miércoles, 27 de febrero de 2013

GUILLERMO HOUSE - ese escritor que pocos conocen


“El Último Perro” se titula una novela aparecida en septiembre de 1947 publicada por Emecé Editores S.A., que en el término de cuatro años produjo siete ediciones, y que recibió el Primer Premio Nacional de Literatura correspondiente al trienio 1945/47. A seis años de su aparición se decía sobre el particular: “El Último Perro constituye el máximo acontecimiento registrado en las letras argentinas durante los últimos tiempos, con sus ediciones sucesivas y el éxito de público sin precedente alcanzado, que le otorgan proporciones indiscutidas de indisputado best-seller”. Sí, leyeron bien, aunque la palabra no suene nuestra, hace ya sesenta años se la tildaba con un extranjerismo que remite a las más vendida, la más leída, la mejor. Curioso, no? para una obra criolla.
Y por si esto fuera poco, su atrapante texto sirvió para que se transformara en película, siendo un éxito del cine argentino, en tiempos que nuestra cinematografía tenía un esplendor ponderado en esta parte de América. Le correspondió a Hugo del Carril encarnar al mayoral de diligencia -personaje central de la novela-, en el film que dirigió Lucas Demare.
Pero… y su autor? ¿Qué sabemos de él? En realidad, poco, muy poco…
Su nombre: Guillermo House, así el que aparecía en las publicaciones, pero… era un seudónimo que camuflaba al verdadero Agustín Guillermo Casá, quien había nacido en Buenos Aires el 9/02/1884, en el hogar de Adela Nicholson y Agustín Casá.
Sabemos también que su profesión era la de militar, habiendo ostentado el grado de Teniente Coronel.
Casado con María Mercedes Mulleady, se prolongó en tres hijos: Teresa, Agustín y Guillermo, teniendo establecida su residencia sobre Avda. Santa Fe en la ciudad Capital.
Sus otros hijos, los literarios, fueron muchos, algunos son: “Del Llano y la Montaña” -cuadros, semblanzas y consejos de tierra adentro- (1922); “Alma Nativa” -ensayos, cuadros y evocaciones- (1923); “Cuentos Argentinos” (1935); “El Ocaso de los Gauchos” (1938);  “El Paisaje en la Sangre” -una edad novelada- (1938); “La Tierra de Todos” -novela- (1944); “El Último Perro” -novela- (1947); “La Sombra Aquella” -pequeña novela- (1949); “El Fortín de los Hombres sin Miedo” -cuentos- (1954); “Anselmo Coronel” -novela- (1955).
Hasta aquí diez obras; pero… Carlos Paz en su elogiable “Efemérides…”, le adjudica otros títulos, de los que desconocemos el contenido y la fecha de edición: “Romance de la lluvia mansa” y “Clotilde Gamarra”.
Su laureado “El Último Perro” está situado en tiempo de los malones, de campo abierto, de postas y galeras; de tiempos en que había que tener bien puesto el coraje para adentrarse en esa pampa que no nos pertenecía.
Si nos guiamos por el bosquejo editorial, el libro “describe la vida áspera, fatigosa, llena de peligros, de un núcleo reducido de hombres y mujeres, reunidos por la fatalidad en un lugar desolado, en la mitad de , la Posta de Lobatón. La diligencia es otro de los protagonistas de esta historia. Su llegada y su partida son como movimientos del secreto corazón de la Posta, cuya vida se renueva con su presencia. Pinta con hondura, y en su obra se trasluce el misterio la trascendente monotonía de la pampa, pocas veces tan penetrantemente captados por un libro”.
Por nuestra parte decimos que en todos sus libros House demuestra una pluma realista, veraz en sus relatos y descripciones, mostrándose como un hombre muy conocedor de la vida paisana y los sucesos históricos, porque si lo que cuenta es pura creación literaria, bien que como él dice puede ser la narración de un hecho histórico. La lectura de sus textos atrapa y mágicamente traslada al lector al tiempo y el lugar del suceso.
De lo que tenemos visto su último libro puede haber sido “Anselmo Coronel”, novela gaucha ambientada en circunstancias parecidas a las de “El Último Perro”.
A nuestro entender tiene una dedicatoria que juzgamos magistral; dice “Envío En El Tiempo: A los “guasos” de caballería, siempre en la vanguardia. A los infantes, firmes, con las chuecas como loro… A los gauchos de mi tierra campa. A todos aquellos que hicieron la Patria, conquistando el desierto”.
 Cierto que “con el diario del lunes” todos somos sabios, pero creo ver en lo transcripto, como una despedida, como una reverencia a los antecesores en la vida de armas, como un homenaje a los admirados gauchos que retrató en su pluma.
Fue un escritor “enamorado de las cosas nobles de su tierra a la que, desde la niñez , aprendió a querer entrañablemente”.
La lectura de su “Anselmo Coronel”, apasionante y atropellada, nos hizo pensar que estábamos viendo una película; así de patente su relato.
Llegará un día (llegará?), en que los editores (privados u oficiales), comiencen a reeditar éstas y tantas obras de otros autores que -a veces- solo conocemos los que estamos en esta materia, como una forma de revivir grandes autores sin tener que buscar buenas plumas allende los mares o cruzando fronteras; será también una forma de reafirmar nuestra identidad.
Pronto se cumplirán 50 años, de aquel 21/09/1962, en que a los 78 años, Don Guillermo House o Don Agustín Guillermo Casá, inició el viaje hacia el silencio.
Aventuramos que quizás su profesión militar fue un tanto incompatible con su actividad literaria, y de allí la falta de información, de notas, de artículos que de él hablen. 
Sea esta evocación nuestro agradecimiento y modesto homenaje a, “ese escritor que pocos conocen”.

La Plata, 30 de abril de 2012


(Publicado en Revista "De Mis Pagos" - digital - Nº  44)

sábado, 23 de febrero de 2013

OMAR J. MENVIELLE


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 44 – 11/02/2012
         Con su licencia, paisano!
        Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

OMAR J. MENVIELLE  u Omar Javier Menvielle, tal su nombre completo, nació el 9/02/1897 “en el 
porteño barrio de la Concepción”, siendo sus padres Da. Manuela Baldomera Sánchez de Boado y Don Juan Menvielle, hacedores de un hogar que alumbró 6 hijos. Por parte de madre descendía de D. Juan  Sánchez de Boado, quien tomó parte activa en las invasiones inglesas y financió “un batallón de gallegos”, siendo su bisabuelo Don Domingo Sánchez de Boado, Tnte. Cnel. y Comandante de Caballería en Chascomús.
Omar Menvielle según su amigo
Cacho Marenco
Su padre, francés de origen bearnes, fue un fuerte inversor en campos, por lo que llegó a tener 4 grandes estancias: “Los 4 Pozos” en Olavarría, “El Porvenir” en Ayacucho, “El Mataco” en Bragado y “La Tribu” en Rauch, más una propiedad en la ciudad capital. Y si bien su nacimiento fue en ésta, quizás se debió a una cuestión sanitaria, ya que inmediatamente se trasladan a la estancia de Olavarría, donde hemos visto, están fechadas las tarjetas de invitación a su bautismo.
La conocida como ‘crisis del año 30’ llevó a la quiebra a Don Juan, y Omar -que por entonces cursaba tercer año de medicina-, fue requerido por el padre, para que junto a otro de sus hijos, se encargaran de liquidar los bienes de manera de ir saldando las cuentas. Cinco años de ardua vida campera le insumió a los dos hermanos dicha misión, cumplida la cual Omar se estableció en Buenos Aires, empleándose en YPF, y casándose en 03/1934 con Raquel Inés Nieto Garralda, de cuya unión nació un hijo que llevó su nombre, que fue veterinario y también poeta, aunque siempre mezquinó sus versos.
Parecería ser que joven, la vida de campo lo motivó a volcar al papel sus versos, con mucha precisión y conocimiento, con un dominio absoluto de todo lo atinente a la vida rural vinculada a las tareas ecuestres; justamente por eso, es que en tiempos de sus primeras publicaciones se lo bautizó “El poeta del caballo”.
Nos contó su hijo y por eso nos animamos a repetirlo, que fue un ‘famoso parador’, hombre de salir caminando con el cabresto en la mano en una rodada, situación que a veces provocaba encarando un campo arado a través.
Supo contar que fue “Los Medinas” el verso que lo hizo conocido entre el gauchaje, a lo que nosotros le agregamos que en él hay casi un autoretrato, ya que su apellido, era a veces simplificado por los paisanos, transformándolo en “Medina” (nombre más de afín a sus conocimientos), y motivo quizás también, para que en alguna de las viñetas con que Marenco lo ilustró, aparezca si figura paisana, chanza en secreto que se jugaron como amigos, ya que el caso no está aclarado en el libro, y me fue indicado por su hijo.
A propósito, su primera publicación se llamó “Albúm Gaucho” y apareció hacia 1942 con ilustraciones de Jorge Daniel Campos, conteniendo unos 12 versos, los que prácticamente volvieron a repetirse más otros 14 nuevos, en el libro “Relinchos”, con una  edición en 6/1962 y una 2da. en 7/1964, en la que consta que el mismo había merecido “Premio del Ministerio de Educación y Justicia a la producción regional en la especialidad. Región Pampeana, trienio 1960/62”. Toda una curiosidad tal distinción para con un libro tan gaucho.
Pero si ver cualquiera de sus libros es hoy una curiosidad, una curiosidad más grande es que una firma consignataria de Azul, “Carlos R. Azcona y Cía S.A.”, reeditó para repartir entre clientes y amigos, el libro “Relinchos” y “De Mi Marca” de Pedro Risso, desconozco si en forma facsimilar o no.
Supo tener por Chascomús un rancho para disfrutar su ocio, y en ocasión de que se remataran pertenencias que allí había, nos contó un pajarito que nuestro amigo Juancito Oar, arreó con los horcones, como grato recuerdo, pa’ su querencia.
Omar Menvielle, falleció hace 45 años, el 15/04/1966, a los 69 años.
                                                                                                   La Plata, 8/02/2012

lunes, 18 de febrero de 2013

CARLOS CASTELLO LURO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 69 – 04/08/2012
Con su licencia, paisano!
        Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

CARLOS ADOLFO CASTELLO LURO (“Cacho”).  Nació  en  Puán  el  12/08/1928.
                                     Orgulloso de sus raíces de criollos de pura cepa, allí formó su hogar junto a Nora Zanetti, convirtiéndose con el tiempo en padre y abuelo.
Argentino hasta el tuétano, reflejó su sentir e inquietudes a través de la poesía criolla, el ensayo y la investigación histórica. Hombre de formación autodidacta, era tan exigente para con los cultores del género como para con sí mismo.
Si bien su nombre recorrió camino de la mano de sus composiciones poéticas, fundamentalmente de ese “Pelajes Entreverao” que lo hermanara a D. Atahualpa Yupanqui, no llegó a publicar un compendio de sus poesías; sí publicó en el rubro novela, donde hacia 1996 dio a conocer “Los pocos y los muchos”, en la que -con conocimientos de primera mano- relata acabadamente las vicisitudes de la vida agraria de los años 40, aproximadamente; novela que fechó en su pueblo en 1992
 Como nada de lo que tenga que ver con la cultura le era ajeno, ejerció el periodismo, habiendo publicado entre 12/1971 y 1/1975 (3 años), un periódico quincenal del que aparecieron 31 números, y que denominó “La Voz de Puán”, cuyo lema era “la pluma es la espada del alma”, expresión cervantina.
Supo en vida del reconocimiento, como que en 1969 recibió “La Flor de Cardo” de parte de la “Fiesta de las Llanuras” de Cnel. Dorrego; en 1986 estuvo ternado para el “Premio Payador” de LS 11 Radio Provincia de Bs. As., y en 1998 recibió la “Distinción Trayectoria” de la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas, entre otros reconocimientos.
Ocupó la función pÚblica en su pueblo natal donde ejerció como Director de Cultura.
Su decir poético suena sentencioso hasta cuando trata cosas simples; su voz es grave, su conocimiento criollo es grande y preciosista en cualquier forma de verso que adopte.
Además del ya citado Yupanqui, grabaron obras suyas: Alberto Merlo, Fco. Chamorro, Santiago Lettieri, Atilio Reynoso, Claudio Agrelo, Jorge Berón.
Afectado de neumonía se había trasladado para su tratamiento a la ciudad de Bahía Blanca, donde complicaciones de su salud devinieron en problemas cardiovasculares, falleciendo en la madrugada del 2 de julio a la edad de 79 años. Sus restos fueron trasladados y descansan en el Cementerio de su ciudad natal.
En coincidencia su cumpleaños, el año pasado se le rindió un homenaje que organizó Cultura de Puán y su familia, abriendo el acto la palabra de su amigo Carlos Difulvio.

miércoles, 2 de enero de 2013

DELLA VALLE, ÁNGEL - apenas Un Grande

         Una centuria atrás, el 16 de julio de 1903, a la muy temprana edad de 47 años, fallecía Ángel Della Valle, probablemente el más notable pintor costumbrista de fines del siglo diecinueve, quien fiel a su vocación, al momento del adiós final, se encontraba en su atelier delante de sus discípulos dictando clase, formando futuros artistas.
         En un hogar de inmigrantes italianos -su padre era lombardo-, establecido en el porteño barrio de San Telmo, como tercer hijo de ese matrimonio, nació Ángel Domingo Juan del Sagrado Corazón de Jesús Della Valle, un 10 de octubre de 1855.
         Su padre, ejerciendo la profesión de constructor, levantó varios edificios en la Buenos Aires de entonces, permitiendo a su familia una vida sin apremios, al punto que el futuro artista pudo cursar sus primeros estudios en el Colegio San José, e iniciarse en pintura con José Bouchet, estudios que pronto enriquecería con otros maestros, y aunque su padre muere durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871, el apoyo y decisión de su madre, hará que pueda en 1875, trasladarse a Italia (Florencia), a continuar estudios superiores en su materia.
         Tenía 20 años, y por espacio de otros 8 permanecerá en Europa. Época de estrecheses  y privaciones para madre e hijo, que no pudo doblegar las motivaciones y convicciones que le permitieron al joven Ángel llegar a ser un grande.
         Instalado en Florencia estudia con Antonio Ciseri, quien -según escribe Gutiérrez Zaldivar- había fundado “la Sociedad Cooperativa de Estudiantes. Una escuela en la que entre todos los alumnos cubrían los gastos del alquiler del local, de los modelos y de la enseñanza.”
         A su regreso de Europa -1883- la organización del arte en el país estaba en cierne, por eso no llama la atención que al hacerse la convocatoria para la fundación de “El Ateneo” se encuentre participando del movimiento desde su primera reunión -la noche del sábado 23 de julio de 1892-, junto a los más notables poetas, escritores, músicos y plásticos del momento.
         Antes del año, el l5/05/1893, “El Ateneo” inaugura la primera Exposición de Arte que conocería Buenos Aires, y en ella Della Valle, junto a Sívori, Mendilaharzu y Caraffa, entre otros, integró el “jurado de admisión”, a la vez que todos ellos participaron de la muestra; en la misma fueron alabados los retratos de Schiaffino, “El Tambo” de Sívori, y “La Corrida de Sortija” de Della Valle. Esta, que representa el juego ecuestre del título en un día de fiesta patria en una población indefinida del interior rural, aproximadamente hacia 1870/80, es un óleo de notables dimensiones: 123 x 210 cm.
         Sobre éste particular Juan José Cresto escribió no hace mucho: “es, en nuestra opinión, la obra más lograda y una de las que mejor representan la sociedad argentina del interior y quizás la más genuina pintura nacional de toda nuestra historia.” (el destacado es nuestro).
         Volviendo a “El Ateneo” es de resaltar que por iniciativa de sus plásticos, nacerá en 1895 el Museo Nacional de Bellas Artes.
         A partir de 1896 lo encontramos a Della Valle integrando distintas comisiones directivas.
         Al publicar Luis Berisso en 1915 un poemario de su autoría, incluye los versos titulados “Recuerdos del viejo Ateneo”, en los que dedica una estrofa a tres de los artistas que en él descollaban; la misma -no exenta de humor- dice:

“Para hallar reputación
Schiaffino pinta a destajo.
Della Valle da “Un Malón”
para hacer reputación.
De la Cárcova al Salón
va “Sin Pan y Sin Trabajo”.
Para hallar reputación
todos pintan a destajo”.
     
         Desde 1885 es profesor de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes que funciona en el edificio Bon Marché, de calle Florida y Córdoba, actualmente Galería Pacífico. Ejerció allí la docencia por espacio de 18 años, en forma ad honorem.
         En el mismo edificio tiene su atelier, donde pinta retratos, importante medio de ingresos cuando la fotografía no era aún una cosa habitual. Antes, recién llegado de Florencia, había instalado su estudio en San Telmo, en la casa familiar.
         Su obra costumbrista, tema al que se abocó con preferencia, se destaca por un puntilloso realismo de tipo fotográfico, en el que, según Romero Brest “su romanticismo se manifiesta en la libertad de movimiento de los personajes y animales, así como en la fluidez de las pastas.”
         Es de hacer notar que en el aspecto costumbrista -como bien apunta Gutiérrez Zaldivar- “...hizo su gran aprendizaje junto a Juan Manuel Blanes, creo que el maestro uruguayo fue quien le dio la clave para encauzar la forma y el espíritu de su obra.”. Casi podría afirmarse que hay cierta sintonía entre la forma expresiva de Blanes y Della Valle.
         Las principales instituciones del país tienen en sus colecciones, obras de Della Valle, así el
-          Museo Nacional de Bellas Artes, posee “La Vuelta del Malón” y “El Juego de Pato”; y el
-          Museo Histórico Nacional, “Carga de Granaderos”;
mientras que otras se conservan en el Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori” y el Municipal de Arte Hispanoamericano “I. Fernández Blanco”.
         En estos últimos años, cierta revalorización de su obra y un volver la vista atrás, hizo que cuadros suyos fuesen “la estrella” de importantes subastas capitalinas; así, en mayo del 96, Bullrich, Gaona & Wernike ofreció su óleo “Estación de Lomas de Zamora”; en mayo de 2001 Roldán y Cía. remató otra obra, y en octubre del mismo año, la casa J. C. Naón subastó -procedente de Italia- el cuadro “Idilio Criollo”, en la friolera de U$S 96.400. Con anterioridad, entre el 29/4 y el 2/6/1999, la Galería Zurbarán, de Cerrito 1522, realizó una “Exposición Retrospectiva”, según su información “la segunda exposición individual de Ángel Della Valle”; la misma constaba de diez obras, entre las que se hallaban “Corrida de Sortija”, “Incendio en la pampa”, “La Estación de Lomas de Zamora” y “Tren en la pampa”.
         Magnífica expresión gaucha y costumbrista la que ofrece la paleta de Ángel Della Valle, sin duda alguna, uno de los máximos exponentes de la plástica nacional; por eso retomando la palabra del ya aludido J. J. Cresto, decimos con él: “Fue un argentino cabal, que amó su tierra, que fue la suya, la que interpretó con sus grandes condiciones artísticas, captando la esencia de cada escena cotidiana de la vida rural.”
         Hace 102 años, un gran argentino se volvía historia.

Bibliografía

-          Roberto F. Giusti - Momentos y Aspectos de la Cultura Argentina (Cap. Vida y Empresa del Ateneo), 1954
-          Julio E. Payró - 23 Pintores de la Argentina 1810-1900 (Eudeba, 11/1962)
-          Catálogo “Della Valle – Exposición retrospectiva” (4/1999)
-          Juan José Cresto - El pintor de las pampas (La Nación, 27/11/1999)
-          Abad de Santillán - Diego, Gran Enciclopedia Argentina
-          Martín Fierro (Ed. Nuevo Siglo S.A. – Bco, Municipal La Plata – 1997)
-          Genios de la pintura argentina, carpeta Della Valle (Ed. Perfil, 06/2000 – I. Gutiérrez Zaldivar)
-          La Nación (26/5/1996 – 29/4/2001 – 2/10/2001)
                                                                                                                                          (Publicado en Revista "De Mis Pagos" Nº 19)

viernes, 30 de noviembre de 2012

LA PLATA - Algunas Curiosidades

Diario "El Día" de La Plata - Cartas - Edición del 3/12/1998
Repasando el libro de Alberto S. J. de Paula, "La Ciudad de La Plata – sus tierras y su arquitectura", me encontré con un dato que si bien en otra ocasión pasó desapercibido ante mis ojos, ahora me llamó la atención, y se me ocurre una curiosidad para compartir con los lectores que aman la ciudad.
Hace pocos días nuestra Capital cumplió 116 años (*), y el dato que llamó mi atención proviene de la afirmación del autor citado, cuando dice que la fecha de fundación fue diferida en varias ocasiones; primero se pensó en el 6 de agosto; luego el 23 de septiembre se designaron por decreto los miembros de las comisiones para las fiestas correspondientes, expresándose que la ceremonia debía realizarse “a la brevedad”. Finalmente, el 10 de noviembre de 1882, por un decreto del Poder Ejecutivo se estableció la fecha del domingo 19 de noviembre para la fundación formal.
Y aquí mi sorpresa: casualmente en esta ciudad, cincuenta y siete años después, se concretó la Ley del Día de la Tradición, que -coincidentemente con la fecha de aquel decreto-, 10 de noviembre, fijaba este día y mes por ser el natalicio de Hernández. ¿Habrá sido una premonición? Sabida es la vinculación del poeta con la nueva ciudad e incluso con su nombre.
El otro dato poco conocido, lo aporta de Paula, cuando refiere que se fija el día 19, pues era el cumpleaños del segundo hijo varón de Rocha, llamado Dardo Melchor Ponciano y también el onomástico de su tercer nombre, San Ponciano, cuya coincidencia determinó se le encomendara el patronazgo de la ciudad.
Por último, y siempre siguiendo al mismo autor, decimos que ¡1500 carpas! se montaron en “la ciudad baldío” para albergar a los concurrentes, como así también, en la manzana delimitada por las calles 4, 5, 51 y 53 se montó el “pabellón desarmable” que había servido de sala de conciertos en la Exposición Continental celebrada poco antes en Buenos Aires, en la cual se distribuyeron mesas para 350 comensales.
Como se observará, todas cosas simples, pero que hacen a la historia de la ciudad. Y por cierto que vale la pena leer al autor citado.
La Plata, 26 de Noviembre de 1998

(*) El pasado 19/11/2012, la ciudad cumplió 130 años

martes, 27 de noviembre de 2012

LYNCH y SÁENZ

Dos Grandes de la Literatura Costumbrista

Diario "El Día" de La Plata -Cartas- edición del 16/12/1992


Diciembre hermana por fechas de natalicio y fallecimiento a dos grandes sin cuento de la literatura costumbrista en general, y del regionalismo bonaerense en particular. En primer término nombro a Benito Lynch, un platense notable -si tal lo juzgamos por su larga residencia en la ciudad-, y el más bastamente conocido cultor de la narrativa criolla junto a Ricardo Güiraldes. Y seguidamente evoco a Justo P. Sáenz (h), un narrador, poeta, investigador que nada tiene que envidiar a los autores mencionados, y que si bien es uno de los “máximos” referentes literarios dentro del tradicionalismo, no es tan conocido a nivel general del público masivo.

Y a dos hechos bien diferenciados pretendo referirme: Lynch, quien residió en la casa familiar de la Diagonal 77, frente a la plazoleta que triangulan los cruces de las calles 8 y 43, y se desempeñara por décadas como cronista de “El Día”, se fue de la vida el 23/12/1951.
Seis años y unos meses después, al demolerse dicho inmueble, la Municipalidad platense, a través de la Dirección de Paseos y Jardines, lo homenajeó al erigir sobre el lateral derecho del camino de acceso al Parque Saavedra (12 y 68, “el parque cerrado” como se lo conoce, aunque su nombre sea otro), no muchos metros antes de llegar al palacio que ocupa la parte central, un evocativo “Rincón del Novelista”, conformado el mismo por la puerta y el portón de dos hojas que otrora ocuparan el frente de su vivienda.
Y así como frecuente caminador y gustador de la frondosa arboleda del paseo, lo contemplé mil veces (por decir un número), deteniéndome ante él otras tantas veces, e incluso fotografiándome contra el mármol que reseña el homenaje.
Pero… desde hace un par de meses falta de su lugar una de las grandes hojas del portón de pesado metal, y al notarlo,  pensé en las depredaciones habituales de esa incultura que no admite justificativos de ninguna clase -y nos perjudica a todos-; la misma que dañara la totalidad de las figuras escultóricas del parque, daños a los que hace poco se refirieran desde estas mismas páginas mostrando además la muy deteriorada fuente “de los angelitos”.
Por suerte en mi caminata del sábado 26, topé de pronto con el desaparecido cerramiento, al que encontré sujeto con alambres a dos de las casuarinas que se ubican en hilera, paralelas a calle 14. ¿Qué fue lo que pasó? ¿La violencia anónima la arrancó de su emplazamiento? ¿El paso del tiempo deterioró los goznes y hubo que retirarlo? Sea cual fuere la causa, hago votos para la pronta reposición (*) en su sitial de honor, como una forma también de iniciar la recuperación estética del paseo que fuera orgullo de la barriada, cuándo nombrándolo como “jardín botánico”, lo recorríamos leyendo al pie de cada árbol, la chapa que lo identificaba con su nombre vulgar y científico.
El otro comentario evoca con sentida emoción la figura señera de un argentino que debería ser leído por todo aquel que se precie de tal y aspire al conocimiento de usos y costumbres regionales. Me refiero a Don Justo P. Sáenz (h), de quien este mes se cumple el centenario de su natalicio, como que vino a la vida el 19/12/1892. Al igual que Lynch, estuvo vinculado al campo desde su nacimiento, y si bien ejerció la profesión de escribano, para la cual estaba habilitado, desempeñose también y por largos períodos como administrador de campos en esta provincia y en las del litoral, trabajos que le permitieron acrecentar sus conocimientos costumbristas.

Según sus propias notas, relaciona sus años adolescentes con la confección de sus primeras estrofas, algunas de aquellas como “La Carrera”, de antología para los entrados en materia. Hacia 1927 un suplemento dominical de “La Nación” da cabida a su primer cuento, y de allí en más y hasta 1970, fue conspicuo concurrente en páginas tales como “Caras y Caretas”, “La Prensa”, “El Caballo” y “Camping” entre otras.
Su obra édita puede reseñarse nombrando “Pasto Puna” (1928, 3 ediciones), “Baguales” (1930, 3 ediciones), “Cortando Campo” (1941, 3 ediciones), “Equitación Gaucha en la Pampa y Mesopotamia” -ensayo/investigación- (1942, 5 ediciones), “El Pangaré de Galván” (1952), “Los Crotos” (1967), “Pampas, Montes, Cuchillas y Esteros” (1967). “Blas Cabrera” (1970, póstumo); también póstuma es la publicación en la desaparecida revista “Camping” de su último cuento “Sofanor Quiroga”.
Valga destacar que su obra “Equitación Gaucha”  -única en su género y como tal libro de consulta- recibió el Primer Premio de Literatura y Folklore Regional otorgado por la Comisión Nacional de Cultura, siendo designada además, como obra de estudio por la Facultad de Filosofía y Letras.
¡Cuánto habría para hablar de Don Justo!, pero demasiado hemos abusado del espacio, aunque estamos seguros ha de ser este uno de los pocos -sino el único- homenaje a su centenario.
Digamos por último que su estrella gaucha se encendió a los 77 años de edad, un 28 de mayo de 1970.

(*) Con posterioridad a la publicación de esta nota, la hoja del portón fue restituida a su lugar.


viernes, 16 de noviembre de 2012

PEDRO RISSO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 65 – 07/07/2012
         Con su licencia, paisano!
        Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

Pedro Risso - 11/1942
PEDRO RISSO. Poeta  campero ¡y de los buenos!, nació el 11/07/1915 en la localidad de Aldo Bonzi del “Viejo Pago de La Matanza”. Más adelante su familia se muda y se establece en Avellaneda, zona que por entonces centralizaba la actividad de mataderos y frigoríficos, y que lo puso en contacto con un gran movimiento de hombres de a caballo, lugareños o radicados en la zona, unos; del interior provinciano que llegaban como reseros, los otros. (Hace 4 días hubiese cumplido 97 años).
Integró el Círculo Tradicional “Leales y Pampeanos” desde 1937 -aproximadamente-, y fue su Revista “La Carreta” el órgano que permitió la primera difusión de sus versos, esos que son ¡una genuina expresión de la reunión de gente criolla: en la matera, en las grandes cocinas de las estancias, en el fogón! Su primer trabajo, firmado como “El Zurdo Nicasio”, apareció en 07/1946 y se tituló “El Oscuro Mentao”, verso en el que para disimular al autor, se nombra como dueño del caballo en cuestión, contrapunteando literariamente con el seudónimo “El Chueco Maidana” que escondía a Emilio Frattini, y en ocasiones con “El Pampa Filemón”, que no era otro que Rodolfo Nicanor Kruzich.
Marca su estilo el lenguaje exacto y fiel de los hombres de la campaña bonaerense con sus giros y expresiones, que puede a veces chocar con el buen decir de las academias, pero que por el contrario, refleja la verdad de un reservorio de pureza que fue ¡y es!, el habla del hombre rural. Opinamos que campea en sus versos, la sencilla realidad paisana del hombre de nuestra campaña, de ahí que suenen y resulten tan auténticos.
Ocho días antes de su deceso, entregó a su amigo Osmildo Etulain una selección de sus trabajos; selección que póstumamente, se aumentó con el aporte de versos que guardaban amigos y familiares, con la intención de compendiar en un libro lo más posible de su obra. Y así, con ese aporte y el económico necesario para solventar la edición, a ocho meses de su muerte, en octubre de 1967 aparece “De Mi Marca”, libro de 211 páginas que entablan 116 poemas de neto sabor campero, el que fue concretado por una suscripción entre los amigos, con una tirada de 500 ejemplares.
Curiosamente, como ya lo apuntamos al hablar de Menvielle, años después, la firma Carlos R. Azcona y Cía. S. A., de Azul, reeditó la obra en una tirada reducida y fuera de comercio, que distribuyó entre clientes y amigos.
En su poesía “Ensillando”, a través de veinte notables estrofas va contando como ensilla su “oscuro”, al tiempo que describe a todas y cada una  de las pilchas de su “recado de dominguear”, del que tomamos para cerrar, el deseo expresado en la cuarteta final de la última décima: “rogarle a Dios yo quisiera  / pa’ que el recao y mi pingo  /  no anden en manos de gringo  /  el día que yo me muera.”
Pedro Risso falleció con jóvenes de 51 años, el 11/02/1967.