martes, 28 de febrero de 2023

CHIFLE

     Es una voz de origen portugués, derivaba de “chifre” que significa ‘cuerno vacuno grande’, a pesar de lo cual el Diccionario de la Real Academia lo da en la 4ta. acepción como voz rural de “Arg. y Ur. Recipiente hecho de asta de vacuno, cerrado por un extremo y con tapa en la punta”.

Su uso ya era habitual en los pueblos pastores europeos, siendo muy común en la península Ibérica (España y Portugal).

Con observación y acierto, Francisco I. Castro en su “Vocabulario del Martín Fierro” (1957), lo describe: “Recipiente para llevar líquidos. Fabricado de cuerno de animal vacuno. Los viajes a caballo hacían difícil llevar agua o caña para el camino; el chifle permitió hacerlo con comodidad. A un cuerno de vacuno cortado del tamaño deseado, se le colocaba en la punta agujereada una tapa a tornillo o un simple tapón bien ajustado, la base o extremo ancho se tapaba con un trozo de madera. Por medio de una cadenita o tiento se lo llevaba colgado de los tientos delanteros del recado, del lado izquierdo (el lao de montar); las personas pudientes usaban chifles de lujo, con refuerzos y adornos de plata y oro”.

Ya que en aquellos lejanos años portar una botella de vidrio no era recomendable porque en las rudas tareas de a caballo podían romperse fácilmente, fue que se recurrió al “chifle”, por lo resistente y porque los grandes podían cargar a veces, hasta casi dos litros.

Hablando del tamaño, en la Banda Oriental se mentan los “chifles de franquero”, construidos con las grandes guampas de los vacunos llamados ‘franqueros’, siendo estos, según el investigador Juan C. Guarnieri: “Ganado del sur de Brasil, descendiente de la raza criolla, que se distinguió por su gran cornamenta y apreciable corpulencia, llegando a constituir una raza. También se crió en el norte uruguayo”.

Lo dicho queda refrendado por el gran poeta oriental Don Wenceslao Varela, cuando en la décima de siete de “Ni Amor Ni Juego”, canta: “…véia en el humo traición / si pitaba ‘e su tabaco / o si me empinaba un taco / de su chifle de franquero;…”.

Sobre la antigüedad de este implemento nos habla Fernando Assunçao cuando recuerda que en la vieja Europa, “los cazadores y soldados lo utilizaban para llevar la pólvora necesaria para las armas de cargar por la boca”.

Es importante saber que ya en 1845, Francisco Javier Muñiz incluyó la expresión en su “Vocabulario Rioplatense”, en forma coincidente con las descripciones ya hechas, pero respecto de su uso nos habla del área de dispersión cuando cuenta que: “Se usan en los viajes por las cordilleras y desde el Perú y de las provincias internas hasta Buenos Aires. Esta vasija no tiene equivalente, cuanto porque resisten a las caídas de las bestias y a los golpes que sufren en las largas travesías y en caminos escabrosos”.

Esas cantimploras criollas no solo se cargaban con agua, sino que normalmente se lo hacía con caña o ginebra, por eso en el “Martín Fierro” se dice: “Pero al chifle voy ganoso / como panzón al máiz frito”.

La Plata, 27/febrero/2023

jueves, 23 de febrero de 2023

ENTABLAR / ENTABLADA

     Andar juntos, uno al lado del otro sin separarse ni perder de vista a la “madrina”. Así, entre nosotros, debería definirse la palabra con referencia a los yeguarizos.

Cuando se habla de tropillas siempre se especifica: “tropilla entablada” de un pelo, “tropilla entablada” de redomones, de yuntas, de entrepelados, de trabajo, etc. Y nunca se ha dado una explicación del por qué de “entablada”.

Buscándole la punta al lazo tratemos de desarrollar algunas posibilidades que aclaren el entuerto.

La voz “entablar” y “entablada” tiene a su vez otros significados. Por ejemplo si dos personas se disponen en una conversación, se dice de ellos que “entablaron conversación”; si en una elección a mano alzada en una Comisión Directiva, dos individuos igualan la cantidad de votos, se dice que salieron “tablas”, que empataron. Lo mismo en una jugada de ajedrez donde los contendientes no logran vencerse, se define que al estar iguales y quedar uno al lado del otro hicieron “tablas”, y en éste tanto como en el juego de damas, se habla de “entable” y “entabladura” que es la disposición del juego sobre el “tablero”, valga también esta palabra.

“Entablar” es también hacer un cerco con tablas, y “entablado” se ha llamado desde antiguo a los pisos hechos de tablas.

Tanto en los pueblos de la campaña, como en la propia campaña, existieron casas hechas de madera, que hoy llamaríamos “prefabricadas” (1), a su vez al ir evolucionando la construcción del rancho, los pisos de las ‘piezas’ comenzaron a hacerse de tablas encastradas, los “entablados” ya citados.

En las grandes estancias ovejeras de la campaña porteña en el S. 19, cuando la tarea de esquila, la palabra ‘lienzo’ tenía dos acepciones: una referida a la tela (arpillera) cuadrilonga en que se envolvían los vellones de lana, y otra, como bien explica Saubidet en su “Vocabulario Criollo”: “Rectángulo formado por tablas, con travesaños, que se usan para formar bretes o separaciones en los corrales de ovejas (…) generalmente tienen un metro de alto por varios de largo”.

Sirvan todos los ejemplos dados para suponer que la aguda observación del gaucho, lo llevó por comparación y sentido figurado, a inferir que los caballos de la tropilla, al rodear la madrina y no separarse, al igual que aquellas tablas en diversos usos, estaban “entablados”.

Pero hay una raíz más antigua que arranca en la Vieja España y entronca con las corridas de toros, entretenimiento o deporte que el conquistador trajo a América, y es que allí, “al toro que se aquerencia a los ‘tableros’ del redondel de las corridas”, se le llama “entablerarse”, no es de extrañar entonces que acriollada la voz, “al aquerenciarse los yeguarizos a la madrina”, entendió aquel proto gaucho, que se habían “entablado”·.

Pero no podemos pasar por alto la interpretación del estudioso Francisco I. Castro, y por eso copiamos lo que dice: “el paisano usa la frase ‘como tabla’, para significar algo perfecto, igual, muy lindo y vistoso, ‘parejito’. Una hacienda ‘como tabla’ es un conjunto de ganado de buena clase, tipo uniforme y gordura pareja. Una tropilla ‘como tabla’ está formada por caballos de un pelo, de líneas armoniosas, parejos y buenos. Es sinonimia arcaica de ‘tabla’ y ‘pintura’, por pintarse el cuadro sobre una tabla”.

La Plata, 23/02/2023

  -1- Al abuelo materno del autor, en el año 1908, huérfano de padre, dos hermanos de éste lo llevaron de peoncito a un almacén de campo, que él recordaba era de madera, y no estaba apoyado al suelo, quedando una separación, quizás prevista como ventilación; dicha construcción ya tenía años de existencia. El bisabuelo paterno, en su chacra, la casa era mitad de madera (de tablas) y la otra parte de rancho de barro, a principios del S. 20.

sábado, 18 de febrero de 2023

LA CUAJADA

 La cuajada es un postre de textura cremosa elaborado en base a leche que se coagula por acción del cuajo (que puede ser vegetal, como el cardo, o animal, del mismo tipo que el usado para elaborar quesos); se endulza con bastante azúcar o en su defecto miel.

El Diccionrio de la Real Academia la define, en su 5ta acepción como: “Producto lácteo cremoso que se obtiene al cuajar la leche y separarla del suero”. Si buscamos “cuajar”, dice: “Transformar una sustancia líquida, como la leche o el huevo, en una masa sólida y pastosa”.

Según fuentes hispanas, su origen está en el Valle de Ultzama, en Navarra, pero también se lo considera postre típico en el País Vasco, en Castilla, León y La Rioja, donde además se le conoce como: "mamia", "mamiya", "kallatua" o "gaztambera".

Indudablemente llegó a nuestra campaña de la mano del conquistador.

En su tierra de origen se utilizaba para su fabricación, leche de ovejas, y aquí quizás entonces la diferencia criolla, pues entre nosotros se la hace con leche de vaca.

El cuajo vegetal se obtiene de la flor del conocido entre nosotros, como “cardo castilla”, cuyo nombre científico es “cynara cardunculus”.

Para su preparación es necesario un recipiente para 3 o 4 litros de leche recién ordeñada, se azucara bastante; se toman dos flores grandes y se cortan todos los pétalos de la flor. Paso siguiente se envuelven en un trapo blanco, bien limpio, y se los machaca. Hecho esto se introduce el envoltorio en el recipiente con leche, y se lo deja actuar, o sea cuajar la leche.

Cuando en el recipiente que se depositó la leche se observa la superficie unificada, ya no líquida, sino con el aspecto de sólida, se recomienda proveerse de una cuchara grande, y comenzar a degustar el potaje.

Que era un postre criollo por todos conocidos, se deduce porque los poetas lo han citado, como por ejemplo, cuando en “Vecindario”, Omar Menvielle, pinta: “¡Ah tiempos!... -dijo un moreno- / que era postre la cuajada, / pa’ los de áhura ya no hay nada /de aquello que jue tan güeno.

Asimismo su existencia nos ha brindado algún refrán, como por ejemplo: “No hay que apurarse por cuajada estando la vaca atada”.

Curiosamente no recoge la palabra ninguno de los diccionarios o vocabularios sobre cuestiones criollas que conocemos.

La Plata, 07/febrero/2023

martes, 14 de febrero de 2023

EL ARRIADOR

 ARRIADOR. Arreador. “El arreador en sí fue usado con preferencia por estancieros, mayordomos de estancia, compradores de hacienda, capataces de tropa y jefes militares, lo que dio a esta singular prenda significado de mando”, tal lo definido por el serio y respetado José María Paladino Giménez, en nota en el diario La Nación.

Otro no menos entendido en saberes criollos, Sáenz (h). lo describe: “Látigo de cabo de madera, plata, cuerno, verga, suela u otro material, que lleva en su extremo superior una larga trenza de cuero crudo terminada en una tirilla corta de lo mismo, llamada azotera. Es muy útil al jinete para arrear otros animales, castigándolos desde cierta distancia con él”.

Porque corresponde al tiempo en que el “arriador” estaba vigente, es muy importante saber que en el Inédito Diccionario de Argentinismo (1875) que vio la luz recién en 2006, la voz fue recogida: “látigo con cabo de madera, como de tres cuartos de largo y azotera de lonja o trenza de 4 o 5 varas, de que hacen uso los acarreadores de hacienda y en general toda persona del campo. Látigo que se usa para arrear.”

La breve explicación nos brinda dos datos interesantes: medida de cabo y trenza. Convirtiendo las varas y los cuartos, podemos inferir que los cabos andaban en los 60 cm. o más, y la trenza en 3,50 m.  

En cuanto a la trenza, quizás sea más verosímil la que da Daniel Granada en su “Vocabulario Rioplatense Razonado” (1890): “…de una vara y media de largo. La trenza termina en una tira de una cuarta o más de largo, a la cual dan el nombre de sotera.”, con lo que estamos hablando de una trenza de 1.60 m. incluida la azotera.

Obra de los artistas
artesanos Pablo Logiurato
y Nicolás Renni.
Tallador en madera,
desconocido

En cuanto a la confección de los “arriadores” más rústicos, los de trabajo, en el extremo opuesto a la empuñadura, el cabo tiene en esa punta “…un agujero que corresponde con dos laterales, por los cuales pasa una guasca que queda en forma de ojal. A éste va asida una argolla, y a la argolla la trenza”. En esa misma argolla de la punta se fija una manija o anillo de tiento, para pasar allí el dedo índice o bien para colgar el arreador del cabo del  cuchillo, tal cual se hace con el rebenque.

El actual Diccionario de la Real Academia recoge la voz, y en la 4ta acepción explica: Arg, Bol. Col. Par. Perú y Ur.: “Látigo de mango corto y lonja larga, destinado a arrear”.

Don Aaron Esevich, un estanciero que hizo su vida de a caballo, hablando de un personaje, escribe: Como índice de atributo de mando, pendía del hombro derecho de Don Andrade, un primoroso arreador esterillado con delicada artesanía gaucha”.

Como no podía ser de otra manera, en “La Vuelta” del Martín Fierro se utiliza la voz, y allí, el hijo de Fierro dice hablando de Vizcacha: “El hombre venía jurioso / y nos cayó como un rayo- / Se descolgó del caballo / revoliando el arriador- / y lo cruzó de un lazazo

/ áy nomás a mi tutor”.

Al igual que a otras prendas criollas, muchos poetas le han cantado, por eso a modo de ejemplo lo traemos al gran Etchebarne cuando en “La Yerra” escribe: “…restallan los arreadores  // marcando la atropellada,…”, o como este otro que no es manco, D. Osvaldo Andino Álvarez, que en “Capataz de Tropa”, reafirma lo que expresamos al principio: “…y como un timbre de honor / o rúbrica de su mando, / del hombro le iba colgando / el cabo del arreador.”

Hay un arreador muy especial que si bien existió no fue usado por la gente gaucha, y ese es “el arreador con estoque”: en años donde se andaba a caballo, médicos, comerciantes, consignatarios, etc, lo hicieron suyo, (…) daba tranquilidad en las solitarias calles y caminos de la ciudad y suburbios, especialmente en las horas de oscuridad reinante. (refiere a la Gran Aldea de Buenos Aires, en la segunda mitad del S. 19). Sus cabos huecos (para permitir alojar la hoja de estoque o estilete) fueron construidas con fina malaca, ébano, guindo, caña, ballena y los de fina plata.” Así describe Paladino Giménez en la nota citada al inicio.

Y como tantas veces hemos recurrido a Hernández en su “Instrucciones del Estanciero”, ponemos el punto final con su sentencia: “El arreador es al capataz la señal de autoridad y ningún peón debe usarlo”.


La Plata, 14/02/2023

martes, 20 de diciembre de 2022

¿DÉCIMA ...EN ASONANCIA...? ¿Diánde...?

De un tiempo a esta parte (no mucho tiempo atrás), han aparecido y se están mostrando, unas “nuevas” estrofas de diez versos construidas con rima en asonancia, siguiendo el modelo de la estrofa que perfeccionara el Padre Espinel, allá por el medioevo Español, pleno siglo de Oro, centuria del 1500.

Para tener conciencia del tiempo real, pensemos que Colón llegó a América en 1492.

De aquellos tiempos también es el soneto, y uno y otro, décima y soneto, son las formas estróficas más perfectas, y por eso será que han perdurado y se mantienen vigentes más de 500 años después de su creación.

Centrándonos en la décima que llamamos “espinela”, que lleva cuatro rimas consonantes distintas, cuando está hecha por buenos poetas, tiene ritmo, música y fuerza expresiva; quien educa el oído escuchándolas sigue ese ritmo musical, y detecta instantáneamente cualquier falta en la métrica. ¡Qué así es la décima espinela! Nacida para ser dicha en voz alta o en la voz de un cantor.

Para los no iniciados, digamos que una palabra es consonante de otra, cuando a partir de la última vocal acentuada (con tilde o sin él), coinciden todas las letras. Por ejemplo, son rimas de “querencia”, potencia, paciencia, solvencia, audiencia, experiencia, etc. Son rimas de “esperanza”, alcanza, confianza, templanza, balanza.

En cambio, en las rimas asonantes, a partir de la última vocal acentuada solo coinciden las vocales. Por ejemplo son rimas de “lingote”, asome, controle, goce, robe, ensope, acose, etc. Son rimas de “salto”, santo, zarzo, trapo, caldo, largo, caño, garbanzo.

Pienso que las diferencias de sonido, ya les tiene que llamar la atención. Ya no hay musicalidad,

Si esto lo concentramos en diez rimas que van a sonar de esta manera, es dudoso el resultado final.

Convengamos que en las recopilaciones efectuadas en las primeras décadas del siglo pasado, ni el esbozo realizado anteriormente por Ventura Lynch, aparecen estrofas de este tipo, del mismo modo que no aparece la estrofa que utilizara Hernández, la sextilla.

Para ser claros, esta décima ‘híbrida’, no tiene tradición popular, y no integró el repertorio gaucho.



domingo, 16 de octubre de 2022

JINETES ARGENTINOS PIONEROS EN TIERRAS EXTRANJERAS

 En esos asuntos de tratar de historiar el origen de las jineteadas en el País -que hemos abordado en nuestro libro “Cuestiones Tradicionales” (2022)-, no podemos olvidarnos de intentar enumerar y ordenar para evitar yerros, mezclas y equivocaciones, cómo y cuáles fueron las experiencias de jinetes gauchos en tierras extranjeras.

Hay coincidencias periodísticas y literarias, e incluso una histórica foto, que permiten asegurar que la primera incursión sucedió en 1892, época finisecular en la que inclusive los grupos criollos de carnaval, pusieron su impronta para rescatar y entronizar la figura del gaucho en aquella Buenos Aires que dejaba de ser ‘la gran aldea’ para comenzar a transformarse en la gran ciudad.

El año anterior, el estanciero e inversionista argentino hijo de irlandeses, Don Eduardo Casey (Lobos 1847 / Barracas 1906) había conocido en un viaje a Europa al Cnel. William Cody, el famoso Buffalo Bill (1846 / 1917), quien presentaba un espectáculo ecuestre llamado “Buffalo Bill’s Wild West”, con jinetes de diversas latitudes, y allí fue que se ofreció a aportarle gauchos para que también luzcan sus habilidades. Vale acotar que lo de “coronel” fue un agregado “artístico” a su nombre, ya que en la Guerra de Secesión solo fue soldado.

Ya que hablamos de Casey, bueno sería decir que fue dueño -entre otras- de la “Estancia Curumalán”, que según informe de familiares suyos, constaba de 100 leguas de campo, lo que equivale, si una legua representa 2500 has., a 250.000 has de campo, que en su momento, cuando la adquirió, representó la operación económica más importante en el país, a la que si agregamos otras extensiones por Cnel. Suárez y por Venado Tuerto, Sta. Fe, duplicaba la propiedad anterior. Y que si tan “rico” era en ese momento, murió (…o se suicidó) fundido. Él fue quien seleccionó los jinetes y financió su viaje a Londres.

Aquellos 9 gauchos que vestían largo chiripa ‘talar’, fueron: Zacarías Martínez y Bernabé Díaz, de Chacabuco; Ismael Palacios, de Curumalán pero nacido en Morón; Celestino Pérez, de Navarro; Valentín Paz, del Salto; Rosario Romero (o Palomero), de Venado; Marciano Gorosito, de Melincué; Manuel Gigena, de Rojas y Juan Pacheco, de Cariló,

Siempre siguiendo a Hogg, dice éste que del lote se destacaban Ismael Palacios, Zacarías Martínez, Bernabé Díaz y Celestino Pérez.

El estanciero y escritor también de origen inglés, Don Ricardo Hogg, en su libro “Yerba Vieja” aporta datos y pone una confusión, pues dice que también formaba parte de ese grupo el domador Abel Rodríguez, de Rojas, cosa que no debe haber ocurrido pues las crónicas de la época hablan de “nueve gauchos”, pero… para ‘empiojar’ más la cosa, la única o quizás la más difundida foto de aquel momento, solo muestra ocho paisanos.

El 05/05/1892 (según referencia de uno de los partícipes), se embarcaron en el Puerto de Buenos Aires en el navío “Magdalena”, con rumbo a Londres, 9 paisanos. Pero parece que no fueron los únicos de estas tierras en ‘rumbiar’ a la ‘vieja Uropa’, pues en el Puerto de Campana se embarcaron también reservados para ejecutar las destrezas.

Ya en Londres se sumaron al Circo Ecuestre de Búffalo Bill, que no era otro que el destacado explorador estadounidense durante la “Conquista del Oeste”, Cnel. Willam Cody, haciendo finalmente su debut el 22/06/1892, en aquellas competencias donde  no había premio alguno ya que eran exhibiciones de destrezas ecuestres.

Por agosto de aquel año el diario inglés “The Standard” informa que “…los domadores argentinos, son objeto de muchas visitas que les hacen las principales personas de la aristocracia londinense”.

La Revista “The River Plate Sport and Pastime” (se editó e/1891 y 1901), editada en inglés en nuestro País para la comunidad británica, publicó en 1893 una foto que muestra a los 9 jinetes de a caballo, y en este caso identificados cada uno de ellos; en 1942 la republicó el diario Noticias Gráficas, y de allí tomamos la noticia y la imagen bastante diluida.

Durante la estadía en Londres, un ciudadano norteamericano que presenció el espectáculo, se interesó en contratarlos para que viajaran a su país, y fue así que durante algunos meses de 1893 y parte de 1894 anduvieron por EE.UU., primero por Chicago con motivo de la Gran Exposición Universal, y luego también por Nueva York y Filadelfia.

Que fue de la vida de aquellos nueve domadores poco se ha conocido, salvo dos de ellos que fueron rescatados por el periodismo. Así podemos decir que Marciano Gorosito había nacido en la provincia de Santa Fe hacia 1844, falleciendo en la localidad de Wheelwgrigth (s. Fe) en 1942, casi centenario, a los 98 años; e Ismael Palacios falleció unos meses antes a la edad de 86 años, en Pontevedra, partido de Merlo donde estaba radicado. Había nacido hacia 1856 en el partido de Morón.

 En 1909 el estanciero también de ascendencia inglesa, Enrique Wagner, organizó en el predio de la Sociedad Sportiva Argentina el “Segundo Concurso de Doma de Potros”, con la idea que formar, con los que más se destacaran, un equipó con el que planeaba realizar una gira por EE.UU. y Europa, pero… no se encuentra documentación ni información que confirme se haya concretado dicho proyecto.

Segundo Viaje

 A principios de 1910, el empresario mejicano Francisco Mujica, que pensaba montar en su país una “Olimpiada Ecuestre”, recorrió la provincia de Buenos Aires seleccionando jinetes; se han rescatado los nombres de Andrés Lazarte, Mauricio Salazar, Julio Pérez y un tal Paniagua, ignorándose si eran todos los contratados o solamente unos pocos.

Al despuntar mayo llegan a Buenos Aires para embarcarse en el puerto porteño rumbo a Méjico, pero enterada la Comisión organizadora de los Festejos del Centenario, rápidamente se movilizan para incluir sus destrezas criollas en los aludidos fastos, en el espectáculo que se desarrolla en las instalaciones de la Sociedad Sportiva Argentina. En los mismos se luce y destaca Salazar a tal punto, que encontrándose presente la Infanta Isabel que representaba a España, lo hace llamar y tras felicitarlo y mostrarle su admiración, se quita el anillo con el Escudo Real que lucía en su mano, y se lo obsequia.

Arribada la delegación a Méjico, ha trascendido que el empresario Mujica fue estafado no pudiendo llevar adelante su proyectada “Olimpiada”; ante esto, los paisanos regresan a argentina, salvo Salazar que decide acompañar a su patrón. Junto a éste estira su permanencia por varios meses, pensando nosotros que es muy posible que haya participado de los rodeos charros. Finalmente, tras tener que vender sus pertenencias abandona el país azteca y regresa a su tierra.

Mauricio Salazar había nacido por Bolivar en 1883, falleciendo en Capital Federal en 1939. Sus restos descansan en el Cementerio de Coronel Dorrego, donde estaba establecido junto a los suyos.

 Tercer Viaje

 Por la copia mecanografiada que tenemos de un artículo de 01/1981 (que ignoramos en que medio se publicó), nos enteramos que el estanciero y comprador de hacienda Don Fabián Lemos (1872 / 1937), organizó un viaje, ya que allí se lee: “…por los caminos de la vieja Europa, a donde llegó con sus gauchos en un memorable periplo en el año 1928. En esa gira que duró casi ocho meses demostraron sus dotes los criollos seleccionados por don Fabián en las estancias de Entre Ríos y Corrientes, en las más conocidas plazas de toros de España”.

Lamentablemente no hemos podido encontrar otras noticias, ignorando los nombres de los paisanos que recorrieron el viejo continente.

 Cuarto, Quinto y Sexto Viaje

 Según el escritor Abel Gari, hubo hacia 1929 otra delegación, esta vez de 4 paisanos, que compartieron rodeos con los vaqueros yanquis en el país del Norte. Fueron Juan Ángel Rúa, Fausto Guride, Juan Ervity y Felipe Pereyra. No hay otra información.

En 1938, el pintor Florencio Mollina Campos, por entonces viviendo en EE.UU., le pide a su primo y también pintor criollo, Jorge Daniel Campos, que arme una delegación con 4 paisanos jinetes para viajar a competir en los “Wild West Shows” (Feria del Salvaje Oeste). Dicho conjunto se integró con el entrerriano de Gualeguaychú pero radicado en La Plata, Ángel Cardoso; Alberto Gaute, de Pilar, y de Ayacucho, Rogelio Lamenza y Felipe Pereyra. Como se podrá apreciar éste ya había viajado en 1929; según Gari, aparte de ser muy campero, era guitarrero, cantor y malambista.

Debutaron en Chicago bajo la dirección de Tim Mc Coy (1891 / 1978); luego recorrieron muchas ciudades del país del Norte.

Al respecto contó Don Ángel Cardoso, que dicha experiencia se extendió por dos meses, “Nos fuimos en barco desde Buenos Aires y desembarcamos en Nueva York, para luego pasar a Chicago, lugar donde se llevaron a cabo las competencias que fueron muy fructíferas para los argentinos”.

Sabemos que Pablo Olguín fue un habilidoso jinete y apuesto paisano que anduvo cinco años presentándose exitosamente en los más importantes rodeos de EE.UU, pero no tenemos precisión de fecha. De allí que en base a lo que nos contara Don Juan Carlos Díz (el primer bonaerense campeón en un certamen de jineteada), arriesgamos decir que la experiencia de Olguín ocurrió en los últimos años de la década de 1930 y los primeros de la del ’40.

Pablo Olguín y en su tobiano,
un vaquero yanqui


 









EPÍLOGO

 En la segunda mitad del Siglo pasado hubo viajes de jinetes argentinos a distintos países, con la finalidad de concursar como jinetes, y en otros casos para ensillar con las pilchas criollas y participar de algún desfile.

También se dio el caso inverso, o sea jinetes de Brasil, Chile, Méjico y EE.UU. que vinieron a nuestros pagos a mostrar sus habilidades.

Mientras tanto nuestra intención ha sido ordenar y emprolijar las noticias sobre las aventuras de nuestros hombres en el extranjero, muchas veces mezcladas y distorcionadas.

El presente trabajo es posible de mejorar y enriquecer, de aparecer nuevas fuentes que aporten datos que hoy ignoramos.

La Plata, 16/Octubre/2022

 Bibliografía

 -Nuestros gauchos a Chicago – Diario El Día, 15/05/1892

-Criollos en Europa – Diario El Día, 31/08/1892

-Concurso de domadores – Revista Caras y Caretas, 31/10/1908

-Único Programa Oficial “Doma de Potros” 1909

-Yerba Vieja, de Ricardo Hogg (8/1940)

-Gorosito, el único sobreviviente de los nueve… s/f – Noticias Gráficas, año 1942 (sin día ni mes)

-Don Marciano Gorosito. Casi centenario murió… s/f – Noticias Gráficas, año 1942 (sin día ni

 mes)

-Ismael Palacios, el gaucho que hace 50 años… s/f – Artículo sin data de medio – 1942

-Una fiesta gauchesca en 1909, s/f – Revista El Caballo, 02/1953

-Pablo Olguín, s/f – Revista Criolla Nº 1 (00/0000)

-El domador olvidado, Ángel Cardoso, s/f – Diario Gaceta de La Plata, 28/09/1980

-Se cumplen 50 años de un memorable acontecimiento (art. Mecanografiado, sin cita de medio    

 periodístico) – 01/1981

-Del Plata a Nueva York, por Abel Gari – Revista Pa’l Gauchaje Nº  39 (11/1988)

-Don Mauricio Salazar, por Carlos Funes Derieul – Revista Pa’l Gauchaje Nº 50 (07/1991)

-Vida Trashumante junto a Bufallo Bill, por Gladys Sago – La Nación (15/07/2002)

sábado, 8 de octubre de 2022

MONUMENTO AL GAUCHO DE LA PLATA - Su Historia

 

El Monumento, aún en taller del escultor

Hondamente ligado a la Agrupación Bases y a la Federación Gaucha Bonaerense, está el devenir de las peripecias que llevó a la concreción del Monumento al Gaucho en la Ciudad de La Plata. Instancias que se inician el 11 de noviembre de 1942, cuando a raíz del arribo a La Plata de una delegación de la Sociedad Criolla “Dr. Elías Regules”, de la República Oriental del Uruguay, el Cónsul de ese país en la capital de la provincia, brindó en esa sede diplomática (48 esq. 6), una recepción a sus compatriotas y a los miembros de la Agrupación Bases y la Federación Gaucha Bonaerense, habiendo invitado a esa recepción, al gobernador provincial y otros altos funcionarios del gobierno.

Tocado por los discursos y el emotivo ambiente, hizo uso de la palabra el Sr. Gobernador, D. Rodolfo Moreno, planteando a los presentes “que el país estaba en deuda con el esforzado centauro de las pampas, y que ya era hora de concretar las bases de lo que debía su futuro monumento” (el destacado es nuestro); por supuesto sus palabras no cayeron al vacío, y la Federación Gaucha -virtual delegada de la Agrupación Bases para las cuestiones tradicionales-, puso manos en el asunto.

Así fue que unos cuarenta días después, en el despacho oficial del Sr. Gobernador se firmó un  acta comprometiéndose la erección del respectivo monumento, destacándose que el proyecto “responde a una iniciativa del primer mandatario”, y que la Federación se compromete a gestionar y concretar.

Una semana más tarde, el 30/01/1943, queda constituida la Primera Comisión encargada del proyecto, integrada ¡por 70 personas!, ocupando la presidencia Enrique Arau, vicepresidencia 1° César Díaz Cisneros, vicepresidencia 2° Santiago Rocca; secretarios: Carlos J. Ballbé, Justiniano de la Fuente y Mario Sureda; etc. etc.

Hoy, a muchos años de ese momento nos llama la atención que entre los vocales se encontraba el célebre escritor Benito Lynch.

El 3/03, ante la Asamblea Legislativa se leyó un proyecto de Ley que en su Art. 1° expresaba: “Autorízase al Poder Ejecutivo a invertir hasta la suma de doscientos mil pesos moneda nacional ($ 200.000 moneda nacional) en la erección del MONUMENTO AL GAUCHO en la Ciudad de La Plata”, pero… el devenir de los sucesos políticos hizo que el proyecto naufragase… al menos por el momento.

Muchas y idas y  venidas amagaron con sepultar el proyecto, hasta que casi veinticinco años después (considerando el momento del discurso del Dr. Moreno), la Federación Gaucha, inclaudicable con su presidente Otero Rossi a la cabeza, logra que el 15/09/1967, el Gobernador Imaz dicte el Decreto 8594, integrándose nuevamente la Comisión del Monumento al Gaucho.

Así las cosas, el 15/01/1968 se llamó a un concurso de maquetas pro monumento, en base a un reglamento de 26 puntos que compuso el Dr. -y buen criollo!- Noel Sbarra. La selección estuvo a cargo de un calificado jurado integrado por: Eleodoro Marenco (por la Federación), Jorge López Anaya (por Bellas Artes de la provincia), Rafael Martínez Pinto (por la Asociación Gremial de Artistas Plásticos), Vicente Carlos Krause (por la Facultad de Arquitectura), y Aurelio Machi (por la Escuela de Bellas Artes de la UNLP).

Las obras distinguidas fueron: 1° Premio, “Tranco Largo”, de Ricardo Dalla Lasta; 2° Premio, “El Centauro” de Luis Perlotti/Juan C. Ferrari, y 3° Premio, “El Bagual”, de Néstor Raúl Picado.

Por el Decreto 1636/63, se había establecido que el emplazamiento del monumento se haría en “la rambla situada en la confluencia de los caminos Gral. Belgrano y Centenario”, sitio también denominado Avda. Antártida Argentina y calle 522, espacio que posteriormente recibió el nombre de “Parque de la Tradición”, y es el acceso norte a la Ciudad de La Plata, y -en ese momento- el más directo con la Capital Federal.

El 8/12/1971 fue emplazado el monumento, dejándose para más adelante, cuando se concluyeran las tareas complementarias, la inauguración del mismo, acto que finalmente se concretó el 7/05/1972.

La ceremonia fue presidida por el Mtro. de Gobierno, Dr. Enrique Roig y el Intendente Municipal Cnel. Francisco Icazzati, y participaron del desfile inaugural las delegaciones gauchas que se detallan: Centro Tradicionalista de Ayacucho, C. T. de Cnel. Brandsen, C. T. “El Fogón” de Chivilcoy, A. T. “La Montonera” de Ensenada, C. T. “La Totora” de Magdalena, Fortín Gaucho Berissense, “Fogón los Amigos” de Gral. Lamadrid, “Fogón de los Gauchos” de  Cnel. Pringles, “Centro de la Tradición” de Pehuajó, Círculo Tradicional Argentino “El Lazo” de San Isidro y “El Cimarrón” de Suipacha, a los que hay que sumar a la representación de la Federación Gaucha.

En ese momento cúlmine, la Comisión Ejecutiva estaba integrada por Dalmiro Otero Rossi, Lázaro Seigel, Víctor Carlaván, Eduardo Rivas, Noel Sbarra, Mario R. de Olano y Héctor Antonetti.

Aproximadamente un lustro después, al agilizarse el ingreso a la ciudad con la construcción del distribuidor de tránsito bautizado “Pedro Benoit”, hubo necesidad de desmontar el monumento, por lo que vivió un momento de incertidumbre, hasta que fue re instalado frente al entonces llamado “Hogar Serventte”, en la intersección de las calles 12 y 524, por lo que perdió el lugar de privilegio que tenía según el proyecto original, ya que ocupaba un lugar central en la entrada de la ciudad, habiendo sido relegado por la mudanza, a un lugar de segundo plano, más vale barrial.

En grandes trazos, quede reseñada la historia del platense Monumento al Gaucho, monumento al que la pluma del poeta inmortaliza en estos versos:

 

CULMINACIÓN

(ante el monumento al Gaucho)

 

Cual semilla constituida

con la sangre de la raza,

y guardada en la coraza

y la esencia de la vida;

ansí se hallaba dormida

la noble y sagrada herencia

golpiando nuestra concencia

dende su lial cautiverio,

y de un projundo misterio

nos gritaba su existencia.

 

Cual tibia, amorosa entraña,

mantuvo el fruto la tierra;

madre conciente que encierra

el ser que nadie le daña,

y con fervor que no extraña

negaba su nacimiento;

tal vez no hallaba el aliento

que tuito viviente espera,

rara y humana manera

de temer un falso intento.

 

Pero el secular abono

de honradez, de sentir puro,

su confianza en el futuro

porque él no engendró el encono;

vislumbrando el abandono

del patriotismo, la trampa

que en sus retoños acampa

multiplicando el perjuicio,

jundao en su sano juicio

pa’ brotar rompió la pampa.

 

Y aflora irradiando a mares

ejemplos incomparables,

virtudes inagotables

(las menos pa’ sus cantares),

quizá callando pesares

pa’ restañar las heridas;

no piensa en juerzas vencidas

si no en ofrecer aliento,

y gambetiar el momento

de malgastarse en partidas.

 

Pa’ soportar los embates

hoy ya no basta templanza;

ni manotear la esperanza

que habrá fáciles combates;

paso que dés, los remates

deben ser marcas de juego;

pa’ que no vea más luego

con error, el que te escucha.

Consustanciao con tu lucha

ansí te rezo mi ruego:

 

¡Metal frío! permitime

que arrodille el alma mía,

con humildá, con hombría

que de justo orgullo gime,

ante la visión sublime

de la figura querida;

con voz simple, conmovida

el pecho abierto te muestro…

¡Sos de bronce, gaucho nuestro,

de bronce, pero con vida!

                               (6/05/1972)

Versos de Roberto Coppari  (1924 / 2007)

El autor, hablando ante el
Monumento al Gaucho,
el Día de la Tradición de 2021

Nota: Lo que antecede corresponde a las páginas 64 a 68 del libro "Día de la Tradición y Agrupación Bases" (2016), del autor