lunes, 21 de septiembre de 2026

 

LA DAGA ESCONDIDA

 




Aproximadamente, corría 1965, tenía entonces unos 13 años.

Con mi padre habíamos ido de visita a la chacrita de los abuelos Risso, en lo que antes habían sido campos de las hermanas Gómez, si la información que tengo no es errada. Como siempre lo hacíamos habíamos ido de a caballo.

Era una linda mañana de tiempo primaveral. Estábamos delante de “las casas” que tenía forma de “L”. La parte larga, era una casilla de madera dando el lomo al sur -más o menos-; en esa parte de atrás se le había anexado una construcción tipo rancho, donde había una pieza larga de techo bajo donde había 2 o 3 camitas y era donde dormía cuando iba a pasar algunos días. La pata corta de la “L” era un ambiente amplio, en construcción de rancho, con un cielorraso panzón hecho con alpilleras: la cocina. Un ambiente muy cálido. Como todo el resto, siempre muy pulcro, muy prolijo. Que una cosa es ser pobre y otra ‘dejao’. Allí la cocina económica puede decirse que “brillaba”; era de aquellas que tenía un reservorio para tener agua caliente disponible todo el tiempo.

Delante de “las casas” un jardincito muy  bien acomodado que la abuela Rosa, y fundamentalmente la tía Nona, se encargaban de que siempre estuviese así.

En una de esas mi padre se pone en acción: quita una planta con su recipiente -tipo maceta, digamos- que estaba arriba de un tronquito de unos 30/40 cm de alto, lo corre de lugar, y me dice algo así como: “Vamos a ver si está”.

La casilla tenía en todo su frente algo así como una galería o alero, y en las chapas de la misma, buscó el cruce de dos, levantó una un poco, y fue metiendo el brazo hasta que dijo: “Acá está”, y cuando lo retrajo venía en su mano un cuchillo de respetable tamaño, vaina de suela negra, cabo de plata vieja. Lo desenvainó y era un arma de doble filo en todo el largo de la hoja, una daga, sin marca, ni cuño en el cabo. La vaina, en la parte de atrás tenía un corte casero en forma de “v”. Después que lo observamos un rato, lo volvió a acomodar en el sitio que estaba. Y me contó: “-Cuando yo era chico, ya estaba acá escondido”. Él era de 1921, por lo que ese “cuando yo era chico” se me ocurre ubicarlo por el ’30, por lo que a ese momento ya hacía como 40 años que estaba ahí “guardado”. Quizás el único que supo a quién correspondió haya sido mi abuelo Santiago (era de 1893) y se llevó el secreto a la tumba.

Muere él en 02/1972, y el pedacito de campo se vende, con el motivo de comprarle a mi abuela un terreno y una casilla en el Pueblo de Bartolomé Bavio. Quién compró el lugar, demolió todo lo existente e hizo casa nueva, cómoda y moderna.

En los años 80, yo visitaba a Tía Nona (la abuela murió en 1977) que se había casado con Alfredo Burgos. Entonces tenía auto y una vez al mes iba, a veces con la familia, a veces solo, otras veces con mis hijos. En una de esas acordándome del cuchillo, pregunto: “-¿Tía, cuando se vendió el campo, el cuchillo aquel que estaba entre las chapas, quedó ahí…?”. “-¡No! -fue la respuesta- lo sacamos”, “-¿Y dónde está?”, repregunto. “-Sabes que no me acuerdo”, y automáticamente sale de la casa, ya que en el terreno de al lado, separado por un alambre tejido, vivía una hermana mayor, Tía Lelia, a quien llama y le hace la consulta. Conclusión: ambas recordaban haberlo sacado, pero ninguna tenía claro donde se había guardado. Terminada mi visita, al despedirme, le digo a la Tía: “-Si el cuchillo aparece y a ninguno de ustedes le interesa, a mi sí. Te lo encargo”.

Corrió el tiempo, se sucedieron visitas, y en una ocasión la sorpresa: “-¡Apareció el cuchillo! El Tío (por su esposo Alfredo), estuvo haciendo limpieza en el galponcito, quemando unos trastos viejos, y al volcar un roperito apolillado, se salió el cajón, y en un doble fondo estaba el cuchillo”.

Aquella tarde noche volví exultante a mi ranchada en La Plata.

La vaina del cuchillo era de suela negra y mostraba mucho uso, como que su extremo lucía la punta gastada del continuo roce contra el cojinillo del recado. Limpié su hoja, la pasé en la piedra, lustré el cabo y lo comencé a usar, y un día que no recuerdo a que fiesta habíamos ido con Carlitos Ameghino (Presidente de La Montonera de Ensenada), después que lo anoticié de esta historia, me dijo: “-Dejámelo que a esa vaina la voy a hacer picaza”, claro, él era platero. Y le hizo nomás un trabajo que simula ser antiguo para que quede más o menos referenciado con el cabo.

Si bien las fotos son ilustrativas, aporto las medidas: largo total 46 cm: cabo 12,03; hoja 29 ½, vaina 33 ½

Esta es la curiosa historia de un facón que suelo usar. ¿Vaya a saber en qué pendencia anduvo?, para terminar escondido entre el cruce de dos chapas. Con seguridad Don Santiago Risso, supo a quien hizo esa gauchada…

Hace poco, hablando del tema con mi prima hermana Mirta Espinel que vive en Bavio, ésta me sugería el nombre de un viejo caudillo conservador lugareño, muy amigo del abuelo, aunque éste era más vale radical, pero… la política es una cosa y la amistad… muy otra…

domingo, 21 de diciembre de 2025

¿PASEO...? ¡NO! DESFILE

 Unapalabra que comenzó a sonar “mal” no hace mucho tiempo, es la palabra desfile. Y si bien la pobre palabra no hizo nada malo, lo “malo” para ella -aunque parezca mentira-, lo trajo la democracia. En ese momento, después de siete años de despótico gobierno militar, se comenzó a romper con todo lo que tenía que ver con orden, reglas, normas de respeto, etc., como buscando distanciarse de lo que tuviese que ver con “los uniformes”, y fue allí, cuando la indefensa palabra desfile empezó a caer en desgracia, porque parece ser que los que desfilaban eran los soldados. Pero hacer esta observación es mirar la realidad con un solo ojo… y encima… medio tapado, porque baste recordar que cuando en un pueblo o una ciudad se festeja su aniversario o las patronales, se organizan desfiles por las calles principales, y entonces se encolumnan las fuerzas vivas: los niños de las escuelas primarias, los adolescentes de la secundaria, los jóvenes de los distintos clubes, la gente de la tercera edad, los boys scaut, los bomberos, etc., etc., y desfilan todos orgullosos sin ocurrírseles pensar que “están haciendo un paseo”… porque en realidad no lo es.

Y si vale un ejemplo absurdo, pero que por lo mismo puede ser muy claro, pensemos en esas lindas mujercitas que recorren con buenas figuras y gracejo, las pasarelas de las modas, desfilando… y no creo que a nadie se le ocurra comparar tal situación con un desfile militar…

Actualmente se confunde, queriendo reemplazar dicha palabra con la expresión “paseo”, cuando resulta casi imposible encontrar en los libros y artículos escritos 120 o 150 años atrás, alguna referencia que indique que los gauchos salían a pasear. Sí podrá encontrarse la referencia de que “fulano se endomingó como pa’ dir de paseo”, “mengano salió de florcita”, pero él solo, no en grupo ¡y en formación de dos por dos!

Siempre recordamos cuando el poeta Roberto Coppari contaba que en su juventud allá en la Estancia “El Mirador” de Casilda (Santa Fe), cuando las Fiestas Mayas o las patronales del pueblo, todos los mensuales juntos o unos cuantos de ellos, con sus mejores pilchas y aperos, salían rumbo al pueblo a participar de las corridas de sortija… pero no decían que iban “a pasear”.

Por otro lado, estos “seudos paseos” de hoy, que raros y ordenados son, los paisanos van de dos en dos, tratando de conservar la distancia, encabezados por una yunta que va con bandera y banderín… casi que no parece que andan de paseo, se diría más vale que van… desfilando!

domingo, 5 de octubre de 2025

EDUARDO ANDRÉS GROMAZ PARRA

 Este mes de octubre es aniversario del desaparecido poeta "cuasi" Marplatense que estaría cumpliendo 103 años. Un referente del tradicionalismos de esos pagos. Entre sus muchos temas, "El Carrero" (también conocido como "Carrero Viejo"), tuvo mucha vigencia en las décadas del 70 al 90.


Nació en el campo “La Morocha”, en Napaleofú, partido de Balcarce, el 13/10/1922, siendo hijo de Doña María Micaela Parra y Don Federico Gromaz, ambos españoles, siendo Andrés el mayor de 8 hermanos.

En la vida rural -donde hizo de todo un poco-, su primer oficio fue ser boyero de tambo, iniciándose alrededor de los 13 años, y un lustro más tarde cuando comienza a borronear renglones, uno de sus primeros versos los dedica a ese primer trabajo.

En otro cuenta: “Caballerizo, mensual, / peón de tambo y arador, / y aunque no fui domador / como tuve algún pariente / en un redomón corriente / supe andar como el mejor.”

Por 1940 empezó a trabajar en un “almacén de ramos generales” en San Martín, partido de Lobería, y a los 20 años se radica en Mar del Plata, donde desarrollará su vida y donde se abocará afanosamente a la defensa y difusión del quehacer tradicionalista.

No ha cumplido 22 años cuando debuta en la conducción de la audición radial “Mosaicos Criollos”, en LU6 Radio Atlántica, con la que estuvo 12 años en el aire.

A instancias de su padre (un español muy acriollado llegado al país a la edad de 16 años), de niño se aficionó a los versos criollos, habiendo sido “mi primera cartilla… el Martín Fierro”, como alguna vez escribió. De allí a volverse autor había tan solo un tranco, y ese tranco lo dio con tal solvencia, que en el ambiente del tradicionalismo marplatense no dudaron en llamarlo “El Poeta de la Tierra”.

Como buen poeta popular eligió las estrofas rimadas para expresarse, y si bien manejó las distintas formas, se inclinó principalmente por las décimas, a las que supo imprimirle una sabrosa expresión paisana, con un decir llano y simple, directo, como si fuese contando cuestiones de su propia vida.

Héctor del Valle, Rodolfo Lemble, Alberto Merlo y Daniel Garbizu, han grabado temas de su autoría.

Lo sobrevive un libro: “Como Soy”, aparecido póstumamente. El mismo se presentó en la Sala A del Centro Cultural Gral. Pueyrredón, el 11/11/1999. El mismo fue reeditado en 02/2014.

Lo cierto es que nuestro poeta falleció el 13/11/1994, cuando junto a 3 de sus hermanos, ya montados, se encaminaban a participar del desfile en la Fiesta de la Tradición, en el campo de jineteada aledaño al Museo Municipal “José Hernández”, y junto a la Laguna de los Padres.

Tenía 72 años y mucho por dar aún.


martes, 11 de febrero de 2025

Del Anecdotario: Eustaquio Tolosa

 Me motiva escribir estos renglones, la circunstancia de que en estos últimos meses fueron publicados dos artículos, por dos autores distintos –donde se me menciona y se referencia mi libro, cosa que agradezco-, en los que se da a entender que el célebre caballo doradillo colorado del cuerpo de Granaderos a Caballos llamado “Decano”, fue animal de la silla del General San Martín, lo cual es inexacto, ya que ninguno de los libros de memorias de camaradas suyo, lo citan, ni tampoco los historiadores, empezando por Mitre y los López, lo dicen.

Se novela la realidad y se la idealiza; el caballo ni nació a la sombra protectora de un ombú cercano a la casa de la estancia, ni fue criado por quien después sería el Tnte. Cnel. Miguel de los Santos Cajaraville (hasta entonces este era solo “un niño” porteño).

Hay que tener idea de la vida de la antigua estancia criolla. Entonces no existían las cabañas criadoras de yeguarizos; no había animales de raza, y todos los montados respondía al caballo que después se dio en llamar “raza criolla” y entonces se distinguía como “el caballo del país”. Las estancias tenían manadas en estado natural y estas, por lo general, se aquerenciaban en las peores partes del campo, como pueden ser los bajos y bañados. La doma, sin vuelta de hoja era a la criolla, y sabían salir caballos como este que se ganó en la historia.

De esa manada y ya hechos caballos, fue que Don Andrés Cajaraville eligió dos para que su hijo pudiese cumplir el sueño de integrar los granaderos.

Concluida la Campaña de Chile y enfermo el soldado, éste pidió la baja, y tras volver a la Patria fue a recluirse en la Estancia paterna ubicada geográfícamente en la zona rural de lo que HOY es el pueblo de Bavio.

Allí no había galpones. Solo un rancho a dos aguas, con paredes de ladrillos (fabricados estos en un puesto de la estancia que tenía horno), bastante largo, techado con tejas de ripia (de madera, estas). Según el historiador de Atalaya, Don Raúl Afranchino, el soldado transformó en box la habitación del extremo sud de esa construcción para brindar cobijo a su animal, que vivió allí desde (aproximadamente) la primavera de 1820 hasta 1825, dato este que nos sirve para cerrar diciendo que este año se cumplen 200 años de la muerte de tan noble pingo.

¡Valga tu recuerdo, valeroso “Decano”!

La Plata, 04/febrero/2025

Carlos Raúl Risso E.-



DECANO - el caballo que NO FUE de la silla de San Martín

 Me motiva escribir estos renglones, la circunstancia de que en estos últimos meses fueron publicados dos artículos, por dos autores distintos –donde se me menciona y se referencia mi libro, cosa que agradezco-, en los que se da a entender que el célebre caballo doradillo colorado del cuerpo de Granaderos a Caballos llamado “Decano”, fue animal de la silla del General San Martín, lo cual es inexacto, ya que ninguno de los libros de memorias de camaradas suyo, lo citan, ni tampoco los historiadores, empezando por Mitre y los López, lo dicen.

Se novela la realidad y se la idealiza; el caballo ni nació a la sombra protectora de un ombú cercano a la casa de la estancia, ni fue criado por quien después sería el Tnte. Cnel. Miguel de los Santos Cajaraville (hasta entonces este era solo “un niño” porteño).

Hay que tener idea de la vida de la antigua estancia criolla. Entonces no existían las cabañas criadoras de yeguarizos; no había animales de raza, y todos los montados respondía al caballo que después se dio en llamar “raza criolla” y entonces se distinguía como “el caballo del país”. Las estancias tenían manadas en estado natural y estas, por lo general, se aquerenciaban en las peores partes del campo, como pueden ser los bajos y bañados. La doma, sin vuelta de hoja era a la criolla, y sabían salir caballos como este que se ganó en la historia.

De esa manada y ya hechos caballos, fue que Don Andrés Cajaraville eligió dos para que su hijo pudiese cumplir el sueño de integrar los granaderos.

Concluida la Campaña de Chile y enfermo el soldado, éste pidió la baja, y tras volver a la Patria fue a recluirse en la Estancia paterna ubicada geográfícamente en la zona rural de lo que HOY es el pueblo de Bavio.

Allí no había galpones. Solo un rancho a dos aguas, con paredes de ladrillos (fabricados estos en un puesto de la estancia que tenía horno), bastante largo, techado con tejas de ripia (de madera, estas). Según el historiador de Atalaya, Don Raúl Afranchino, el soldado transformó en box la habitación del extremo sud de esa construcción para brindar cobijo a su animal, que vivió allí desde (aproximadamente) la primavera de 1820 hasta 1825, dato este que nos sirve para cerrar diciendo que este año se cumplen 200 años de la muerte de tan noble pingo.

¡Valga tu recuerdo, valeroso “Decano”!

La Plata, 04/febrero/2025

Carlos Raúl Risso E.-

domingo, 12 de enero de 2025

OMAR ITALIANO - Poeta Ayacuchero

Salvando una deuda – Ni cuando hice el micro radial de 200 emisiones titulado “Poetas criollos y… otras yerbas”, en la audición “Canto en Azul y Blanco” de Oscar Lanusse, por Radio Universidad Nacional de La Plata; ni cuando a la mayoría de esos trabajos los compilé con forma de libro en “150 Semblanzas de Poetas Criollos Bonaerenses” en 2023, incluí al poeta Omar Italiano. Fue una desgraciada omisión que no tiene explicación alguna, y más lo lamento porque no creo que vuelva a realizar una edición ampliada de ese libro. En parte me ayudará a salvar dicha falta, esta publicación a través de sitios de Internet.

 ITALIANO, Omar Alfredo – El poeta y cuentista de Ayacucho, nació en el hogar conformado por María Angélica Fiorita y Hermenegildo Luis Italiano, en el año 1924. Su padre fue escritor y periodista.

Tuvo tres hermanos pero desconocemos los nombres. Esto se certifica porque en carta que en 1972 cursara al escritor/historiador ayacuchense, Ángel H. Azeves, le dice: “…he hablado con mis hermanos…”.

Escribió desde la infancia, y explicó: “…he tenido intuitivamente, necesidad de manifestar mis ideas y sentimientos en prosa o poesía, sin forzar mi voluntad para hacerlo así, casi como un impulso natural y placentero siempre para mi intina complacencia y sin interesarme que trascendiera a los demás”.

Fue extremadamente severo en juzgar sus creaciones, lo que lo llevaba a guardarlas sin compartir, salvo un grupo íntimo. Y fueron esos pocos (familiares e íntimos amigos) los que lo indujeron a darlos a conocer en las páginas de un libro.

Éste se tituló “Imaginando Realidades – poemas y cuentos”, y apareció en 4/1998 impreso en Talleres de Gráfica Linares, de Tandil, edición que corrió a cargo de la Municipalidad de Ayacucho. Libro divido en dos partes, l primera con 24 poesías y la segunda con 12 cuentos.

Sus versos criollos llegaron a la Capital de la provincia y sus alrededores de la mano del payador y cantor Rodolfo Lemble, cuando éste se afincara por estas latitudes. Oportunamente le grabaría: “Te debo aquel poema”, con melodía de vals, y las milongas “Con la mejor intención”, “Siempre se aprende”, “Mirando al sur” y “Ni en la loma ni el pozo” ésta como milonga corralera.

Casado con Isabel Nobleza (“Isabelita”), conformaron un hogar que se prolongó en dos gajos: Héctor Omar y Lis Estela. En su vida de todos los día y laboral, fue martillero público.

De sus creaciones aclaró: “Eso sí, estos hijos literarios son auténticamente míos, sin copias ni imitaciones voluntarias, sin intenciones subrepticias, totalmente sin mala fe y por eso asumen íntegramente errores y aciertos si los hubiere”.

Falleció el poeta en su ciudad de radicación, a los 95 años de edad, el 25/09/2019, procediéndose a la cremación de sus restos en la ciudad de Dolores.

Del Anecdotario

En dos oportunidades estuve y compartí palabras con Italiano.

La primera fue el 20/06/1983. En esa década del 80 La Plata vivía un efervescente fervor tradicionalista, encabezado por la Comisión Permanente de la Tradición en La Plata.

En dicha jornada se rendía homenaje a la enseña Patria, en el Monumento a la Bandera de Plaza Belgrano (Avda. 13 e/39 y 34). Se me había designado para el uso de la palabra, cosa que se había vuelto habitual a pesar de que era yo un mozo de 30 años. Mucho público congregaba el homenaje (hoy no sería ni parecido). Concluido el acto, con mucha gente formando corrillos de conversación, se me acerca un señor, sesentón quizás, más vale bajo, que me saluda cortésmente, me felicita por lo dicho, pero… me hace una observación: “Le recomiendo que la próxima vez que hable, no lea, improvise, hágalo sin papel”. Le respondí algo así como que “eso era imposible”. Pero su dicho había calado profundamente en mí. Y ocurrió que para el próximo discurso, ni lo estudié de memoria ni llevé algo escrito, ni siquiera apuntes. Y así fue de ahí en más. Gracias al aporte de este hombre.

La segunda ocurrió el 24 o 25/09/1999, tres lustros y yapa después. En la ocasión viajamos a Ayacucho con Manuel Rodríguez para asistir a la presentación del libro “Del Chiripá al Pantalón” de Abel Gari. Tras el acto, éste nos invitó a su casa a compartir unas empanadas y un vaso de vino, y allí departimos y compartimos con Omar, tratando de recordar viejos versos a dos voces, como fue el caso de “El Despido”, hasta pasadas las 3.30 de la noche.

En un momento dado después de medianoche Omar se retiró y volvió al rato con un ejemplar de su reciente libro, con una dedicatoria estampada: “Para Carlos R. Risso materializando la permanencia de mi vínculo que aunque signado por largas ausencias nunca fue negado ni olvidado; dejo en tus manos cuatro emociones que en letras se hacen realidad”. Algo de lo que dice tiene que ver con que no gustaba responder la correspondencia que se le enviaba… y yo le escribía.

                                                                                                       La Plata, 12/01/2025

Carlos Raúl Risso E.-

sábado, 28 de diciembre de 2024

JOSE MAYO "P.e.p.e." CIPOLLA - un luchador por la cultura

 


Creo que fue en el 58 cuando mi padre se quedó sin trabajo al cerrar la Cooperativa Lechera, ex Jáuregui Lorda, de calle 42 e/1 y 2. Mi tío abuelo René Roo lo acercó a Bellone Hnos. de calle 37 e/4 y 5, fábrica de mosáicos, donde coincidió con “P.e.p.e.” Cipolla que ya era peón en dicha empresa. Por lo tanto tendría 6/7 años cuando conocí a este personaje, que no tardó en hacer amistad con mi padre.

Deduzco, en base a recuerdos, que había nacido el 25/05/1920, viviendo en la zona de calle 11 e/ 32 y 33, o 33 y 34, aproximadamente.

Era socialista y un hombre de la noche. Un gran noctámbulo. Siempre de saco y corbata y peinado a la gomina, tenía como su “parada”, el Bar “El Parlamento” de Avda .51 esq. Avda. 7, entonces lugar emblemático del centro platense. Empedernido fumador, gustaba saborear en tragos cortos, whisky o alguna otra bebida blanca.

Solía realizar en los clubes de Zona Norte y barrios aledaños, festivales artísticos que organizaba con mucha dedicación, y que si mal no recuerdo, eran de entrada libre y gratuita. Recuerdo a los clubes Lavalle, Mayo, Ateneo Popular, Sporting, Centro de Fomento y Biblioteca “Mundial”, Centro de Fomento Pedro Benoit, Centro de Fomento y Biblioteca Gral. San Martín…

Había un grupo de artistas que siempre convocaba y le respondían: El Matrero Iriarte y la Estrella Rubia del Folclore (pareja de danza), Rodolfo Molinari (primer ganador de Baradero), Marquitos Mareco (cantor paraguayo), Edelfor Martino (gran recitador español), Pedro Roca y sus Musiqueros, Los Arrieros de Ipacaraí, Omar Montes, Los del Cardón, Conjunto Peñaflor, Rubén Darío, Héctor del Prado, Los Huelleros Sureños, etc. etc.

En reuniones familiares o en los asados que con sus compañeros organizaba mi padre en el campo de mi abuelo, supo y conoció mi afición por decir versos criollos. Así fue que me regaló el libro “Versos de Martín Castro” aconsejándome su lectura.

Se hizo amigo de mi casa donde contaba con el aprecio de todos, inclusive, ya casado, también mi esposa lo apreciaba, y vuelta a vuelta era uno más en la mesa familiar.

En los años de secundaria (1965 / 1969), en las clases de “Mecanografía y Estenografía”, aprendí a desempeñarme bastante bien con la máquina de escribir. Y si a esto le sumamos que al cumplir 18 mis padres me regalaron una máquina portátil, más o menos que se estaba delineando un destino de escritor. (Ya hacía un par de años que componía versos).

“P.e.p.e.” compraba blocks de hojas oficio (no resmas) y papel carbónico, y me traía escritos prolijamente de puño y letra, sus versos, que a cambio yo se los pasaba en limpio, dejándome siempre una copia y el original para que los guardara. Esta circunstancia ha provocado que yo conserve casi todo lo que escribió que sigue inédito.

En estos encuentros yo le mostraba lo nuevo que tenía que él leía concienzudamente y hacía observaciones. No era de halago fácil, se limitaba a comentar cosas como “Está bien, pero tenés que lograr un mejor remate”, por ejemplo. Hasta que un día, leyendo unos cuartetos que titulé “Viento”, se le escapó un: “¡Esto es un poema!” (forma parte del libro “De Mis Mayores”).

La misma actitud tenía cuando me veía en un escenario interpretando poesía: “en tal cosa estuviste bien, pero te faltó elocuencia en tal momento”. Íntimamente yo sabía que le había gustado, pero él, exigente, iba por la perfección.

Mor motivos que no viene a cuento comentar ahora, a partir de 12/1976 decidí abandonar la actividad artística y en esa actitud me mantuve hasta 05/1979, cuando mi padre (en ese momento vicepresidente de “El Alero”), me comentó que estaban organizando un acto en homenaje al Centenario de las Campañas del Desierto, para el que querían contar con Francisco Chamorro y mi decir.

Así se hizo, y la reunión se llevó a cabo en el salón de actos del primer piso del Círculo de Periodista que quedó chico ante la mucha asistencia de público. En la ocasión hicimos dos entradas cada uno, creo -no estoy seguro- que me tocó cerrar.

Cuando salimos del escenario con Francisco, era un amontonamiento de gente esperando para saludarnos. Fue muy especial y emotivo pues nunca antes me había pasado. El grupo se fue diluyendo, y para el final, a un costado, sin apuro, estaba “P.e.p.e”. demás está decir que me felicitó, pero… a diferencia de todos los anteriores, me hizo observaciones. Que así era él.

Entre sus muchas actividades, si no me equivoco, se había iniciado en el grupo de teatro vocacional del Club Lvalle, de donde saltó al movimiento pionero de “La Lechuza”; también fue operador de Radio Provincia cuando ésta funcionaba en el Teatro Argentino; participó de la creación del Grupo de Teatro Independiente La Plata, siendo su iluminador (allí estaba quien luego ganaría fama, Mario Castiglione; y en una ocasión, a invitación suya asistimos con mi novia a la Sala Discépolo a presenciar “Nosotros los Otros”), y hacía el final de sus día había creado un taller de teatro con un grupo de jóvenes, en los que tenía cifradas esperanzas.

Para festejar sus 60, mi madre y mi esposa prepararon una cena (algo que a él le gustaba pero que ahora no recuerdo), le hicieron una torta, se le compró un pullover para regalarle, y si bien asistió, pidió mil disculpas porque no iba a comer, porque hacía días que no andaba bien del estómago. Poco después de esto fue internado muy delicado, en el Hospital Español, donde llegué a visitarlo y sé que eso lo alegró.

La necrológica de Diario El Día del 28/06/1980, expresó: “…falleció ayer a los 60 años de edad luego de soportar una corta pero cruel dolencia.”. Un cáncer fulminante se lo llevó de apuro.

En cuanto a su sobrenombre, el siempre en los afiches lo escribía de este modo: “P.e.p.e.”.

Ojalá la vida me diera la posibilidad de publicar, en pequeña tirada, sus poemas, para poder dejar ejemplares en las bibliotecas de los clubes que frecuento con sus festivales.

A su modo, sin estridencias, puedo afirmar que fue quijote moderno enfrentando las aspas de los molinos improcedentes.

La Plata, 27/12/2024

 

 

Del Anecdotario

 

Por octubre de 1978 me interné en el Hospital Italiano donde me intervinieron quirúrgicamente, y lo que en principio se planteó como algo sencillo, me llevó a permanecer dos meses  acostado boca arriba, con sondas y otros cables que no me hacían la vida fácil. Compartía una habitación con otros dos internados, aclaro que en muy buenas condiciones hospitalarias.

“P.e.p.e.”, que siempre estuvo brindándome apoyo, estudió los pasillos, los horarios, los distintos accesos, y descubrió “falta de control” en una puerta que daba al estacionamiento interno; también probó el ingreso desde la calle a esa playa, y descubrió que después de las 20 hs. podía entrar sin inconvenientes.

Así fue que tras las curaciones y servir la cena a los pacientes, las luces de las habitaciones se apagaban, y el activo movimiento diurno se iba apaciguando. Ese era el momento en el que la puerta de la habitación se abría suavemente, y como mi cama era la más próxima, ingresaba y ocupaba la silla que estaba contra la pared, y en voz baja charlábamos un rato, me comentaba algunas novedades, si estaba organizando algo o si había escrito un nuevo poema. Cumplido ese ritual, se despedía y marchaba hacia la noche de “El Parlamento”.

Incontables veces realizó esa operación durante esos dos meses.

Nunca lo olvidaré.