miércoles, 9 de mayo de 2018

LIBERTARIO BLENGIO (Charla 1)


AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 42 – 09/05/2018
Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.

Treinta años atrás, ¿quién que frecuentara las jineteadas no conocía al “Fogonero” Blengio? Puede que hoy la gente joven no sepa de él, pero realmente fue un auténtico trabajador del tradicionalismo y para el tradicionalismo, y si bien la animación de fiestas y la venta de sus libritos eran su medio de vida, no era un mercachifle ni un negociante.
Este año 2018, ha sido el del Centenario de su nacimiento, y por eso es que lo queremos evocar desde este fogón, ya que el 10 de marzo de 1918, nacía en Baigorrita, partido de Gral. Viamonte, quien sería el poeta Libertario Blengio, siendo su nombre real Líbero Carlos. Fueron sus padres Catalina Cerutti y Carlos Blengio, siendo éste, carrero de oficio y poeta aficionado.
De allí, de Baigorrita, por cuestiones de trabajo, la familia se trasladó a la zona de El Dorado, en Leandro N. Alem, hasta que a los 25 años Libertario se radicó en José C. Paz, calle Lisandro de la Torre 788, domicilio en el que vivió hasta el final de sus días.
Tuvo muy poca escuela, solo el 1º grado en su pueblo natal, época de la que siempre recordaba con sumo cariño a su maestra: Felipa Arce.
La vida lo obligó a desempeñarse en todas las tareas rurales, siendo las que más lo marcaron la de carrero y tambero, sin olvidar que a veces supo domar para su propia silla, y otras por encargo de alguien de la vecindad.
Fue por los 10 años cuando compuso sus primeras rimas: había quedado al cuidado de una chata que se rompió en el camino, y en la larga espera, mientras aguardaba volvieran a repararla,  compuso cuatro cuartetas.
En la década del 60, cuando ya estaba cerca de los 50 años, asistió un día a la audición “Amanecer Argentino” atraído por lo que allí sucedía con cantores y payadores, y todo lo que se hablaba de las fiestas criollas, y ya nunca más pudo apartarse de la huella: fue como que el destino allí lo estaba esperando.
Abandonó  todas sus actividades abocándose a escribir y llevar esos versos a modestos folletos, con los que empezó a acercarse a todos los fogones de que tenía noticia, y es de allí que le sobreviene su apodo: “El Fogonero”.
Vender sus pequeñas publicaciones, animar desfiles, reuniones de canto y jineteadas, se trasformará en su modo de vida, siempre a lo largo y ancho del país, porque no debe haber existido fiesta criolla, aunque sea en el rincón más apartado, a la que no haya asistido.
Su cara enmarcada por una tupida barba blanca y su mirada bonachona, aparejada a su campechana forma de ser, lo volvían un ser simpático y querible, que no tenía problema en acomodarse en el rincón más apartado, eso sí: hasta que se izaba la bandera, porque entonces le brotaba de muy adentro el verso con que gauchamente floreaba al pabellón nacional.
Lo mostramos con las cuatro décimas de “Son Pelos Firmes los Trece”: (El verso se puede leer en el blog "Antología del Verso Campero")

DON PEDRO INCHAUSPE - ¡Un Nombre Que No Hay Que Olvidar!

Don Pedro Inchauspe, según retrato de Ramón Subirats

En el número anterior al hablar de “El Lunar”, traíamos a la conversación el nombre de Pedro Inchauspe, y nos parece ahora momento oportuno, para dar algunas referencias sobre dicho autor.
En estas circunstancias de andar desde hace muchos años ya, entreverado a poetas y escritores que han cultivado el género gauchesco, más de una vez algún recién llegado al ambiente del tradicionalismo, con la sana intención de aprender sobre el gaucho y su cultura, me ha preguntado “-Qué libro tengo que leer…?”, como si hubiese uno que en 200 o 400 páginas compendie todo el conocimiento. Allí mi respuesta ha sido: “-¿Un libro…? ¡No! Toda la biblioteca tenés que leer”, incluso agregamos ahora, aquellos autores de opiniones encontradas, para tener un panorama más amplio, y así poder de ese bagaje, sacar propias conclusiones respecto al tema en cuestión, o sea: el gaucho.
Pero sí podemos indicar que un autor para comenzar el aprendizaje y que por supuesto no puede faltar, es Pedro Inchauspe, y como hay muy poca información sobre el mismo, aprovechamos la posibilidad de estas páginas para rumiar algunas referencias.
Si bien nació en Córdoba, más puntualmente en la localidad de Laboulaye, el 5/06/1896 por lo que próximamente cumpliría 120 años, solo vivió allí no más de siete cuando, por 1904, a cargo de su hermana Elvira, recién casada con Gregorio Moreira Gómez, se radicaron en la Ciudad de Buenos Aires. Su cuñado -maestro, concertista de violín y aficionado a las letras-, pudo haber sido su primer referente en las cuestiones culturales, como que fue en su biblioteca, donde abrevó desordenadamente, en todo tipo de lecturas.
Yendo a su familia podemos decir que es el penúltimo hermano de un total de doce, que concibió el matrimonio de Dominga Lamothe y Juan Inchauspe -ambos vascos franceses-, quienes después de intentar establecerse en distintas localidades de Uruguay y Argentina, se radicaron definitivamente, ya en la década final del Siglo 19, en la cordobesa Laboulaye.

Ha contado su amigo y colega Germán Berdiales (aparcero de sueños docentes y argentinistas), que al momento de asentar su nacimiento, fue inscripto como Pedro Antonio, nombre este segundo que nunca usó en su actividad literaria, aunque sí en la vida familiar, donde cariñosamente de le llamaba “Antuco”.
Tras una iniciación frustrada en la escuela secundaria, en 1915, ya con 18 años, se inscribe en la Escuela Normal de Profesores N° 2 de Capital Federal, de donde egresará en 1919, y a ahora, tras un breve paso por el periodismo, inicia la carrera docente como director de escuela en una colonia de indios araucanos en Chubut. Eran tiempos en que el director era portero, maestro, cocinero y consejero también.
Luego y por casi diez años ejerce el magisterio en escuelas del Territorio Nacional de La Pampa.
Estas dos experiencias en esencia rurales, lo enriquecerán en el conocimiento de costumbres y tradiciones.
A partir de 1928 y hasta 1951, año en que se jubila como director, toda su carrera se desarrollará en escuelas de Capital Federal.
En las letras de sabor terruñero se inició en años adolescentes y no mucho tiempo después conoce las mieles del reconocimiento cuando su cuento “Bajo el Sol de la Pampa” es galardonado en un certamen organizado por un medio gráfico.
Repetirá la buena experiencia cuando en 1927, “El Diario Español” le premia en su certamen literario, la novela corta “Contramarca”. Y en 1935, otro concurso que lo premia, lo acercará al conocimiento popular: el diario “La Prensa” organiza un certamen literario de cuento infantil que gana con el cuento “Vueltatrás”, a raíz del cual, en 1938, publicará su primer libro: “Vueltatrás y otros cuentos”.
Dicho premio hace que el director del diario personalmente se encargue de sumarlo al elenco de su medio, vinculándolo al suplemento dominical, donde prácticamente aparecerá toda su obra que después se transformará en libros, los que fueron doce, a saber, y con posterioridad al ya citado: “Allá en el Sur – cuentos de la Patagonia y la Pampa” (1939); “Elementos Tradicionales de la Región Central para Nuestro Teatro” (conferencia, 1940); “Pequeña Biografía de Dalmacio Velez Sarsfield”; “Voces y Costumbres del Campo Argentino” (1942); “Las Pilchas Gauchas – la vestimenta y el apero” (1947); “San Martín, el maestro” (1947); “Más Voces y Costumbres del Campo Argentino” (1953); “Diccionario del Martín Fierro” (1955); “El Gaucho y sus Costumbres” (1955); “La Tradición y el Gaucho” (1956) y “Reivindicación del Gaucho”. Inéditos: “Don Miente Mucho” (literatura infantil) e “Historia de Laboulaye”.

Se ha dicho de él: “Nadie como Inchauspe es cultor de nuestras esencias nacionales, de la tradición, y lo que es más importante aún, del gaucho. El gaucho como valor humano y como producto del medio. (…) y no por tradicional y amigo del hombre que representa Martín Fierro, era partidario del estancamiento. El aforismo pedagógico > representa para él norma de vida”.
Con recién cumplidos 61 años, falleció Don Pedro Inchauspe en la noche del miércoles 31/07/1957.
Retomando el inicio de este comentario, para los que preguntan qué libro leer para comenzar andar las “güeyas” de las tradiciones, sin ninguna duda recomiendo: “La tradición y el Gaucho”, “El Gaucho y sus Costumbres” y “Reivindicación del Gaucho”. Y en otra próxima seguiremos recomendando otros respetables autores. Eso sí!, hay que armarse de paciencia, porque estas obras no se han reeditado y solo se consiguen en las adorables “librerías de viejo”, o bien ahora, por los mercados que ofrece “la internet”.
Hasta la próxima topada.

La Plata, 27/04/2016

(Publicado en Revista "El Lunar", ejemplar N° 15, de 06/2016)

JULIO CABEZAS - DALMIRO SÁENZ, Duelo a Primera Sangre

Cuando el despuntar del pasado mes de diciembre, se cumplieron 50 años -¡medio siglo!-, de un acontecimiento vinculado a la cultura criolla, que la mayoría de la gente del tradicionalismo desconoce. Ese mes del año 1966, en el ámbito del Círculo Criollo “El Rodeo”, en tiempos en que estaba en el Palomar, el escritor Dalmiro Sáenz enfrentó en duelo a cuchillo y a primera sangre, al poeta gaucho y relator de jineteadas, Julio Secundino Cabezas, “Cunino” para los más allegados.
Esto que así narrado parece algo descabellado, tenía su razón de ser.

El 29/07/1965, Editorial Atlántida lanzó al mercado su nuevo producto: “Revista Gente y la Actualidad”, la misma que 52 años después, luce vigente en los escaparates de los kioscos del país. Como lo resalta su título abarca temas de ‘actualidad’, y del espectáculo, destacándose en sus páginas a personajes de la farándula, artistas y modelos, lugares de vacaciones locales y del mundo, y varios etcéteras. Desde los inicios su éxito era palpable. Y para el público lector su nombre se limitaba (…y así sigue siendo),  a: “Gente”.
Cuarenta años acusaba en esos días Dalmiro Sáenz, quien por entonces ya había publicado una media docena de títulos, conocido el  éxito de ventas y el halago de premios importantes. Trabajaba para la revista escribiendo notas de un tenor y tema distinto al habitual.
Sáenz se caracterizaba por ser un escritor provocador, que no dudaba en meterse con la iglesia y poblar de sexo sus escritos, algo nada común y resistido por parte de la sociedad de esos años. Pero él seguía adelante y así lo hizo hasta el final de su vida, siempre por el mismo andarivel.
Era sobrino del sabio criollista Don Justo P. Sáenz (h) -si mal no he entendido-, porque era hijo de su hermana Lucrecia casada con su primo Dalmiro Sáenz, recibiendo para sí el nombre paterno.
Cincuenta y siete años cargaba Julio Cabezas, de quién ¿qué podemos decir que los amigos lectores no sepan? Por otro lado en el “primer” Tradicional, aquel que era periódico, publicamos en el número 36 un artículo con datos  biográficos al que podemos remitir a los interesados; no obstante recordamos que era un reconocido poeta criollo, que de alguna manera profesionalizó la animación de jineteadas, e hizo popular en sus relatos la expresión “¡Voy al hombre, nomás…! Natal del Chubut, se acercó a Buenos Aires hacia 1929 con motivo de cumplir con el servicio militar, y cumplido el mismo quedó como domador en el 8 de Caballería, y años más tarde ingresó al Mercado Nacional de Haciendas, donde finalmente se jubiló.
Afamado tirador de lazo, en el año ’30 integró el equipo de jineteada que participó de un concurso internacional organizado en Montevideo, Uruguay, donde se coronaron ganadores.
Publicó varios libros de pequeño formato, de los que, muchos paisanos tomaron las letras para cantar por milonga, y varias de ellas fueron llevadas al registro discográfico en la voz de reconocidos cantores sureros.
Presentados, de alguna manera, los partícipes del duelo, volvamos a ese asunto.
Con motivo de presentar una nota “rara” y de fuerte contenido, Dalmiro se propuso vivir un duelo criollo y hacer la crónica escrita de esa, su propia experiencia: de los nervios, de la emoción y adrenalina de estar frente a un adversario que en cualquier momento te puede tener en la punta de su cuchillo, o de lo que se puede sentir si el que primero corta es uno.
No testifica como llegó a “Cunino” ni por qué lo eligió, porque en realidad no ha trascendido que éste tuviera fama de cuchillero; nunca nada al respecto se dijo de él.
Pero lo cierto es que lo visitó, dice, en su domicilio de calle Miguel Quintana, de Villa Insuperable, a pocos metros de la Gral. Paz, donde concertaron el “enfrentamiento a primera sangre”, a desarrollarse en el Círculo Criollo “El Rodeo”. Cuenta Sáenz: “…iba a la casa de un hombre llamado Julio Cabezas, un domador de prestigio, un verdadero artista del lazo, un hombre que manejaba el cuchillo con la misma naturalidad con que yo manejo la birome sobre este papel en donde estoy escribiendo. Iba a pedirle que sostuviera conmigo  un duelo criollo a primera sangre.”
Al día siguiente, a media mañana se encontraron en el lugar acordado, sumándose a los duelistas dos reporteros gráficos y un jurado, al que Dalmiro cita como “el hijo de Cabezas”, aunque el tal mozo -al que siempre presentaba como su hijo-, era un sobrino (Víctor, si mal no recuerdo), hijo de un hermano suyo del que tiempo después que naciera ese hijo nunca más se supo de él, por lo que Julio -que sí tenía una hija mujer-, lo crió como hijo propio.
Dalmiro se descalzó y arremangó un tanto el pantalón vaquero, mientras que su diestra sostenía un cuchillo con defensa en “S”, al que describió como un “facón caronero que yo hace años tuve que acortar porque se me había quebrado la punta”, pero que viendo las fotos uno duda de tal descripción.

Por su parte, Cabezas, empuñaba un facón cabo de plata, sin defensa, que a juzgar por el testimonio gráfico, bien pudo ser una daga (hoja de dos filos); vestía bombacha sujetada por la faja, sin tirador, y lucía sobre el cuello de la camisa de puños abrochados, un pañuelo tendido, coronando su testa un clásico chambergo chico, de ala requintada, mientras que un ponchito liviano de guarda pampa, a manera de escudo le cubría el brazo izquierdo.
Aproximadamente 45 minutos duró la tenida, la que como estaba acordado finalizó cuando asomó la sangre. En un recuadro y en tercera persona, se lee al final de la nota: “…Julio Cabezas es un esgrimista que pone el cerebro en la punta de su arma. Coloca cada golpe y mantiene su defensa de manera tal que pareciera que cuenta con horas para pensar cada movimiento. En realidad todo es cuestión de fracciones de segundos. Dalmiro Sáenz, por su parte, es más intuitivo y actúa mucho en base a reflejos. El duelo -silencioso e intenso como un miedo-, terminó poco después de que el cuchillo de Cabezas rozara el brazo de Sáenz y punteara su frente. Lo de “primera sangre” se había cumplido. El día seguía gris y frío. Se miraron y se dieron la mano. Palabra de hombre.”

Con una foto en color y a toda página, y ocho de distintos tamaños en blanco y negro, la edición N° 73 de Revista Gente del 15/12/1966, se engalanó con una nota distinta, corajuda y curiosa, reviviendo aquellos trágicos duelo en una pulpería, una tabeada, una cuadrera, una riña de gallos… donde “no se jugaba a primera sangre” sino que se jugaba la vida.
Los otros duelos, aquellos para lavar el honor o limpiar ofensas también existieron entre nosotros, pero nunca entre gauchos, sí entre políticos, militares y periodistas. A propósito, en 1878 fue publicado el Primer Código Argentino sobre duelos, intentando fijar normas y reglas para librar los mismos.
En el que aquí evocamos, Dalmiro Sáenz buscó revivir la demostración de coraje de los tiempos gauchos, y enfrente lo tuvo a Julio Cabezas. Claro que ya ha transcurrido medio siglo de aquella remembranza, y ninguno de los dos vive hoy para agregar detalles…
La Plata, 22 de Agosto de 2017

(Publicado en la página Web de El Tradicional, con fecha 22/08/2017)

domingo, 6 de mayo de 2018

NUTRIERO


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 71 – 06/05/2018
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

La nutria, que aún sigue diciendo ¡presente! en distintos ámbitos de nuestra campaña, aunque muy disminuida con relación a épocas pasadas, supo servir para definir un oficio del que vivieron muchos paisanos, algunas veces bien recibidos y otras corridos por los dueños de campos donde éstas moraban.
La nutria o nutria criolla propia de sudamérica, es en realidad otro animal: el coipo o quiyá, y el que habita nuestra región es la especie llamada científicamente “myocastor coypus bonariensis”, es herbívora, siendo su alimentación en base a tubérculos, raíces, granos de plantas acuáticas, juncos y pajas, aunque a veces, por ahí en tiempo de cría, puede agregar algunos gusanos y otros bichitos del agua. Habita en pastizales de bañados y ambientes acuáticos de lagunas, ríos y arroyos, donde construye especies de túneles, al fin de los cuales excava la cueva en la que habita y que suele acomodar y tapizar con vegetación y que es el lugar donde la hembra tendrá sus crías, que pueden ser 4, 5 o 6  cachorritos, pudiendo parir hasta casi tres veces por año.
En nuestra campaña pampeana es natural de los amplios bañados sobre las costas del Plata, y los sistemas de arroyos y lagunas pampeanos del interior de la provincia.
A quien se abocó a su caza como un medio de vida o como una “changa” que le acerque una extra a otros magros ingresos, se lo denominó y aún se lo conoce como “nutriero”.
El poeta Don Adolfo Manuel Reynoso en 1982 le dedicó a estos personajes un libro que tituló casualmente “Romance al Nutriero”, demostrando con ello que había mucho por decir; unos 20 años antes, Don Miguel Comaleras dio a la prensa un hermoso y recomendable trabajo  titulado “Los Cañadones”, ambientado en una estancia de la zona de Lavalle, relatando historias de nutrias y nutrieros allá por 1937 a 1947, experiencia que transcurriera en la estancia que cita como “Cari Lauquen”.
Más atrás aún, por 1949, ya no en nuestra campaña sino en tierras santafecinas, el prolífico escritor Gastón Gori publicó el libro “El Camino de las Nutrias”, donde éste gran roedor y sus cazadores dan sustento a la trama de la obra.
La del “nutriero” que anda en los cañadones y pajonales, ha sido una vida muy ruda y sacrificada, ya que en el período de caza se establecía allí mismo, construyendo una precaria ranchada entre los juncales, viviendo en ese ambiente húmedo, tratando de mimetizarse con el medio, sin levantar “la perdiz” como quien dice, al punto de no prender fuego y en caso de hacerlo tratando de disimularlo lo más posible, para no delatar su presencia, tratando de evitar inconvenientes con dueños de campos y con controles de la fauna. Ocupándose después de recoger las trampas pasada ya la noche, en cuerear los bichos y en estaquear prolijamente los cueros, de la mejor manera posible para que den las mayores medidas que hará valer o tratará de imponer posteriormente, con el comprador de esos cueros, pieles que en trabajos de peletería adquirían valores muy ajenos a los que su pericia de cazador silencioso, recibía como pago por su mercadería.
Solo como una anécdota mínima puedo relatar que allá por 1958/60, se estableció en una casa vecina a “Los Ombues” de mis abuelos Espinel, un joven matrimonio conformado por un chileno con una misionera, con dos hijos pequeños. Como a aquel pedazo de campo lo atravesaba en diagonal un arroyo de buen cauce que no conocía la seca, mi abuelo lo autorizó a aquel hombre a colocar las trampas para cazar nutrias, pasando aquellas a ser casi el sustento diario por un largo tiempo, hasta que aquel consiguió un conchabo fijo. Aquella circunstancia, me permitió saborear junto a los hijos del matrimonio, la carne de nutria preparada al horno, sancochada y en escabeche, entre otras preparaciones, ya que la señora procuraba variar las recetas para no aburrir el paladar.
Ilustramos con unas décimas de del payador de Chascomús, Jorge E. Young, justamente titulado "Nutriero".
(El verso se puede leer en el blog "Antología de Versos Camperos")

domingo, 29 de abril de 2018

CABALLO CRIOLLO


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 70 – 29/04/2018
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

525 años atrás, con la llegada de Colón y los conquistadores a tierras de Centro América, también llegaba el caballo, ignorante él, que jugaría un papel importantísimo en estas nuevas tierras.
43 años después, en 1536, ‘cabrestiando’ a los intereses de Pedro de Mendoza, sus vasos hollarían las arenas y tierras de la costa occidental del Río de la Plata, dando inicio a un ciclo impensado: el origen del caballito criollo.
Si bien el sabio argentino Florentino Ameghino, en algún momento de sus estudios paleontológicos, anunció el hallazgo de esqueletos de caballos dando a entender que estos ya existían en América, estudios posteriores rebatieron sus informes, afirmando que hace unos 175000 años las especies “eqqus” de América del Norte se extinguieron, perdurando un tiempo más las que habitaban en América del Sur, y que según apunta el muy bien informado tradicionalista oriental, Don Fernando Assuncao, eran: el “eqqus andinum” (caballito enano de la cordillera, extendido desde Ecuador a Bolivia); el “eqqus curvidens” (caballito pequeño y cabezón disperso por Argentina, Uruguay y Chile), y en Brasil el “eqqus neogaeus”, similar pero de una talla algo mayor.
Por otro lado ha quedado registrado en las crónicas de la conquista, la sorpresa de los pueblos originarios ante su presencia, demostrativo de no conocerlo. Tampoco hay expresiones en sus lenguas nativas que se refieran al caballo, porque la expresión de los tehuelches “cahualo” y “cahual”, claramente es una deformación de “caballo”, y casualmente, en sentido inverso, de “cahual” deriva nuestra conocida “bagual”. Algo similar se da en todas las lenguas precolombinas.
Al año del primer asentamiento de lo que hoy es Buenos Airess, gravemente enfermo Mendoza inicia el retorno, y el resto de su gente comienza una dura travesía hacia el norte mesopotámico, mientras que los yeguarizos sobrevivientes, ganan la libertad.
Cuatro décadas después, cuando Garay baja de Asunción al Plata con la orden terminante de establecer una posesión española fija en la costa sur del “mar dulce”, se encuentra con manadas de yeguarizos cimarrones. La reproducción ha sido fantástica, las feraces llanuras de abundantes pastos, el buen clima y la falta de predadores naturales (solo el puma), lo han permitido. Al no haber intervenido el control del hombre, las cruzas de padres y madres han provocado unos pelajes que maravillan (aún hoy) al más exigente. Aunque es probable que bayos, gateados y lobunos hayan tenido cierto predominio por su posibilidad de disimularse en el paisaje de altos pastos.
Lo que muchos años después, el escocés agauchado, Don Roberto Cunninghame Graham, imaginara como “el cielo de los caballos: la trapalanda”, se había producido pero en las vastas llanuras pampeanas.
Y de aquellos caballitos berberiscos, de origen africano, que los moros llevaran a las tierras del centro y sur de España por el año 700 de nuestra era cristiana, que tan bien se adaptaran y fueran cuidados en su reproducción por aquellos árabes musulmanes, y que fueron la base de las caballerías que embarcó el conquistador para su aventura americana, devino, tras su retorno a la vida salvaje y cimarrona, y merced a la selección natural, “el caballito criollo” que a través de “Gato y Mancha” trascendería el mundo con su hazaña, y que hasta muy, muy entrada la centuria del 1800 resultó el caballo cotidiano del gaucho (ese ser que vivía más a caballo que caminando).
Lo evocamos ahora, con los versos de “Romance al Caballo Criollo”, del poeta puntano Teófilo Hiroux Funes, quien supo estar, allá por fin de los años 30 y principio de los 40, vinculado a la mítica “Agrupación Bases”, creadora del Día de la Tradición.
(El poema se puede leer en "Poesía Gauchesca y Nativista")

jueves, 26 de abril de 2018

ROBERTO COPPARI (Charla 5)


AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 40 – 25/04/2018
Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.
Suelo decir que Roberto Coppari es el único patriota genuino que conocí, y reafirmo esto con dos breves anécdotas. Una, aquella que se remite a los convulsos días de la Guerra de Malvinas cuando él ya estaba cerca de los 60, y a pesar de algunos impedimentos físicos, pasó a verme y comentarme que se iba a anotar como voluntario para ir al archipiélago, dijo: “No serviré para pelear, pero puedo hacer de comer o cuidar y curar heridos…”. La otra, en uno de aquellos momentos en que me refería de lo magra de su jubilación, a pesar de haber aportado durante años como autónomo, y una buena cifra pensando en el mañana, a lo que le sugiero: “Hágale juicio al ANSES para que le reajusten los haberes…”, y se quedó mirándome, para retrucarme con mucha firmeza: “Yo no le puedo hacer juicio a mi Patria!”.
Cité antes sus problemas físicos, y estos eran específicamente en la vista, que la tenía muy disminuida. En su juventud se había animado a una intervención quirúrgica en uno de los ojos, para comprobar después de pasar varios días con el ojo tapado, que había sido peor el remedio que la enfermedad; esto lo llevó a tratar de preservar del quirófano el otro ojo, que también estaba disminuido.
Y esto fue así hasta que al despuntar la década del ’90, en que las circunstancias lo presionaron ante la cada vez más escasa visión, y en conocimiento de que yo tenía un familiar que hacía cirugía de la vista con técnicas muy avanzada si las comparamos con la de los años de su mala experiencia, nos juntamos a tomar una cerveza en un bar no muy alejado del consultorio y a hablar del tema, decidiendo ir a hacer la consulta, a la que inmediatamente lo acompañé y presenté al Dr. César Raúl Espinel Boffi, quien lo operó de forma tan exitosa, que después se lamentaba no haberlo hecho antes. Le insufló  las ganas de vivir!
Más allá de la poesía, fue un incansable luchador de la cultura, y así participó en 1948, de la primera juntada para conformar lo que a la postre resultaría la Escuela Provincial de Danzas Tradicionales “José Hernández” (que este año celebra su 70 aniversario), y el mismo año 1948 también estuvo -casi desde el primer día- en la creación de la Agrupación Nativista El Alero, cuya existencia se extendería por medio siglo. En 1980, en la platense localidad de Villa Elisa, a donde pertenecía su barrio semi rural de El Rincón, junto a vecinos y lugareños participa de la fundación de la Agrupación Tradicionalista “El Tala”, donde ocupó los dos primeros períodos como presidente.
Por último, el 25/03/1984, junto a otros poetas soñadores puso la piedra basal de la Asociación Argentina de Escritores Tradicionales,
Placa identificatoria en el frente de la ex sede social 
y el 26/05/1991 inauguró la Sede Social que construyó con sus propias manos y a su cargo, y donó públicamente a la institución, pero que se perdió tras su muerte por falta de papeles que acrediten fehacientemente todo lo que se había dicho.
Tras un tonto accidente doméstico -se resbaló de la cama al ir a levantarse-, una fractura de cadera lo llevó a la muerte, acaecida el domingo 26/08/2007, en la Clínica Mosconi de Ensenada, siendo sus restos cremados. Tenía 83 años.
Cosa rara, ese año también se cortaron las alas del vuelo de Carlos Adolfo “Cacho” Castello Luro, Víctor Abel ‘Vasco’ Giménez, José Adolfo Gaillardou “Indio Apachaca” y Julio Dominguez “El Bardino”.
Cerramos éste ciclo con las décimas de "Dos Concencias" (Se pueden leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista")

domingo, 22 de abril de 2018

LLUVIA


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 69 – 22/04/2018
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Sin duda no podemos decir que “lluvia” sea una expresión de nuestra campaña ya que designa a un fenómeno de índole universal, que con mayor o menor intensidad se produce en todas las regiones del mundo, pero hablemos de la importancia y significación que tiene entre nosotros.
Comencemos por decir que la voz “lluvia” deviene de la palabra latina “pluvia”, que es a su vez el femenino de “pluvius” que eso significa: “lluvia”.
Define el diccionario “fenómeno atmosférico de tipo hidro meteorológico que se inicia con la condensación del vapor de agua contenido en las nubes”, y que luego se precipita sobre la tierra.
Su manifestación tiene distinta repercusión sobre el espíritu humano, ya que mientras cae mansamente suele generar una situación bucólica y un estado melancólico, propicio para -estando bien protegido-, entregarse a trabajos manuales, a disfrutar del mate, a sacarle acordes a la guitarra, a compartir y departir con los circundantes; en cambio cuando se descuelga torrencialmente y más si se da con viento, produce un estado de zozobra, de alerta, de preocupación, de calcular los daños y en qué lugares, y de empezar a desear que escampe lo antes posible.
En nuestro planeta el 75% de la superficie es agua; de ésta el 97,5% es salada y el restante 2,5% es agua dulce, útil para el consumo y permitir la vida. De ese porcentaje el 1% está en lagos, cursos de aguas y en el aire, el 30% bajo tierra, y el restante el 70% en glaciares y campos de hielo.
De la evaporación del agua por efectos del sol, se conforman las nubes, de las que después, como ya dijimos, provienen las “lluvias”.
Alguna vez traté de decir algo poéticamente sobre este fenómeno: “Sin apuro, mansamente / cae el agua bienhechora, / diríase: ‘San Pedro llora / en una forma indulgente’, / es su riego consecuente / para la bondad del suelo / y es el frescor del consuelo / que hará producir las mieses. / ¡Bendita lluvia, cien veces, / por empapar mi desvelo!”.
Dice Rafael Darío Capdevila en su obra “El Habla Paisana” que de estas lluvias serenas y finalmente productivas, proviene el antiguo dicho campero que reza: “Llueva mi Dios, que todo lo que llueva es plata”, expresado después de una larga sequía.
En estos casos, las duras sequías, suele rezársele a los santos implorando por su salvadora ayuda, suelen sacárselos al exterior de los recintos donde se los adora, y muchas veces se implora a San Isidro Labrador -el santo de la “lluvia”-, por el necesario elemento para el diario vivir.
Y cuando la “lluvia”, aunque a veces mansas, se extiende por días y días, también se les ruega a los santos para que cesen, y hasta se los pone cabeza abajo como sentenciándolos “hasta que no  hagas que esto pare, no te doy vuelta.”
Situación muchas veces inspiradora para los poetas, la “lluvia” es tema reiterado en la poesía criolla, que muestra entonces bellas composiciones que la reflejan, como ésta titulada “Lluvia” del recordado poeta ensenadense,  Coco García:
(Puede leerse en el blog "Antología del Verso Campero")