martes, 19 de junio de 2012

FUERTE DE BARRAGÁN ¡Puntal de La Nacionalidad!


UN FUERTE

A escasa distancia de la Ciudad de La Plata, sobre la costa del ancho río del mismo nombre, y a unas cinco cuadras del arroyo Doña Flora, en tierras que ayer fueran del ‘Viejo Pago de la Magdalena, y hoy pertenecen al pujante partido de Ensenada, se encuentra erigido inconmovible ante el paso del tiempo el Fuerte de Barragán.
¿Quién no ha escuchado mentar alguna vez a dicho Fuerte? No únicamente lo conocen los habitantes de la zona, sino, que sin pecar de exageración creemos seguros de no equivocarnos, que lo conocen todos los habitantes del País, ya que el mismo jugó un papel importantísimo cuando el avasallante poder imperial inglés pretendió -soberbio- someternos a los designios de su bandera invasora, allá por 1806.
Pero remontémonos más en el tiempo para conocer algo más de su rica historia.

EL POR QUÉ DE BARRAGÁN
Si bien se sabe que después de proceder a la segunda fundación de Buenos Aires, al emprender su viaje de exploración y toma de posesión de las tierras ubicadas al sur del Riachuelo de los Navíos, aquel vizcaíno emprendedor que se llamó Juan de Garay procedió -simultáneamente al ir parcelando las tierras que pisaba- a entregarlas en suerte de chacras o estancias entre aquellos que lo acompañaban, no se tiene la certidumbre de quien fue el agraciado con las tierras de la zona del fuerte, ya que los designios del tiempo, quizás para poner una pizca de misterio, han podado dicho dato o lo han ocultado hasta el presente.
Sí se sabe, que hacia el fin de la centuria del 1500, las tierras próximas a la Isla de Santiago fueron dadas en merced al Alférez del Cabildo, don Bartolomé López, por Hernando Arias de Saavedra; y ya con mayor precisión en l629 las mismas fueron adquiridas al citado alférez por Don Antonio Gutiérrez Barragán, de quien y desde aquel entonces, la zona heredó su nombre.

SU NACENCIA
Mucho agua lobuna ha zarandeado el Plata desde entonces, y muchos hechos trascendentales para la historia se han desarrollado en su zona de influencia.
Según reza el monolito erigido para recordar su fundación, la misma acaeció en el año 1731 por orden del Gobernador de Buenos Aires, Don Bruno Mauricio de Zabala.
Ya en el año 1727, en base al reconocimiento del Río Santiago y adyacencias efectuado por el Piloto Juan Antonio Guerrero, se tuvo la certeza del lugar apropiado para erigir un fuerte que sirviera en la defensa de la ensenada, ya que todo indicaba que la misma era el lugar ideal para el desembarco de cualquier fuerza invasora que intentara tomar por asalto la ciudad de Buenos Aires, teniendo en cuenta además, la proximidad a ésta.
Por ese entonces y transcurridos 100 años de las compras de esas tierras por Gutiérrez Barragán, pertenecían las mismas a un nieto suyo, el Sargento Mayor Pablo Barragán.
A los tres años de su instalación, el Fuerte vive quizás su bautismo de fuego cuando tras intensos combates la guarnición propia consigue rechazar una intentona portuguesa de invasión.
Originariamente el fuerte constaba en su perímetro de una muralla de adobes cocidos y algunos cañones. Sesenta y ocho años después con motivo de la declaración de guerra entre España e Inglaterra el mismo fue ‘modernizado’ reparándoselo y adosándole nuevas baterías. Si bien fuertes crecientes del Plata lo dañaron seriamente a los pocos años, por orden del Virrey Márquez de Loreto fue reconstruido y provisto de nueva artillería, continuando su mejoramiento con posterioridad, como el acontecido en el año 1800, figurando como dato curioso que para la concreción de tales trabajos se trajeron indios de las Misiones.
Y así, viajando por las huellas del tiempo nos hemos acercado al año 1806, cuando encontrándose a su mando Don Santiago de Liniers, sus baterías abrieron fuego sobre la escuadra invasora inglesa, jugando el Fuerte de Barragán un papel principalísimo en aquella primera invasión.

REPRESIÓN DEL CONTRABANDO
Desde su fundación, el Fuerte tuvo intenso accionar en la lucha contra el comercio ílícito que desde antiguo se llevaba a cabo, apoyado fundamentalmente por los portugueses, el que se había acrecentado cuando aquellos fundan la Colonia del Sacramento en la banda oriental del Río de la Plata (hoy República Oriental del Uruguay), población que les servía como base general de sus operaciones. Pero en las mismas -ya en gran escala- no solo intervenían los portugueses, sino que también operaban franceses e ingleses muy interesados en ganar mercados para sus crecientes industrias, como así también no pocos comerciantes españoles, que gente inescrupulosa la ha habido en todo tiempo y lugar.
Una vez instalado el Fuerte, la situación sufrió un cambio como que desde el mismo salían contingentes armados en embarcaciones ligeras que atacaban a los navíos de los contrabandistas, con lo cual ya quitaban la impunidad con que habían actuado hasta entonces; asimismo no faltaron las ocasiones en que las embarcaciones que salían del Fuerte llegaran a atacar la mismísima Colonia, en la otra vera del Río.

ÚLTIMOS HALITOS DE VIDA
En los tramos finales de la Guerra con el Brasil, al librarse la batalla de Monte Santiago, el Fuerte vive aunque algo indirectamente la intensidad de las acciones.
Sus últimos e importantes escarceos militares, los sobrelleva cuando impuesto el bloqueo francés, se lo repara, se le asigna dotación de hombres y embarcaciones para su defensa.
El hecho de que una vez finalizado dicho bloqueo el estuario del Plata no se viera sacudido por otros acontecimientos bélicos, hizo que el tiempo lo cubriera con un tenue manto de olvido, pero de pie, hasta llegar a nuestros días.

EL PRESENTE Y LA POESÍA
En la actualidad, conservando su prestancia gallarda y soberana de ayer, en lo que fuera su Comandancia, se encuentra el “Museo del Fuerte”; asimismo permanecen altivos parte de sus muros originales, como también las dos garitas que servían de refugio a los centinelas y que se levantaron por 1801.
Y entendiendo que en todo esto más allá de su pasado agitado y heroico hay un algo epopéyico y poético, es que queremos terminar esta sencilla reseña, dándole la palabra a la poesía; a aquellos que vertieron trovas en su honor; los que resumieron en una estrofa, años de vida; como cuando el ensenadense José Mauricio García (“Coco” – 1926 / 1995) dice de él en la huella “Tropiando Recuerdos”:

“Atrás quedan las lomas,
el bajo acaba;
ayí está el ‘viejo fuerte’
yegué a Ensenada.”

“En busca de tu historia
mis güeyas van;
juiste estancia y paraje
de Barragán.”

O como dice Roberto Coppari en estas estrofas de la zamba “Juerte Barragán”, con las que ponemos el punto final.

“Tu pasaje por la historia
parece de mis paisanos;
sufrido, sangre y coraje
y en la paz sencillo y manso;
Juerte Barragán, tus sueños
son sueños de tus hermanos.”

“Gaucho Juerte Barragán
te quiero brindar mis flores,
pa’ que no te hallés tan solo,
pa’ poder gustar tu nombre;
de tus agallas supieron
prepotentes invasores.”

----0O0----
La Plata, 9 de octubre de 1982

(Publicado en Revista El Tradicional Nº 77)

lunes, 18 de junio de 2012

DON MARTÍN CASTRO: Poeta Cantor


          Hace 123 años, el 16 de febrero de 1882, nacía en Merlo quien estaba llamado a ser un respetado y admirado poeta popular: Julián Martín Castro.
          Indudablemente aquel partido bonaerense de hace más de un siglo, distaba mucho de éste actual que limita con Ituzaingó, Morón, Moreno, La Matanza y Marcos Paz, conformando una zona de muy alta densidad poblacional. Entonces el campo señoreaba por sí, y así lo recuerda el poeta:

“Nací en el pueblo de Merlo,
provincia de Buenos Aires,
disfruté de los donaires
y su belleza rural;
aspiré el perfume agreste
de sus pampas exquisitas,
de tréboles, margaritas 
 el encrespado cardal.” (1)

 (foto: aproximadamente 1902)

          También diría en un reportaje: “...había en el lugar unas pocas casas perdidas, la iglesia y la comisaría. Pero los maestros eran prácticamente desconocidos.” (2)
          Su núcleo familiar lo conformaban Don Martín y Doña María Lecumberry Ypar, ambos  entrerrianos, siendo del mismo origen sus abuelos paternos -D. Rosendo y Da. Elisa Ramírez-, mientras que por vía materna los abuelos eran de origen vasco-francés.
          La falta de maestros aludida más arriba, y la necesidad de tener que trabajar desde muy niño (quedó huérfano de padre hacia 1890), hicieron que llegara “a mozo sin conocer las cinco primeras letras del alfabeto. Mucho me costó aprender lo poquito que sé; quizás aprendí más en el andar de la vida que en los libros, pero no puedo desconocer que por medio de las letras me he podido comunicar...”. (3) Y agregó en otra ocasión: “Nunca tuve maestros que me enseñaran a leer ni a escribir, no fui un solo día a la escuela y eso no es bonito. No es lindo decir que uno es ignorante, pero aprendí rodando por los caminos. Aprendí solo y con mis amigos a leer y a hacer versos”. (4)
          Sobre estos últimos supo recordar que hacia los trece años pudo rimar sus primeros esbozos poéticos, sin saber muy bien como los hacía.
          También la guitarra fue su compañera temprana, y al respecto alguna vez supo referir que fue su madre quien le enseñó a tocar en ella el ritmo de milonga que lo acompañaría en sus incontables presentaciones durante su larga vida.
          De sus composiciones explicó que “...en mis versos, nunca me he preocupado por la forma, que quedaran bien y que fueran bonitos. Lo que siempre he cuidado, y a veces a expensas de la forma, fue la idea. Mis versos eran ideas. Y así como tales, yo las cantaba acompañado de mi guitarra.” (5)
          Criado a campo, como que peonó desde muy chico (peón de patio) en la estancia “La Choza” de Bernardo de Irigoyen, en Gral. Rodríguez, ya mozo, con la cuchara de albañil en una mano y la guitarra en la otra, se avecinó a los suburbios y centros proletarios. Y supo cantarle a esos dos paisajes, a esos dos mundos: evocó al gaucho y sus costumbres, cantó al obrero y las injusticias; y supo ser preciso en ambos casos, se diría más: auténtico.
          “Hay una exacta alternancia entre el campo y la ciudad; entre el cardo de las soledades gauchas y el yuyo de los arrabales proletario. En su rebeldía une a ambos universos de desdichas.” (6)
          Rebelde por la justa causa de ponerle voz al drama de los oprimidos y desposeídos, adhiere al anarquismo, movimiento en boga en las décadas iniciales del S. XX; él mismo evocaría: “He estado en el anarquismo, entendí el anarquismo, y todavía lo entiendo hoy .(...) el anarquismo exacto es como el cristianismo, pura bondad”.(7)
          Dicen las mentas que el aviso de su nombre en un bodegón, glorieta o salón popular, era suficiente para convocar al público trabajador, el que entusiasta se congregaba “al solo anuncio de que el “El Cantor del Pueblo” figura en el programa”. (8)
          Y junto con el público era común se hicieran presente un par de agentes de policía de la Comisaría de la zona, la que casi con seguridad terminaría visitando como consecuencia de los reclamos sociales de su canto, que como dijo Fermín Chávez “su obra se caracterizó por sus preocupaciones sociales”, o como reafirmó Américo Barrios desde su columna de Crónica, el 25/10/1971, evocando su desaparición: “Su verso se adornaba de música pero contenía la pólvora de la rebelión social”.
          Por suerte, de aquellas detenciones pudo salir indemne, ya que como contaba “Nunca me apalearon... mis versos me salvaron... porque no había policía que no los hubiera leído...”(9)
          Este pacífico revolucionario que esgrimía el arma del canto, la guitarra y su verdad, fue un continuador del reclamo hernandiano, o si se quiere, un precursor del posteriormente conocido como ‘canto de protesta’; vale entonces leer lo que expresara Ernesto Sábato: “El ha sido el gran payador anarquista de nuestro país. Un anarquista que, por supuesto, canta -también- a la bandera azul y blanca. Como gran criollo que es. ¡Canciones de protesta! Creen que es una novedad... Pasa que los que antes la hacían iban a la cárcel. Los que las hacen ahora, en cambio, ganan millones con los discos.”
          Y más allá del éxito de algunos de sus temas (tal el caso de “El Huérfano”, que incluso se internacionalizó), siempre vivió dignamente pero, con lo justo, producto de sus labores -entre otras- como albañil, al frente de un corralón, o posteriormente de su empleo en Salud Pública. Por eso dijo alguna vez: “Yo no he tenido éxito como poeta, he tenido éxito como amigo” (10). Y vale aquí una referencia a su amigo D. Justo Monroy: “Lo conocí por el barrio de Boedo (...). Tenía una casa de forrajes, cinco chatas armadas con buenos fletes, conocida en el Once, por ‘La Tropa del Porteño’. En esos tiempos yo cantaba por glorietas de Boedo; en San Juan y Colombres y Parque de los Patricios, etc. Un día vino a verme y me dijo: He comprado dos lotes de terreno en Ciudadela y los he puesto a su nombre, aquí tiene los papeles, yo le mando con mis chatas todos los materiales y usted que es albañil, se levanta el rancho”. (11) Y esa fue la morada que habitó hasta sus últimos días.

          Poco dado a expresar preferencias literarias, quizás, como le confiara a Lafuente, “Yo debo confesar que el poeta Alberto Ghiraldo fue mejor que todos nosotros, que todos aprendimos de él”. (12) (13)
          Asimismo, aunque afecto al canto repentista del payador -en el que admiraba a Acosta García y a García Morel-, no gustaba de trenzarse en contrapuntos, prefiriendo presentarse como solista; es que del canto alterno opinó: “¡Es un arte muy difícil... y para no hacerlo muy bien, más vale no hacerlo!
          En cuanto al decir gaucho, estuvo en la línea de los poetas de la primera mitad del siglo pasado, donde los dramas rurales tuvieron amplia repercusión popular, tal el caso de su “Juancho el desertor”, de “La Duda” o “Rastros que acusan”, por citar tan solo tres poemas.
          Abundante ha sido su obra editada, que acá reseñamos: “Armonías Libertarias” (1920), “Guitarra Roja” (1928), “Marlo y Chala” (1939), “Camino del Payador” (1949), “Chispazos de Fogón” (1950), “Versos de Martín Castro” (1950), “El Huérfano” (1952), “El Fogón de Don Martín” (1964), “Los dos tocayos” (1970). Póstumos: “El Adiós de Don Martín” (1973) y “La Vuelta de Martín Castro” (1992).
          A estos se suman “Los Gringos del País” (con una 2º edición de 1967 que se llamó “Contrapunto”), “La Canción de los Mártires” y “Versos del Pueblo”. También en Uruguay se publicó una obra suya bajo el título de “Hachando los Alambrados”.
          Muchos han sido los intérpretes de sus versos que han quedado en el registro discográfico, desde Ignacio Corsini a Horacio Guarany, pasando por Edmundo Rivero, Alberto Merlo, Oscar del Cerro, Héctor del Valle o Curbelo-Ayrala, por citar tan sólo algunos.
          En su larga vida de poeta y cantor supo granjearse el cariño y el afecto del pueblo trabajador que siempre le fue fiel, y que llevó a que Bernardo Verbisky lo denominara en 1955, desde las páginas de Noticias Gráficas, como “El más completo de los poetas populares”.
          A tres décadas de su desaparición física, acaecida el 7/04/1971 a los 89 años, su nombre no sólo no ha menguado brillo, sino que ha ganado prestigio, al punto que a la fecha tres calles ciudadanas recuerdan su nombre.
          Valga para cierre, su autodefinición: “Lo que yo hice fue vivir una vida brava, pero dándole el frente; aún, cuando iba preso, un día si y el otro también. He sido, todo lo que he sido, que era lo que quería ser; si tuve coraje fue porque al miedo me lo comí siempre.”

Notas:
(1) “Presentación” – El Fogón de Don Martín (27/10/1964)
(2) Nota de Diana Castelar
(3) El Fogón de Don Martín (datos en solapas)
(4) (12) “Martín Castro, el payador libertario”, por Miguel A. Lafuente (Todo es Historia Nº
          161 – 10/1980
(5) (7) “Autobiografía” (inédita)
(6) “Temas sociales de un poeta popular” – Crónica 20/02/1967
(8) Prólogo a “Guitarra Roja” (1928) por Fernando Gualtieri
(9) “Martín Castro gran poeta popular” – Carlos Echazarreta, Revista “Ñandubay” 15/01/56
(10) “Martín Castro a los 86 años” – Clarín 19/02/1968
(11)La Vuelta de Martín Castro”, por Numen Castro – Rev. Pal Gauchaje Nº 51 (08/1991)
(13) Poeta rebelde nacido en 1875 en la bonaerense ciudad de Mercedes, y fallecido en Santiago de
      Chile el 28/03/1946, en la mayor pobreza.

(Publicado en El Tradicional Nº 57, 02/2005)

jueves, 14 de junio de 2012

ORIGEN DEL GANADO VACUNO

-distintas vertientes-

Según se desprende de varios documentos, parece que en 1552 habían salido ciertos españoles de la Asunción, en viaje a San Vicente, en la costa del Brasil, con el fin de traer vacas, inexistentes hasta entonces en el Paraguay. Llevaban para la compra cantidad de piezas labradas de oro y plata tomadas a los indios y provenientes del Perú (...)
Las vacas de San Vicente debían valer un Perú entonces.
Es bien conocido el párrafo de “La Argentina”, de Rui Díaz de Guzmán, en el que relata la introducción al Paraguay de las por él llamadas “siete vacas de Goes” y que ha servido hasta hoy de irremplazable introito a la historia de nuestro ganado bovino.
(ilustración de Manuel Pintos Rosas, ca. 1957)
La segunda introducción al Paraguay fue la efectuada por Felipe Cáceres y sus acompañantes en 1568, desde Santa Cruz de la Sierra, con lo que el vacuno, introducido al Perú por el Pacífico, vino a juntarse en la Asunción con el entrado por el Atlántico. (...)

Garay ha dejado escrito, que al llegar a la Asunción la expedición de Cáceres, valía allí una vaca trescientos pesos, lo que demuestra que la descendencia de las “siete vacas de Goes” no debía ser aún muy numerosa. No hay constancia del número de cabezas que se trajeron de Santa Cruz de la Sierra; pero parece que excedió de varios cientos.

Reforzado el rodeo asunceño con este nuevo aporte, su desarrollo fue rápido (...)

Consta, en efecto, que Garay, al fundar en 1573 la Ciudad de Santa Fe, llevó allí ganado vacuno procedente de la Asunción, y poco después envió a Córdoba al capitán Juan de Espinosa, quien por su orden trajo vacunos a esta ciudad, y posteriormente se trajeron también de Santiago del Estero, con lo que nuevamente se juntaron ambas corrientes, la entrada por la Mar del Sud con la del Mar del Norte. En efecto. El ganado cordobés y santiagueño proviene, según mis investigaciones, de dos entradas: la una efectuada por Coquimbo en 1557/8 por un lugarteniente de García Mendoza, gobernador de Chile, y otras contemporáneas de esa fecha, efectuadas por los propios pobladores, desde Charcas al Tucumán.

Nueve años después de fundada la ciudad (de Buenos Aires, o sea en 1590) viene un fraile pretendiendo las vacas alzadas... (primer indicio de que ya había hacienda cimarrona producto de aquellas primeras pobladoras).

Hasta 1650 el ganado va internándose en la pampa, y se hace muy poco consumo de él (...)

En los comienzos de la segunda mitad del Siglo XVII (centuria 1600) las recogidas de ganado se hacen muy cerca de la ciudad, en Luján, Monte Grande, Magdalena, las Conchas; (...)

El capitán Juan de la Cruz Gaitán (alcalde de la Santa Hermandad al Sud de la ciudad, en los pagos de La Matanza y Magdalena), procedió con minucia, a un censo del ganado vacuno, pues hizo parar rodeo en cada estancia y contó la hacienda él mismo ante dos testigos. El resumen efectuado por mi (Coni) es el siguiente (En el Pago de la Magdalena):

Estancia de José de Arregui........2000 cabezas
Otra idem ..................................4600    “
.Gonzalo Billoldo..........................500    “
Capitán Juan Baez de Alpoin.......1050    “
Antonio Barragán............ ...........3500   “
Alférez Bernardo Lara...................300   “

Total: 11.950 cabezas de ganado vacuno.

Fuente:
"Historia de las Vaquerías de Río de La Plata 1555-1750", de Emilio Coni (1956)
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       (ilustración de Alberto Güiraldes) 


El ganado vacuno del Río de La Plata tuvo su origen en las vacas y el toro que condujo Garay desde Asunción, en 1573 y 1580, a las fundaciones de Santa Fe y Buenos Aires, y en las haciendas que en sucesivos arreos se trajeron desde Córdoba y Santiago del Estero para socorrer a Santa Fe en los primeros años de su existencia. Esos vacunos del Paraguay y del norte argentino reconocían, a su vez, distintas procedencias, pues mientras que los de Asunción, en parte, se derivaban de los animales llevados a esa ciudad desde la colonia portuguesa de San Vicente, entre los años 1555 y 1560, los de Santiago del Estero y Córdoba habían sido traídos desde Chile y Perú, más o menos por esos mismos años, por los conquistadores españoles.

Si se tiene en cuenta que los bovinos del Brasil fueron llevados a Bahía desde las islas de Cabo Verde, y que los del Perú, Chile y otras colonias españolas de América descendían de los conducidos en los primeros tiempos de la conquista desde la península ibérica e Islas Canarias se comprenderá el infinito número de tipos y variedades que se formaron al cruzarse libremente las distintas razas introducidas. No debe sorprender, entonces, que, a poco más de dos siglos de la llegada del vacuno al Río de La Plata, Félix de Azara nos señale la presencia en estas latitudes de haciendas con los pelajes más variados, de toros con grandes cuernos al lado de otros mochos, de vacas “ñatas”, etc.

Es bien conocida la extraordinaria difusión que alcanzaron los vacunos en nuestras pampas al encontrar un medio que por sus fértiles pastos y abundantes aguadas les era ampliamente favorable. Nadie ignora, asimismo, la poderosa influencia que ejercería ese ganado en la formación de la estructura económica y social de la colonia.

Fuente: "Historia de los Saladeros Argentinos", de Alfredo J. Montoya (1970)

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Del ganado vacuno fue centro de población el Paraguay, aunque llegaron a Salta desde Potosí en 1549/50 y desde Chile en 1552. En 1555 llegó a Asunción el portugués Goes, con 7 vacas y un toro de origen holandés. Después de desembarcar en el golfo de Santa Catalina, los hermanos Goes cruzan la selva brasileña, bajan por el Paraná y luego remontan el Paraguay; en pago, según la tradición, reciben una vaca, prueba elocuente del enorme valor que entonces tenían los animales. Dos años más tarde llegan los primeros vacunos a Santiago del Estero, desde La Serena (Chile) arreados por Pérez de Zurita. Posteriores introducciones aumentaron las limitadas existencias ganaderas; mencionaremos por orden cronológico las más importantes. En 1569, Felipe de Cáceres, teniente del Adelantado Ortiz de Zárate, a quien acompaña Garay, llega a Asunción desde Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), con abundante ganado vacuno, yeguarizo y ovino. Los vacunos, como todos los traídos por los españoles, eran de la raza denominada ibérica, variedad andaluza y portuguesa; el ganado criollo que luego originaron responde con mucha fidelidad a ese tipo, cuyo representante actual sería el ganado de lidia.

En 1573, Garay funda la ciudad de Santa Fe, a la que dota de ganado vacuno y ovino sacado de Asunción; posteriormente se llevan a esa ciudad vacunos adquiridos en Córdoba y Santiago del Estero. Al repoblar Buenos Aires (1580), Garay trajo también ovinos. Hacia 1587, Alonso de Vera y Aragón introduce vacunos y 4000 ovinos del Perú que se distribuirán luego por Santa Fe, Buenos Aires y Corrientes. Al fundarse esta última ciudad (1588) llegan de Asunción 1500 cabezas, entre vacunos, ovinos y yeguarizos.

Fuente:
"Historia Económica de la Ganadería Argentina", por Horacio Giberti (1985)

domingo, 20 de mayo de 2012

APUNTES SOBRE EL PAYADOR


Payador es decir memoria. Canto primigenio. Aedo universal que encontró en América campo fecundo para reproducirse, y en la cuenca del Plata el sitio ideal para agaucharse.
Siempre estuvo donde tuvo que estar: en el despertar de un mayo auspicioso, en el júbilo de un julio de ensueños, en las expediciones de un ejército ilusionado, en el fragor de los preclaros provincianos; en todos los sucesos que justificaran su presencia.
Desde aquellos anónimos sin nombre para la historia, hasta el Gabino que le fijara un rumbo; y de él a los exponentes de estos primeros escarceos del Siglo XXI, mucho tiempo ha transcurrido, y mucho han cambiado las cosas con el tiempo. Pero lo que no cambió es la vigencia del canto payador. Canto que con las intermitencias propias de la vida, siempre ha estado y es de suponer que siempre estará, porque ni la globalización ni las comunicaciones del ciber-espacio podrán quitarle a su expresión la impronta repentista que es el encanto de ese arte, sorprendente ejercicio de mentes ágiles capaces de cantar con forma, métrica y rima, sobre los temas más dispares y en los más variados ritmos.
Y como que los payadores son hombres, lógico es que algunos de los estuvieron ayer hoy no estén; que así se forma el sedimento de la vida, cantera inagotable capaz de generar depósitos notables con la memoria de los que se han marchado pero han dejado la sustancia de su estro.
Valga entonces evocar a Rodolfo Lemble (1947 / 2003), aquel cantor de Maipú, Madariaga y Ayacucho, que radicado en La Plata volcó todo su impulso hacia el canto repentista convirtiéndose en un referente de seriedad y profesionalismo en eso de izar la enseña del canto payador como un emblema de identidad genuino y blasón criollo. Supo Rodolfo cruzar guitarra con todos los argentinos y muchos orientales, y su hombría de bien se reflejó airosa en su decir sencillamente paisano y auténticamente repentista.
Y vuele también la pluma del recuerdo por la memoria de Víctor Nicolás Di Santo (1941 / 2005), el hombre identificado con su Ciudad de Boulogne (San Isidro), de la que salió hacia los cuatros rumbos cancioneros con un mensaje payador, y a la que siempre regresó por ser querencia.
La preocupación de Di Santo por los orígenes de su arte y sus intérpretes, devino en el historiador que investigó minuciosamente, documentando con fundamento los distintos sucesos del arte que amaba.
Por Rodolfo y Víctor que hoy no están, vibrarán las guitarras hermanas y trinarán las gargantas de los que siguen estando, alzando los versos que en el momento dicte la mente respondiendo a la consigna: repentista e improvisado es el verso.
Sirvan los “Encuentros” para refrescar los sueños, para reverdecer las esperanzas, para decir “como ayer, hoy estamos y mañana estaremos. ¡Es promesa!”

(Publicado en el programa del “2do Encuentro de Payadores Rioplatenses”, 21/08/2005)

sábado, 5 de mayo de 2012

ANA BEKER - La Amazona de las Américas - A 30 Años del Adiós


Entre 1925 y 1928, Aimé Félix Tschiffely -con “Gato” y “Mancha” -, abrió el camino, marcó el rumbo, pero sobre todo demostró que se podía cabalgar las Américas de punta a punta.
A la fecha varios son los jinetes que han cumplido exitosamente el difícil desafío, inclusive ampliando el periplo ecuestre, pero que entre ellos hubo una mujer, poco se sabe. Y como casualmente en este diciembre del Año del Bicentenario se cumplen tres décadas de su desaparición, veintiséis años después de cumplida su marcha americana, es que queremos recordarla.
Casi todo lo que de ella sabemos proviene del libro que publicara a su regreso triunfal en 1954, y ¡por suerte que lo hizo!, porque de no haber sido así probablemente ignoraríamos su hazaña.
Ocurrió que al iniciar la marcha lo hizo con el público apoyo de Eva Perón y el reconocimiento oficial del gobierno, y como aproximadamente al año de su retorno el gobierno fue derrocado y todo lo de esa época se transformó poco menos que en mala palabra, la hazaña de Beker fue ganada por el desconocimiento y el olvido.
Pero… ¿quién era esta valiente mujer?
Bonaerense de Lobería, nació en 1921 en un hogar campesino, con padres de origen letón; luego la familia se afincó en Algarrobo, partido de Villarino, donde se crió en una existencia chacarera.
Enamorada de los caballos y el recorrer distancias, su primera “travesura” fue una marcha de 1400 kms., desde La Pampa hasta Luján, en un doradillo llamado “Clavel” la que concretó en diecinueve días. Luego, en dos caballos que le hiciera facilitar el Presidente Ortiz (“Zorzal”, un overo azulejo, y “Ranchero”, un doradillo), recorrió durante diez meses, la geografía del mapa patrio, denominado entonces de “las catorce provincias”, acabando el mismo en 1942.
Alentada, aunque no conforme con lo hecho, y pretendiendo emular a sus predecesores Tschiffely y Soulé, se propuso unir Buenos Aires, con Otawa, en Canadá.
Al respecto, cuenta Santiago Ferrari, que tras asistir Ana a escuchar una charla del jinete suizo, al finalizar la misma se le acercó a saludarlo y le dijo: “Yo voy a hacer el mismo viaje que nos ha contado usted”. Entonces Tschiffely, la miró asombrado, sonriendo, sin saber que decir. “Sí -insistió ella-. Yo voy a ir a caballo, como ha ido usted, a la América del Norte. Y más lejos que usted. Iré a Canadá. Me llamo Ana Beker”. Tschiffely se puso serio y se limitó a contestar: “Me parece muy bien. Pero no pase por el altiplano”.
No es necesario aclarar que nuestra heroína no le hizo caso, aunque valga que evocar que no le fue fácil.
Como ya hemos dicho el espaldarazo de Eva Perón le permitió concretar -a la edad de 29 años- su sueño, y así el 1° de octubre de 1950, desde la Plaza del Congreso, daba la puntada inicial de su largo periplo. Sus dos compañeros, ambos alazanes y de siete años, eran “Príncipe” (que además era ‘malacara’) y “Churrito”. Al primero se lo había obsequiado Manuel Andrada, al otro Pedro Mack, y eran ambos caballos de polo.
Cuarenta y cuatro meses duró su travesía; cuarenta y cuatro meses difíciles, duros, azarosos, en los que debió vencer adversidades, repechar desamparos, superar indiferencias; visitó primeros mandatarios, convivió con aborígenes, fue retenida por grupos insurgentes, y sufrió robos y asaltos.
Distintas circunstancias hicieron que se viera obligada a utilizar en su andar una media docena de caballos, encontrándose acompañada de “Furia” y “Chiquito”, cuando el 6 de julio de 1954 desmontó frente a la Embajada Argentina, en la ciudad canadiense que se había fijado como meta. Tres años y ocho meses le había insumido la marcha.
Valga aclarar que montaba en esos dos guapos pingos de 1951, cuando cruzara por Perú. “Chiquito” era un alazán ‘maneado de atrás’ (de 4 años y medios, al momento de recibirlo), y le fue entregado por el Ministro de Guerra por orden presidencial. “Furia” era un zaino con estrella en la frente, y le fue obsequiado por la Guardia Civil y Policía.
El 27 de septiembre de 1954, con el viaje costeado por la Presidencia de la Nación, en el barco “Río Tercero” arribó al puerto de Buenos Aires junto a sus dos fieles compañeros, siendo recibida por “una cantidad regular de gente”, tal lo acotado por el ya citado Ferrari. Entre ellos un grupo de jinetes encabezados por su inseparable amiga Virginia Salusoglia, conformaron una recepción emocionante.
Con los años sufrió una internación en el hospital Español de Lomas de Zamora, hasta que tiempo después fue trasladada a Bahía Blanca donde residían algunos hermanos, y donde finalmente falleció en un instituto geriátrico, el 17 de diciembre de 1980 a la edad de 59 años.
Hace algunos años la Biblioteca Municipal de Lobería llevaba el nombre de “Ana Beker”; esperamos que siga así.
Y digamos por último, que el año de su fallecimiento, según información periodística de Esther Serruya, la Cámara de Diputados de la Nación sancionó un proyecto de resolución para acuñar una moneda de plata y un diploma para honrarla. No sabemos si esa distinción llegó a tiempo”.
Bien vale, entendemos, evocar a modo de tributarle honores, a esta criolla argentina que le demostró a los hombre y al mundo, que los imposibles no existen cuando existen voluntad, tesón y sacrificio.
La Plata, 17 de octubre de 2010

Fuentes: su libro “Amazona de las América” (ediciones La Isla, 1/1957); “Ana Beker, amazona continental” por Santiago Ferrari (Revista El Caballo, 11/1954); “Ana Beker no merece el olvido” por Esther Beatriz Serruya (Diario La Nueva Provincia, ¿/1981); “Ana Beker amazona de las américas” por Carlos R. Risso (Diario El Día, 24/12/1998).   

(Publicado en el Nº 98 de Revista "El Tradicional")

VÍCTOR ABEL GIMÉNEZ - Haciendo un poco de Patria: "Yuyos"

Hace 60 años contraían enlace en Mar del Plata, Nydia Leila Vázquez y Víctor Abel Giménez, y fieles a aquellos mandatos de “juntos para toda la vida” y “lo que el Señor unió, no separé el hombre”, han llegado al presente, juntos y unidos.
Y como desde hace ya varios meses él se encuentra atravesando un delicado cuadro de salud, ella ha tomado en sus manos la responsabilidad de concretar el paso que al esposo le faltaba.
¿Qué de qué hablamos? Que a los 84 años de edad, el célebre “Vasco”  de las gaucherías, Víctor Abel Giménez, arribó a la edición de su esperado primer libro: “Yuyos”. Corría septiembre de 2006.
Y si bien la obra había sido presentada en la Feria del Libro de Mar del Plata, Fiesta Nacional del Gaucho (Gral. Madariaga) y en “Escuela, Campo y Foklore” (Tandil), poco y nada se sabía por C.F. y zonas vecinas. Yamandú Villafán y Benito Aranda, en sus audiciones, habían dado el grito de alerta.
“Yuyos”, como canta el autor al comenzar a desandar el poemario, tiene un destino: “Sin saber, también, / por qué, ni cómo, / han nacido estos versos / en mi vida, / es por eso, no más, / que yo los llamo: yuyos, / color de mi esperanza, / pa’ vos, tierra querida.”
El autor -que nació en “La Rinconada”, Cnel. Vidal (antiguo ‘Arbolito’) el 9/01/1922 en el hogar formado por Victorina Martina Rípodas y Luis Santos Giménez- vivió desde los 21 años en la “Perla del Atlántico”, hasta que en el año 1990, desprendido ya de obligaciones laborales y radiales, decidió regresar a la zona rural de su pago natal, su “Arbolito” querido, más precisamente al campo “La Lomita”, para sentir de cerca las vibraciones telúricas, para insertarse en el ambiente campero, para ver y pisar -cotidianamente- esos yuyos que “visten de color, todo el paisaje” y que “han nacido, tal vez / como al descuido, / sin  una mano gaucha / que los plante.”.
            Y allí, en esa etapa de su vida nació el libro, al que dan cuerpo y alma 49 composiciones, divididas en tres secciones: “Yuyos Cercanos” (Al Perro, Pajarito de la Patria,  Rancho, Fogón, Molino de la Tapera, El Estilo, etc.), “Yuyos Lejanos” ( Coplas del que se ausenta, Guitarrero, A mi Manta Baya, Zamba Tucumana, De Mis Cerros, etc.), y “Yuyos de la Patria Toda (Canto a la Patria, Pericón, Zamba, Romance de la López Pereyra, Chacarera, Cueca Cuyana, La Cifra, El Chamamé, etc.). Obras inéditas, nuevas, que el autor pergeñó pensando en “su libro primogénito”, y que como se vislumbra en esos títulos alude a composiciones que recorren el territorio nacional, y que, como nos confía su siempre eficiente colaboradora Perla Carlino, escribió tecleando su vieja máquina Remington.
Bien podría “El Vasco” haber llegado hace tiempo a la publicación de un libro, pero... sistemáticamente se había venido negando, hasta que, después de haber grabado “Muy Buenas y Con Licencia” para el sello Cristal Music, quizás comenzó a pensar en hacerlo, sobretodo ante la constante insistencia de sus más allegados.
Giménez es uno de los autores más cantado por los intérpretes del canciónero folclórico, y no solo los sureros, que él supo pasear de la mano de su musa inspiradora, por todos los rincones del país, siendo más de 100 los títulos grabados entre los que a modo de ejemplo podemos citar: “Se quema el rancho” (ranchera), “El poncho de Dorrego” (zamba), “Por las trincheras”, “Romance del vidalero” (zamba), “Correntino hasta morir”, y “Entrerriano y de a caballo” (chamarrita).
             Pero ha sido quizás en la temática pampeana donde más ha trascendido con títulos como “De la huella larga”, “Llenar de coplas el campo”, “Antes supimos tener”, “Los blancos de Villegas”, “Este oficio de cantor”, “El Mulato Guevara”, “Las Meyizas”, “Pulpería La Colorada”, “Soy de Arbolito” o “Milico muerto”; y poemas como “Un peón... segundo Molina”, “Cosas que pasa”, “El Pampa Rosendo”, “Un perro muerto... nomás”, “Del tiempo de la maroma” y “Lonja y guitarra”, estos dos últimos interpretados por Miguel Franco, y acá viene a cuento recordar que fue libretistas de sus recordados programas “Las alegres fiestas gauchas” y “Surcos estelares”, y que formó parte del equipo que llevó adelantes aquellas multitudinarias fiestas de canto y jineteada de los años 60/70, que también originaran un disco larga duración que interpretaban Alberto Merlo, Víctor Velásquez. Argentino Luna y Los Indios Tacunao, con todos temas de “El Vasco”, como “Reservado” (cifra), “Pa’ la gente de trabajo” (milonga), “Apadrinador”, “Jinete” (milonga), “Espuela” (estilo), “Jineteada” (milonga), “Palenque” (cifra), “Sentencias para el jinete” (poema), entre otros temas.
               El Vasco Giménez ha sido hombre de escenario, radio y televisión, patriarca en Mar del Plata en estas lides, donde se recuerdan “Folklore junto al mar”, “Folklore de cuatro rumbos”, “Motivos musicales argentinos”, “Buenos Días, Señor día (20 años consecutivos en el aire por LU 6); “Patria adentro y campo afuera”, “Muy buenas y con licencia”(LU 22 Radio Tandil); y “Mangrullo 10” (Canal 10) y “Rastrillando” (Canal 8); como así también “Encuentro Criollo”, por el capitalino Canal 11.
             Toda esa actividad se ha visto distinguida por importantísimos premios, como “Martín Fierro” de Aptra, “Santa Clara de Asís”, “Cruz de Plata Esquiú”, “El Payador” (Radio Provincia), “Distinción Trayectoria” (AAET), “Llave de Oro” (Radio Popular de Lugo, España), y no son todos...
               Anduvo muchas huellas del país animando festivales: Fiesta Nacional del Trigo y Festival de Doma y Folklore de Jesús María (ambas en Córdoba); Fiesta de la Ganadería (Victorica, La Pampa), “A Lonja y Guitarra” (Cañuelas, Lobos, Pehuajó, Balcarce), “Fiesta Nacional del Gaucho (Gral. Madariaga), “Fiesta de la Papa (Cdte. N. Otamendi), “Fiesta de las Tropillas” (Lobería), por citar las más conocidas, hasta que animando la “Primera Fiesta Nacional de la Esquila”, en Río Mayo, Chubut, en 1986, se sintió cansado de recorrer distancias, y dijo adiós a esa actividad que lo tenía como un destacado.
           Ha pasado mucho tiempo desde que aquel niño de escuela primaria que escribía las composiciones... ¡en verso!; de aquel muchachito que cantó tangos y que integró el conjunto vocal “Tierra Querida”, y de aquel recitador que se presentaba como “El Chasqui”. Toda esto hoy se corona con las páginas de un libro, libro que hubiese puesto muy contento a su tío Alejo Rípodas, aquel que a más de ser su amigo supo inculcarle el amor por lo nuestro.
                Hay un nuevo libro y no es un libro más. Y en esto hay que reconocer y resaltar la actitud de Nydia, el empuje y el empeño, cuando, sin saber nada de cómo editar un libro, se propuso concluir lo que el “Vasco” había iniciado y la salud le impedía terminar, agregándole su toque femenino con muchas de las viñetas a tinta china que dibujaba para ilustrar las páginas que conformaban las carpetas del esposo poeta, y que ahora engalanan el libro.
                “Defender la Identidad Nacional ha sido el lema permanente de Víctor Abel Giménez, y algo de eso trasuntan los versos finales de “Vertical”: “Por más que’l canto de afuera / quiera en tierra mandar / y apuntalen a otras voces / los gringos con un platal... / siempre el recuerdo del gaucho / será lo tradicional / y seguirá nuestra copla / cantando a la libertad... // El canto de nuestra tierra / nació pa’ ser vertical.”
                   Siempre han de estar los yuyos, porque nunca se entregan, perseveran, y retoñan. Y  así ha de ser este libro, eterno reflejo de un buen argentino.
                                                                          La Plata, 30 de junio de 2007
(Publicado en el Nº 30 de revista "De Mis Pagos")

Don FELIX COLUCCIO - El Gran Folclorólogo


Sobre el cierre del número anterior informábamos del fallecimiento de Don Félix Coluccio, acaecido el 4 de agosto, a la edad de 93 años.
Digamos de él que había nacido en la ciudad Buenos Aires el 23/08/1911, dedicando su larga vida, apasionadamente, al estudio del folclore argentino y latinoamericano.
Maestro, profesor de geografía y de educación física, de su amistad con el consagrado estudioso Augusto Raúl Cortazar –quien le sentenció “te voy a pasar el veneno del folklore”-, devino su dedicación al estudio y la investigación folclórica que vislumbró cuando dictaba Geografía Humana.
Hace ya mucho, corría 1948, sorprendió al mundillo de la investigación con la publicación de los dos volúmenes de su “Diccionario Folklórico Argentino”, al que continuó mejorando y ampliando a lo largo del tiempo, llegando en la actualidad a las diez ediciones.
Sus tareas de campo lo llevaron a los rincones más apartados y recónditos de Argentina y naciones hermanas como Bolivia, Uruguay, Paraguay, Chile y Méjico; a lomo de caballo o de mula, a veces a pie, otras en vehículos de Gendarmería, y también en algún transporte facilitado por un lugareño, llegó para mimetizarse con la comunidad o el rancho que visitaba, despojado de los apuros y urgencias de la vida ciudadana, con la paciencia y la observación necesaria, hasta poder escuchar tras varios días, naturalmente y sin presiones, el relato o las referencias en cuya búsqueda había ido.
Su encomiable dedicación fructificó en cuantiosos libros –más de cincuenta-, de los que a modo de ejemplo además del ya nombrado citamos: “Diccionario de Voces y Expresiones Argentinas”, “Diccionario Folklórico de la Flora y la Fauna de América”, “Diccionario de Creencias y Supersticiones Argentinas y Americanas”, “Diccionario de Juegos Infantiles Latinoamericanos”, “Fiestas y Celebraciones de la República Argentinay  “Presencia del Diablo en la Tradicional Oral de Iberoamérica”.
De las muchas distinciones obtenidas por su trabajo, no podemos dejar de mencionar la Faja de Honor de SADE nacional en 1953; la declaración de Ciudadano Emérito de la Cultura Argentina por parte del gobierno nacional en 1999; el homenaje en 2002, de la Academia Argentina de Letras, por considerarlo “decano de los folklorólogos de nuestro país y uno de los más respetados del continente”  atento también a su permanente “vocación de servicio”; la declaración de Académico Honoris Causa por la Academia Porteña del Lunfardo, en octubre de 2003, y el Premio Konex de Platino otorgado en noviembre de 2004.
Ocupo altos cargos e integró destacadas instituciones, por ejemplo fue Subsecretario de Cultura de la Nación en 1974/75, Director del Fondo Nacional de las Artes en dos períodos, primero en 1973/74 y luego de 1984 a 1991; fue Miembro de la Academia Nacional de Geografía y también de la Academia Nacional del Tango. Y lo enumerado no es todo.
Su particular forma de ver e interpretar el saber folclórico y el acervo tradicional lo diferencio y enfrentó con otras concepciones de estudio, incluso con la del creador de la ciencia folclórica, Willams J. Thoms.
En nota de Sánchez Zinny, en “La Nación”, éste dice: “Don Félix no ve en el folklore algo del pasado: interpreta sus formas cristalizadas como simples momentos de cosas que luego siguieron evolucionando. Con socarrón respeto se ríe por lo bajo de esas limitaciones de que ya no hay más gauchos o compadritos, o lo que fuese. ‘Están acá, somos nosotros, sólo que como no podemos ser en todo como antaño, en ciertos aspectos somos distintos’”. Y remató en otra ocasión respecto de la existencia del gaucho que “el mundo cambia y el hombre con él”. Y agrega Zinny, “a su juicio, el gaucho no murió ni se extinguió: transfigurado se hizo paisano, se hizo peón, se hizo chacarero, emigró a la ciudad y ahí fue obrero y compadrito y comerciante, y estudió, y somos nosotros, gauchos verdaderos y cabales, aunque no nos demos cuenta”.
Por supuesto que se puede discrepar con su interpretación del suceso, lo que no se puede es dejar de reconocer su total dedicación a la investigación y la honestidad al expresar su convencimiento.
Falleció en su ciudad natal diecinueve días antes de cumplir 94 años. Sus restos fueron depositados en el Cementerio de la Chacarita.
Es de desear que sus hijos -Marta, Susana, Amalia y Jorge-íntimos conocedores y partícipes de sus métodos investigativos, den continuidad a su notable labor en bien del propio conocimiento.
La Platas, 23 de octubre de 2005
(Publicado en el Boletín de la AAET en 12/2005)