jueves, 29 de julio de 2021

CHARLES ENRI PELLEGRINI - Un Argentino Cabal

 

 A pesar de que no nació en el país puede considerárselo un argentino cabal, pues habiéndose radicado de joven, todo lo que encaró lo coronó con éxito; aquí se casó formando familia, se consagró como pintor, realizó grandes obras civiles, fue estanciero, pionero en los movimientos culturales, y además, por si lo expuesto fuese poco, el primer inmigrante que tuvo un hijo que alcanzó la primera magistratura de la República. ¿Alguien puede dudar que fue argentino?
Nos estamos refiriendo a Charles Henri Pellegrini o para decirlo en criollo Carlos Enrique Pellegrini.

Nació en el hogar conformado por el arquitecto italiano Bernardo Bartolomeo Pellegrini, y la francesa Marguerite Berthet, siendo su lugar de nacimiento la ciudad de Chambéry, capital del Ducado de Saboya, donde vio la luz el 28/07/1800, siendo el 8vo. hijo del matrimonio.

Comenzó su formación educativa en el colegio de su ciudad natal. En 1819 inicia sus estudios superiores en la Universidad de Turín, los que finalizará en la École Polytechnique de París, donde en 1825 obtiene su diploma de ingeniero.

Las gestiones que por entonces realizaba en Europa el gobierno de Rivadavia, con el objetivo de atraer profesionales para desempeñarse en nuestra tierra, lo acercan al país, y así, a mediados de 1828 llega al Río del Plata, pero a raíz del bloqueo naval que Brasil imponía a causa de la guerra que se libraba en ese momento, se ve obligado a permanecer durante seis meses en Montevideo.

Arriba definitivamente a Buenos Aires en noviembre de ese año, siendo designado en el Departamento de Ingenieros Hidráulicos, donde se planeaban ambiciosas obras públicas como la construcción de un muelle de desembarco, la clarificación y distribución de las aguas del Plata, el establecimiento de baños públicos -proyectos rivadavianos, podría decirse-, pero a ese momento -según informe del Centro Virtual de Arte Argentino- Don Bernardino ya había abandonado el gobierno y el Gral Viamonte, que lo sucedió, disolvió el Departamento y canceló todos los planes de obras públicas. Había transcurrido un año de su arribo al Plata.

Necesitando trabajar para mantenerse, recurre a su afición por el dibujo y el retrato; y en aquellos años en que en la primitiva aldea la fotografía no se había aún hecho presente, y los buenos pintores, escaseaban, se le abrió un campo inexplorado con un auspicioso futuro económico, ya que según todos sus biógrafos, entre octubre de 1830 y septiembre de 1831, a raíz de 25 retratos por mes, confeccionó un total de 200, lo que le reportó la nada despreciable suma de $17.000 fuertes de esa época.

Cielito. Baile Nacional

Trabaja en sociedad o colaboración con el litógrafo César Hipólito Bacle quien ya estaba establecido con local propio, y al parecer la demanda era muy grande, encargándosele obras que plasmaban las reuniones sociales del patriciado porteño de entonces.

Para fines de esa fructífera década del ‘30 ya cuenta con local propio, y era como si todo el patriciado de aquella sociedad deseara quedar registrado por Pellegrini. Acapara la clientela.

Esos años fructíferos le han permitido agenciarse de un capital con el que en 1837, quizás queriendo tomar distancia de la política rosista, compra en Cañuelas -según algunos investigadores- la Ea. “La Figura”, haciendo una pausa con el arte y dedicándose a las tareas rurales.

1841 será un año significativo, ya que el 18 de mayo se casa con María Bevans Bright, hija del ingeniero inglés James Bevans, a quien había conocido en su breve paso por el Departamento de Ingenieros. De este matrimonio nacerán Julia y Carlos, éste, el futuro presidente de la República.

Julio E. Payró nos agrega que “en el mismo año de su boda, el ingeniero-artista fundó con Luis Aldao la ‘Litografía de las Artes’, que publicó gran número de estampas. Después de Caseros vendió su estancia y volvió a Buenos Aires, fundó la ‘Revista del Plata’ (1853) y desplegó actividad como ingeniero y arquitecto”. La citada revista, que se abocó a asuntos económicos, agropecuarios y culturales, tendrá una corta vida, como que en 1855 cesa su publicación.

En dicho taller y en el año de su fundación, se publican dos ediciones de su álbum Recuerdos del Río de la Plata’, compuesto de 20 láminas que reproducen vistas de la ciudad, iglesias, bailes y también escenas gauchescas.

Pellegrini y Flía. - Aproximadamente 1863 - AGN

Ya cuando su arribo a Buenos Aires a fines de 1828, principio del 29, había hecho a la acuarela, varias vistas de la Plaza de la Victoria y de otros espacios que llamaron su atención, como por ejemplo, El Fuerte.

Es importante resaltar -y en esto copiamos al CVAA- que conjuntamente con Mitre, Vélez Sarsfield, Alsina, Mármol, Duteil y Tejedor,  fundan el Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata.

En la última etapa de su vida retoma la profesión de ingeniero/arquitecto, y de esa época se destaca la edificación del primitivo Teatro Colón, su obra edilicia más importante, que se inaugurara en 1857.

Volvemos a copiar a Payró para una definición final: Espíritu culto e inquieto, también se dedicó en cierta época a la composición poética. Son, sin embargo, sus dibujos, sus acuarelas y sus litografías los que inmortalizaron a Pellegrini…”.

El prolífico artista y profesional, falleció en la ciudad que lo acogió, el 12 de octubre de 1875, a la edad de 75 años.

Del valor de su obra en retrospectiva, nos habla la subasta de ‘arte argentino’ llevada a cabo por la casa “Hijos de Martín Saráchaga”, el lunes 9 de mayo de 2005, cuando su obra “El Fuerte de Buenos Aires”, fue vendida en la suma de $ 120.000, unos U$S 41.700 de la época.

Una ‘bicoca’… como quien dice.

La Plata, 15 de Noviembre de 2020

Bibliografía mínima

 

+ Payró, Julio E. – 23 Pintores de la Argentina 1810 – 1900 (EUDEBA, 1962)

+ Centro Virtual de Arte Argentino – Centro Cultural Recoleta

+  https://artedelaargentina.com.ar/disciplinas/artistapintura

+ Clarín, 09/05/2005 – Los precursores

+ La Nación, 1/05/2005 – De Palliére a Warhol

miércoles, 28 de julio de 2021

AROLDO RITACCO - Un Norteño en Buenos Aires

 Aclaramos de entrada que vamos a ocuparnos de un libro que no responde a la temática costumbrista, pero que sí habla de nuestra gente.

“Un Norteño en Buenos Aires”, de Araldo Ritacco, es un relato desarrollado en 120 páginas y dividido en 15 secuencias.


En él, un docente tucumano -Eustaquio-, cuenta su experiencia de radicarse en plena Capital Federal, una vez que estuvo jubilado.

La obra, que es lineal en su desarrollo, sin superposición de tiempos, situaciones ni personajes, se destaca por la sencillez de recursos y lenguajes, lo que no deja de ser un aval para su intención de ser un ejemplo útil, a quienes, muchas veces, se sienten deslumbrados y atraídos por las luces de la gran urbe.

El personaje se presenta diciéndonos: “Nací en Yerba Buena, allá al final de la avenida Mate de Luna, cerca del cerro San Javier, y en ese rincón casi descampado en aquel tiempo, fui creciendo, me hice hombre, estudié y al final llegué a director de mi querida escuelita de la niñez.”

Eustaquio (Negro) está casado con Zulema (Zula), porteña y también maestra, que joven se fue a ejercer a Tucumán; tienen una hija, Ana María que casada con Roberto, se radica en Bella Vista cuando a éste le dan Campo de Mayo como destino laboral; el matrimonio tiene un hijo, Robertito.

La mudanza de la hija y el distanciamiento del nieto, comienzan a despertar en Zula, nostalgias por su Buenos Aires de ayer, y poco a poco, su insistencia logra convencer al Negro, de abandonar la apacible vida de Yerba Buena para ir a radicarse a la Capital, a la casa que su esposa ha heredado de sus padres, en barrio de Palermo.

De aquí en más, el relato habla del desarraigo, del ser cuasi extranjero en su país, de lo doloroso de la migración interna; y de lo innecesario que a veces esta resulta.

En esta circunstancia Eustaquio reconoce que en su pueblo tucumano, su familia vivía en felicidad, aunque entonces esta pasase desapercibida... y lo descubre, pues, al perderla.

El pulpo de Buenos Aires, que atrae con su modernidad, sus luces, su tecnología y sus aparentes posibilidades de superación laboral, exige una gran cuota de sacrificio y adaptabilidad, que no siempre se justifica sufrir, según el relato de Eustaquio.

En las distintas secuencias nos habla de la incomunicación, la intolerancia, la educación, el apuro, la vida en departamentos, el ruido, el respeto, todo en relación a la vida de los habitantes de una gran urbe.

La experiencia para Zula y el Negro resulta nefasta, a tal punto que la misma Zula conciente en el retorno al apacible Tucumán; aunque no lo digan: en busca de “su” edén perdido.

En contratapa del libro la editorial ha expresado: “...deben leer este libro todos los provincianos, preferentemente antes de decidir su radicación en Buenos Aires, y deben leerlo los porteños para conocer la opinión de sus compatriotas del interior del país.”.

“Un Norteño en Buenos Aires” fue publicado por Editorial Mundi, en marzo de 1972, y su portada está engalanada por una tinta de Rodolfo Ramos.

Valga decir que Don Araldo Ritaccco, era nativo de Luján, ciudad en que nació el 26/11/1917. Cursó estudios hasta graduarse como odontólogo, habiendo ejercido la profesión y también la docencia universitaria.

Participó activamente de la vida política, siendo electo diputado nacional en 1963.

Como escritor realizó obras temáticas sobre su profesión y obras literarias como la citada, y además “Deslumbrantes colibríes”.

Falleció en Buenos Aires a la edad de 67 años, el 30/09/1985.

La Plata, 17 de julio de 2001 (y 04/2005)

miércoles, 30 de junio de 2021

JULIO MARIANO y "ATADOR"

 Con motivo de la aparición del tercer libro de Julio Mariano, publicamos el texto que ocupa la contratapa del nuevo trabajo.



JULIO HÉCTOR MARIANO es un campero cabal, como que curtió a campo su existir desde la niñez, aprendiendo a soportar calores y heladas, para cumplir con un trabajo. Después, las vueltas de la vida lo aquerenciaron por la ciudad, pero sabiendo darse el lugar para seguir despuntando el rudo oficio de domador, por el que muchos hoy lo conocen y admiran.

Y si bien es la doma tarea que lo apasiona, del mismo modo que ayer fue laureado jinete internacional, es de hace ya muchos años, consagrado poeta gaucho, y esto también está firmemente engarzado a su vida.

Este “Atador” que hoy suelta a la huella para que ande mundo, es la tercera pata de un caldero criollo, ya que las otras dos son “Puerta Afuera”, que alumbrara allá por 1994, y “Por el Rastro” que viera la luz en 1995.

Supo decir que su inspiración para componer un verso criollo, le nace de la “gran pasión por la historia gaucha, sus costumbres -revividas algunas en los campos donde me crié-, y la fortuna de tener al lado siempre algún tradicionalista de alma”.

Sus versos tienen ese algo difícil de explicar, que lo hace distinto a los muchos poetas que existen; su uso de la metáfora lo eleva sin perder por eso de vista la realidad paisana, y su imaginación le da material para componer sin repetirse cuando escribe.

Del mismo modo que es un “riendero” que sabe quedar primero cuando bajan la bandera, es un poeta que sabe poner al tope la bandera de la tradición cuando concluye la creación de un verso.

Y esa es la clara misión de “Atador”: mostrarlo poeta que aporta y suma por la tradición.

Mariano, en la Asociación Vareadores,
de La Plata, el 18/04/1993

Julio H. Mariano nació en Verónica el 18/08/1957, y hoy junto a su familia, reside en La Plata.

La Plata, 7/marzo/2021

 Carlos Raúl Risso

-escritor costumbrista-

 

sábado, 1 de mayo de 2021

JOSÉ JUAN BIANCHI

 Nació  el  6/05/1897, en  la  localidad de Abasto, partido de La Plata, siendo hijo de María Josefa Toretti y José Bianchi. Posteriormente la familia se traslada a Capital Federal, donde aprende y ejerce la profesión de protésico dental, instalando en 1918 su propio laboratorio, al que luego ingresaría su hermano menor Eusebio, integrando la sociedad Bianchi Hnos.


Al casarse, hacia 1920, con Ana Ferradini se afinca en el porteño barrio de Villa Luro, donde nacen sus cuatro hijos.

Preocupado por el desarrollo y organización de su profesión, fue miembro fundador de la cooperativa “La Dental Argentina” y director de su órgano informativo, la revista “El Cooperador Dental”; en 1937 participó de la creación de la “Asociación de Protesistas Dentales”, habiendo sido su presidente de 1939 a 1947, y de 1948 a 1956, habiendo dirigido también la revista “El Mecánico Dental”.

Desde 1930 se dedicó a la difusión de las danzas folclóricas en las escuelas de la zona oeste de Capital Federal.

Fue fundador en 1938, de la Asociación de Fomento “Amigos de Villa Luro”, y en la misma, el 11/7/1946 fundó la Peña Folklórica “El Aromo”.

Hacia 1948 lo encontramos vinculado al “Grupo Tucumán”, Asociación de Escritores, Poetas y Artistas de América Latina.

Con un grupo de poetas y escritores funda la Asociación Autoctonista Argentina “Juan María Gutiérrez”, y en abril de 1963 integra el grupo fundador del “Museo Criollo de los Corrales” del barrio de Mataderos, habiendo integrado varias comisiones directivas.

Colaboró con la revista “Nativa” de su amigo el poeta cordobés Julio Díaz Usandivaras, y también con “La Carreta”, de Avellaneda, y “La Pampa Argentina”, de Buenos Aires.

Luchador inclaudicable en defensa de la tradición, al decir de sus hijos: “escribió ininterrumpidamente desde 1920, preferentemente versos criollos en el lenguaje popular del campo bonaerense”, según Abad de Santillán.

Su amplia producción se compone de: “Cardos de mi tierra” (1933), “Cosas de muchacho” (1938), “Campo Sureño” (1942), “Poncho Pampa” (1952), “Los Motivos” (1957), La Canción de mi Pago” (1962), “Bajo el lucero” (1971), “Glosas para mis danzas”.

A los 86 años de edad, falleció en Villa Luro el 25/09/1983, y a su pedido, sus cenizas fueron esparcidas en el predio de su casa natal de 206 y 526 -Abasto-, a la que siempre visitó los fines de semana, hasta el año 1979.

JOSÉ AGUSTÍN DILLÓN

 Nació el 28/08/1855 en el entonces pueblo de Merlo.

Fueron sus padres Doña Josefa Ballesteros Warnes y el Comandante de Guardias Nacionales Don Juan Dillón, quien también supo ser diputado y senador.


Hizo vida de campo hasta su adolescencia, en que ingresó a la recién creada Escuela Naval que fundara Sarmiento, pero no adaptado al rigor de ese estudio, volvió a su pago, donde durante mucho tiempo hizo vida gaucha.

Más tarde, en su pueblo natal fue Juez de Paz y Comandante de Milicias.

Políticamente apoyó la candidatura de Bernardo de Irigoyen, integró el Partido Republicano que encabezaba Aristóbulo del Valle, y luego se alineó con el Dr. Leandro Alem.

Los vaivenes de la política le hicieron menguar su patrimonio, y fue así que en 1897 aceptó del Gobierno de Udaondo un puesto en la Administración de la Provincia.

Radícase entonces en La Plata, donde la de los Dillón es una familia pionera. Al respecto vale aclarar que siendo la suya una familia de origen irlandés afincada en el país en lejanas épocas coloniales, algunos miembros variaron ligeramente el apellido acentuándolo, quizás como una forma de acriollarlo. Los descendientes del poeta lo volvieron a su forma original.

Si bien no publicó libros, en los albores del Siglo XX creó y dirigió la revista costumbrista “La Pampa”, y desaparecida ésta, tras nueve años de problemas personales, no tuvo inconvenientes en sumarse como activo colaborador en la competidora “La Pampa Argentina”, donde fue valorado como un poeta “genuinamente criollo”, sentenciando en su honor: “¡Dichoso el hombre que puede inclinar la cabeza con la íntima satisfacción de haber honrado la sangre de su raza!”.

Le hemos verificado una intensa colaboración entre 1911/1916, como que también muchas veces firmaba solo como “Almagaucha”, o este seudónimo y las iniciales “J.A.D”.

También difundieron sus composiciones las revistas “Caras y Caretas” y “El Palenque”.

Su nombre estuvo vinculado al ambiente payadoril de su época, y como tal fue incluido en el  “Diccionario de Payadores”.

Tenía 87 años cuando falleció en La Plata en 1942.

sábado, 13 de marzo de 2021

DOMINGO VICENTE LOMBARDI

 Nació el poeta, estudioso y guitarrista, en la mañana del 30/03/1878 en el viejo barrio porteño del Parque.

Foto Revista Nativa,
31/12/1948

 Siendo muy mozo solía acercarse a los “corrales viejos” en el Parque de los Patricios hasta donde llegaban las tropas de hacienda y con ellas los troperos que venían de la provincia profunda, trayendo consigo sus tradiciones a cuesta, ya sea en sus atavíos, sus ensilladas, sus cantos criollos, sus malambos silenciosos y sus danzas picaras. En los fogones que se armaban, o en los boliches y pulperías de las vecindades donde aquellos se hacían parroquianos, el joven Domingo 'apistolaba' el ojo y aprontaba el oído. Cuando hablar de ser tradicionalista era una cosa extraña, Lombardi

 se formaba como tradicionalista.

Visitó gran parte del país para nutrir sus conocimientos, pero su afinidad estaba con la más pura expresión surera.

Tenía 20 años cuando se acercó a “La Criolla”, que fundara y presidía otro tradicionalista de la época, Martiniano Leguizamón. Allí fue secretario.

Más adelante en el porteño barrio de Flores fundo la “Sociedad Criolla de Buenos Aires”, encargándose de organizar cabalgatas y revivir las brasas del criollismo.

En 1921 creó una institución de amplia tarea de estudio y difusión, la Sociedad Argentina de Arte Nativo.

Distintos medios de la época abrieron sus páginas para recibir sus poesías, poesías que en 1913 quedaron reunidas en su libro titulado “Alma Criolla” (hoy inhallable), el que para un medio de entonces “es de una suave belleza poética, donde alternan cuartetas, vidalitas, décimas y romances criollos”.

Lombardi había escrito la letra para “la media caña”; con fragmentos de la misma, compuso con D. Santiago Rocca el gato que tituló “El Sol del 25” que primero grabara el duo Gardel y Razzano, y luego Gardel como solista.

Falleció en la ciudad de Banfield donde se había radicado, el 7/01/1961, próximo a cumplir 83 años.

La Plata, febrero/2021

sábado, 23 de enero de 2021

CARLOS ANTONIO MONCAUT - ¡80 Años de Historia!

 Cuando se aproximaba el cumpleaños 80 del Maestro, le sugerí a Raúl Finucci, que habría que hacerle una nota, y éste aceptó, indicándome la haga. Hablé con Don Carlos, y como pidiéndole permiso le comenté que escribiría un artículo, y que él sería el primero en leer el original para ver si había que corregir algún dato erróneo. Así se hizo y tanto él como su esposa estuvieron muy contentos y agradecidos.

Revivimos ahora aquel escrito, seguros de poder llegar a nuevos lectores.

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Parecería que el nacer en una escuela le marcó un destino “de letras”, y como esa escuela era rural, la particularidad le agregó “el amor por la campaña”. Y decimos esto porque 80 años atrás, el 8/06/1927, en la Escuela rural de la localidad de Ángel Etcheverry, partido de La Plata, nacía

Foto Diario El Día 5/03/2000
Carlos Antonio Moncaut, el mayor historiador de la vida rural bonaerense, circunstancia que tras muchos años de arduo trabajo y seria investigación, le valió ser incorporado a la Academia Argentina de la Historia, hecho acaecido el 9/04/2003.

Su padre, Carlos O. Moncaut, que era ‘azulero’ (como antaño se llamaba a los originarios de “el Azul”), ya casado se estableció en Etcheverry, donde en la escuela del lugar, Flora Castrillón, su esposa, era directora, maestra y portera, como correspondía a una educadora de entonces. En ese ámbito dio el futuro escritor sus primeros pasos.

Más tarde, radicada la familia en La Plata (Avda. 1 e/45 y 46), cursaría los estudios secundarios en el célebre establecimiento platense Colegio Nacional “Rafael Hernández”, y a esa época se remontan dos determinaciones que serían constantes en el futuro: las excursiones a desolados parajes bonaerenses en busca de contactarse con un ambiente natural e incontaminado; y el interés por la historia no contada en los textos de estudio.

Con cómplice sonrisa nos evoca los lejanos tiempos del Nacional cuando en compañía de un recordado condiscípulo, los viernes -después de clase-, abordaban un tren con rumbo a Cnel. Brandsen, descendiendo en Est. Gómez, y de allí tres largas leguas de caminata por perdidos caminos de tierra, hasta el sitio agreste elegido para el acampe, y una vez en él, abocarse a la observación de pájaros, bandadas, nidificación, como así también de las especies de la flora, que siempre ha sido un admirador de William Henry Hudson, el célebre escritor inglés, de quien, digamos, posee sus obras completas y ediciones originales.

 - El Escritor

 


Sus padres, aunque de condición modesta -como nos destaca- siempre buscaron la forma de poder excursionar con la familia por zonas agrestes, pletóricas de naturaleza, y así las costas del Plata, de Ensenada al Samborombón, fueron paisajes y tierras afines a sus correrías de chicuelo. ¿Y adónde correspondía esa zona? Al Viejo Pago de la Magdalena. Y casualmente en un periódico del lugar comenzaría su actividad de escritor.

Tenía 28 años cuando en el Semanario “El Pueblo” de Magdalena, el 6/08/1955 publicó su primera nota: un “Bosquejo Histórico” del Pago. A partir de allí no solo nunca se interrumpió la actividad, sino que paulatinamente se incrementó, y desde ese principio fue Moncaut un escritor que basó sus trabajos en la investigación minuciosa y documentada, y un visitante de los lugares sobre los que iba a escribir para tener una más acabada apreciación del tema.

Estas investigaciones le causaron “encierros” imprevistos, como cuando dedicado a recabar información para escribir la historia de aquel barquito que había llegado a anclar en la laguna de Chascomús, abocado en la hemeroteca de la Biblioteca de la U.N.L.P.  a revisar minuciosamente diarios de la época -1857- para reunir datos, desentendido del reloj, no se enteró del horario de cierre como no se percataron los empleados que en la sala quedaba algún lector, y allí debió pasar la noche... con todos los diarios a su alcance y “obligado” a seguir investigando! hasta la reapertura del lugar. (Y no debe haber sido la única vez que le pasó).

Al tanto de ésta tarea el Dr. Noel Sbarra, que por entonces dirigía LR 11 Radio Universidad Nacional de La Plata y lo había convocado a realizar un espacio -“Voces y Refranes”, los días domingo-, prácticamente lo conminó a que publicara, y así nació su primer libro: “Viaje del Vapor Río Salado del Sud, de Buenos Aires a Chascomús en 1857”.

Una inalterable y respetuosa amistad unió a Moncaut y Sbarra hasta el fallecimiento de éste.

Más o menos cuatro años después aparecería un libro sobre el personaje de su admiración, “Reminiscencia del gaucho Guillermo Enrique Hudson y breviario de sus pájaros del Plata”, y tras éste, en 1967, “Biografía del Río Salado de la Provincia de Buenos Aires”, un libro curioso, raro, propio de un investigador: la historia de un río.

Éste se imprimió en el mimeógrafo de un Centro de Estudiantes de la Universidad, y sorpresivamente para su autor la edición se agotó, volviendo a reeditarla y así, hasta cubrir cinco ediciones en el año. Todo un éxito para una edición de autor, sin ningún aparato de difusión detrás.

Una década después aparecería su libro consagratorio: “Estancias Bonaerenses – Historia y Tradición”. Si bien como se ha dicho el anterior fue muy solicitado por el público, éste lo acreditó definitivamente en el lector amante del tema del gaucho y su entorno, porque hay que hacer hincapié en que D. Carlos encaró la historia de la vieja estancia criolla, aquella en la que el patrón -argentino o no-, vivía en el establecimiento compartiendo la dura vida del poblador con su peonada y personal. De la estancia suntuosa, la de los palacetes y riquezas, que se encarguen otros, ha sido sin duda su pensamiento.

Aún nos parece escuchar la característica voz y el agradable decir de Luis Patricio Saraví, cuando por LS 11 Radio Provincia, en su audición “Buenas y Santas”, como en una novela por entregas iba leyendo día a día, capítulo a capítulo, el libro de las estancias, y ¡cuánto que esto ayudo a difundir la obra!

Al igual que la “Biografía del Río Salado”, el de las estancias obtiene la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia (SEP), a lo que consagratoriamente la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) agrega su Sello de Honor.

Reconocido por sus pares, ha comprobado que hay un público ávido por el tema rural, y como es un trabajador tenaz, constante y ordenado, en 1978 da a la prensa “Pampas y Estancias – Nuevas evocaciones de la vida pastoril bonaerense”, obra que sabiamente se complementa con la anterior.

 - Curioso Investigador

Conferencia 11/1993 - AAET

 

Amante de los viejos caminos de tierra, de las pulperías, los boliches, los ranchos añosos, los yacimientos arqueológicos, los vestigios de construcciones indígenas, los montes de talas, los arroyos y cañadones, nos cuenta que  “siempre me aparté de los caminos asfaltados y transité los reales, los de tierra. Encontré pulperías y viejos almacenes que se mantienen iguales”. Porque, consumado investigador no se quedó con lo que antaño otros escribieron, no; fue a los repositorios y visitó los sitios, “que cada vez que me propuse investigar algo ¡fui a la fuente!”

Moncaut, autodidacta en todo, estudió por las suyas arqueología, paleontología, etnología, botánica, zootecnia, artes plásticas, y a todas las ciencias las llevó a la práctica  y todas le fueron útiles en sus investigaciones históricas, y las que no, le sirvieron de solaz esparcimiento y distención, como cuando se dedicó a pintar en sus ratos libres.

Pero no acaba allí su saber, porque también es bibliófilo y coleccionista, y si bien siempre debió trabajar para sostenerse, invirtió sus ahorros no en bienes suntuarios, sino en libros y antigüedades criollas, y así hoy su biblioteca y hemeroteca ronda los 40.000 volúmenes, con textos curiosísimos y ejemplares únicos. Testimoniamos su importancia con lo dicho por Julián Cáceres Freyre en su libro “Bibliotecas que he conocido como estudiante e investigador”: “Su biblioteca no responde a la monomanía de mero acaparador de libros, sino que constituye la herramienta de trabajo serio y eficiente para la divulgación del conocimiento de la Historia, el Folklore y todo cuanto de noble ha tenido nuestra pampa, que permitió a nuestro país figurar entre los primeros del mundo”.

Como coleccionista, su bien poblado museo es un acabado muestrario de la vida rural, destacándose su pulpería bien surtida de todos los elementos que hacían a su diario existir.

 - Obra y  Distinciones 


Meticuloso y de trato afable, dado a la plática rica y sabrosa encontrándose a gusto, es un empedernido cultor del bajo perfil, que para destacarse está lo expresado en los libros.

En cuanto a su prosa, se desarrolla en forma amena, sabiendo mezclar la anécdota que aclara y enriquece. Suele ocurrir que el libro de historia abrume con su información, pero esto no ocurre con Moncaut, cuyos libros son esperados tanto por el lector estudioso como por el aficionado, que lo suyo puede leerse, gracias a su estilo sin “retórica”, sin que uno note el transcurrir de las hojas atrapado por el devenir del suceso.

Tantos méritos le han valido distinciones y premios que lo destacan en su ámbito. Algunos -que se agregan a los ya citados- son: Premio “José María Rey”, de la Municipalidad de La Plata por su labor periodística (1970); Premio “Payador” del Gobierno Bonaerense (1979); “Gran Premio Consagración” de la SEP (1980); Premio “Cóndor” (1995) y “Cóndor de Fuego” (1999), de la Asoc. Estampas y Memoria; Premio “Distinción Trayectoria” de la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas (1999), “Huésped de Honor” de la Municipalidad de Magdalena (1999); “Ciudadano Ilustre”,  Municipalidad de La Plata (2005). Además, la A.A.E.T. bautizó con su nombre, en 1994, la Biblioteca de la institución.

A los libros ya citados debe agregarse:

“Los más remotos orígenes de Ranchos” (1978); “Coronel Hilario Nicandro Lagos – 1840/1895” (1979); “Reducción Jesuítica de Nuestra Sra. de la Concepción de los Pampas – 1740/1753” (1981); “La Plata, crónicas de un siglo – 1882/1982” (1982); “Andanzas y Aventuras entre gauchos de William Henry Hudson” (1991); “Amanecer del Pago de la Magdalena” (1992); “Travesías de antaño, por caminos reales, postas y mensajerías” (1993); “Estancias Viejas – Historia – Audacia – Coraje y Aventuras” -2 tomos- (1996); “Un accidentado viaje de vacaciones entre Mar del Plata y Tandil en 1880” (1999); “Pulperías, Esquinas y Almacenes de la Campaña Bonaerense” -2 tomos- (2000); “Inundaciones y Sequías en la Pampa Bonaerense – 1575/2001” (2001); “Ranchos y su Comarca – Desde su prehistoria hasta 1851” (2005).

 - Valioso Apoyo

 

Conferencia en la AAET (521 e/14 y 15)
La Plata - 11/1993

En esta vida dedicada al estudio, la investigación y la difusión de la historia, un párrafo aparte merece alguien que silenciosamente lo ha acompañado en todos y cada uno de sus emprendimientos, María Teresa Barberis (Lili), su esposa y fiel acompañante y sostenedora de cada uno de los sueños del escritor; la que siempre dijo que sí, y si tuvo que internarse en bañados y pajonales, o en intrincados senderos de sierras por Tandil o la Ventana, o en desolados caminos de tierra sin atisbos de presencia humana, siempre estuvo dispuesta; la que si debió hacer noche en un humilde rancho o en alguna pensión pueblerina, no puso inconveniente. Por eso, porque esa actitud le ha permitido al investigador encarar difíciles tareas, es que merece le reconozcamos “algo” del mérito de la obra forjada por Don Carlos.

- Epílogo

Desde El Tradicional no hemos querido dejar pasar este momento, el del merecido reconocimiento a quien al cumplir 80 años, puede mostrar con orgullo una obra encomiable, hondamente bonaerense, sentidamente argentinista.

Don Carlos Antonio Moncaut cumple 80 años y El Tradicional se siente conmovido de poder compartir con sus lectores, esta semblanza de quien es escritorpor una necesidad espiritual difícil de explicar”.

 

Publicado en Periódico El Tradicional N° 79, del 07/2007