domingo, 17 de mayo de 2015

JOSÉ RAFAEL HERNÁNDEZ


 -A 128 años de su partida, algunas curiosidades de su vida y entorno-

Hijo de Isabel Pueyrredón Caamaño y Pedro Pascual Hernández (quienes se habían casado el 20/02/1833), nació en la Chacra de Perdriel, propiedad de la familia Pueyrredón, el 10/11/1834. Dicha finca -y acá la primera curiosidad-, cuando ante los sucesos de las Invasiones Inglesas, Juan Martín de Pueyrredón forma y entrena en la misma a los Húsares con que enfrentaría al invasor, era propiedad del padre de Manuel Belgrano.
El año de su casamiento, los Hernández-Pueyrredón tuvieron su primer hijo: una mujer a la que llamaron Magdalena.

Por otro lado, la de los Pueyrredón y la de los Hernández, eran familias de enfrentadas opiniones políticas: unitarios los primeros, federales los Hernández.
Tiene 5/6 años, cuando los Pueyrredón se exilian en Brasil, quedando entonces al cuidado de su abuelo paterno, José María Gregorio Hernández Plata, en su finca de Barracas. Allí, a partir de 1841 recibe la poca instrucción escolar que tuvo, asistiendo al Liceo Argentino de don Pedro Sánchez, en San Telmo, hasta que en 1846 (cinco años después), al parecer por problemas de salud, el padre lo lleva al campo, por Pila y Laguna de los Padres, donde se desempeñaba en estancias. Conoce allí la vida y el ambiente del gaucho.
En 1840 nace su hermano, quien será su amigo y biógrafo, al que la mayoría de los estudiosos dan como nacido el 1°/09 y bautizado como Rafael José (en forma inversa a su hermano), cuando en realidad su nombre es Rafael del Corazón de Jesús, y fue bautizado el 7/06, por lo que a septiembre ya había nacido.
Tiene 8 años, cuando muere se madre.
Hernández, que fue soldado, periodista y político, tuvo su bautismo de sangre, el 22/01/1853, en la Batalla de San Gregorio, enfrentamiento desarrollado en vecindades del puesto “San Gregorio” de la estancia “Juancho”, de la familia Miguens, en Chascomús. Casi 20 años después, aparece “El Gaucho Martín Fierro” financiado -curiosamente- por D. José Zoilo Miguens, quien había sido el fundador de Ayacucho… curiosamente también, la única localidad citada en las estrofas del libro. En cuanto a éstas, Hernández utilizó una, la sextilla, que no era de uso popular, y que de la manera que él la utilizó, representa a una décima a la que se le ha eliminado la cuarteta inicial, de allí que el primer verso siempre queda libre o “guacho”.
Si poeta es aquel que tiene por hábito hacer poesía, Hernández no era poeta, al menos al escribir la primera parte de su obra, ya que no tenía otros poemas escritos.
Antes, el 5/06/1857, su padre, andando con hacienda en sus tareas de hombre de campo, en momentos de una tormenta, muere fulminado por un rayo.
El 20/08/1878 le escribe una carta al pintor Juan Manuel Blanes, referida a la exposición  en Buenos Aires del cuadro “El Juramento de los 33 orientales”, la que tiene la particularidad de estar escrita en sextillas, las que casualmente suman 33, el número de los personajes que detalla y que componen la obra, número que señala la más alta jerarquía en la masonería, a cuya organización se había incorporado en la “Confraternidad Argentina”, el 28/08/1857. Cuenta 23 años de edad.
Cuando se discute la federalización de la ciudad de Buenos Aires, fue el gran defensor de la postura de que la provincia cediera a la nación a su ciudad cabecera, manteniendo encendidos debates con Leandro Alem, por la opositora. Trabaja entonces al lado de Dardo Rocha, y es quien le sugiere que el nombre de la nueva capital sea La Plata.
Ilustración de Revista "El Fogón" N° 11 (Montevideo 22/01/1899)
Cuando los fastos de la inauguración el 19/11/1882, tuvo a su cargo la realización del asado que debía servirse en una gran carpa ubicada hacia 4 y 51, pero el mismo fue un fracaso.
No vivió nunca en la ciudad por la que tanto bregó, a diferencia de su hermano que si se estableció por la esquina sur de 9 y 48.
En 1886, a pedido de su amigo Rocha, realizó de urgencia un viaje al norte argentino, con la finalidad de pacificar las diferencias políticas habidas entre los dirigentes de Salta y Tucumán, que se alineaban con Rocha para pelear por la presidencia de éste, pero estaban enfrentados. Cumple la misión satisfactoriamente, pero a su regreso, comienzan a manifestársele cuadros de fiebre, falleciendo en su quinta de Belgrano, en brazos de su hermano, el 21/10, hace ya 128 años. Se dice que fueron sus últimas palabras “Buenos Aires, Buenos Aires…”. Si bien los médicos dictaminaron muerte por “miocarditis que derivó en ataque cardíaco”, estudios contemporáneos suponen que había contraído el mal de chagas. Tenía 51 años.
Al día siguiente no faltó el diario que titulara: “Murió el senador Martín Fierro”.

(La Plata, 07/11/2014)
(Publicado en Revista De Mis Pagos Digital N° 53)

martes, 21 de abril de 2015

CARLOS MOREL: el del criollo pincel

“Fue el primer argentino que nos legó una obra de alto valor…”, “el primer artista argentino documentado por su obra”, “…el primer pintor argentino de verdadera significación”. Así definieron tres especialistas como Alejo González Garaño, José León Pagano y José Luis Lanuza -respectivamente-, la obra de Carlos Morel, el artista que naciera en Buenos Aires, en un hogar “gallego”, el 18 de febrero de 1813, el año del célebre Congreso.
Fueron sus padres, Doña Juliana Miró y Don José María Morel y Pérez, un fuerte comerciante de la plaza porteña. Éste muere cuando tiene tan solo doce años, en 1825, situación que lo obliga -junto a su hermano Estanislao-, a involucrarse en las actividades mercantiles que desempeñaba su padre, permaneciendo ligadas a éstas hasta 1834.
Paralelamente cursa estudios en la Escuela de Dibujo dependiente de la Universidad, de donde egresó en 1831 con conocimientos en dibujo, pintura al óleo y la acuarela, y litografía (1), y así fue un feliz retratista, y ganó prestigio con sus obras de tipo costumbrista, tales “Cielito”, “Mercado de Carretas en la Plaza Monserrat”, “La Media Caña”, “La Montonera”, “Payada en una Pulpería”, “La Calle Larga de Barracas”, entre otras.
En épocas de la colonia y los primeros años de la Patria, las artes plásticas estaban prácticamente limitadas a los viajeros que nos visitaban y las realizaban, y también a aquellos extranjeros que se radicaban en estos lares, tiempos en que los “retratistas” ocupaban un lugar destacado, hasta que la imposición de la fotografía los relegó. Y mientras que para aquellos lo importante era captar lo exótico, lo curioso, lo llamativo a sus ojos no acostumbrados a esa realidad, para Morel fue el desafío de reflejar con certeza y veracidad, todos los aspectos de los suburbios porteños y la vida de los campos entonces tan vecinos a “la Gran Aldea”.
Más allá de ser miembro de lo que hoy llamaríamos una clase media acomodada, es indudable que tuvo gran interés en retratar instantes y situaciones que tenían que ver con la vida del pueblo común, y el mundo del gaucho en particular, y a pesar de tener su pintura la influencia de lo que podría definirse como “renacimiento francés” -fundamentalmente en la conformación de sus caballos-, supo detenerse con precisión en plantas y ranchos, en el detalle de las pilchas, en las tareas criollas o el acontecer de la pulpería, sin olvidar lo que en su tiempo también era común: los combates de las luchas intestinas, las bravas gestas montoneras.
El Mercado de Carretas en la Plaza Monserrat
Y resume la opinión de Pagano: “Carlos Morel representa el momento inicial de nuestro arte figurativo -pintado y grabado-, y lo representa con personalidad propia, auténtica, inconfundible. No es poco.”(…) “es un narrador sencillo y claro. Anota, describe, refiere. En este trance, concede muy poco a la fantasía. El imaginativo ensayará en otro plano sus condiciones compositivas. También será allí el gaucho quien suministre la substancia viva de sus cuadros; y también entonces apoyará en la observación directa los elementos de sus motivos combinados. Lo domina el medio popular, sus modalidades, sus usos y costumbres. Lo mira y lo penetra para extraer de todo él una expresión caracterizada”. “Por eso se sostiene su obra: por la autenticidad”.
Tanto en el óleo como en las acuarelas, los críticos han alabado el uso del color y el manejo de las sombras, considerándolo notable, porque su formación académica fue muy elemental, resultando un gran intuitivo en su formación decididamente autodidacta. “Morel sentía la composición, veía el color”, interpreta Pagano.
Al decir de José Luis Lanuza: “Morel poseyó una rara habilidad para combinar en sus dibujos numerosas figuras humanas en actitudes dinámicas y naturales. En ese sentido (aunque las comparaciones sean odiosas) supera a Pellegrini. Y la prueba de ello está en que una de las pocas láminas de Pellegrini en que aparece una muchedumbre expresiva (“Fiestas
Mayas”, incluida en los “Recuerdos del Río de la Plata”, 1841) fue dibujada en colaboración con Carlos Morel.”
 
La Calle larga de Barracas
Si bien fue longevo, como que falleció en Quilmes a la edad de 81 años, el 10/09/1894, su vida artística fue muy breve (no mucho más de diez años), pues tras presenciar en el Cuartel de Ciriaco Cuitiño, en Buenos Aires (2) la ejecución de Julián Dupuy, esposo de su hermana Indalecia, esperando a su vez la hora de su propia ejecución (pena de la que fue absuelto y liberado) (3), se trastornó, y aunque posteriormente insistió con la pintura de tema religioso, no lograría retornar a la expresividad anterior; diría Lanuza, se “anuló por el terror, convirtiéndolo en un sobreviviente, en un pobre fantasma de sí mismo…”.
A estas últimas líneas que aluden a su salud mental y hacen a “la leyenda” a su alrededor tejida, se opone su sobrino-bisnieto Agustín Matienzo, autor de la obra “Carlos Morel precursor del arte argentino”, quien dice que no fue el suyo un estado demencial, sino que se limitó a un debilitamiento general de sus facultades intelectuales con el correr de la vida. Y cuenta que en su larga residencia en Quilmes, en casa de su hermana Indalecia, siempre fue para todos los miembros de la familia -sobrinos o no-, el “tío Carlitos”, y anota: “nadie se sienta a la mesa familiar, si no lo ha hecho él primeramente, en la cabecera que se le ha destinado”. Lo que, intuimos, habla de respeto y consideración, y no de un enfermo.
Tras el triste suceso de su cuñado Dupuy ocurrido en 1842, se retira a Brasil, más precisamente a Río de Janeiro, donde permanecerá dos años, compartiendo con Prilidiano Pueyrredón y su familia, José María Gutiérrez y Juan Bautista Alberdi entre otros argentinos exiliados, y he aquí un hecho que refuerza lo informado por su pariente biógrafo: entre otras obras realiza -recurriendo a su memoria visual-, dos retratos de su cuñado, y a juzgar por la composición, mantenía vigente el trazo y su condición artística.
Retrato de Juan Manuel de Rosas (miniatura)
En 1844, de regreso en Buenos Aires, publica unos meses después su álbum “Usos y Costumbres del Río de la Plata”, conteniendo 24 láminas repartidas en dos cuadernos de 12 cada uno. Esto también habla a favor de que no debía estar enfermo o disminuido mentalmente, ya que hay un claro afán de producir y publicar, pero… no deja Lanuza pasar por alto, que “Ya no se aproximaría más a las reuniones de paisanos, a los campamentos de carretas, a las payadas de las pulperías, ni se atrevería a evocar el entrevero del combate y el galope de los montados.”
También refiere su sobrino-nieto que “Morel nunca dio un sentido comercial a su arte…”, y de ser así, jamás podría comprender que una obra suya, “La Calle Larga de Barracas”, se subastara en 1999 en la friolera de ¡302.000 dólares! (A pesos de hoy: $ 3.600.000, según el dólar “blue” -válgame la palabreja-).
El primer y verdadero reconocimiento que se le brindó a Morel, quien pasó la segunda mitad del S.19 olvidado y desconocido para sus contemporáneos, fue la exposición de su obra que se organizó en 10/1933 en los salones de los Amigos del Arte, reuniendo óleos y acuarelas nunca antes ofrecidas a la vista del pueblo.
Tal Carlos Morel, “el primer pintor argentino de verdadera significación.”, (4) del que en septiembre se cumplirán 120 años de su fallecimiento.
Combate de Caballería en la Época de Rosas


Notas
(1) Litografía: técnica de reproducir mediante impresión, lo dibujado o gravado previamente en una piedra caliza.
(2) Referencia de Araceli Otamendi
(3)  José León Pagano habla de “degüello”; otros biógrafos dicen “fusilamiento”.
(4) Sentencia de José Luis Lanuza.

BIBLIOGRAFÍA

“El Pintor Argentino Carlos Morel”, por Alejo González Garaño – La Prensa, 24/05/1936
“Carlos Morel en la transfiguración del mito”, por José León Pagano (El Arte de los Argentinos, 1937)
“Carlos Morel”, por José Luis Lanuza – La Prensa, 24/05/1959
“Carlos Morel – Un precursor del arte argentino a través de un biógrafo de hoy” – Anales, 8/1959
“La Pintura de Morel” – Anales, 9/1959
“23 Pintores de la Argentina -1810/1900”, por Julio E. Payró – Ed. EUDEBA, 11/1962
 “Exposición Carlos Morel” – Quilmes generando cultura, 10/1994
“Record para un paisajista precursor” – La Nación, 25/06/1999

“La obra de Carlos Morel”, por Carlos R. Risso – El Día de La Plata, 27/02/2003 (carta de lectores)

(Publicado en Revista El Federal/El Tradicional N° 471)

domingo, 19 de abril de 2015

NOVILLO QUIROGA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 174 – 20/09/2014

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

DIEGO NOVILLO QUIROGA “Hijo  de  ricos  estancieros  y  bisnieto  del  célebre caudillo riojano, Gral. Juan Facundo Quiroga, su amor a la tierra nativa lo convirtió en magnífico poeta”, así comienza la semblanza biográfica que sobre él escribiera Orlando del Greco.
Este poeta bonaerense nació en la localidad de San Pedro, el 24/10/1899, por lo que el próximo mes se cumplirán 115 años de su natalicio.
Su bohemia creadora lo llevó a frecuentar ambientes humildes, dándose más con los que menos tienen que con aquellos ambientes sociales que le eran propios por cuna.
Desde la adolescencia se dio a la poesía y al periodismo, habiendo escrito en la mayoría de los medios populares de sus años juveniles e inmediatos posteriores, tales como: “La Verdad”, “Crítica”, “La Bastilla”, “El Sol”, “Noticias Gráficas”, “La Nación”, y revistas como “Nativa”, “El Hogar” y “Caras y Caretas”, y por 1918, con el también escritor Ernesto Morales, fundan la revista “Hebe”. Con este mismo colega, publica en 1917 la “Antología Contemporánea de Poetas Argentinos”; ese mismo año aparece su primer libro de poemas: “Desde mi torre de marfil”. En 1922 da a la prensa “Sabañones” -versos satíricos-, en 1929 “Vinchas – versos criollos”, y en 1930 “Rasjidos”, compendio de canciones criollas compuesto por las letras y las partituras musicales de las mismas, desgranándose en sus páginas: zamba, vidala, chacarera, cuando, tonada, firmeza, huella, triunfo, triste, estilo, gato, vidalita, cielito, pericón y hasta un arrorró gaucho. Lo pinta de cuerpo entero la dedicatoria que escribe en su libro: “A mi pago, San Pedro, Provincia de Buenos Aires, húmedo a lágrimas de macho en mi ternura de hijo”.
Cierra su serie editorial el libro de cuentos criollos aparecido en 1939, “Pampa del Recuerdo”, obra que fuera alabada por la crítica.
Según su familia tuvo desde la juventud, trato amistoso con Carlos Gardel, y así fue que éste le grabó la ranchera “Hasta que ardan los candiles”, tema que había resultado premiado en un concurso de la grabadora Odeón; también José Razzano le grabó, en este caso el tango “Viejo Callejón”.
También es autor del primer tema grabado como chamamé, que fue “Corrientes Poty”,  y que grabara Samuel Aguayo.
Se sabe que tenía en preparación 2 libros que no llegaron a concretarse: “Diccionario del pelo de los caballos criollos” y “Vocabulario Criollo”.
Con jóvenes 50 años, falleció en Bs. As. el 26/06/1950. 

lunes, 2 de febrero de 2015

El "Adentrismo" de MARTÍN BENTANCOR

En la vida siempre hay una cosa segura, y es lo que ignoramos, a pesar de pretender vivir aprendiendo, conociendo, queriendo saber.

La primera vez que oí de Martín Bentancor, fue a través de “El Gauchoguacho”, o lo que es lo mismo, Luis Hardoy. Fue Hardoy quien me dijo que Bentancor era un periodista uruguayo, que también administraba un sitio digital.
Un largo tiempo después, con motivo de una evocación mía a Don Pancho Gandola, fue que “nos conocimos” con Bentancor, y como es de rigor, intercambiamos material literario, porque Martín, a más de periodista, es escritor y poeta (aunque él prefiere no serlo).
Valga decir que el conocimiento y el saludo ha sido epistolar, o como se acostumbra ahora, cibernético: por medio de internet.
Tuvo la gentileza de remitirme dos de sus últimos trabajos: “Procesión – cuentos”, de 2009, y la novela “Muerte y Vida del Sargento Poeta”, de 2013.
Y allí tuve la grata sorpresa de descubrir a un esmerado e inspirado escritor, dueño de un muy particular estilo, con algo de ese “mágico” decir, que se ha hecho popular en la literatura latinoamericana.

¿Qué nos lleva a ocuparnos de él? Pues, porque siendo un hombre que transita por distintos y variados senderos literarios, conserva bien plantados los pies sobre la tierra rural del Canelones que actualmente habita, pago que él define como “la Tercera Sección”.
Y sabe y gusta y aprecia a los payadores y su canto repentista: gusta de Juan Torora, Florentino Callejas, Juan Pedro López y Yamandú Rodríguez, y aprecia y destaca a ese Wenceslao Varela que es para nosotros (los de la otra banda del Plata, la “occidental”), el más grande de los poetas gauchos orientales; y porque él mismo -Martín Bentancor, digo-, transita con lo suyo por ese trillo del sentir paisano, al que suele “agiornar” con modernos artificios literarios, pero sin perder de vista la realidad campera que está trenzada a los yuyos del campo, que circula por anónimos y humildes arroyuelos, que se entrelaza a la copa de espinudos talas, y que se hace voz sonora en la clarinada alerta de los teros.
Dice lo suyo en pro de la Patria Vieja, como antes lo hicieran la prosa de Javier de Viana, Eduardo Amorín y Carlos Reyles (para nosotros el Lynch de aquellos lares) y el mismo Wenceslao desde “Nazarenas de Hierro” y “Albardones”, aunque… con otro empaque, otro tono… pero con el mismo sentimiento y muy parecido orgullo.
Como hombre del tradicionalismo y de la expresión de “la gauchesca”, por ahí no estamos capacitados para valorar toda la obra de Martín, dado que hay aspectos de la misma que andan y desandan otros caminos que para nuestra modestia pueden convertirse en un carcagüesal, pero nos basta conocer las dos obras antes mencionadas, para saber que el criollismo, el apego al pago, y el respeto por el decir de los mayores, laten presentes en su consciente e inconsciente.
Puedo decir que compartimos esos sentimientos, pues aunque “platense”, mi apego al “viejo pago de la Magdalena”, el de mis mayores que pisé y transité de niño y adolescente, y el conversar con mis mayores y con viejos vecinos, prestando suma atención (sin participar) a las conversas que entre ellos mantenían, son en grado cierto un sostén importante en mi trabajo a más de un manual de conocimiento empírico.

Bentancor es un autor multipremiado, a nivel departamental y nacional, y si esto lo relacionamos a su juventud (35 años), vemos que estamos ante un hombre de un inmenso futuro literario,
Nativo y residente en la Tercera Sección del Dpto. de Canelones, ejerce la docencia y el periodismo, estando graduado en Ciencias de la Comunicación.
En nuestro país, dentro del movimiento literario denominado “generación del 40”, existió una corriente llamada “adentrismo”, que englobaba a aquellos escritores que en su literatura tenían siempre presente el espíritu y el paisaje de su “pago”, permaneciendo ligados a él, aún en aquellos casos de haberse trasladado a otros “pagos” e incluso a “la gran ciudad”.
Salvando las distancias, creemos que Martín Bentancor es hoy por hoy y en su Uruguay, una expresión del “adentrismo”.
La Plata, 2/02/2015

sábado, 31 de enero de 2015

SILVA VALDÉS: Don Fernán

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 193 – 31/01/2015

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

FERNÁN SILVA VALDÉS – Hijo de doña María Valdés y don Fernando Silva Antuña, nació en
Montevideo, capital de Uruguay, el 15/10/1887, “en la calle Colón”, informa el historiador Horacio Loriente, quien agrega que “su primera infancia transcurre en Sarandí del Yí (Dpto. de Durazno); regresó luego a la Capital, donde realiza sus estudios primarios”.
Según Orlando del Greco el “Fernán” de su nombre, es un apócope del verdadero Fernando, igual que el de pila de su padre.
Él mismo ha contado que apenas abandonada la niñez, a eso de los 14 años, ya escribía versos, “Versos o lo que fueran”, aclaraba socarrón. Este pronto inicio en las letras, lo llevó a ser un joven con libros a temprana edad, como que publica “Ánforas de Barro” a los 25 años, en 1913, y “Humo de Incienso” cuatro años después.
Por ese tiempo, colaboraba con importantes revistas de entonces como “El Trovador de la pampa”, “La canción moderna”, “La Tradición” y la célebre “Caras y Caretas”. Posteriormente será un asiduo y valioso colaborador por muchos años, del Diario “La Prensa” de Buenos Aires, aportando prosas y versos, siempre de valor telúrico.
Como le ha pasado a muchos escritores, andando la vida no valoró mucho su primera yunta de libros, reconociéndose en su obra a partir del tercer trabajo titulado “Agua de Tiempo”, de 1921, y el siguiente bautizado “Poemas Nativos” en 1925, piedras fundantes de lo que él mismo llamó “el nativismo”, y que se abría al sesgo de la poesía comúnmente denominada “gauchesca”, para expresarse por afuera de las estrofas habituales, y depurando el lenguaje, abandonando las expresiones de las voces propiamente gauchas.
Alguien escondido tras el seudónimo “Demos”, en el ejemplar del 4/6/1928 de la Revista “La Canción Modera”, lo describió: “Es un poeta rudo, macho, multánime. Sincero y agrio unas veces, es siempre ajustado y original. Su forma es única. (…) Canta a la ‘mucha gauchada’, vale decir, al gaucho nuevo, al proletario gaucho en forma fiel y sin medias tintas. Sus personajes se ven más que se oyen. Parecen vivos, palpitantes, como si los tuviéramos frente a frente, tomando mate y charlando de cosas corrientes”.
Carlos Gardel le grabó la canción porteña “Clavel del Aire” con música de Filiberto, y la cifra “Querencia” musicalizada por Américo Chirif; también interpretaba “Ponchito de Vicuña”, tango que no alcanzó a llevar al disco. Y Néstor Feria registró la milonga “En Blanco y Negro”.
Editó unos 15 libros, y a los 4 ya citados, por muy valioso agregamos su última publicación, “Lenguaraz” de 1955, encomiable trabajo en prosa.
La Junta Departamental de Montevideo, por Decreto 3562 del 1/12/2005, declaró a su casa de calle Uruguayana 3286 como, “Bien de Interés Municipal”.
A la edad de 87 años, falleció en Montevideo, su suelo natal, el 9/01/1975.

Bibliografía

Albistur, Jorge – “Rumbo al cielo del Mito”, en Opinar, 31/01/1981
Del Greco, Orlando – “Carlos Gardel y los autores de sus canciones”
Demos - “Silva Valdés: el poeta de la originalidad”, en La Canción Moderna, 4/06/1928
García, Serafín – “Panorama de la poesía gauchesca y nativista del Uruguay”, 1941
Loriente, Horacio – “Fernán Silva Valdés”, en Tango y Lunfardo N° 123, 16/12/1996
Sábato, Alberto – “Fernán Silva Valdés”, en Diario El Día, 14/01/1985

sábado, 10 de enero de 2015

DAIREAUX, GODOFREDO - "Un Gaucho Gringo"

En los últimos años han aparecido en varios medios, comentarios ilustrativos sobre la vida y obra de Godofredo Daireaux, y ¡bienvenidos sean!, pero esto nos ha hecho pensar, que hace 27 años ya nos habíamos ocupado del tema. Algo similar ocurrió cuando en el 89 nos ocupamos de Florencio Molina Campos, artista que con posterioridad fue abordado desde muchos medios.
Mucho antes, por 1981 aproximadamente, cuando hacíamos las primeras piruetas en el quehacer periodístico, le dedicamos un artículo a Miguel Etchebarne, y más que el conocimientos nos guiaban las ganas de saber y difundir. Y pronto nos llegó un comentario: "¡Por fin alguien se acordó de Etchebarne!"
Sin falsa modestia, situaciones como las enumeradas, nos hacen sentir orgullos por hacer lo que hacemos, y que si Dios quiere, ¡seguiremos haciendo!
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"UN GAUCHO GRINGO"

Cuando nos detenemos a meditar en Las Letras Gauchas, es indudable que pensamos en una persona vinculada a la cultura rural de nuestro extenso país, o del Uruguay (mucho de común tenemos argentinos y uruguayos en lo atinente al gaucho), y así es en el 98% de los casos -por decir unas cifra- quedando un estrechísimo espacio ara inserción de las excepciones, esas que “por h o por b”, siempre existen. Y para demostrar la regla, hemos de ocuparnos en la ocasión, de un escritor francés, así como suena: “¡de la distinguida Francia!”.
Y si por nacimiento ese es su origen, bien podemos decir que por identidad fue argentino, y un argentino progresista. Se llamó Godofredo Francisco Daireaux (vale acotar que la pronunciación del apellido es “Deró”).
Había nacido en París en 1849, arribando a estas costas hacia 1868, cuando contaba con 18/19 años de edad, dedicándose a la enseñanza, por lo que fue profesor del Colegio Nacional de Buenos Aires, y por un corto tiempo, Inspector de Enseñanza Secundaria y Normal. También se dedicó al comercio y a las actividades rurales, tarea que a poco de estar en nuestro suelo (aproximadamente 1872), lo llevaron a cruzar una y otra vez, las llanuras dilatadas, donde a más de confraternizar con los hijos del suelo, fue consustanciándose con las particularidades de un paisaje único; y así, sin quererlo ni proponérselo, se transformó en un agudo observador de la vida de la campaña (fundamentalmente porteña, como se llamaba entonces a los llanos bonaerenses), acertando en volcar sus vivencias y experiencias en sabroso cuentos, relatos y fábulas.
Al decir del destacado Roberto J. Payró, Daireaux “…no es un francés que pinta lo que ha visto en tierras extrañas (como hicieron muchos viajeros del siglo 19, acotamos nosotros); es un compatriota que, educado lejos del país,  ha podido hacer comparaciones y ver mejor sus cualidades, sus defectos, su hermosura y su fealdad, su originalidad en fin”.
Producto de su educación europea y de su procedencia de una nación en muchos años adelantada -técnica y culturalmente- a las tierras que él ahora pisaba y que recién por entonces se comenzaban a poblar (no olvidar que corría la década del ’70), es que su trazo literario encierra, casi siempre, un trasfondo moralista o una apreciación de moraleja, como intentando corregir o mejor dicho, superar realidades que él, por su experiencia europea sabía que eran factibles de mejorar.
Fruto de esa concepción es que en casi todos sus cuentos hay una observación sobre costumbres y modalidades de la gente de nuestra campaña, la que si bien podía ir en desmedro de alguna expresión criolla, era exclusivamente guiada por su afán de superación -ya habíamos dicho que era un progresista-, y no por desprecio al gaucho.
A diferencia de algunos connacionales nuestros que quisieron suprimir al gaucho y  reemplazarlo con la inmigración, él pretendía educarlo y prepararlo para un futuro mejor; al decir del ya citado Payró: “…en sus páginas vaga una sonrisa de crítica benévola…”; y quizás allí residía la justa definición.
Su expresión, carente de retórica artificial, fue a través de un fluido lenguaje argentinista, mechado de expresiones “gauchas” al hacer hablar a sus personajes. De allí que hay una anécdota que lo pinta fiel. Se dice que cierto día al conversar con un amigo, éste le pregunta: “-¿Dónde ha aprendido Usted a emplear un lenguaje tan propio de nuestro medio?-En el campo… con los gauchos” fue la sencilla respuesta.
Y es así, porque la pampa lo había atrapado a primera vista, reconociéndole carta de ciudadanía criolla.
Su pluma fecunda ofrendó al lector abundantes títulos, a saber: “El Fortín”, “Las Dos Patrias” (1908), “Los Milagros de la Argentina” (1910), “Recuerdos de un Hacendado” (1910), “Fábulas Argentinas”, “Tipos y Paisajes Criollos”, “Las 100 Hectáreas de Don Pedro Villegas”, “Cada Mate… un cuento”, “Los Dioses de la pampa”, y “Las Veladas del Tropero”. Todos estos títulos rondan las modalidad del cuento, con algún esbozo de novela, como en “Las 100 Hectáreas de…” (por otro lado, una insinuación a la explotación intensiva, en lugar de la extensiva, tan apegada a la forma de la gran estancia), o la expresión de la fábula, en las que hace hablar, mediante 163 breves relatos, a todos los seres del reino animal que pueblan la pampa. (¡Qué importante sería llevar este libro a los primeros grados de la escuela!).
Hay dos libros más: “La cría del ganado en la estancia moderna”, y “Manual de agricultura”, ambos decididamente técnicos.
Dos últimas acotaciones. La primera, que en la década del ’40, varias de sus obras fueron publicadas en una cuidada colección ilustrada por Don Jorge Daniel Campo, por “Ediciones Agro”. La segunda, que el partido bonaerense que hoy lleva por nombre su mismo apellido, no es en su homenaje, sino, en el de Emilio Daireaux, escritor también, pero de origen brasileño.
Don Godofredo Daireaux, falleció en Buenos Aires el 18/03/1916.
Desde estas páginas en varias oportunidades hemos publicado muestras de creación, como por ejemplo: “La tapera” (N° 11), “La Perdiz y la Gaviota” (N° 13), “Las Dos Platas”, y “El Recado” (N° 14), y “El Chajá” (N° 17).


(Publicado en Revista de Temática Costumbrista “Pa’l Gauchaje” N° 20, de 04/1987)

sábado, 3 de enero de 2015

MERCEDES BARRANCOS

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 189 – 03/01/2015
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz,mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.
Los gustadores de la poesía criolla, vivimos atento a todo lo que podamos encontrar en el género, y a veces descubrimos nombres que nos provocarán búsquedas que pueden prolongarse en el tiempo. Así es, que en 1999 nos topamos con un nombre que nos ha llamado la atención, y que nos hizo pensar en un seudónimo escondedor, pero que hoy descartamos por haberle encontrado antecedentes a ese apellido. Nos referimos a Mercedes Barrancos, argentina por lo que sabemos, y vinculada a la región pampeana por lo que dicen sus versos.
Sabemos que publicó “Rastriando el Pasao – poemas gauchos”, editado en 1935, y “Llanura” en febrero de 1953. Éste último con prólogo fechado en 1951 en Montevideo, con la firma de Elisa A. Menéndez.
Por su segundo libro nos enteramos que estaba enraizada al suelo por la sangre de 7 generaciones argentinas, muy posiblemente “los Barrancos” que desde muy antiguo poblaron campos con estancia por el actual partido de Suipacha y alrededores.
A través de sus versos, Barrancos nos demuestra el conocimiento y manejo de las métricas de arte mayor y menor, como así también de las distintas formas estróficas.Pero lo que más nos llamó la atención es la utilización del lenguaje: la autora escribe dando suma importancia al sonido fonético de la palabra y en esta, a la expresión criolla o campera, por lo que deducimos: o bien es una persona de amplia formación cultural, o bien una persona que ha vivido en íntimo contacto con la vida rural. A este respecto -apoyando la segunda opción-,  informa el prólogo de su segundo libro: “El pintoresco lenguaje gauchesco le da sabor autóctono y fuerte colorido local. Porque su léxico no es libresco ni estudiado. Lo aprendió sin pensarlo en el propio teatro pampeano donde pasó sus años infantiles”. Más adelante agrega: “Su propio físico conserva rasgos característicos de su ascendencia criolla: delicada tez morena, ojos negros y hermosas trenzas de azabache”.
Al igual que la poesía, la autora también desgranaba prosas, y tenía preparado un libro de narraciones criollas que pensaba titular “Cuentos del Pago”, algunos de los cuales habían sido premiados en distintos certámenes. Desconocemos si llegó a publicarse, como así también cualquier otro dato de su filiación, pero como nos parece una autora interesante, es que hemos decidió mostrarla.

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Se agradecerá cualquier información biográfica que sobre esta autora se nos pueda brindar.