentrismo" de MARTÍN BENTANCOR

En la vida siempre hay una cosa segura, y es lo que ignoramos, a pesar de pretender vivir aprendiendo, conociendo, queriendo saber.

La primera vez que oí de Martín Bentancor, fue a través de “El Gauchoguacho”, o lo que es lo mismo, Luis Hardoy. Fue Hardoy quien me dijo que Bentancor era un periodista uruguayo, que también administraba un sitio digital.
Un largo tiempo después, con motivo de una evocación mía a Don Pancho Gandola, fue que “nos conocimos” con Bentancor, y como es de rigor, intercambiamos material literario, porque Martín, a más de periodista, es escritor y poeta (aunque él prefiere no serlo).
Valga decir que el conocimiento y el saludo ha sido epistolar, o como se acostumbra ahora, cibernético: por medio de internet.
Tuvo la gentileza de remitirme dos de sus últimos trabajos: “Procesión – cuentos”, de 2009, y la novela “Muerte y Vida del Sargento Poeta”, de 2013.
Y allí tuve la grata sorpresa de descubrir a un esmerado e inspirado escritor, dueño de un muy particular estilo, con algo de ese “mágico” decir, que se ha hecho popular en la literatura latinoamericana.

¿Qué nos lleva a ocuparnos de él? Pues, porque siendo un hombre que transita por distintos y variados senderos literarios, conserva bien plantados los pies sobre la tierra rural del Canelones que actualmente habita, pago que él define como “la Tercera Sección”.
Y sabe y gusta y aprecia a los payadores y su canto repentista: gusta de Juan Torora, Florentino Callejas, Juan Pedro López y Yamandú Rodríguez, y aprecia y destaca a ese Wenceslao Varela que es para nosotros (los de la otra banda del Plata, la “occidental”), el más grande de los poetas gauchos orientales; y porque él mismo -Martín Bentancor, digo-, transita con lo suyo por ese trillo del sentir paisano, al que suele “agiornar” con modernos artificios literarios, pero sin perder de vista la realidad campera que está trenzada a los yuyos del campo, que circula por anónimos y humildes arroyuelos, que se entrelaza a la copa de espinudos talas, y que se hace voz sonora en la clarinada alerta de los teros.
Dice lo suyo en pro de la Patria Vieja, como antes lo hicieran la prosa de Javier de Viana, Eduardo Amorín y Carlos Reyles (para nosotros el Lynch de aquellos lares) y el mismo Wenceslao desde “Nazarenas de Hierro” y “Albardones”, aunque… con otro empaque, otro tono… pero con el mismo sentimiento y muy parecido orgullo.
Como hombre del tradicionalismo y de la expresión de “la gauchesca”, por ahí no estamos capacitados para valorar toda la obra de Martín, dado que hay aspectos de la misma que andan y desandan otros caminos que para nuestra modestia pueden convertirse en un carcagüesal, pero nos basta conocer las dos obras antes mencionadas, para saber que el criollismo, el apego al pago, y el respeto por el decir de los mayores, laten presentes en su consciente e inconsciente.
Puedo decir que compartimos esos sentimientos, pues aunque “platense”, mi apego al “viejo pago de la Magdalena”, el de mis mayores que pisé y transité de niño y adolescente, y el conversar con mis mayores y con viejos vecinos, prestando suma atención (sin participar) a las conversas que entre ellos mantenían, son en grado cierto un sostén importante en mi trabajo a más de un manual de conocimiento empírico.

Bentancor es un autor multipremiado, a nivel departamental y nacional, y si esto lo relacionamos a su juventud (35 años), vemos que estamos ante un hombre de un inmenso futuro literario,
Nativo y residente en la Tercera Sección del Dpto. de Canelones, ejerce la docencia y el periodismo, estando graduado en Ciencias de la Comunicación.
En nuestro país, dentro del movimiento literario denominado “generación del 40”, existió una corriente llamada “adentrismo”, que englobaba a aquellos escritores que en su literatura tenían siempre presente el espíritu y el paisaje de su “pago”, permaneciendo ligados a él, aún en aquellos casos de haberse trasladado a otros “pagos” e incluso a “la gran ciudad”.
Salvando las distancias, creemos que Martín Bentancor es hoy por hoy y en su Uruguay, una expresión del “adentrismo”.
La Plata, 2/02/2015

sábado, 31 de enero de 2015

SILVA VALDÉS: Don Fernán

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 193 – 31/01/2015

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

FERNÁN SILVA VALDÉS – Hijo de doña María Valdés y don Fernando Silva Antuña, nació en
Montevideo, capital de Uruguay, el 15/10/1887, “en la calle Colón”, informa el historiador Horacio Loriente, quien agrega que “su primera infancia transcurre en Sarandí del Yí (Dpto. de Durazno); regresó luego a la Capital, donde realiza sus estudios primarios”.
Según Orlando del Greco el “Fernán” de su nombre, es un apócope del verdadero Fernando, igual que el de pila de su padre.
Él mismo ha contado que apenas abandonada la niñez, a eso de los 14 años, ya escribía versos, “Versos o lo que fueran”, aclaraba socarrón. Este pronto inicio en las letras, lo llevó a ser un joven con libros a temprana edad, como que publica “Ánforas de Barro” a los 25 años, en 1913, y “Humo de Incienso” cuatro años después.
Por ese tiempo, colaboraba con importantes revistas de entonces como “El Trovador de la pampa”, “La canción moderna”, “La Tradición” y la célebre “Caras y Caretas”. Posteriormente será un asiduo y valioso colaborador por muchos años, del Diario “La Prensa” de Buenos Aires, aportando prosas y versos, siempre de valor telúrico.
Como le ha pasado a muchos escritores, andando la vida no valoró mucho su primera yunta de libros, reconociéndose en su obra a partir del tercer trabajo titulado “Agua de Tiempo”, de 1921, y el siguiente bautizado “Poemas Nativos” en 1925, piedras fundantes de lo que él mismo llamó “el nativismo”, y que se abría al sesgo de la poesía comúnmente denominada “gauchesca”, para expresarse por afuera de las estrofas habituales, y depurando el lenguaje, abandonando las expresiones de las voces propiamente gauchas.
Alguien escondido tras el seudónimo “Demos”, en el ejemplar del 4/6/1928 de la Revista “La Canción Modera”, lo describió: “Es un poeta rudo, macho, multánime. Sincero y agrio unas veces, es siempre ajustado y original. Su forma es única. (…) Canta a la ‘mucha gauchada’, vale decir, al gaucho nuevo, al proletario gaucho en forma fiel y sin medias tintas. Sus personajes se ven más que se oyen. Parecen vivos, palpitantes, como si los tuviéramos frente a frente, tomando mate y charlando de cosas corrientes”.
Carlos Gardel le grabó la canción porteña “Clavel del Aire” con música de Filiberto, y la cifra “Querencia” musicalizada por Américo Chirif; también interpretaba “Ponchito de Vicuña”, tango que no alcanzó a llevar al disco. Y Néstor Feria registró la milonga “En Blanco y Negro”.
Editó unos 15 libros, y a los 4 ya citados, por muy valioso agregamos su última publicación, “Lenguaraz” de 1955, encomiable trabajo en prosa.
La Junta Departamental de Montevideo, por Decreto 3562 del 1/12/2005, declaró a su casa de calle Uruguayana 3286 como, “Bien de Interés Municipal”.
A la edad de 87 años, falleció en Montevideo, su suelo natal, el 9/01/1975.

Bibliografía

Albistur, Jorge – “Rumbo al cielo del Mito”, en Opinar, 31/01/1981
Del Greco, Orlando – “Carlos Gardel y los autores de sus canciones”
Demos - “Silva Valdés: el poeta de la originalidad”, en La Canción Moderna, 4/06/1928
García, Serafín – “Panorama de la poesía gauchesca y nativista del Uruguay”, 1941
Loriente, Horacio – “Fernán Silva Valdés”, en Tango y Lunfardo N° 123, 16/12/1996
Sábato, Alberto – “Fernán Silva Valdés”, en Diario El Día, 14/01/1985

sábado, 10 de enero de 2015

DAIREAUX, GODOFREDO - "Un Gaucho Gringo"

En los últimos años han aparecido en varios medios, comentarios ilustrativos sobre la vida y obra de Godofredo Daireaux, y ¡bienvenidos sean!, pero esto nos ha hecho pensar, que hace 27 años ya nos habíamos ocupado del tema. Algo similar ocurrió cuando en el 89 nos ocupamos de Florencio Molina Campos, artista que con posterioridad fue abordado desde muchos medios.
Mucho antes, por 1981 aproximadamente, cuando hacíamos las primeras piruetas en el quehacer periodístico, le dedicamos un artículo a Miguel Etchebarne, y más que el conocimientos nos guiaban las ganas de saber y difundir. Y pronto nos llegó un comentario: "¡Por fin alguien se acordó de Etchebarne!"
Sin falsa modestia, situaciones como las enumeradas, nos hacen sentir orgullos por hacer lo que hacemos, y que si Dios quiere, ¡seguiremos haciendo!
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"UN GAUCHO GRINGO"

Cuando nos detenemos a meditar en Las Letras Gauchas, es indudable que pensamos en una persona vinculada a la cultura rural de nuestro extenso país, o del Uruguay (mucho de común tenemos argentinos y uruguayos en lo atinente al gaucho), y así es en el 98% de los casos -por decir unas cifra- quedando un estrechísimo espacio ara inserción de las excepciones, esas que “por h o por b”, siempre existen. Y para demostrar la regla, hemos de ocuparnos en la ocasión, de un escritor francés, así como suena: “¡de la distinguida Francia!”.
Y si por nacimiento ese es su origen, bien podemos decir que por identidad fue argentino, y un argentino progresista. Se llamó Godofredo Francisco Daireaux (vale acotar que la pronunciación del apellido es “Deró”).
Había nacido en París en 1849, arribando a estas costas hacia 1868, cuando contaba con 18/19 años de edad, dedicándose a la enseñanza, por lo que fue profesor del Colegio Nacional de Buenos Aires, y por un corto tiempo, Inspector de Enseñanza Secundaria y Normal. También se dedicó al comercio y a las actividades rurales, tarea que a poco de estar en nuestro suelo (aproximadamente 1872), lo llevaron a cruzar una y otra vez, las llanuras dilatadas, donde a más de confraternizar con los hijos del suelo, fue consustanciándose con las particularidades de un paisaje único; y así, sin quererlo ni proponérselo, se transformó en un agudo observador de la vida de la campaña (fundamentalmente porteña, como se llamaba entonces a los llanos bonaerenses), acertando en volcar sus vivencias y experiencias en sabroso cuentos, relatos y fábulas.
Al decir del destacado Roberto J. Payró, Daireaux “…no es un francés que pinta lo que ha visto en tierras extrañas (como hicieron muchos viajeros del siglo 19, acotamos nosotros); es un compatriota que, educado lejos del país,  ha podido hacer comparaciones y ver mejor sus cualidades, sus defectos, su hermosura y su fealdad, su originalidad en fin”.
Producto de su educación europea y de su procedencia de una nación en muchos años adelantada -técnica y culturalmente- a las tierras que él ahora pisaba y que recién por entonces se comenzaban a poblar (no olvidar que corría la década del ’70), es que su trazo literario encierra, casi siempre, un trasfondo moralista o una apreciación de moraleja, como intentando corregir o mejor dicho, superar realidades que él, por su experiencia europea sabía que eran factibles de mejorar.
Fruto de esa concepción es que en casi todos sus cuentos hay una observación sobre costumbres y modalidades de la gente de nuestra campaña, la que si bien podía ir en desmedro de alguna expresión criolla, era exclusivamente guiada por su afán de superación -ya habíamos dicho que era un progresista-, y no por desprecio al gaucho.
A diferencia de algunos connacionales nuestros que quisieron suprimir al gaucho y  reemplazarlo con la inmigración, él pretendía educarlo y prepararlo para un futuro mejor; al decir del ya citado Payró: “…en sus páginas vaga una sonrisa de crítica benévola…”; y quizás allí residía la justa definición.
Su expresión, carente de retórica artificial, fue a través de un fluido lenguaje argentinista, mechado de expresiones “gauchas” al hacer hablar a sus personajes. De allí que hay una anécdota que lo pinta fiel. Se dice que cierto día al conversar con un amigo, éste le pregunta: “-¿Dónde ha aprendido Usted a emplear un lenguaje tan propio de nuestro medio?-En el campo… con los gauchos” fue la sencilla respuesta.
Y es así, porque la pampa lo había atrapado a primera vista, reconociéndole carta de ciudadanía criolla.
Su pluma fecunda ofrendó al lector abundantes títulos, a saber: “El Fortín”, “Las Dos Patrias” (1908), “Los Milagros de la Argentina” (1910), “Recuerdos de un Hacendado” (1910), “Fábulas Argentinas”, “Tipos y Paisajes Criollos”, “Las 100 Hectáreas de Don Pedro Villegas”, “Cada Mate… un cuento”, “Los Dioses de la pampa”, y “Las Veladas del Tropero”. Todos estos títulos rondan las modalidad del cuento, con algún esbozo de novela, como en “Las 100 Hectáreas de…” (por otro lado, una insinuación a la explotación intensiva, en lugar de la extensiva, tan apegada a la forma de la gran estancia), o la expresión de la fábula, en las que hace hablar, mediante 163 breves relatos, a todos los seres del reino animal que pueblan la pampa. (¡Qué importante sería llevar este libro a los primeros grados de la escuela!).
Hay dos libros más: “La cría del ganado en la estancia moderna”, y “Manual de agricultura”, ambos decididamente técnicos.
Dos últimas acotaciones. La primera, que en la década del ’40, varias de sus obras fueron publicadas en una cuidada colección ilustrada por Don Jorge Daniel Campo, por “Ediciones Agro”. La segunda, que el partido bonaerense que hoy lleva por nombre su mismo apellido, no es en su homenaje, sino, en el de Emilio Daireaux, escritor también, pero de origen brasileño.
Don Godofredo Daireaux, falleció en Buenos Aires el 18/03/1916.
Desde estas páginas en varias oportunidades hemos publicado muestras de creación, como por ejemplo: “La tapera” (N° 11), “La Perdiz y la Gaviota” (N° 13), “Las Dos Platas”, y “El Recado” (N° 14), y “El Chajá” (N° 17).


(Publicado en Revista de Temática Costumbrista “Pa’l Gauchaje” N° 20, de 04/1987)

sábado, 3 de enero de 2015

MERCEDES BARRANCOS

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 189 – 03/01/2015
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz,mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.
Los gustadores de la poesía criolla, vivimos atento a todo lo que podamos encontrar en el género, y a veces descubrimos nombres que nos provocarán búsquedas que pueden prolongarse en el tiempo. Así es, que en 1999 nos topamos con un nombre que nos ha llamado la atención, y que nos hizo pensar en un seudónimo escondedor, pero que hoy descartamos por haberle encontrado antecedentes a ese apellido. Nos referimos a Mercedes Barrancos, argentina por lo que sabemos, y vinculada a la región pampeana por lo que dicen sus versos.
Sabemos que publicó “Rastriando el Pasao – poemas gauchos”, editado en 1935, y “Llanura” en febrero de 1953. Éste último con prólogo fechado en 1951 en Montevideo, con la firma de Elisa A. Menéndez.
Por su segundo libro nos enteramos que estaba enraizada al suelo por la sangre de 7 generaciones argentinas, muy posiblemente “los Barrancos” que desde muy antiguo poblaron campos con estancia por el actual partido de Suipacha y alrededores.
A través de sus versos, Barrancos nos demuestra el conocimiento y manejo de las métricas de arte mayor y menor, como así también de las distintas formas estróficas.Pero lo que más nos llamó la atención es la utilización del lenguaje: la autora escribe dando suma importancia al sonido fonético de la palabra y en esta, a la expresión criolla o campera, por lo que deducimos: o bien es una persona de amplia formación cultural, o bien una persona que ha vivido en íntimo contacto con la vida rural. A este respecto -apoyando la segunda opción-,  informa el prólogo de su segundo libro: “El pintoresco lenguaje gauchesco le da sabor autóctono y fuerte colorido local. Porque su léxico no es libresco ni estudiado. Lo aprendió sin pensarlo en el propio teatro pampeano donde pasó sus años infantiles”. Más adelante agrega: “Su propio físico conserva rasgos característicos de su ascendencia criolla: delicada tez morena, ojos negros y hermosas trenzas de azabache”.
Al igual que la poesía, la autora también desgranaba prosas, y tenía preparado un libro de narraciones criollas que pensaba titular “Cuentos del Pago”, algunos de los cuales habían sido premiados en distintos certámenes. Desconocemos si llegó a publicarse, como así también cualquier otro dato de su filiación, pero como nos parece una autora interesante, es que hemos decidió mostrarla.

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Se agradecerá cualquier información biográfica que sobre esta autora se nos pueda brindar.

sábado, 13 de diciembre de 2014

LA PAMPA QUE HAY QUE CONOCER

…y los caminos de la vida nos llevaron hasta Santa Rosa, capital de La Pampa. Pero nada es casual, los primeros pasos en la gestación de un libro que ha de llamarse “Por Huellas y Empedrados”, fueron la escusa perfecta para llegar.
Allí nos aguardaba la acogedora hospitalidad del poeta Carlos Rosendo (ex bailarín profesional de tango) y su esposa Mary, y desde allí, como estratégica “base de operaciones”, dispersaríamos nuestro andar, ansiosos por conocer lugares e historia de esa joven provincia, tan ligada por otro lado a la vida ranquel, como lo demuestran a cada paso los nombres de los negocios y las señales indicadoras en los caminos.
La buena predisposición del también poeta Vicente Rosignolo -invitado por el dueño de casa-, que ofició de gentil baqueano, fue fundamental para redondear nuestras andanzas. Y como hacemos cada vez que tenemos la oportunidad de viajar, buscamos conocer lugares con historia y museos.
Casco de la Estancia La Malvina (reconstruido)

Así fue que nos llegamos hasta el Museo “Estancia La Malvina” -previo recorrer el bien presentado circuito de la “Laguna del Parque Don Tomás”-, casco que hiciera levantar don Tomás Mason, fundador de la ciudad de Santa Rosa. Allí nos enteramos que dicha construcción se había vuelto una tapera, pero por suerte, en años recientes fue reconstruida respetando el diseño original, tratando de preservar lo poco de época que quedaba: un retazo de piso, alguna pared interior, el marco de una ventana, y un hogar doble, que colocado como dentro de una vitrina de acrílico, se lo ha conservado con el deterioro que tenía, con la finalidad de que se aprecie su construcción y como calefaccionaba dos ambientes opuestos. Daniela, una guía de turismo de origen litoraleño, nos fue ilustrando, habitación por habitación, narrándonos aspectos de su pasado, permitiéndonos adentrarnos en aquella historia.

35 Km al sur de la Capital, sobre la Ruta Nacional 35, se encuentra la “Reserva Provincial Parque Luro”. Allí, hace algo más de 100 años, Don Pedro Luro -el mismo que participó de la fundación de Mar del Plata-, indicó al arquitecto francés Alberto Favre, la construcción de un suntuoso casco de estancia, el que habitualmente se conoce como “castillo”; dicho edificio responde al estilo Luis XVI, con simetrías, formas simples, de líneas planas y de decoración austera, lo que no evita que la visión de esa construcción de dos plantas, sea imponente.
Sonia (una guía de turismo oriunda de Villa Iris, vecindades de Bahía Blanca), nos ofreció una recorrida completísima y clara de los objetos allí reunidos y de la historia que por allí pasó. De lo mucho que habría para referir, digamos, que curiosamente, dicho “castillo” no cuenta con cocina. La misma se encontraba instalada en una edificación conocida como “la casa de la servidumbre”, la que se comunicaba a través de un tunel, con una habitación de donde salía un mozo con las bandejas, hacia la gran sala comedor.
Dicha “casa de la servidumbre” y el tunel, fueron demolidos hace más de 30 años, quedando a la vista, solamente, el trazado de los cimientos.
Es de destacar que “el castillo” -que es hoy un museo y ha sido declarado Monumento Histórico Nacional-, se encuentra en perfecto estado de conservación, y todo aquello que no es original (cortinados, p. ej.), se ha reconstruido siguiendo los dictados de estilo y materiales de la época.
Cuando Luro se empeñó en tan faraónica construcción en la desierta y medanosa llanura que era parte del “mamúll mapú” de tehuelches y ranqueles, lo hizo llevado por la idea de crear el primer coto de caza del país, bautizado “San Huberto”, el que fue visitado por personalidades de la aristocracia europea.
Actualmente, la “Reserva” es una muestra cabal del paisaje típico pampeano, con extensísimos montes de caldén, médanos, lagunas e inclusive el salitral; en esos montes se ocultan de los curiosos, los ciervos colorados y jabalíes europeos descendientes de aquellos que poblaban el coto. Actualmente el predio se extiende sobre 7600 has. de las cuales 1600 integran el circuito turístico.
 La familia propietaria y los visitantes, llegaban desde Buenos Aires por tren hasta una parada ubicada entre Naicó y Quehué, desde donde nacía una vía férrea de troncha
angosta, que prestaba un servicio privado por el que los viajantes podían llegar hasta la “Sala de los Carruajes”, ya en las vecindades del casco. Ésta es actualmente el “Museo San Huberto”, construcción contemporánea al “castillo” cuyo piso está constituido por “adoquines” de caldén, en el que se pueden apreciar 15 coches de tiro animal, distintos, entre algunos de trabajo y otros de paseo.
La buena predisposición de la guía Sonia, nos permitió -previa apertura de candados en un par de tranqueras-, recorrer los más recónditos sitios del caldenal, conociendo al “Caldén Matusalén”, así bautizado por considerárselo el más antiguo del monte, al que desgraciadamente, meses atrás, un tornado lo partió en tres, con la esperanza que el tronco en pie, a una altura de más de 3 metros ha comenzado a retoñar. Su vida se calcula en casi 300 años; de la misma época es el “Caldén de la Nena”,
así llamado por la tradición oral que dice que a su sombra ser sentaba a leer la hija del patrón.
De esta “Reserva” digamos por último, que uno de  los  médanos altos está coronado por una inmensa pileta llamada el “Tanque del Millón de Litros”, el que originariamente duplicaba su capacidad, y era abastecido por el agua que en otro médano cercano extraían tres molinos a viento (hoy el trabajo lo hacen dos bombas mecánicas), y desde el cual se surtía de agua potable a todas las instalaciones de la estancia, esto por gravedad natural, como que el tanque se ubica a una altura de más de 7 mts, con respecto a las otras construcciones.

Cuando dejamos atrás este paraíso, lo hicimos con la certeza de haber vivido una experiencia inolvidable.
En la propia Capital visitamos el “Mercado Artesanal Pampeano”, apreciando la diversidad creativa en textiles, soguería, platería, etc., todo prolijamente presentado.
En calle Quintana 116 accedimos al “Museo Provincial de Historia Natural”, donde nuestros ojos no salían de su asombro. Dice la gacetilla oficial: “Muestra los recursos naturales, la diversidad de la flora y la fauna, los restos paleontológicos y materiales arqueológicos del pasado de nuestra provincia.”.
En este museo nos llamó mucho la atención, dos jardines (uno en el interior, en un patio abierto, y otro exterior, hacia la vereda), ornamentados con todo tipo de flora local, perfectamente individualizada cada especie, con un letrerito que da sus nombres. Esto lo vimos repetido en algunos sitios de la ciudad, como p. ej. en canteros de la Terminal de Omnibus, lo que nos ha parecido necesario imitar en otras latitudes.
La amabilidad y predisposición de los profesores Hugo Alejandro Alfageme y Gabriela Testa, y las atenciones de su directora, Lic. Mónica Becerra, nos hicieron placentera e instructiva dicha visita.
Abordando los aspectos indígenas, conocimos y pudimos caminar un trecho por la “Rastrillada Indígena”, así señalada con cartelería sobre ruta 35, al norte de la Capital. La misma procedía de Trenque Lauquen, y se dirigía, entre otros destinos, hacia Toay. Vibran en ella ecos del pasado, mugidos de hacienda, relinchos, balidos, ruidos de la marcha, voces originarias…, y aunque hará un siglo y medio que se la dejó de usar, sus vestigios están latentes…
En la “Cuesta del Sur” pudimos conversar con “la lonco” -cacica- de la comunidad ranquel de esa zona, María Inés Canahué; y en Santa Rosa de Toay nos recibió Doña Juanita Vila Rosas (descendiente del célebre jefe ranquel Mariano Rosas), “lonco” de la comunidad de esa localidad. Amablemente nos contó cuestiones cotidianas de la vida de su pueblo, significado de voces, ambiciones de su proyecto cultural, como que algún día la enseñanza escolar en su provincia pueda ser bilingüe. Con un cálido “marí marí” nos despidió, dejándonos la esperanza de poder volver algún día.
Carlos Raúl Risso en "la rastrillada"

¡Gracias Mary, gracias Rosendo, gracias Rosignolo!, porque por ustedes nuestra estadía no solo fue saludable gastronómicamente, sino muy rica y potables desde el aprendizaje.

La Plata, 11 de Febrero de 2013
(Publicado en Revista De Mis Pagos N° 47)

ALONSO Y TRELLES ("El Viejo Pancho")

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 186 – 13/12/2014

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

JOSÉ ALONSO Y TRELLES (“El Viejo Pancho”) – Sobre este español acriollado, hay diferencias entre sus biógrafos con respecto a su lugar de nacimiento, pero nos inclinamos por los que dicen que nació el 7/05/1857 en la Villa de Ribadeo, diócesis de Mondoñedo, provincia de Lugo, Galicia, en el hogar de Vicenta Jaren y el maestro de primeras letras, Francisco Alonso y Trelles, transcurriendo su niñez en la localidad de Navia, Asturias, recibiendo una estricta educación por parte de su tío y sacerdote Felipe Alonso y Trelles, lo que hace que al embarcarse para América (en 1874 según unos, o 1876, al decir de otros), ya ostente el título de perito mercantil o contador.
Retrato de Revista "El Fogón", 7/11/1899
Su primer destino lo tiene en la bonaerense Chivilcoy donde permanece cosa de dos años, para trasladarse luego a la República Oriental del Uruguay; está en Montevideo, pasa por El Tala y se dirige a Río Grande do Sul, donde trabaja durante 4 años para una firma comercial, pero al cerrar ésta retorna a la Villa de El Tala, departamento de Canelones, donde se afinca definitivamente, formará su hogar y nacerán sus hijos.
Se sabe que ya adolescente escribía versos, y estos al asimilar su espíritu al ambiente gaucho que lo rodea, y ser ganado su intelecto por el sentimiento gaucho que emana de quienes lo tratan, transforma su poesía al embeberla en las cuestiones que tienes que ver con ese entramado socio-rural, convirtiéndose en uno de los poetas gauchescos más notorio de la Patria Oriental. Al respecto dijo el escritor Alberto Zum Felde: “Y a tal punto se ha operado el fenómeno de su adaptación, que compenetrado de la vida de nuestro paisano, ha llegado a sentir como él, y a expresar como él expresaría, sus propios sentimientos…”.
Manuel Benavente lo ha descripto: “Alto, vigoroso, de mirada dulce, sonrisa amable y palabra castiza y fácil, tenía simpatía hasta para regalar”.
Hacia 1894 editó la publicación “El Tala Cómico” que apareció durante un lustro, y en la instancia finisecular creó “Momentáneas”, de breve vida, pero donde aparecen sus primeros versos gauchos. Comienza a colaborar con “El Fogón” de Alcides de María, y aquí adquiere popularidad, y hacia 1915, reúne sus trabajos en un compendio que tituló “Paja Brava”, el que tuvo mucha repercusión, y logró reediciones.
Retrato de Aguerre, año 1938
Tras su muerte, sus poemas fueron musicalizados y grabados, por intérpretes como Carlos Gardel, Rosita Quiroga, Amalia de la Vega, Agustín Irusta, Agustín Magaldi, Santiago Chalar, etc. etc.
Casado con Dolores Ricetto, conformó un hogar que se agrandó con cinco hijos.
Falleció en Montevideo el 28/07/1924, siendo entonces el más celebrado poeta gauchesco. Descansa en el Cementerio de El Tala.

BIBLIOGRAFÍA

1 – Serafín  J. García (10/1941)
2 – Revista La Carreta (10/1944)
3 – Se llamaba el Viejo Pancho (12/1967) Revista sin identificar
4 – Francisco R. Bello (1976)
5 – Orlando del Greco (1981)
6 – Horacio Loriente (11/1987)
7 – Gerardo Molina (10/2002)