domingo, 3 de abril de 2016

DE PELAJES Y JINETES

Se ha dicho hasta el cansancio que “la Patria se hizo a caballo”, y no tenemos dudas que así fue. De los jinetes, muchos perduraron en la historia y hoy conocemos sus nombres, no así de los guapos pingos que las más de las veces sucumbieron en el cumplimiento de una misión. Apenas si de un puñado de ellos, conocemos el color de su manto: su pelaje.
Así como de pasada, recordemos que el caballo llegó a América con la segunda expedición de Colón en 1493, en una escuadra compuesta de diecisiete naves (1), y al Río de la Plata, unas cuatro décadas después merced a Don Pedro de Mendoza…
Recorriendo “Pelajes Criollos” de D. Emilio Solanet, podemos hacer un resumen, ya que trae datos de caballos del país, de América y del mundo. Con esa fuente, más otras que también hemos confrontado, es que intentaremos brindar esta reseña.
Y aunque así lo parezca, no es redundante comenzar con el caballo que montara San Martín en San Lorenzo, aquel que sucumbió a la metralla y que hizo que el soldado  Cabral al quitar al Capitán de debajo de su cuerpo entregando la vida por salvarlo, fue ascendido “post-mortem” a Sargento. El bayo… recuerdo de Don Pablo Rodrigáñez”. De tan breve existencia en la historia pero que quedó grabado en ella.
Hace más de medio siglo, trajo discusión la cita de ese pelaje, pues se entendía que era producto de una mala traducción del inglés; pero en 1950 Don Justo P. Sáenz (h) -¡cuándo no!-, en su “Caballería del Gral. San Martín”, se encargó de confirmar el pelaje, basándose en las “Memorias del Gral. Espejo”, que es quien da la información primigenia (2), y quien describe al Libertador: “tan bien plantado a caballo como a pie”.
Atestigua Espejo, que mientras San Martín permaneció en Mendoza, durante la preparación del ejército, “algunas tardes salía de paseo a caballo en un alazán tostado…”, y otras ocasiones en un zaino oscuro…(3); esto ya fue apuntado en El Tradicional N° 22, por el historiador Diego Sarcona.
De aquellos años primeros de la Patria, no podemos olvidar el dato de que el docto devenido en General, Don Manuel Belgrano, montaba en “mansísimo rosillo, popular ya entre los tucumanos”(4), a pesar de lo cual en la Batalla de Tucumán, “al primer cañonazo de la línea de los patriotas, el dócil rosillo se asustó, se encabritó, giró sobre las patas traseras y dio en tierra con el General” (4). En la misma contienda, el entonces Tnte. Lamadrid brilló con su espada sobre un “superior lobuno, el que tras la lucha debió -por orden del Gral. Balcarce-, ceder a José María Paz, quien realizó “a media rienda numerosas comisiones en el mismo día” (5). Podemos sentenciar: “lobuno… como vos ninguno”.
Este mismo Lamadrid, casi veinte años después, durante las luchas intestinas, enfrentó con suerte adversa a Facundo Quiroga, en La Ciudadela (Tucumán), y recordará en sus “Memorias” que ese día montó “un moro”, el superior que conociera.
Volviendo a San Martín, recordemos que éste, para la concreción de gesta, confió la seguridad de sus espaldas -el norte, digamos-, en un criollo salteño, quien un ejército irregular, cumplió con creces el cometido, frustrando todos los intentos españoles: Don Martín Miguel de Güemes. Éste, entre otros, “tuvo un caballo oscuro excepcional, sin duda de raza criolla peruana llamado (6). Acaecida su muerte, de sus exequias sabemos que “Detrás venían dos bellos corceles en arneses de duelo. Veíanse al uno de ellos volver tristemente la cabeza como si buscara a alguien. Era aquel , testigo de tantas glorias y compañero del héroe hasta la muerte”(7).
Y si hablamos de los años de la Independencia, ¿cómo no nombrar a “Decano”?, el “doradillo colorado” que de su estancia en Pagos de la Magdalena tomó Don Andrés Caxaraville, para que sirva de monta a su hijo, futuro oficial, Don Miguel de los Santos Cajaraville, quien tras servir como granadero de 1813 a 1820, siempre junto a “Decano”, pidió la baja, traspuso nuevamente la cordillera junto a Tomás Guido, y llevó al caballo, (famoso entonces en el ejército decir de otros camaradas), a descansar a la estancia paterna de la que había salido, donde cuidado y mimado por su amo, se supone murió en 1825 (8).
A poco de finalizada la liberación de América, nuestro país entre en guerra con el Imperio de Brasil, y de esa lucha que ganada por las armas se “perderá” en los escritorios, vale destacar que el bravo coronel francés, D. Federico de Brandsen, morirá en el campo de la batalla de Ituzaingó, el 20/02/1827, “montando un caballo alazán chileno, que murió como su dueño destrozado por la metralla” (5).
En el período de la organización de las provincias, cuando las luchas intestinas, se destacan los caudillos y las montonera, épocas de cargas a lanza de caballería, y allí jugó importante papel “El Supremo Entrerriano”, Francisco “Pancho” Ramírez, a quien sus coetáneos recuerdan jinete sobre un azulejo superior de ligereza de parejero. Montaba en él al llegarle la hora, y dicen que le dijo a su Delfina: “Ya sabés que huyendo yo solo con mi azulejo, no hay quien me agarre” (5), pero al iniciar su escape, viendo peligrar a su amada, volvió grupas al montado, y lo que fue la salvación de ella, resultó su fin. Era el 10/06/1821.
Casi exactamente 10 años después, quien es tomado en un entrevero como el anterior, es el unitario cordobés José Ma. Paz, cuando gente de Estanislao López le bolea el “malacara chiquizuela blanca” que montaba. Recuerda en sus “Memorias”: “…uno de los que me perseguían, con un acertado tiro de bolas, dirigido de muy cerca, inutilizó mi caballo de poder continuar mi retirada. Éste se puso a dar terribles corcovos, con que, mal de mi agrado, me hizo venir a tierra”(9).
Y a ese López -Brigadier General santafesino- que hemos aludido, se lo recuerda jinete sobre un “bayo cabos negros”.
Y hablando de caudillos no puede estar ausente de estas líneas, aquel caballo de Don Facundo Quiroga, pingo con virtudes de adivino, el que con su compartimiento (tranquilo o encabritado), le “aconsejaba” al amo la decisión a tomar, nos referimos al “moro” del “Tigre de los Llanos”.
De Don Juan Manuel de Rosas, hombre muy de a caballo y entendido en el tema, varios montados se recuerdan, pero sintetizando, refiere Solanet la anécdota que le transmitieran en 1923, teniendo su origen en lo que contara D. Ezequiel Cárdenas como testigo del hecho: “…dos días antes de Caseros, el Restaurador revistaba las tropas en Palermo llevando su gateado de pelea, marca del chileno Saavedra, cuando picando el pingo desató las tres marías y las arrojó al pie de un poste que llevaba en lo alto la bandera patria, al grito de ¡Viva la Federación Argentina”, y abajo el gabinete del Brasil”.(5)
En su exilio, Rosas deja otro testimonio: “…el mejor caballo que he tenido y tendré jamás me lo regaló D. Claudio Stegman. Era bayo, del Entre Ríos. Murió en la expedición de los desiertos del sur comido por un tigre, que encontrado después, lo enlazó y mató el Gral. Rosas”. (10)
Hablando de Rosas, cómo olvidar a Manuelita? De ella refiere Solanet, aportando como fuente lo referido por Monseñor Ezcurra, que “El preferido de la silla de Manuelita Rosas fue un doradillo que paseaba con las crines y cola largas en San Benito de Palermo.” (5), y más adelante, sin ciuta de fuente, cuenta: “Manuelita Rosas, alta y delgada, la más elegante amazona de aquella época, tenía entre sus caballos uno oscuro como de raso, para cuando vestía de gala” (5).
Pero si en todos lados se cuecen habas, digamos que del bando unitario, cuando la Revolución de los Libres del Sur, según relata el historiador Ángel Carranza: “La patriota chacomusera señora Carmen Machado de Deheza, apodada la “Heroína del Sur” por las fuerzas revolucionarias, (…) durante su visita al campo revolucionario fue obsequiada por el jefe con un brioso overo negro, al que le trenzaron la crin (…), mientras ella se ponía para montarlo su vestido muselina color cielo”.
Caudillo y estanciero también, D. Justo José de Urquiza supo de la atracción equina, y se evoca a su “tordillo” llamado “Sauce” como monta preferida; pero cuando los sucesos de Caseros -según Martiniano Leguizamón-, dirigió la batalla desde el lomo de un brioso “moro”, que no debe ser otro que el del relato que sigue: “Vistiendo poncho blanco con amplias listas rojas y tocado con galera de felpa, tal como lo muestran los daguerrotipos de la época, el Gral. Urquiza, vencedor de Caseros, entró a Buenos Aires el 18/02/1852, cabalgando un soberbio moro resplandeciente de prendas de plata, el mismo que poco después admiró Buenos Aires con sus hazañas de parejero” (10).
Y podríamos seguir con los fletes de Oribe, Castelli, Estanislao Zeballos, Aimeé Tschiffily, Soulé, Ana Beker, Cnel. Machado, Gral. Hornos y tantos más… Pero si dicen que de muestra sirve un botón, valga de ilustración lo resumido. Pero… como frutilla del postre, yéndonos a la poesía, cerremos diciendo que cuando a Fierro lo llevan a la frontera, anda sobre un “moro” (sobresaliente el matucho), y cuando de las tolderías regresa, lo hace en el “oscuro tapao” que era de un indio.

Citas

1.- Assuncao, Fernando – El Caballo Criollo (1985)
2.- Revista El Caballo N° 146 (3/1956)
3.- Sáenz (h), Justo P. – en Antología Sanmartiniana de Raffo de la Reta (1950)
4.- Lugones (h), Leopoldo – La historia de los caballos (1966)
5.- Solanet, Emilio – Pelajes criollos (1971) Pags.56, 65, 67, 75, 81 y 106
6.- Zappa, Ángel – El caballo - su protagonismo histórico (1998)
7.- Gorriti, Manuela – Relatos (Capítulo: Carmen Puch)
8.- Risso, Carlos R. – Miguel de los Santos Cajaraville ¡El Guapo de San Martín! (2012)
9.- Paz, José María – Memorias (Capítulo XVIII)
10.- Labiano, Alberto – Manual de los pelajes de caballos (1994)


Publicado en “El Tradicional”, dentro de Revista “El Federal” N° 465

MONTERO LACASA (Ser tan criollo como...

Cincuenta y ocho años atrás, el 3 de febrero de 1957, a la edad de 63 años, fallecía en Morón, el artista plástico y escritor, José Montero Lacasa, quien había nacido en el porteño y emblemático barrio de San Telmo cuando el siglo 19 se iba acercando a su ocaso, más precisamente el 9 de mayo de 1893. Fueron sus padres Fortunata María Elvira Lacasa y José Bonifacio Montero Irigoyen.

Justamente fue su padre, un entrerriano muy entendido en tareas rurales, quien lo hizo conocer desde niño, todo el ámbito de la provincia de Buenos Aires, y ese contacto con el ámbito y la gente paisana, lo enamoró y consustanció, al punto que luego sabría ser un puntual pintor y escritor de la vida campera de la primera mitad del pasado siglo, al punto que se lo supo definir diciendo que “pocos hombre han captado y comprendido la vida del campo bonaerense y su realidad” como él lo hizo.
Tras la escuela primaria realizó el bachillerato en colegios religiosos, e inclusive cursó un par de años en la Facultad de Agronomía y Veterinaria, pero parece que más que nada, para conocer con precisión la anatomía del caballo, ya que éste ha resultado elemento imprescindible en su paleta artística.
Ya en la niñez sintió atracción por llevar al papel representaciones gráficas de motivos criollos, y puede decirse que fue un intuitivo y empeñoso autodidacta, por eso el crítico Burnet-Merlin aseveró que “jamás hizo academia y lo que aprendió lo aprendió dibujando, fuera lo que fuera”; el citado también refiere que las apreciaciones de color y perspectiva las recibió de un pintor amigo de su padre, apellidado Lynch, y que más adelante “hizo largos análisis con el pintor animalista francés Magne de la Crolx”.
Apenas ha traspuesto los 25 años, cuando comienza como dibujante, a estar vinculado con la revista de primera línea de entonces, “Caras y Caretas”, a la que luego se irán agregando: “El Hogar”, “Mundo Argentino” y “Mundo Radial”, entre otras.

Su técnica de dibujo se desarrollaba sobre un cartón enyesado, al que se pintaba íntegramente con tinta china, y luego, con puntas y plumas especiales, tras un paciente y meticuloso raspado, iba logrando los motivos que solo eran coloreados con las variantes de grises logrados del negro de la tinta y el blanco puro del yeso.
Fue por eso que en la necrológica que el plástico bonaerense Esteban Semino escribiera en nombre de la Agrupación Nativa “El Pial”, dijo que Montero Lacasa supo: obscuros cartones, donde su mano prodigiosa de dibujante, hacía amanecer paisajes gauchos en función de Patria”.
Dicha técnica, de usanza corriente en los ámbitos publicitarios de entonces, tenía efectos similares -nos cuentan- a los del grabado al aguafuerte.
Se animó a medirse con los colegas de su época, y así resultó Diploma de Honor en el Salón de Arte Decorativo de 1920; más adelante, en 1948 y 1950 obtuvo la Medalla de Oro en el 3er. y 5to. Salón de la Asociación de Dibujantes de la Argentina.

Su calidad y prestigio hizo que sus obras fueran requeridas por diversos museos en los que hoy enriquece sus colecciones, tal el caso del Museo Municipal de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”, el Complejo Museográfico de Luján, los museos gauchescos de San Antonio de Areco y de Chascomús, como así también museos de Chivilcoy y San Rafael.
Creada la “Agrupación Bases” en la capital de la provincia (entidad que reunía artistas de todas las disciplinas), rápidamente se vinculó a ella, y el mismo mes que aquella logra la promulgación del “Día de la Tradición” (9/1939), Montero Lacasa retira de la imprenta su primer trabajo literario: “El Hombre de a Caballo”; una carpeta de forma apaisada, de gran tamaño (37 x 28cms.), profusamente ilustrada, que se distribuía a través de Publicidad “El Cencerro”, a $ 3 de la época cada ejemplar.
En 1954, en la reputada imprenta de Francisco Colombo, con el sello editorial de Carlos y Roberto Nale, ve la luz su bello libro “Prototipos Bonaerenses”, que curiosamente también responde al formato apaisado, indudablemente, por el lucimiento de sus ilustraciones.
Cuando a partir de 11/1940 la Capital bonaerense concentra los festejos del Día de la Tradición, Montero Lacasa participa activamente, y según referencias de la época, solía encabezar la delegación que representaba a Morón, y todos los años sus trabajos artísticos enriquecían las páginas de la publicación oficial que relataba los sucesos acontecidos durante esos días de plena efusividad gaucha.
Tan íntima era su relación con la gente de Bases, que al crearse en 04/1940 la Federación Gaucha Bonaerense (primer intento de dar vida y organizar un movimiento tradicionalista), de su “rasguñar obscuros cartones”, nacerá el motivo que oficiará de “logo” de la naciente institución.
Más adelante, en 1948, sobre una idea de Edmundo Vanini, pintará el Escudo Municipal del Partido de Morón (‘montecillo de la tierra’).
Desaparecida la Agrupación Bases, el 2/10/1954 fundará junto a otros artistas la agrupación cultural “La Paleta Decimal”, la que estaba integrada por diez (10) artistas de las distintas ramas de la plástica: ni nueve (9) ni once (11), siempre diez artistas.
Al cumplirse un lustro de su desaparición, dicha agrupación inaugurará el 11/11/1961, en la Plaza “20 de Febrero” de la ciudad de Ituzaingó, una escultura en bronce (su busto), obra del artista compoblano Juan Bautista Superville, miembro también de “La Paleta…”.

Por referencias actuales estamos en condiciones de comentar que dicha obra ya no se encuentra emplazada en dicho espacio público, donde sí hay otro busto que refiere a los fundadores de la localidad.
José Montero Lacasa, es un plástico y escritor que debemos rescatar del olvido en el que las circunstancias de la vida lo han sumido; por todo lo bueno hecho que enaltece el valor de lo terruñero, merece lo pongamos en la primera plana de la cultura criolla, dando valor a aquello aseverado, hace sesenta años, por sus editores: “pocos hombres han captado y comprendido la vida del campo bonaerense y su realidad como Montero Lacasa, quien “al darnos con sinceridad la figura tal cual del hombre que trabaja, goza y sufre bajo el cielo pampeano, nos muestra el verdadero rostro de la tradición criolla”. (*)
La Plata, 23 de agosto de 2015

PD: en su homenaje, nuestro próximo libro “Del Mesmo Pelo – versos  camperos”, llevará en tapa un pequeño motivo de su creación.

Bibliografía

(*) expresiones del escritor Diego Newbery
- El Hombre a Caballo (1939)
- Prototipos Bonaerenses (1954)
- Montero Lacasa abandonó la vida para galopar la pampa de su merecida gloria. (s/firma. posiblemente diario La Nación, 2/1957)
- Montero Lacasa, por Burnet-Merlin. Revista El Caballo de 4/1957
- Gran Enciclopedia Argentina, de Diego Abad de Santillán, 1959
- Y el artista en el bronce, por Burnet-Merlin. Revista El Caballo de 12/1961
- Prototipo Bonaerenses, por Sinivaldo Gómez. Revista El Chasque surero de 6/1999
- Enciclopedia Visual Argentina, de Clarín, 2002
- verdeysol (página en Internet)
- lapaletadecimal.blogspot.com.ar
- genealogiafamiliar.net

- Referencias brindada por Jorge Marí

sábado, 2 de abril de 2016

HORACIO OTERO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
                                                              Micro Nº 86 – 08/12/2012

Con su licencia, paisano!
Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

     Nació en Ranchos, General Paz, el 24/11/1946 -por lo que acaba de cumplir 66 años-, siendo hijo de Dionisia Auzoberría y José Rodolfo Otero, quienes conformaron un hogar que alumbró 11 hijos: 6 varones y 5 mujeres; por entonces la familia estaba en el paraje “El Aguila”, en la vieja Estancia “Valle de Santa Ana”, nombre éste que antaño, supo definir al “Pago de la Magdalena”.
Foto del 13/05/2012

     Cursó los estudios primarios en la Escuela Rural Nº 31 “Dean Gregorio Funes”, del paraje “El Aguila”, época de la que recuerda sus primeras improvisaciones en los actos escolares.
     Entusiasta de los payadores, a los que seguía a través de audiciones radiales como “La Cruzada Gaucha Uruguaya”, fue que de la afición a improvisar, hacia los 18 años, surgieron sus primeros versos, y de ahí en más corrieron juntas las inquietudes de poeta y payador. Al respecto ha contado que su primera “tenida” fue en Brandsen, con el recordado Fermín Villalba (el autor de "Los Parejeros Quemao") en una payada sin guitarra, y pulsando el instrumento, fue con su coterráneo Juan de Oar, quien ya tenía un poco más de experiencia.
     Antes, cuando tenía 17 años, había debutado en la animación de jineteadas en lo de Don Efraín Atienza, improvisando floreos a las montas. A partir de allí ya no abandonaría esa actividad, que lo ayudó en la ligereza en la improvisación.
     A diferencia de otros payadores contemporáneos incursionó en el libro antes que la grabación, así fue que en enero/1983, con el sello de Editorial del Lago, apareció su trabajo “De un Puestero Payador”, libro en el que cifró la esperanza, que andando el tiempo lo coronó buen poeta y afirmado payador.
     Hombre de campo, como que la mayor parte de su vida laboral transcurrió en estancias -habiendo sido puestero de “El Espartillar”, en Chascomús, durante 25 años-, ha sabido llevar al verso con fidelidad, ese paisaje y sus usos, por lo que podemos tildarlo de auténtico poeta campero, actividad en la que ha pesado más su saber empírico que el de la lectura y el estudio.
     Entre sus grabaciones como cantor y payador, podemos citar: “De Un Puestero Payador”, “Pa’ Quedarme con Ustedes”, “Marca Líquida”, “Flores de Cardo”, “Pastoreando Rimas”, “Badajos”, “Dos Troveros y Una Huella”, “Sangre ‘e Toro”…
     Muy joven, en 1970, se casó con Lidia Yohnston, con quien tuvo 3 hijos, que a la fecha le han dado varios nietos.


sábado, 5 de marzo de 2016

BATALLA DEL CARRIZAL DE MEDINA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
                                                                                                           Micro Nº 142 –25/01/2014

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

BATALLA DEL CARRIZAL DE MEDINA – El 13/12/1928, la valiente espada de las guerras de la Independencia, el héroe de Ituzaingó, el Gral. Juan Galo de Lavalle, comete las imprudencia que lo arrojará a un derrotero de 13 años que culminará con su muerte; ese día, ¡ha fusilado a Cnel. Manuel Dorrego!
Las provincias reaccionan ante este atropello, y la Convención Nacional reunida justamente en Santa Fe, designa al Brigadier Estanislao López jefe de un ejército nacional que debe escarmentar a esos rebeldes, que han cometido “un crimen de alta traición contra el estado”.
Ante esa situación, Lavalle decide incursionar sobre Santa Fe, la provincia de López, a la que ingresa en 03/1829, tomando la ciudad de Rosario. Quiere imponer su política sobre el litoral, y para ello debe dominar al Caudillo.
Antes de morir, Dorrego le ha escrito a López: “Mi apreciado amigo: en este momento me intiman a morir dentro de una hora. Ignoro la causa de mi muerte, pero de todos modos, perdono a mis perseguidores. Cese usted por parte todo preparativo y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre”. No conocerá el Brigadier la existencia de dicha misiva.
Quiere Lavalle tomar la provincia por las buenas y le escribe a López tratando de convencerlo, pero éste le responde que habiendo cruzado el Arroyo del Medio ha entrado con tropas a su provincia, y ya las cartas están jugadas.
Las fuerzas de Lavalle se respaldaban en los veteranos de la Guerra con el Brasil, donde habían obtenido triunfos memorables; las del Brigadier López -también él soldado de las guerras de la Independencia-, se conformaban con las montoneras gauchas. Privados ambos de infantería, la suerte de estas contiendas las definían las caballerías.
Sabedor López del coraje y guapeza del enemigo, sintiéndose quizás en inferioridad de condiciones, no presenta combate franco, limitándose a hostigar y retroceder, cediendo la iniciativa; y así, en ese tire y afloje, lleva al enemigo hasta las vecindades de la Cañada del Carrizal de Medina al caer de la tarde, cesando el asedio al retirarse totalmente. En tal situación, considerando el sitio propicio, Lavalle ordena hacer campamento. Y cuál no sería la sorpresa, cuando a la mañana siguiente, la desesperación de sus oficiales, le hace saber que de la caballada, la que no está muerta, agoniza.

Sin disparar un tiro ni chocar lanzas, la sabiduría criolla de López y sus baqueanos, habían llevado al enemigo a un campo poblado de “mío-mío”, el venenoso romerillo. La sapiencia gaucha, derrotó a la estrategia de las armas. Finalmente, el 25/04/1829, Rosas le dará a Lavalle la estocada final en Puente de Márquez.
Para redondear esta historia, aprovechamos un verso que escribiera este poeta de Cañuelas

QUEBRAYÓN

“-¡Ta lindón lo que ha contao…!
(se burló el “Manco” Vidal)
¡Yo estuve en El Carrizal
esa güelta que ha mentao!
¡Jui un  hombre d’Estanislao
y puedo hablar con certeza…!
El gaucho alzó la cabeza,
bajó la vista el pulpero.
“-¡Lo que pa’usté’s de rastrero
más bien yo yamo viveza!.

Un silencio de tapera
a los presentes ganó
pa’ que aqueyo que vivió
Vidal se los refiriera:
“-¡Yo estuve en la montonera!
¡Junto a López la pelié!
¡Por eso les contaré
sin escatimar detaye
cuando Juan Galo Lavaye
quiso tomar Santa Fé!”.

“-Al general unitario
Güenos Aires lo mandaba
pa’ ver si el lugar limpiaba
de algún federal contrario.
Por la Viya del Rosario
pasó con toda arrogancia,
con soldaos en abundancia
rechazó fácil y altivo
alguno que otro furtivo
ataque sin relevancia”.

“-Sin juerzas pa’ redotarlo
López ve mal la cuestión
pero ducho y quebrayón
se prepara pa’ engañarlo;
simula juir, p’arrastrarlo
a Lavaye hasta su ruina
que sin saber se’ncamina
cebao por el gran caudiyo
al yano de romeriyo
del Carrizal de Medina”.

“-Al Carcarañar cruzar
como ya poco se vía
va que Lavaye elegía
justo ese plan pa’campar;
bicho que ayí ha de pastar
de seguro que revienta,
y su cabayada hambrienta
encuentra demás sabroso
a’quel yuyo venenoso
que al rato lo hará osamenta”.

“-Rindiendo por áhi honor
a esa frase memorable
que hace ya un tiempo apreciable
pronunció el “Libertador”,
López siendo vencedor
no desenvainó su espada,
pero vio esa madrugada
cargando a los Coraceros
sombre’l hombro, los aperos
marchando en la retirada”.


Versos de Néstor Enzo Mori

domingo, 24 de enero de 2016

SAN MIGUEL DE ESPINEL

Por las huellas de algunas evocaciones ancestrales, esperamos dejar algunos testimonios que puedan resultar de interés general al lector.
Hace ya un tiempo, en distintas notas,  nos hemos referidos a “El Mirador” de Espinel,  a “El Llamador y los Diz”, a “Mis Caballos, una huella y su destino”, entre otras, que si bien pueden tener un tono personalista, intentan hacer aportes sobre historias lugareñas y personajes, que a la distancia, puedan pintar “un pago” y cuestiones de la historia chica, esa que justamente… falta en los libros, por menuda nomás, no por otra cosa.
Vamos entonces con algunos recuerdos referidos a la estanzuela “San Miguel” de Espinel, actualmente tierras que están comprendidas en el partido de Berisso, pero que a fines del siglo 19 correspondían al recién creado partido de La Plata, aunque para el vecindario en general, seguían siendo del “pago de Magdalena”, como veremos más adelante.
Plano aproximado de "San Miguel"
hacia 1900, según una carta
Topográfica y Parcelaria

Dicho establecimiento era propiedad de Demetrio y Julián Espinel, hijos del matrimonio de Doña Feliciana Dadín, natural del la Magdalena, y Don Miguel Espinel, hijo de Tomás Espinel, ambos de origen “canario”, españoles por lo tanto. Dicho matrimonio tuvo un total de 10 hijos, de los cuales los citados al principio, eran el cuarto y el sexto en el orden de nacimientos, ocupando el quinto lugar, Pablo, nacido el 15/01/1855, éste… resultaría ser mi bisabuelo, y esta historia tiene algo ver con él y uno de sus hijos, mi abuelo.
En cuanto a los dueños de “San Miguel”, Julián, estaba casado con Doña Bernardina Balerga, y según tradición oral, antes de poblar dicho campo, habían estado establecidos en el Territorio de La Pampa, de donde -por lo menos uno- habría vuelto por tierra con una tropa de yeguarizos, a poblar en estos pagos. El otro hermano, Demetrio, era de estado civil soltero.
Pablo Espinel, a la edad de 26 años fue incorporado en calidad de “soldado” a la 1ra. Compañía del 1er. Escuadrón del 32 Regimiento de Guardias Nacionales de Caballería, de acuerdo a la Ley de Enrolamiento sancionada por el Congreso Nacional el 5/06/1865 y la Ley de Reclutamiento de 28/09/1872. Reza “la papeleta” oficial: “El Portador de la presente Pablo Espinel cuyas señas van designadas al márgen, se halla alistado en la clase de Soldado con arreglo á la Ley vigente dictada por el Congreso Nacional; y para su resguardo, se le espide este documento, que le será entregado por el Cuerpo, prévia la anotación respectiva. Magdalena Marzo 27 de 1881. – Reseñas: Provincia Bs.As. – Domicilio Ctel 1° - Estado Soltero – Edad 26 años – Color Blanco – Ojos Berdosos – Nariz Aguileña – Boca Regular – Pelo Rubio. Firma: Severo Villa – Registrado bajo el N 640 de Archivo.” (textual del original).
"Papeleta" de incorporación a
Caballería de Guardia Nacional,
de Pablo Espinel

Esta incorporación era obligatoria para todo ciudadano Argentino, desde los 17 años y hasta los 45, para los casados, y hasta los 50 para los solteros. ¿Qué pasó acá…? Lo desconocemos, pero lo cierto es que no mucho después Pablo se casó con Lucía Isaías Gutierrez, y el 1°/12/1882 fueron padres de Mariano Pablo, quien más adelante se desempañaría como resero. El matrimonio alumbró nueve (9) hijos más, el anteúltimo de ellos, Desiderio -nacido el 15/02/1900-, resultaría mi abuelo.
Tempranamente, el 6/03/1908, a la edad de 53 años, fallece Pablo, quedando Isaías con varios hijos menores a cargo. A raíz de esto, sus cuñados Demetrio y Julián la visitan y le sugieren: “-Como tenés varios muchachos chicos para criar, a éste nos lo llevamos nosotros”, y así Desiderio fue a parar a “San Miguel”, a la sazón de 8 años.
Para ubicar al lector, un extremo de “San Miguel” da sobre Ruta Provincial N° 11 (antiguo “camino real”), recorriendo todo el largo de su lateral derecho (si nos ubicamos mirando hacia el Río de la Plata), el Camino a la Balandra. Anecdóticamente agregamos que dicho lugar, es el mismo que nombra el Chango Rodríguez en su muy difundido tema definido como ritmo de “marea”, justamente titulado “La Balandra”, que escribiera en tiempos en que residió en Berisso.
Sobre dicho camino a la Balandra existía por entonces un almacén de campo conocido como “de Barranco”, que los hermanos Espinel mudaron hacia el frente del campo sobre el Camino Real, más o menos equidistante entre la entrada a la estancia y el camino a la Balandra.
Entregaron la atención del mismo a Elías Hortelá, quien estaba casado con una sobrina de los dueños, Loreta.
La construcción primitiva era de madera, del tipo de las llamadas “prefabricadas”, y estaba elevada del piso unos 20 cms., en su desarrollo, además del local comercial, tenía otras tres dependencias habitacionales. A este lugar, como peoncito, fue destinado Desiderio en el año 9.
Según sus recuerdos, el establecimiento no era de ramos generales, sino un almacén de venta de comestibles, con despacho de bebida y mesas, donde los parroquianos tomaban la copa o jugaban a los naipes. Siempre recordó también, los fríos que pasó en ese tiempo, y el desarraigo que sufrió.
Más adelante, por 1935, cuando ya Desiderio no se encontraba allí, el almacén se edificó en material, con una importante construcción, conociéndoselo como “San Pedro”.
De las labores en el almacén pasó ya más crecido, a las tareas del campo, y finalmente al manejo del mismo, hasta que hacia fines de 1923, en la fiesta de la Escuela del Paraje “El Pino” (hoy N° 14 “Manuel Belgrano”), conoció a una moza de esa zona con la que inició una “relación”, pero como se acostumbraba entonces: había que formalizar. Así las cosas, un día ensilló, y con una tropillita de seis caballos por delante, se apersonó en “Santa Ana”, vecindades del pueblo de Bmé. Bavio, a Don Epifanio Rufino Cepeda, padre de la moza llamada Ana Isabel.
(En otro momento nos referiremos a dicho campo, cuando el apellido de sus dueños era Ponce de León y Cepeda).
Con un trato un tanto distante y seco, dicho padre sentenció que si las intenciones eran buenas, sería recibido los días jueves de tal hora a tal otra, y en un plazo de seis meses tenía que formalizar el matrimonio.
Y así ocurrió. El 2/06/1924, en la capilla anexa a la Catedral Platense (Avda. 53 e/13 y 14), formalizaron ante Dios lo que ya habían refrendado en los papeles del civil. Cumplido estos trámites, a familiares y amigos se participó de lo ocurrido (Ver ilustración con sobre y tarjeta), y lo curioso es que en el remitente impreso en el sobre se lee: “Estcia. San Miguel – B. Bavio – F.C.S.”, cuando en realidad el aludido campo estaba dentro del partido de La Plata que ya llevaba 42 años de creado, pero parece que la gente del común… lo ignoraba.
Sobre y tarjeta de participación del casamiento

No mucho después, el joven matrimonio se mudaría a la zona comprendida entre Arroyo Zapata y Paraje El Pino, donde desarrollarían su vida hasta 1974.
Muy vecino a “San Miguel”, era el establecimiento “El Carmen del Pescado”, propiedad de don Bartolomé Danerí, quien lo había adquirido hacia 1892 al Berisso, que diera su apellido, a partir de sus saladeros, a esa nueva población. A dicho campo nos hemos referido en la nota “Mis Caballos, Una Huella, y Su Destino”, aparecida en El Tradicional N° 107.
Como dato pintoresco podemos agregar que a la muerte de Julián, su hermano Demetrio desposó a la viuda y cuñada, no existiendo hijos de ninguno de los dos matrimonios.
Dos acotaciones antes de cerrar esta evocación. La primera, que en el libro “Berisso, un reflejo de la evolución Argentina” (1972), su autora, Lía E. M. Sanucci, dice al respecto: “La única que se mantiene, por extensión y actividades, es la estancia “San Miguel” sobre Ruta 11 y camino a La Balandra. Fue de los Espinel y hoy, de uno de sus herederos, el señor Lewis, quien mantiene la vieja casona de sus primitivos dueños, los que en los días serenos, desde sus corredores podían ver los lentos barcos que llegaban a la costa”. (Personalmente, pongo en duda esta última acotación).
La segunda, que parece ser que la idea fundacional del lugar, fue constituir sobre la parte del campo lindante con el Plata, una colonia con pobladores españoles, proyecto que no se consolidó. Sí ha quedado, sobre unos de los arroyuelos que desagua al gran estuario, el reconocimiento del mismo como “Arroyo Espinel”, en la topografía lugareña.
Un recuerdo del ayer cercano, que espero pueda haber sido de interés de los lectores de El Tradicional.
Almacén "San Pedro" (Ca. 1960/70)
Foto de Carlos Moncaut

La Plata, 22/06/2015

(Publicado en Revista El Tradicional digital N° 136) 

LITERATURA GAUCHESCA

Cuando hablamos de literatura gauchesca (o “la gauchesca”, según se quiera), los que estamos en el tema, sabemos que anda “vivita y coleando”, pero también sabemos que su vida discurre por huellas paralelas a la de la cultura oficial, o a la que transcurre por los aconteceres de las grandes editoriales y las importantes librerías.
En los distintos niveles educativos, poco se enseña sobre literatura gauchesca… diríamos que casi se la desconoce… o se la ignora, a lo sumo un repaso de los clásicos de los clásicos: Hidalgo, Del Campo, Ascasubi, Hernández, Güiraldes…
Hoy por hoy hay una sola editorial preocupada por el tema: Letemendía. Todo lo que los muchos cultores abordan al respecto, es por emprendimientos personales o “autoedición” como suele definirse, en un 85 o 90%.
A raíz de dicha situación es que a falta de mejores maestros o ejemplos, cada vez que nos invitan abordamos charlas sobre el particular.
Y así fue que en un momento dado llegó la propuesta: “¿Por qué no hacés un taller sobre poesía gauchesca”, y aunque personalmente -por antiguo, quizás- “taller” me remite a mameluco azul engrasado y auto roto, acepté el desafío, y durante tres sábados de julio del año pasado, en Cañuelas, en un cómodo salón de la Biblioteca Popular “Sarmiento”, con la organización de Carlos Gallardo a través de su audición “Fogoneando” de AM 1560 Radio Antena, de Lobos, nos estuvimos reuniendo con un puñado (escribí “un puñado” no “un montón”), de interesados en conocer los pormenores que hacen a la historia del la poesía gauchesca, sus formas estróficas, las métricas y las rimas, con la intención de aportar ayudas que los hagan mejorar en su escritura, sobre todo, porque los temas de rimas y métricas son fundamentales para quienes desean participar en certámenes poéticos del género. Y como he estado vinculado a los mismos desde 1980, ya sea en condición de participante, organizador, coordinador y/o jurado, tenía la experiencia de como muchas veces, por pequeños -insignificantes, problemas si se quiere- queda descartado un tema, hice entonces hincapié en esas tres reuniones, en cómo pulir esas cuestiones y por ende, optimizar la producción poética.
Interesantes poetas como Luis Balbo y Néstor Enzo Mori, buenas promesas como Susana Gutiérrez Calderón,  y también la poeta y narradora infantil Chola Rizzi, sin olvidarme del Director de la biblioteca, Juan Manuel Rizzi, que se “prendió” con mucho interés y criterio, fueron quienes, entre otros, me ayudaron a hacer gratas las reuniones en las que por supuesto no faltó el mate, y en las que hablaba y ejemplificaba en un pizarrón, por espacio de dos horas en cada reunión.
Bibl. Popular Sarmiento, Cañuelas - 2013 -
Entrega de certificados de asistencia
        
Ahora acabo de repetir la experiencia, nuevamente en un salón de la Biblioteca Popular Sarmiento”, pero esta vez de Chascomús, con organización de la directiva de esa institución, y en la ocasión el “puñado” ya se transformó en “dos puñados”, y aunque en vez de tres reuniones hicimos dos, estas fueron de casi 3 horas cada una.
Hay interés, la gente tiene interés en escribir versos gauchos o en mejorar los que ya hace, perfeccionarlos; solo falta que se les dé las posibilidades.
Si esto se hiciera metódicamente, ¡qué bien le haría a nuestras letras gauchas!, porque ¡cuánta falta nos hace revalorizar esta expresión!, decir poético que nos ha dado la identidad de un género único en esta América del Sur, donde lo compartimos con los uruguayos, como que constituimos una misma identidad cultural de raíz gaucha. Se ha dicho que la gauchesca ha sido la “gran creación literaria del S. XIX”, si hasta Borges -poco gaucho él-, sentenció: “La poesía gauchesca es uno de los acontecimientos más singulares que la historia de la literatura registra”.
Siempre sostuve que en la provincia de Buenos Aires (y esto mismo puede estar sucediendo en otras), en cualquier pequeña población o paraje, hay una persona que “borronea” pensamientos con formas de rimas, solo falta a veces, ayudarla a ganar roce, y éste muchas veces (o la más de las veces), se obtiene compartiendo con otros hacedores de versos. Nunca es bueno mascullar solo para si lo que se escribe; esto hay que compartirlo y estar predispuesto a escuchar opiniones, que si estas son bien intencionadas, siempre se crece.
En Chascomús supieron acompañarme los payadores lugareños Juan de Oar, Ulises Muguerza y Horacio Otero; curiosos de nuestras cosas como Roberto de la Canal, el Sr. Espinosa, Germán Sallenave, Tito Muguerza, las docentes Inés Otero, María Delli Quadri, Teresita Saint Esteban, Erica Eguía y María Brambilla, y por suerte varios más.
Al finalizar, tanto en Cañuelas como en Chascomús, la pregunta fue: ¿Carlos, el sábado que viene, de que hablamos…?, como transmitiéndome con sincero afecto, que se quedaban con ganas de más.
Plausible la activa labor de la presidente Hildara Gómez, del vicepresidente Pedro Mauregui Larranda, y de la también directiva Tona de Otazúa.
Bibl. Popular Sarmiento, Chascomús (30-8-2014)
En el medio de estas experiencias, en la sede de la Dirección Municipal del Tradicionalismo platense, también nos estuvimos reuniendo para tratar asuntos poéticos, junto al Prof. Daniel Marcial, quien desgranaba lo suyo en cómo hacer para tocar o mejorar la ejecución la guitarra; y allí estaban jueves a jueves, Mónica Pastor, Julio Mariano, Félix Villarreal y Señora, Guillermo Millán, Sergio Montenegro, Gustavo Madril, Carlos Ortiz, Daniel Líneas…
La identidad al género se la dio el lenguaje “al modo gaucho”, por eso que el estudioso Lázaro Flury, dijo: “El lenguaje gauchesco amalgamó en sus versos el aliento de la tierra, con esa sencillez casi primitiva y ruda como sus propios protagonistas, pero embebido siempre por ese pensamiento noble y altruista tan peculiar en el hombre de la tierra -y agrega- el lenguaje define al pueblo criollo, con su acendrado amor a la libertad y su aversión a la esclavitud y la injusticia.”
Toda la vida (por así decir exagerando el tono), me la he pasado tratando de transmitir mis escasos conocimientos de autodidacta, intentando hacerles ganar tiempo a los que quieren escribir versos; muchas veces la cocina o el comedor de mi casa han sido testigos de estas -para mi- apasionantes “conversas” frente a un interlocutor que se ha acercado a preguntar, salvo que ahora, sin querer ampliamos el espectro dándole forma “de taller” (¿estará bien dicho así…).
Veremos como sigue la historia.

La Plata, 12 de septiembre de 2014
(Publicado en revista El Federal/El Tradicional N° 472)

viernes, 1 de enero de 2016

BIENVENIDO 16!!

Como el 16 se viene
con ímpetus de año nuevo
las esperanzas renuevo
que así la fe se sostiene.
Que’l último cuete suene
y que’ntre’l año a tayar
que hay sueños por concretar
y otros nuevos por nacer…
¡16, hacete ver…no nos vayas a fayar…!

                                             (31/12/2015)