lunes, 8 de julio de 2013

GUILLERMO ALCIDES VILLAVERDE

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 6 – 23/04/2011
Con su licencia, paisano!
Acomodado en la cocina grande, junto a la venta para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

Guillermo Alcides VILLAVERDE, nació en Pagos de Henderson el 15/05/1941.
Hasta los 18 años estuvo como peón en la estancia “San Carlos”, del paraje Estación María Lucila, ubicado entre Henderson y Bolívar (Buenos Aires).

Tras la baja del servicio militar hacia 1964, se establece en La Plata, donde su afición al canto, la guitarra y la danza, hace que rápidamente se vincule al movimiento folclórico local, volcándose decididamente hacia las expresiones de cuño tradicional.
Su afán por difundir la conciencia tradicional lo llevó a ejercitar su prédica criolla desde los micrófonos de ésta Radio Universidad, con “Guitarreando en la matera”, junto a Francisco Chamorro (1971) y “Del saber popular” -éste con Hugo Guerrero”- (1972), como así mismo. “Por los Pagos Cuyanos”, “De mi país y su gente”.
Radicado en Misiones, entre 1980-1986, en LT 13 Radio Oberá, crea y conduce “Palpitando la ciudad” y “Del tango y otras milongas”.
Siempre se dio un tiempo para la composición poética, sea ésta en décimas, o con forma de “huella”, “gato” o “triunfo”.
Con un estilo liso y gaucho, sentencioso y campero, ha compuesto temas que han recorrido su propio camino de la mano de buenos cantores criollos que también los llevaron al disco, como p. ej. : “Huella de los reseros” por Suma Paz al igual que Santiago Lettieri; “En el rodeo de tus ojos” (estilo) por Francisco Chamorro y también Rodolfo Jáuregui; “Pago Viejo” (milonga) por Santiago Lettieri; “El de San Carlos” (triunfo) por Alberto Merlo, y además Juan Tear quien también grabó la milonga “Escarciando”.
Asimismo, con el guitarrista y cantor Carlos Parisotti, entre otros temas han compuesto: “De punta y hacha” (palito), “De mi flor un gajo” (ranchera), “De mi rodeo” (huella), “Tus ojos engañadores” (término) y “La orejana” (chacarera), los cuatros primeros grabados por el cantor en su trabajo “Surerías”.
Sus versos -entre otros medios- han aparecido en Revista “Pa’l Gauchaje” y el Boletín de la AAET.
Algunos premios literarios, son: 1º Premio Certamen Literario Dción. de Cultura Municipalidad de Ensenada, 2003; 3º Premio Certamen Canción Folclórica Sureña “Peña Abel Fleury”,  Dolores, 2004 y 1º Premio Certamen Canción Folclórica Sureña “Peña Abel Fleury”,  Dolores, 2005.

Reside en la ciudad de Ensenada, Buenos Aires, y está próxima la aparición de su primer libro “Cantares y Contares”.

domingo, 16 de junio de 2013

MIS CABALLOS, UNA HUELLA Y SU DESTINO

De mis recuerdos
                             Hay cosas que hablan del ser criollo sin decir una palabra. Al respecto, acá van unas anécdotas.

Allá por 1974, hace ya casi cuarenta años, mi abuelo Desiderio Espinel vendió sus hectáreas de “Los Ombúes”, retazo por otro lado del viejo “El Mirador”, en las vecindades del “Zapata”, zona norte del viejo partido de la Magdalena, del que ya nos hemos ocupado en estas páginas.
Romeo Risso -mi padre-, en "El ciruja", en
"El Carmen del Pescado" (Berisso), 1978
La hacienda fue a la feria; los enseres, muebles y otros bártulos se subastaron allí en torno del viejo caserón. De ahí que un día “Tata” me dijo: “-Los caballos son tuyos, pero para tengo que entregar el campo vacío”.
Había que buscar campo. Y de una conversación de mi padre con José Cerato (tío abuelo mío), surgió que los podía llevar a “El Carmen del Pescado” de Daneri, 500 has. que por entonces arrendaba. Así que un buen día de… abril o mayo debe haber sido, ensillé, y montando “El Llamador”, con “El Pampero” del cabresto y “El Ciruja” suelto, tomé el antiguo “camino real” (Ruta Pcial. Nº 11) dispuesto a recorrer las dos leguas que me llevaban al nuevo destino. Al “lao del lazo”, a una distancia variable quedaban las costas del Plata, y a la espalda… mil recuerdos, historias y vivencias que en ese momento… se cortaban de mi vida.
"El Ciruja" y "El Llamador", en "Los Ombúes, Magdalena,
en 05/1973
De pronto, pensando en esas cuestiones, me brota: “Una bandada’e patos / rumbea pa’l río / y yo con mis caballos / malhaya / pa’dentro mío… / Dejo atrás la querencia / que’s tiempo y vida / mientras que me desangro / sangrando / por honda herida…”, fiel testimonio del momento que vivía y que a falta de papel anoté en la memoria; tiempo después las completaría para formar un “aire de huella” que aún espera música.
En la mitad de la amplia curva que hace el camino antes de cruzar el arroyo “El Pescado”, abrí la tranquera y entré al campo; tierras vírgenes que aún hoy no conocen el arado. Allí de puestero, estaba Luis Gómez, viejo amigo de mi padre de sus años adolescentes, a quien yo evocaría en las décimas de “Conversando de a cabayo”, incluidas en mi libro “Campo de Ayer”.
Cuatro años después mi tío abuelo no renovó el arrendamiento y hubo que despoblar “El Carmen”. Y esta vez la mudanza fu sencilla, pues camino por medio, del otro lado estaba “El Albardón” de Don José tirado (¡criollo si los hay!), quien dijo “-Traigan los caballos para acá…”, y allá fuimos, ahora, solo con “El Llamador” y “El Pampero”, porque meses antes había muerto “El Ciruja”, pingo zaino como de 20 años para entonces.
La Plata, 19/11/1967, en "El Ciruja"
A éste Don José le apasionaban los caballos, y se daba el lujo de tener un potrero regularon, fuera de “El Albardón”, donde tenía manada, por el gusto nomás de tener potrillos de su cría y de su marca, que a veces… solía reglar a algún amigo con paisano orgullo.
Pero pocos meses más adelante, mi padre, que era quien en ese momento más tiempo le dedicaba a los caballos, falleció. Ocurrió un 9 de julio de 1979.
(Yo me había casado en el ’76, en el ’77 había nacido mi hija, en el ’78 estuve internado por dos meses con un dudoso futuro, y por otro lado trabajaba en dos empresas, lo que me quitaba tiempo para el campo).
Durante el velorio, se me apersonó Don José, y allí, a los pies del féretro, descubriéndose, con el chambergo en la mano, me sentenció: “-Tus caballos tienen campo hasta el día que se mueran…”. Palabra de criollo, agrego yo.
Pero… a veces la vida es ingrata, y en 198.., ya transpuesto los ochenta, se nos fue Don José. Se venía entonces una sucesión que no pintaba fácil, quedando finalmente “El Albardón” en propiedad de su hija “Beba”, y ésta –astilla del mismo palo-, mantuvo vigente la palabra del padre.

"El Llamador"
Y allí está demás decir, blanquearon los huesos de mi yunta: primero se marchó “El Llamador”, caballo entonces como de 30 años, y con más años aún se apagó “El Pampero” ya en el dos mil y pico. Vale aclarar que del ’74 en adelante fueron caballos ajenos al trabajo cotidiano, solo afectados a veces por largas marchas; y por otro lado dispusieron siempre de buen campo y sanidad.
Recuerdo patente cuando Rubén, nieto de Don José, me llamó un día, para darme una mala noticia, la que yo imaginé por el lado familiar (ya que tenemos un trato familiar recíproco), pero era que había muerto “El Pampero”.
Un par de años después, suena el timbre de mi casa, y al abrir la puerta me lo encuentro a Rubén, con la cabeza de mi caballo, blancos los huesos de intemperies y soles, para que la tenga de recuerdo. Y allí está, sobre una biblioteca, mudo testigo de campereadas, andanzas y desfiles, recordándome años y momentos que no vuelven, pero que por ricos y entrañados no se olvidan.
La Plata, 9 de mayo de 2012
Con "El Pampero", en su último desfile,
11/1991

“LA DEL ADIÓS”
     (aire de huella)

1° Parte

Una bandada’e patos
rumbea pa’l río,
y yo con mis cabayos
¡malaya!
pa’dentro mío.

Dejo atrás la querencia
que’s tiempo y vida,
mientras que me desangro
¡sangrando!
por honda herida.


Ricuerdos de mi vida
dende la infancia,
quedan priendido’al campo
¡pastiando!
sed de distancias.

Tantas cosas vividas
con crioya gente,
en tropel de silencios
¡galopan!
triste presente.

estribillo
11/1971, con "El Llamador"

Ya me voy para siempre
tropiando penas,
adiós mi pago chico
¡del Pago
‘e la Madalena!

2° Parte

Con la garúa finita
de los ricuerdos,
mojándome el presente
¡me alejo!
al tranco lerdo.

Horizonte nublao,
cielo azulejo,
un incierto futuro
¡me aguarda!
ayá a lo lejos.

La tropiya’delante
atrás el pago,
que juera la querencia
¡y es aura!
ricuerdo aciago.

¡Cha digo! cuántas muecas
que hace’l destino…
ridepente te soba
¡de azotes!
el muy ladino.
                      (18/01/1976)


 (Publicado en Revista "El Tradicional" Nº 107)

                                                                                             

jueves, 13 de junio de 2013

1938 -junio- 2013

DÍA DEL ESCRITOR

Digo Leopoldo Lugones
y “Romances del Río Seco”
y bien sé de que no peco
de andar entre figurones;
el yamariar de fogones
alumbra al gran escritor,
el que con un frío estertor
a su vida puso fin,
¡pero es siempre el paladín
que a “Fierro” le dio esplendor!

Carlos Raúl Risso (13/06/2013)

lunes, 20 de mayo de 2013

EJERCIENDO LA MEMORIA

Cuando uno se ha pasado la vida como sin darse cuenta siempre vinculado a los quehaceres de la cultura criolla, ya con cincuenta y tantos en la maleta (que quizás no sean muchos, pero en rigor no son pocos), puede volver la cabeza, que aunque no haya dejado tras de si una huella (virtud ésta, solamente propia de los que mucho  y bien, hacen), ha de observar aquellos momentos y asuntos que han  quedado en la retina y en la memoria, de allí que no esté malo evocarlos, como que son aquellas cosas que “no me las contaron ni las leí”, y no se hace entonces otra cosa que ejercer la memoria.
Versos criollos, bailes nativos, malambos, peñas y guitarreadas, cuadreras, sortijas, desfiles, jineteadas, marchas a caballo, dormir a campo, yerras, apartes... se escalonan y se entreveran, desde los años de la primera infancia y durante la adolescencia. Esa vida “cuasi campera” tuvo por epicentro la zona norte del partido de Magdalena, parajes “Arroyo Zapata”, “Punta Blanca” (sobre la costa del Río de la Plata), “El Pino”, Bavio...
No sé por qué misterio guardo imágenes desde años muy tiernos, como los versos de “Charrúa” a los 4 años y al petiso zaino “El Perico”, por el mismo tiempo. De allí en adelante arranco.
Gente criolla mis mayores con viejo arraigo en la zona, asistían gustosos a las fiestas criollas que se organizaban a beneficio de la escuela o de la sala de primeros auxilios (que no eran tantas al año como hay hoy); las mismas se promocionaban con bastante antelación en pequeños volantes (tamaño media hoja A4 con expresión actual), que perforados en una de las esquinas superiores se colgaban de un clavo o un gancho, en los sitios de mayor asistencia de gente: el boliche, el almacén, el remate feria, la firma consignataria, etc.
Resultaba común que los paisanos entonces se convidaran “para la domada” en tal o cual campo (1). Puede sonarle mal a los tradicionalistas, pero aunque gente de campo, sabedora de la diferencia, así le decían, y no “jineteada” como nos esforzamos hoy.
Al despuntar los años 60 los reservados más renombrados en la zona, eran “El Vale Cuatro” de Don Tomás Lértora (“El Vasco Chanfle”) y “El Refaloso” de Domingo Amondarain; ambos estarían después, en alguna jineteada con la caballada de Orlando Gargiulo. “El Negro” Rey daba seguridad en el palenque, y fue “el soltador oficial” de “El Vale Cuatro” mientras lo tuvo “Chanfle”.
La muchachada que entonces montaba no eran deportistas, sino todos peones, mensuales y otros trabajadores de campos del vecindario. Las montas habituales: de las clinas o en pelo, y con la grupa; no existía “la campana” y duraban el largo de la bellaqueada. Los apadrinadores trabajaban de lejos, dejando hacer...
En la zona se había afincado Juan Carlos Diz (“El Indio” Diz), el primer bonaerense Campeón de Jineteada, en Córdoba en 1950, pero no llegué a verlo jinetear, sí trabajar en el campo o jurar. El más afamado de los jinetes lugareños debe haber sido el clinero “Chichín” Jorge Gómez de Saravia, y con grupa Carlitos Llarías, hombre de boina blanca; también llegaban “El Gringo” Valente y Romerito, ambos de La Plata, a veces el chascomusero Rodolfo Barrios, los Andrada, Lorenzo “Quiroga” Estebanés, Francesena (de Atalaya), entre otros.
Nadie enriendaba con guante, ni se usaban muñequeras, musleras y ningún tipo de venda elástica.
La indumentaria más común: bombacha y camisa -algunos, corralera-; de calzado, botas fuertes, alpargatas y zapatillas corraleras; faja, y en el mejor de los casos tirador escamado con monedas de níquel; para cubrirse, sombrero tipo chambergo, algunas boinas negras (sin vuelo!!), y unos cuantos gorra con visera, se nombraban “jockey” y estuvo muy difundida en los años 50/60.
Fue moda también un sombrero muy aludo y copa chata, que se me antoja uruguayo y así usaba José Souza, y que iba bien requintado, tal como lo sigue usando el ya citado “Chichín”.
Nadie andaba de chaleco, y si alguno lo usaba era tejido y de confección casera; recuerdo en este punto a Luisito Gómez, siempre muy prolijo en su modesto atuendo, a quien en su ensillada caracterizaban los grandes estribos de suela llamados “sureros”. Era domador este hombre. También domador y que sacaba caballos de muy buena rienda, era el “Pampa” Gutiérrez, tambero en “El Estribo”; como no era muy fuerte pa’l basto, a veces el primero y segundo galope lo daba su sobrino “Chiquito” y sino Carlitos Bidondo.
En cuanto al pañuelo, salvo algún paisano añoso (D. Pablo Gonzáles, Raúl Smith, Ángel Cardozo, Don Silva), nadie lo usaba tendido, y primaban los blancos y colorados, y algún que otro negro. El trabapañuelo no se conocía.
En cuanto al calzado agrego que solo uno que otro jinete usaba  botas de potro, y estas eran cortas. Siempre recuerdo cuando en el ‘58 Julio Secundino Cabezas llegó a una jineteada en casa de mis mayores y pidió permiso para sortear un par de blancas y “altas” botas de potro de su confección.
En materia ponchos abundaban las distintas gamas del marrón, desde algún “bayito” hasta alguno “tostao”; si alguien alardeaba de uno de valor era un poncho de vicuña, como tenía un tío abuelo. Ponchos pampas (2) solo se veían en alguna fiesta o desfile grande, portado por algún “tradicionalista” -D. Santiago Rocca o el ya citado D. Pablo-, y no por gente del común.
La mayoría de las instituciones se llamaban “fortines”: “Fortín La Totora”, “Fortín El Cencerro”, “Fortín Gaucho Berissense”, “Fortín Atalaya”, “Fortín Chascomús”, “Fortín Dolores”, etc., y esto era producto de que esos centros nacieron, a partir de l940,  al influjo de la Federación Gaucha Bonaerense, institución que se encargó de difundir la idea del tradicionalismo gaucho y echar las bases de un movimiento organizado.
En cuestión de ensillada, el lujo mayor pasaba por algún juego de pasadores, con cabezada de plata en los bastos, redondos y de carona; chapeados se veían en algún desfile. Los más ensillaban recado corto de matras y mandil recortado; ¡ni mentas del lomillo!
En el arreglo del caballo estaba muy difundida la cola corta, inclusive desmarlada; pelada a tijera ranillas, quijada y orejas.
Solo un paisano recuerdo que llegó a hacerse cargo de un campo por Punta Blanca, con la tropilla por delante. Arce era su apellido.
En la puerta de un corral volcaba el lazo con lujo “El Inglés” Piñeyro.
En la corrida de sortija se mezclaban los que pasaban “a la antigua”, sentados en el recado, con aquellos que se paraban en los estribos. Allí andaban los hermanos Navamuel (Yito y Pocholo), “Pampa” Llarías, Villarreal, Mario Salas, y los Cerato, por dar unos ejemplos.
Cuando se armaba algún fogón y había quien pulsara una guitarra, se “champurreaba” por milonga “una letra de muchos pies”, como se decía a aquellos relatos de muchas estrofas; “El Indio” Diz solía decir versos, como por ejemplo, “Los Medina”.
Como artista trashumante que era, solía caer Don Fermín Villalba, el último payador analfabeto (a quien no faltaba los que lo llamaban “Cocoliche”).
Por entonces, en cuestión de “sonido”, lo único que había era un furgón con un rústico amplificador con una o dos bocinas, y quien hacía uso del micrófono se limitaba a anunciar los nombres del caballo y el jinete; no recuerdo que se relatase la monta. En alguna fiesta chica ni eso había.
Me salgo de mi ámbito para citar una jineteada grande que movió el ambiente y allí fue la familia con el abuelo “Tata” a la cabeza: en el primer lustro de los 60 bajó a La Plata Don Arturo Dualde con sus famosos “Lomos de Acero” y su gente de trabajo; la jineteada se llevó a cabo en el predio en que hoy se levanta el Estadio de la Ciudad, y como al fondo de esos terrenos la Federación Gaucha disponía de unos galpones para sus reuniones, supongo que debe haber sido quien organizó. Se juntó mucha gente.
Recuerdo en algún desfile por las patronales algún criollo que vestía de negro chiripa y corralera, con chambergo sobre blanca vincha, ensillando con bastos redondos, estilo éste con fuerte influencia del teatro criollo que encarnó Pepe Podestá. Hoy diríamos que hay varias incongruencias.
Y ya que nombro el teatro, recuerdo que se escuchaba mucho los radioteatros que expresaban dramas camperos, así estaba la compañía de Héctor Bates o la de Audón López, que después salían por los pueblos presentándose en carpa en aquellos sitios que no había una sala. Una oportunidad fuimos al Teatro Coliseo a ver la escenificación de una de esas audiciones.
En las madrugadas la radio estaba clavada en “Amanecer Argentino” y al atardecer se sintonizaba “Un Alto en la Huella”.
Así entonces, en gruesos trazos, dejo estos recuerdos de fines de los años 50 y los 60; esto no tiene por que haber sido igual en todos lados ya que el costumbrismo varía según los pagos o zonas. En fin... salvando las distancias, parafraseando a Althaparro, y dispensen la comparancia, así vi las costumbres paisanas “en mi pago y en mi tiempo”.
..................................
Colofón A veces los mismos que andamos en el tradicionalismo hacemos una cosa buena y enseguida le adosamos la contrapartida. Por ejemplo: se rescató el uso del chaleco, pero ahora se los confecciona en todo tipo de cuero, cosa que antaño no se usaba; se rescató el uso de la boina, pero se ha ido exagerando tanto su tamaño que algunas ya son como sartén de estancia. La bombacha se ha enangostado al extremo, que hoy, un pantalón dentro de la caña de la bota no se advierte. Han aparecido unos sombreros de cuero a los que nada tienen que envidiarle los muchachos de “Bonanza”, desconozco que tienen de gaucho. Hoy la guarda pampa anda en la cinta de los sombreros, los pañuelos, aplicada en la bombacha, camisa y corralera, en la alpargata, y convengamos que ese uso nada tiene de tradicional, como tampoco los chalecos tejidos que tanto se han difundido, con una guarda a cada lado.
Se ha rescatado el uso del pañuelo tendido, y eso está bueno.
Pero... hay cambios que me preocupan, por como desvirtúan lo simple y esencial del ayer...
La Plata, 26 de enero de 2008

(1)     En 1953, la Revista El Caballo reprodujo el programa de una fiesta en la Sociedad Sportiva (Palermo, Bs. As.), en 1909, que rezaba: “Doma de Potros – gran concurso por eliminación”
(2)     En una próxima nota intentaré abordar este tema. 

(Publicado en El Tradicional Nº 85)

lunes, 22 de abril de 2013

JOSÉ MAURICIO GARCÍA (Coco)


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 40 – 14/01/2012

Con su licencia, paisano!
        Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

JOSÉ MAURICIO GARCÍA (“Coco”).  Nació en Ensenada, el 1º/04/1926.
Atraído por la poesía criolla desde muy joven, fue un ferviente y fiel intérprete del verso gaucho; esa afición lo llevó a iniciarse en la creación de sus propios temas, ganándose como autor, un lugar respetable.
La intención de difundir los valores culturales tradicionalistas, lo llevó a crear y conducir, junto al también poeta Roberto Coppari, la audición “Acentos Argentinos”, por la emisora LR 11 Radio Universidad (1977/78).
Al unirse sentimentalmente con la cancionista Norma Piacente se radica en La Plata, y juntos conducen durante 1979/80 por la emisora universitaria, la audición “Tranqueando Huellas del Sur”·.
Motivos laborales lo llevan a establecerse en la sureña Carmen de Patagones, y allí aprovecha para -cruzando el río- recrear por los micrófonos de LU 15 Radio Viedma (Río Negro), el espacio “Acentos Argentinos”, esta vez junto a Carlos Parisotti; por entonces, y durante 3 ó 4 meses, por un circuito cerrado de TV, realizan la experiencia de llevar dicho programa ante las cámaras.
Aficionado a ensillar participó activamente en los desfiles tradicionalistas, e integró comisiones en la Agrupación Tradicionalista y Campo de Pato “La Montonera” de Ensenada; allí, estando como directivo, se llevó acabo exitosamente, un “Certamen de Payadores Noveles”, habiendo sido Presidente del Jurado; tiempo después, en la misma casa, organizó un homenaje al veterano payador oriental, D. Clodomiro Pérez.
Hombre templado para defender ideas, llevó al verso esa manera de sentir lo gaucho, construyendo estrofas de decir sentencioso.
No publicó, pero si dejó dos producciones discográficas, “A mi Pago, Ensenada”, sobre temas de su autoría, que comparte con el canto y la guitarra de Carlos Parisotti, en 1981, y “Con mi acento”, cassete con once temas de buena poesía criolla donde luce su decir, en 1987.
Por otro lado, varios son los intérpretes -a más de Parisotti- que le han grabado, a saber: Claudio Agrelo, Silvia Adriana, Laurentino Camino, Daniel Garbizu y Jorge Víctor Andrada.
En diciembre de 1994 debió ser internado en el Hospital Rossi, donde en un lapso de 20 días, fue sometido a dos operaciones de corazón, esfuerzo que no resistió, falleciendo en horas del mediodía del 2/01/1995, habiendo recibido sepultura en el Cementerio de La Plata.

domingo, 21 de abril de 2013

DELIO PANIZZA


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
                                                          Micro Nº 94 – 09/02/2013

Con su licencia, paisano!
Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

                                                        DELIO PANIZZA – 
                                   “Pobre, de padres humildes como los míos” -al decir de su amigo el Dr. Pancho Belgeri-, nació en Rosario del Tala, provincia de Entre Ríos, el 26/01/1893, teniendo 5 hermanos, una mujer y 4 varones.
Realizó los estudios primarios en su pueblo natal, y los secundarios en el histórico Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, cursando los superiores en la UBA, donde obtiene los títulos de escribano, abogado y doctor en leyes.
Hombre comprometido no solo con su presente sino también con el rico pasado de su terruño, fue definido y ubicado, por su comprovinciano Luis Alberto Salvarezza, como parte de la corriente “que ideológicamente podríamos denominar de nacionalista, patriótica, civil, de resonancias épicas, que plantea el pasado como una idealización. Esta estética regionalista (…) tuvo gran resonancia en la narrativa y lírica de fines del S. 19 e inicios del S. 20, y encuentra entre otros, a Benito Lynch y Martiniano Leguizamón, como sus cultores (que exaltaron al gaucho), sus gestas, lo legendario”.
Con Panizza, uno de los grandes bates entrerrianos, vibra en su tono más alto y agudo la poesía criolla y popular de esa provincia.
Gran decimista, aunque no descuidó otras medidas y sino valga de ejemplo su popular “Guitarras y Lanzas”, utilizó un lenguaje pulcro y depurado para sus composiciones, sin desconocer las formas más vulgares como ya veremos en el ejemplo final.
Declarado, en su expresión poética, como un encendido “urquicista”, le dedicó a su héroe y sus gestas, varios opúsculos, como “Victoria”, en el centenario de la Batalla de Caseros y “Canto de la Liberación”.
Su obra édita, profusa y variada, se inicia cuando a los 30 años, en 1923, publica “Cardos en Flor”, a los que siguen “De Tierra Adentro” y su canto a “Ramirez”, ambos en 1926; cuatro años después aparece “Guitarras y Lanzas”.
Hemos ubicado 24 títulos de su autoría, pero no tenemos la certeza que esa cifra comprenda toda su publicación.
Sus contemporáneos lo han reputado un gran hombre, y así Claudio Puntel lo describe como un “hombre recto y honesto, ciudadano comprometido y de firmes convicciones democráticas”, y de él dijo Yupanqui que tenía “la costumbre de saludar a todo el mundo, como lo hace la gente sin miedo y sin pecado”.
Este poeta, al que Arturo Capdevila bautizó “Señor de Montiel”, falleció a la edad de 72 años, en Concepción del Uruguay, al alba del 7/08/1965.
Cuando su comprovinciano, el poeta, narrador y payador, Carlos Echazarreta, publica su libro de cuentos, le dedica a modo de prólogo estas décimas que tituló “Apadrinando”, escritas al modo gaucho… y por eso las elegimos. 

lunes, 1 de abril de 2013

MANUEL HORNOS - Brigadier General de la Nación


UNA EXISTENCIA AZAROSA

Muchos son los hombres de la gesta de la independencia y la constitución de la nación, a los que conocemos por sus nombres y algunos actos, pero de los que no se han escrito libros que los historien íntegramente, y nos brinden un amplio panorama de su vida. Por eso en esta nota queremos recordar a uno, que tuvo fama de brava lanza, que anduvo por todos los entreveros, y que honró su cuero con cicatrices muchas, testimonio fiel de que fue un jefe que encabezó sus tropas. Nos referimos a Don Manuel Hornos, Brigadier General de la Nación.
La mayoría de los historiadores y articulistas coinciden en que su nacimiento ocurrió el 18/07/1807 en Entre Ríos, pero sin especificar localidad o paraje de esa provincia, al punto que al referirse a él, Julio A. Costa (escritor y gobernador bonaerense), en su libro “Entre Dos Batallas”, a pesar de nombrarlo entrerriano, lo pinta: “Hornos era un gaucho de Buenos Aires, donde se había criado, domador y jugador de pato, de bota de potro y espuela de fierro; era el gaucho de los gauchos”, y si bien lo dicho puede prestarse a confundir su origen, no su condición de gaucho corajudo en la que todos los que lo abordaron coinciden.
Su vida, que se extendió por sesenta y cuatro (64) años, y que desde muy joven lo tuvo integrado al quehacer militar, lo llevó a combatir en todos los rincones de la patria, en Uruguay y también en Paraguay, y si bien no siempre la victoria consagró su empeño, su heroísmo se destacó lo mismo, a veces, por encargarse de cubrir la retaguardia de un ejército derrotado en retirada, porque fue Hornos de aquellos jefes que las ordenes las impartían desde el ejemplo.
Por no ser historiador no tengo reparo en decir que mi sentimiento se alista del lado del federalismo, pero esto no es impedimento para destacar a aquellos temerarios soldados que formaron en el otro bando, tal el caso de Hornos o Paz. (No así Lavalle, con quien no mengua la inquina).
Y Hornos siempre se aprestó con los ejércitos unitarios, y por esos vaivenes de la vida política de los hombres, a veces fue enemigo y otras, correligionario. Tal como le ocurrió con Urquiza, que cuando éste se alzó contra Rosas en 1851, allí estaba el bravo entrerriano Manuel con su lanza al servicio del caudillo comprovinciano.
Y acá vale la anécdota, porque cuando Urquiza era general del restaurador y gobernante de su provincia, y Manuel un joven de 23/4 años allá por 1831, “acusado de conspirar contra el Gral. Echagüe -dice Enrique Puccia- fue apresado en Colón y condenado a morir frente al pelotón de fusilamiento. Poco tiempo antes y por las mismas causas había sido ejecutado su hermano Román”.
Ocurría esto en el Campamento de Arroyo de la Leche, próximo al Río Uruguay.
Lo que allí sucede, es relatado por distintos cronistas, coincidiendo todos en la cuestión central, aunque con variantes en los detalles. De todos, es a mi entender, Leopoldo Lugones (h), quien le pone un tono literario al suceso real, y tentado de compartirlo con los lectores, transcribo su versión: “Hornos está en capilla. El centinela de vista sobre él. Falta poco para el fusilamiento. ¿Cómo será la muerte, no? Y quizá ninguna otra reflexión. Careada tantas veces con el peligro mortal, habiendo visto agonizar y morir a tantos ¿para qué más?... Pero en eso mira al soldado. Éste también le tiene clavada la mirada, turbios los ojos por las lágrimas… ¿Un ‘tape’ llorando? Cosa un poco rara, ¿no? Y Hornos, inquiere: -¿Qué me le está pasando, amigo? Mira en derredor el interpelado, baja un poco la vista y contesta: -Nada, mi comandante; cosas mías…
Hornos se ha acercado a la puerta. ¡Pucha que está lindo el campo ese día! Bajo un ñandubay está atado un ‘pingo’ de mi flor. ‘Parejero’, no cabe duda. Así lo patentiza su fina silueta, el pelo lustroso de caballo bien cuidado, un poco sumido de verijas, esbeltos los remos, fuerte el vaso negro, hasta un morral colgado de una rama.
Aquella breve plática se reanuda. Dice el soldado: -Mi comandante ¿Qué no se acuerda de mí? Yo soy Epitacio Núñez, el de Yeruá…
 -Claro, si ahora me acuerdo (responde el prisionero). Vos has servido conmigo.
-Así es, mi comandante. ¿Sabe? Y me apena verlo en este apuro.
-Bah, no te aflijás por tan poco. Total, para morir algún día vinimos a este valle de lágrimas.
Otra pausa. Y luego Hornos: -Mirá, llamá al sargento de ronda, o al cabo de cuarto.
Núñez obedece. Llega el indicado. El comandante le pide permiso para ir hasta ‘esos’ árboles por una necesidad urgente. El sargento accede… ¡Una arrancada en pelo y a toda la furia! ¡El ‘parejero’ es una luz! Hornos le cierra los talones y lo endereza al Uruguay que corre ancho, allá por Colón, donde se desarrolla la escena. Ya no van quedando sino remolinitos de polvo en el camino; pero atrás del evadido va a media rienda un pelotón. Junto al gran río, chapuza en él, y empieza a nadar hacia la otra banda, que está más allá de la humana resistencia de un hombre agotado por las penurias. Es largo el tirón. ¿Llegará el escapado?(…)”
En síntesis, tras el prófugo se tira Guarumba, quien según este relato tiene por ocupación ser “el degollador oficial de Urquiza”, mientras que desde la orilla los rifleros descargan sus fusiles. ¿Final?: Hornos es puesto a salvo por la tripulación de un buque de bandera Francesa, anclado cerca de la otra costa, y emigra a Uruguay.
Le tocó, al llamado de Mitre, estar en la tristemente célebre “Guerra de la Triple Alianza”, y allí, donde tantos -de ambos bandos- murieron, él se cubrió de gloria, siendo ascendido a Brigadier General sobre el campo de batalla en el segundo encuentro de Tuyutí, el 8/11/1866, cuando ocupaba el cargo de Jefe del Cuerpo de Caballería de Vanguardia.
Su última acción militar fue casualmente en sus pagos, cuando al frente de una columna de 1500 hombres enfrentó, en 1870, a Ricardo López Jordán; entonces -cuenta Mitre- “en esa ocasión se le quebró la lanza, en lo que vio un triste presagio de su destino. En efecto; su vida estaba quebrantada ya.”

RESIDENCIA – AFICIONES

Este bravo soldado estaba afincado en el barrio de San Telmo de la Ciudad de Buenos, y circunstancialmente tuvo una quinta en la zona de Barracas, sitio en el que solía despuntar sus otras dos pasiones civiles: las cuadreras y las riñas de gallo.
Por dicha radicación resultó designado Comisario Extraordinario en la Parroquia de San Telmo y para la zona de Barracas al Norte, cuando las elecciones de diputados y senadores provinciales del 28/03/1869.
De su pasión por las cuadreras han trascendido las mentas de su tordillo parejero, animal de muy mala apariencia (“cabezón, petiso, viejo, vasudo, peludo, parecía de todo menos el caballo de un general”), con el cual en cierta ocasión desafió a Don Juan Malcolm -dueño de una caballeriza sita por calle Rivadavia y 25 de Mayo-, quien había importado un pura sangre de carrera, realizándose la topada en el Hipódromo de Belgrano, donde finalmente ganó el tordillo, recordándose que Hornos le espetó al derrotado: “-Póngalo a sacar agua, compadre, que para eso nomás, lo ha traído de Europa”. Y si bien solía a veces ser él mismo el corredor (“descalzo y con espuelas, ciñendo vincha al estilo de los domadores”), en esa oportunidad condujo el animal un afamado jinete apodado “El Viejo Leandro”.
Asiduo concurrente a los reñideros de Barracas, aprontaba allí los gallos de su cría, “naranjos-barbuchos”.

EPÍLOGO

Tras su última incursión en entrerríos, ya en Buenos Aires, el 10/08/1870 fue internado en el Hospital de Hombres, y conciente de su estado, dicen que expresó: “¡Quién iba a decir que mi destino era morir en una cama!”.
Finalmente, casi un año después, falleció el 14/07/1871, recibiendo sepultura en el Cementerio de la Recoleta, donde fue el Gral. Mitre, el encargado de enarbolar las palabras de despedida; dijo entre otros conceptos: “murió puro como nació, pobre como vivió. Su vida es un romance heroico, y su carrera militar una epopeya gloriosa…”.
Según Jacinto Yaben era “el tipo de gaucho argentino, que en las batallas montaba en pelo a manera de Centauro”. Por su valor y ascendiente en las tropas, su prestigio heroico, era inapreciable en la composición de un ejército. Con respecto a su valor, temerario”.
Ignoramos por qué (andamos en esa averiguación), el 2/10/1907, por Ley 3058 se le donó un terreno en el Cementerio de La Plata, en el que se erigió una bóveda, a la que en 1915 se trasladaron sus restos desde el Cementerio de La Recoleta, donde descansan desde hace casi un siglo.
La misma está ubicada próxima a la entrada principal sobre Avda. 31, culminando una diagonal a izquierda de la misma. Es un edificio importante, cuadrangular, con las esquinas redondeadas, con un busto del héroe en frontispicio. Diríase que un tanto falto de mantenimientos por ser lo que es. Por las fotos podrá tenerse una idea acabada de lo que hablamos.

UNA ANÉCDOTA

Mi abuela materna Ana I. Cepeda (Lala), era una memoriosa conocedora del pasado familiar y zonal, en una oportunidad en nuestras muchas conversaciones, evocando anécdotas de su niñez y juventud en “Santa Ana” de Cepeda, en Magdalena, recordaba cuando en la casa se comentaban los viajes que “a la estancia” hacia en coche de caballos, el Gral. Hornos, a visitar a Doña Petrona Hornos. Cuando inquirí las razones, si había motivos de parentesco, dijo desconocer todo, ya que nunca había oído al respecto otra cosa que lo narrado, como que tampoco se había comentado que “la abuela Petrona” pudiese ser entrerriana.
Doña Petrona (1827 / 1912), era esposa en segundo matrimonio de Don Francisco Cepeda (1813 / 1883), mis tatarabuelos, de quien descendía Epifanio Cepeda, padre de mi citada abuela.
De aquel tatarabuelo, conservo su calzoncillo cribado, su facón y unos estribos porteños.
(La Plata, 18/01/2012)

BIBLIOGRAFÍA

- Oración Fúnebre pronunciada por Bartolomé Mitre en el Cementerio del Norte, el 16/07/1871
- Julio A. Costa, “Entre Dos Batallas” (1927)
- Jacinto Yaben, “Biografías Argentinas y Sudamericanas” (1939)
- Diego Abad de Santillán, “Gran Enciclopedia Argentina” (1958)
- “El tordillo del Gral. Hornos” -sin firma- (Revista El Caballo Nº 224, 6/1963)
- Leopoldo Lugones (h), “La Historia de los Caballos” (1966)
- Enrique Puccia, “La vida heroica del Gral. Hornos” (La Prensa, 7/1971)
                             “Barracas en la Historia y la Tradición” (1977)
(Publicado en el Nº 104 de Revista El Tradicional)