jueves, 14 de enero de 2021

PAMPA CARRANZA

 LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”                 Micro Nº 66 – 14/07/2012

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

 CRISTÓBAL ALBERTO CARRANZA o Pampa Carranza,


como popularmente se lo conoce, nació el 14/07/1950 (por lo que hoy está de cumpleaños), en Wenceslao Escalante -antiguo Médano de las Cañas-, provincia de Córdoba, y tras distintas andanzas siguiendo “el pique” del trabajo, se radicó en Berisso, donde estableció su familia acollarado a la cuyana Aurora Vargas, mendocina nativa de Tupungato.

Realizó los estudios primarios en la Escuela Nacional Nº 10 de su pueblo natal, y cursó parte del secundario para adultos en Berisso.

Los primeros cinco lustros de su vida transcurrieron en el campo cordobés, donde fue boyero y esquilador; trabajando con el tractor aró y sembró, y hasta anduvo ganándose el jornal en un horno de ladrillos.

Apenas traspuesta la infancia se le cruzaron las primeras rimas, y más adelante, tras presenciar una payada, se volcó a componer.

Hace casi 30 años, en Tres Arroyos, vio la luz un manojo de sus versos, entablados bajo el título de “A Mi Manera”, y desde entonces son varios los intérpretes que abordan en el canto sus compuestos.

Es hombre de radio desde 1990 en que creara su audición “Por Las Güeyas Argentinas; antes -desde 1980- había colaborado con distintos y prestigiosos espacios.

Saben de su presencia los palcos de jineteadas, donde, animando, suele soltar el decir de un floreo improvisado; y bien lo conocen los fogones y escenarios donde laten en sus recitados sus versos criollos.

Coronando el esfuerzo de años, en 2001 edita el compacto “Entre Todos y Para Todos”, y en 2003 otro que se titula tal su programa: “Por Las Güeyas Argentinas”, donde se han entropillado algunos amigos que desgranan todos temas de su autoría. Este último trabajo está entrañablemente dedicado a su pueblo natal, Wenceslao Escalante en su “Centenario”, de allí que tres temas de la placa están en su historia inspirados, tal el caso de “Huella del Centenario” y el triunfo “Médano Fértil” -que interpreta el recordado Gabriel Fernández-, y la milonga “Historias de Bronce”, en la voz de Raúl Berón.

En esta grabación, Carranza se aparta de la temática pampeana, incursionando por ritmos de otras regiones, y así se desgranan un aire de chamamé, una cueca y un par de chacareras.

Víctima de un infarto masivo, falleció en su casa de Berisso, en el atardecer del 16 de julio de 2018. Tenía 68 años.

CARLOS CÉSAR FARÍAS

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”

                                                                                                                            Micro Nº 96 – 23/02/2013

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

 


CARLOS CÉSAR FARÍAS – Nació el 1º/05/1922 en Coronel Suárez, criándose en un puesto de la Estancia “Las Tunas” donde su padre se desempeñaba como puestero.

Curso  grados de la primaria en una escuela rural, a la que llegaba a caballo enancado, en tras recorrer una legua.

Por 1932 fallece su padre, entonces junto a su madre y 6 hermanos, encaran las distintas tareas, por eso puede decirse que creció aprendiendo a desempeñarse en las faenas rurales, y así fue: mensual; peón; agarrador y latero, en las esquilas; ayudante de domador; petisero, en cabañas; arador, cosedor y embolsador, en las cosechas; corredor de cuadreras, etc.

Traspuestos los 20 años, por 1943, se radica en la ciudad de La Plata, vinculándose a las tareas hípicas, siendo vareador, capataz de stud, y a partir de 1968 -ya con patente “cuidador”- ejerce esa profesión, razón por la cual, al cabo de largos años, obtiene la jubilación en 1978.

Es hombre hecho, tiene 56 años, cuando encara la composición de versos criollos, siendo a partir de entonces un prolífico escritor.

Su primero contacto con el gran público, lo logra a través de las páginas de “Pal’ Gauchaje”, revista donde aparecen algunos de sus compuestos criollos. Primordialmente pone en verso sus experiencias y vivencias paisanas, utilizando para hacerlo, preferentemente, la campera décima.

Farías reunió sus versos en los libros: “Galopiando Campo Adentro” (1985), “Entropillando Mis Versos” (1992)


y “Sonetiando y Versiando en Lunfardo” (1995); también está incluido en la “Antología de Ricardo” (1985) y en “25 Aniversario - Versos y Prosas” de la AAET (2009).

Letras suyas como “Paisano de hoy”, “Versiando a lo campero”, “Pa’ la mujer argentina”, “Atardecer en el campo”, “El día que ya no pueda” o “Soy un paisano campero”, fueron grabadas por intérpretes como Héctor del Valle, Carlos Galván, Quiroga Larreta, Roberto Belén y Manuel Rosa, entre otros.

Participó de la vida institucional, y así fue miembro de comisión directiva de la Comisión Permanente de la Tradición y también de la Federación de Centros Tradicionalistas de la Pcia. de Bs. As.

Tras una internación en el Hospital Gutiérrez, falleció en La Plata, el 10/10/1999, a la edad de 77 años, siendo sepultado en el Cementerio local.

ROBERTO REPARAZ

 LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”

                                                                                                          Micro Nº 159 – 31/05/2014

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

 


ROBERTO REPARAZ – Uno de los siete hijos del matrimonio conformado por Matilde Carlsen (noruega de Oslo) e Ignacio Reparaz (hijo de vascos), nació el 7/03/1909, en Villa Ortuzar, Capital Federal, siendo su nombre completo Reinaldo Roberto Reparaz Carlsen.

Todos sus estudios se limitan a los tres grados que cursó en la Escuela “José Mármol”, establecimiento escolar que habían donado sus abuelos vascos, sito en calle Carbajal, entre Plaza y Holmberg, de Villa Mazini, Belgrano.

Desde muy joven -casi niño- se vinculó a la poesía y al canto criollo, recorriendo la provincia de Buenos Aires, como también muchos sitios del país. Tenía 20 años cuando se presentaba en el Politeama Argentino con la compañía Aguilera, y en la Rural de Palermo fue bailarín en los elencos de Alberto Vacarezza.

Pero no solo el arte ocupó el tiempo de su vida, y así podemos decir que por espacio de 20 años fue encargado de un establecimiento de campo llamado “Caballito Criollo”, en la localidad de Estación Bancalari, en las vecindades de Pacheco.

Frecuentó la amistad de Don Martín Castro (al que conoció cuando tenía 14 años), de quien a más de amigo entrañable se declaraba admirador, lo mismo que de Don Fernando Ochoa, de quien fue compañero de actuaciones y a quien declaraba “mi gran hermano criollo”.

Vinculado al tradicionalismo, fue socio fundador y después honorario, de los círculos criollos “El Rodeo” (hoy de Moreno) y de “El Lazo”, de San Isidro. En ese ambiente, en el año 1965, en la Fiesta de la “Tradición Gaucha” de Coronel Dorrego, sus décimas “El Cardo”, recibieron el primer premio, y fueron musicalizadas con ritmo de milonga por Alejandro Orsini.

En sus años mozos, sus versos salieron publicados en revistas como “El Cancionero Popular”, “El Canta Claro” y “El Alma Que Canta”.


En cuanto a libros, podemos enumerar los siguientes: “Estilos Pampeanos” (1948) que le prologó Fernán Félix de Amador, “Los Teros” (1968) con prólogo de Fernando Ochoa, “Sobando Tientos” (1971), “Galopando tras las sierras” (ca. 1975); “Escarciando por la Patria” y “Montando Ajenos” (ambos 1976). Inéditos: “Camino de la Patria” y “Bien Criollo”.

Algunos temas suyo fueron grabados con buena repercusión, como por ejemplo “Deja que silben los vientos”, con versiones de Rogelio Araya, Víctor Velázquez, Argentino Luna, Alberto Merlo y Juan Ferreyra, o “Los Teros”, grabado por Claudio Agrelo y Osvaldo Ghiglione, “Pantaloncitos Rotos”, por Suma Paz, entre otros.

Reparaz falleció en Pilar, provincia de Bs. As,  el 26/07/1990.

viernes, 8 de enero de 2021

LAS JINETEADAS - Apuntes Para su Historia

 UNA APROXIMACIÓN A SUS INICIOS

 Ya no tenemos dudas que el origen del movimiento tradicionalista está muy vinculado a los ‘centros criollos de carnaval’, que tuvieron su apogeo en el Buenos Aires de 1880 y 1900.

Ellos hacían hincapié en las danzas nativas, el canto criollo, el arte del payador, la poesía, y las pilchas de ensillar para desfilar; a veces, como excepción, podía haber una corrida de sortija, juego ecuestre que estuvo muy difundido en el Siglo 19 en las fiestas pueblerinas.

A ese período corresponde casualmente la organización del viaje de los nueve (9) gauchos argentinos a Londrés para incorporarse al Circo de Búfalo Bill. La selección de hombres y organización del viaje estuvo a cargo del estanciero de origen inglés Eduardo Casey, por entonces dueño de la Ea. Curamalán, campo de 200 leguas, equivalente a 500.000 has. Los domadores elegidos fueron: Zacarías Martínez, Manuel Gigena, Juan Pacheco, Rosario Palomero, Marciano Gorosito, Marcelino Pérez, Bernabé Díaz, Ismael Palacios y Valentín Paz. Se embarcaron para Londres en el vapor “Magdalena”, 04/02/1892.


Es posible, que esto despertara en otros estancieros, el interés por organizar alguna muestra de destrezas criollas entre nosotros. Si iban a hacerlo a Europa, por qué no hacerlo acá?

Por entonces no se hablaba de domas de potros ni jineteadas como un espectáculo. Las montas eran habituales en las grandes yerras de las estancias ganaderas, y siempre eran con potros chúcaros de las manadas de las mismas. Eran una diversión mezclada con las rudas tareas ecuestres de aquellos tiempos.

En forma documentada tenemos que el primer espectáculo de destrezas criollas abierto al público en general, se realizó en Buenos Aires, en la Sociedad Sportiva Argentina, sita en Palermo; el mismo lugar que hoy ocupa el Campo Argentino de Polo. Era un predio de unas 20 has. que unos 50 años antes habían formado parte de los “alfalfares de Juan Manuel de Rosas”, en vecindades del caserón del Restaurador.

En el mes de noviembre del año 1908, se llevó a cabo allí, el Primer Torneo de Doma de Potros. Fue su patrocinador principal el estanciero Sr. Enrique H. Wagner, quien tenía como premisa conservar a buen resguardo las costumbres criollas. Según la crónica de la Revista “Caras y Caretas”, para el mismo “fueron escogidos once (11) domadores hábiles, y reservada una tropilla de 80 potros”.

La foto aludida. 1° de la derecha E. Wagner, a su
lado su hermano Guillermo

Don Luis Clusellas y Normando Carlos Seeber, analizando la foto que publicó dicha revista, concluyen que diez (10) de los jinetes, fueron: Zenón Casco (Gardey, Tandil), Rudecindo Benegas (Nahuel Haupi), Pedro Moyano (Puán) -quizás el nombre correcto sea Martín-, Sinforoso López (Río Negro), Mateo Rodríguez (Necochea), Ciriaco Cuevas (El Vecino), Ventura Flores (Gral. Lamadrid), Andrés Fredes (Gral. Acha, La Pampa), Ramón Chávez, y la única duda es si el décimo es Marcos Lezcano o Francisco Goñi.

Con seguridad hoy Wagner sería un opositor encendido a lo que se conoce como “doma racional  o doma inteligente” entre otras denominaciones. Por qué lo decimos…? Simplemente por esto que dejó escrito en 1909: “La doma de potros tal como se practica en nuestra campaña, ha de practicarse perpetuamente, olvidando al entraineur que amamanta con biberón en el box acolchado de pelouche el hijo del crack; o aunque proteste el pusilánime que piensa domesticar con caricias un equino, nacido y criado en una manada chúcara entre las sierras de los gigantescos Andes o en la infinita Pampa, pues un potro pampeano o una mula serrana, no son tan sensibles a la mano enguantada como hay quien quiere suponerlo”.


Cumplido ese primer paso, al año siguiente se repitió el espectáculo; según el programa: Doma de Potros – Gran Concurso de Eliminación. El torneo se llevó a cabo los domingos 26 de Septiembre y 3 de Octubre de ese año 1909.

Las categorías en que se participaba, se denominaban: 1) Monta ensillado con espuela y rebenque; 2) Monta en completa libertad con espuela y rebenque; 3) Monta con montura inglesa lisa; 4) Monta con cojinillo, riendas, espuelas y rebenque; 5) Monta enancados, y 6) Largarse de la maroma.

Vemos que las denominaciones difieren de las actuales, no obstante deducimos que la 1) equivale a Monta con recado completo; la 2) remite a Monta en pelo limpio o de las clinas, y la 4) podría ser Monta con el cuero tendido.

Don Enrique Wagner había concebido la idea de que en ese concurso se seleccionasen los más hábiles y fuerte domadores, con los que armar una embajada que represente “la genuina raza civilizada de las pampas argentinas”, para realizar una gira por ciudades de los EE.UU y el continente Europeo.

Los domadores que participaban del torneo no lo hacían por propia iniciativa sino que habían sido seleccionados por la organización. A los ya citados en el concurso de 1908, debemos agregar: Domingo Titto y Julián Acosta (Arrecifes), José Raposa (Gral. Alvear), Fausto Casco (Tandil), Pedro Leyes (Córdoba), Tomás Guzmán (Tapalqué), Demetrio Gavilán (Tres Arroyos) y Julián Rivero (Olavarría).

El nutrido Jurado, que tuvo la responsabilidad de otorgar los premios, estuvo conformado de la siguiente manera: Presidente, Gral. Ignacio Garmendia; vocales Norberto Lainez, R. Quesada Pacheco, D. R. Schoo Lastra, Carlos F. Frers, Belisario J. Peró, Tnte. Cnel. Jaime Croome, R. Avila, H. Neyra, M. Monterroso y A. Zunzunegui.

Ignoramos como se resolvieron los premios en cada una de las categorías, pero nos parece interesante informar que de la Maroma se largaron Rudecindo Benegas, Ventura Flores y Sinforoso López.

Según la Revista “Caras y Caretas” en su edición del 2 de Octubre, “se distinguieron, entre los demás, Sinforoso López, de Río Negro y Martín Moyano de Puán”, lo que nos hace pensar que a Moyano le debe haber ido bien en el peligroso salto de la maroma.

Según el propio organizador, el concurso de 1909, resultó “más importante que el anterior”, de donde sacamos esta conclusión: hubo más potros y jinetes, y mayor repercusión de público.

Foto tomada en la Soc. Sportiva en 1908, participantes 
mezclados con amigos y público
1° de la derecha, E. Wagner

    1910 y 1911

      No hemos podido comprobar que Wagner organizara otro concurso en el año 1910, aunque si hubo un espectáculo presentado en la misma Sociedad Sportiva Argentina.

Aquel año andaba en el país el empresario mejicano de espectáculos ecuestres, Francisco Mujica, que pensaba organizar en su país una “Olimpiada” de gente de a caballo, y tenía el objetivo de seleccionar un grupo de gauchos para incorporarlos a su proyecto; tal así, había contratado a Andrés Lazarte, de Tapalqué, para montas en pelo, a un tal Paniagua y a Mauricio Salazar; ignoramos el nombre de los restantes.

A principios de Mayo de 1910 llegan a Buenos Aires con la finalidad de embarcarse hacia su Patria, y allí, las autoridades a cargo de los Festejos del Centenario Patrio, los contratan para llevar a cabo un espectáculo criollo en la Sociedad Sportiva, al que asistió la Infanta Isabel, quien sorprendida y admirada por lo visto, obsequió a Mauricio Salazar el anillo que portaba, con el escudo de la Casa Real de España.

Wagner, ahora con la colaboración de Domingo Calderón y Horacio Victorino Díaz, va por más, y organiza un concurso con cuatro (4) días de duración, como que el mismo se desarrolló los días 21 y 28 de mayo, y 4 y 11 de junio del año 1911.

Fue denominado “Doma de Potros – Primer Concurso Interprovincial”.


Desconocemos el nombre de los ganadores, pero estamos en condiciones de informar que los premios a repartir eran: $ 1000, $ 700 y $ 350, y en todos los casos medallas de oro para cada premiado. Pensando en la moneda de la época, entendemos que eran valores importantes.

Al año siguiente, por invitación del “Patriarca de los Gauchos Uruguayos”, Don Elías Regules, presentaron un espectáculo similar en ese país, descontando que debe haber sido en Montevideo.

Acá, podríamos poner punto final a ésta “Aproximación a los Inicios” de las jineteadas, pero estamos tentados de aportar los datos de dos fiestas que marcaron rumbo, una en 1940 y la otra en 1950

  2da FIESTA DÍA DE LA TRADICIÓN - 11/11/1940

 Sabido es que la primera celebración del Día de la Tradición se realizó en el Parque Criollo Ricardo Güiraldes, de San Antonio de Areco, y si bien entendemos que hubo demostración de distintas destrezas ecuestres, carecemos de documentación respaldatoria.

El segundo de esos encuentros se organizó en la Capital Provincial, donde se acondicionó el predio del Aero Club La Plata, en el Barrio de El Dique (hoy, predio y barrio integran el partido de Ensenada), para llevar adelante un variado muestrario de destrezas. Las crónicas de la época reflejan que 35000 personas bordearon el alambrado del campo de la fiesta. Un número de asistentes impensado para estos tiempos.

Hubo concurso de montas con recado y en pelo, pialadas, sortija, y también se distinguieron a las tropillas entabladas participantes, y a los apadrinadores.

En “Monta Ensillado” el 1° Premio correspondió a Ángel Cardoso (entrerriano radicado en La Plata), recibiendo un par de estribos de plata; el 2° Premio se lo adjudicó a Pablo Mena (La Plata) y consistió en un  freno de plata; el 3° Premio fue para J. Apaulazza (Chascomús) y el 4° Premio para Santiago Ferrante (Ranchos). Estos dos últimos recibieron rebenques.

En “Monta en pelo” resultó ganador Nelio Labaña (Navarro) recibiendo $ 100; 2° Premio mereció Alberto Gaute (Pilar) quien recibió un mate y bombilla; el 3° Premio fue para O. Lapidotti (Navarro) y recibió una rastra de plata, y 4° Premio mereció Luis Larrubia (Navarro) y consistió en un par de estribos.

También se reconoció a Juan San Román (La Plata) con un sombrero, a Juan Olmos (Saladillo) con unas boleadoras de marfil, a Víctor Taboada (San Antonio de Areco) con un ejemplar del M. F. encuadernado en cuero de nonato, a Santiago Roldán (Navarro) con riendas y cabezada con pasadores de plata, y a M. Peralta (S. A. de Areco) con una cincha de cuero crudo.

En “Pialada” fue ganador Pedro Suárez (Bavio, Magdalena) con 3 piales de revés, recibiendo un arriador. Y 2° Premio resultó Pablo Mena (La Plata), con 2 piales de revés y uno de derecha, mereciendo una bombilla de plata.

Una mención para Pedro Díaz, de la Estancia Santa Rosa, que pialó de a caballo.

Por su labor como “Apadrinadores” se destacó a: Raúl Smith (Ensenada) con una guitarra; a José Ortelli (Ensenada) con un par de gemelos artísticos; a Miguel González (Ensenada) con boleadoras de marfil, y a Segundo Migues (La Plata) con una campera de cuero.

Las “tropillas” distinguidas fueron: la de lobunos de Santiago Rocca (Pila) con una plaqueta; la de tobianos negros de Martín Mendiburu (Chascomús) también plaqueta; la de oscuros de Gerónimo Álvarez con un  rebenque; la de gateados de Samuel Arrayagaray con medalla; la de entreverados de José Ortelli (Ensenada) con un cencerro; la de entreverados de Pedro Suárez con medalla; la de tobianos colorados de H. Dellepiane  también medalla; la de entreverados de Simón Dirrienzo con una linterna; la de malacaras de Armando Campodónico con una billetera; la de doradillos y tobianos colorados de Pedro Díaz (Pereyra) con un cuchillo de plata; la de entreverados de Pedro Zabaleta (Blaquier) y la de gateados de Fernando Robledo (Saladillo).

En la “Sortija”, donde fueron jurados José Ortelli y Raúl Smith, se repartieron los premios José Jaca (Ensenada) Primero, un reloj de plata; Arturo Barragán (Villa Rivero) Segundo, una bombilla de plata e Inocencio López (Etcheverry) Tercero, un rebenque.

 

1° CAMPEONATO ARGENTINO  de DOMA – 1950 – CÓRDOBA

 Con motivo de la Semana de Córdoba, el gobierno provincial auspició la organización de una celebración tradicionalista de primer nivel. El encuentro se desarrolló entre el 2 y el 5 de julio del Año Sanmartiniano.

El primer domingo de julio (día 2) por la mañana, se iniciaron los actos con un desfile. Durante los otros tres días se desarrolló el campeonato de doma, para lo cual se acondicionó el centro del hipódromo local.

Al cabo de esas jornadas se declaró “Campeón Argentino de Doma”, premiándeselo con una medalla de oro, a Onil Centeno, joven de 18 años, peón de la Estancia de los Sres. Diligenti, en la localidad La Francia de la provincia mediterránea, y “Vicecampeón” al jinete salteño Jorge Salgado.

El desarrollo de las distintas disciplinas lo sintetizamos enumerando los premiados.

En  “doma con apero” que al decir de hoy sería “con recado completo”, obtuvo el 1° Premio Juan Carlos Diz, representando a “La Montonera de Ensenada”, adjudicándose $ 1500; el 2° premio resultó para José Goméz, de Las Perdices, Córdoba, y consistió en  $ 800; 3° fue  Luis Benedo (‘Benedito’), de Buenos Aires, que recibió una rastra y un cuchillo; 4° premio para Luis Piscirillo, de Catriló, La Pampa, y consistió en un cuchillo; fue 5° premio Justo Martins, de Rosario, recibiendo una rastra y un mate; 6° premio recibió Ruperto Echeverría, de Santa Fe, distinguido con un  mate con bombilla; 7° premio Ercilio Sánchez, de Venado Tuerto, Sta. Fe, premiado con un mate con bombilla; el 8° fue para Pedro Arregui, de La Cocha, Córdoba, un mate con bombilla; 9° premio para Hugo Gianelli, de Oliva, Córdoba, un mate con bombilla, y 10° premio para Alberto Torres, de Estación Ordoñez, Córdoba, un mate con bombilla.

Indudablemente esta categoría fue la más numerosa, la más competitiva, y como se ve por los lugares de origen, muy federal. Tengamos en cuenta que estamos hablando de 70 años atrás, cuando la movilidad no era la de hoy.

En “Doma en potro pelao”, que sería la monta en pelo o de las clinas actual, resultó Ganador, Gregorio Pérez, de Lincoln, Buenos Aires, que se hizo acreedor a  $ 2000; resultando 2° Jerónimo Centeno, de la localidad de La Francia, Córdoba, que recibió $ 1000.

En “Doma en pelo con cinchón”: 1° premio Onil Centeno, de La Francia, Córdoba, $ 1700; 2° premio Hugo Miguel Arrambide, de Córdoba, $ 800;  3° premio Teófilo Zárate, de Las Achiras, Córdoba, un cuchillo; 4° premio Isidoro Martínez, de La Francia, Córdoba, un cuchillo; 5° premio Félix Andrada, de Córdoba, una rastra y un mate (montó con los ojos vendados); 6° premio Pedro Marín, de Córdoba, una rastra, y 7° premio Jorge Salgado, de Salta, u mate con bombilla.

En la difícil y discutida prueba conocida como “Salto de la maroma” ganó el 1° premio Jorge Salgado, de Salta, mereciendo por ello $ 3000; 2° resultó el joven Onil Centeno, de La Francia, Córdoba, quien recibió $ 2000; el 3° premio fue para Jerónimo Centeno, de La Francia, Córdoba, que obtuvo $ 1000; 4° Zenón Díaz, de La Francia, Córdoba, cuchillo y rastra, y 5° Pedro D. Peralta, de Las Peñas, Córdoba, un cuchillo.

Todos los premios se entregaron en un acto llevado a cabo en el Teatro Rivera Indarte.

La responsabilidad de jurar en todas estas pruebas, estuvo a cargo del siguiente equipo: Presidente del Jurado: Tnte. Cnel. Gustavo Revol; vocales: Cnel. Juan Carlos Montes, D. Antonio Raimondi, Tnte. Cnel. Rogelio Mohando, Dr. Manuel Augusto Ferrer, D. Tomás Barraza e Ing. Bernardo Kitroser. Secretario: Ernesto Guillermo Serrano.

Estamos a 112 años del primer concurso y a 70 del último de los evocados. Muchos años. Mucho tiempo ha corrido y los espectáculos de destrezas criollas hoy se reiteran en muchas localidades los sábados y domingos. Se acaba de crear la Raza de Caballos de Destrezas Criollas, y está pendiente que se reconozca a las jineteadas como un deporte, a pesar de que en 1986, estuvo en el Honorable Senado y la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, un proyecto que redactara el Dr. Luis Ernesto Moreno, que presentara la Federación de Centros Tradicionalista con el patrocinio del Diputado Dr. Carlos I Frayssinot, pero que lamentablemente no fraguó la Ley que se buscaba.

Hemos intentado plantar una semilla. Deberán otros regarla, y agregar plantines que completen la historia.

UNA YAPITA ORIENTALA

Entre enero y febrero de 1931, se desarrolló en Uruguay, el Primer Campeonato Sudamericano de Doma de Potros, que tuvo su epicentro en Montevideo, en dos sitios distintos: El Prado y el estadio del Club Peñarol, del que tomaron parte delegaciones de Brasil, Argentina y el propio Uruguay.

El mismo fue organizado desde Buenos Aires por Don Fabián Lemos, que parece haber sido en su mocedad un notable jinete. Había nacido en Barracas al Sud, en 1872. La intención de Lemos era “…hacer revivir la tradición rioplatense y al mismo tiempo confraternizar con los gauchos de los demás países americano…”

La delegación argentina estuvo integrada por Manuel González, Cipriano Torres, Juan Galíndez, Manuel Fernández, Juan Crisóstomo González, Cipriano Terán, Eustaquio Parodi, Pedro Alcazar, José González (todos paisanos de Buenos Aires), y Julio Cabezas, quien después sería reconocido animador, poeta y hacedor de botas de potro.

Había que demostrar las habilidades domando potros, novillos y mulas; pialar yeguas; bolear ñanduces y zorros; hacer tiros de lazo, cinchadas y correr la sortija.

El torneo fue ganado ampliamente por el equipo argentino, ya que el Jurado dictaminó: “los argentinos demostraron ser ordenados y diestros en los trabajos de campo. Doman con soltura y seguridad. Son corajudos y decididos; agarran y le ponen los cueros al que caiga. Montan en pelo sin mirarles el pelo. Doman sin estribos. El equipo se distinguió por la capacidad de trabajo de todos sus componentes, que demuestran conocer muy bien las tareas”.

Este mismo Lemos, en 1928 había viajado a Europa al frente de un conjunto de gauchos correntinos y entrerrianos, montando espectáculos de destrezas criollas, durante casi ocho meses, en las más conocidas Plazas de Toros de España. Quería que se conozca al gaucho auténtico.

Hombre de campo, “gaucho por los cuatros puntos cardinales”, había hecho una fortuna como fuerte comprador de haciendas, en especial caballadas; poseía corrales y campos por el bañado de “bajo Flores”y en Castellino (Avellaneda), y estancia en Videla Dorna, partido de S. M. del Monte, y puso su fortuna y sus días al servicio de la causa criolla

Murió el 11/01/1937 a los 65 años de edad.

                                                                                                            La Plata, 9/Enero/2021


martes, 29 de diciembre de 2020

SIETE GRANADEROS VETERANOS

 Nadie puede negar que hoy por hoy, Internet se ha transformado en una herramienta infaltable en nuestras vidas, brindándonos todo tipo de información, desde el estado del clima a búsqueda de trabajo, pasando por resultados deportivos a textos de estudio, y mucho más. Y si bien nos facilita el acceso al conocimiento, tiene sus peros…, porque cualquier persona, con conocimientos o sin ellos, con preparación o sin ella, con buena o mala intención, puede “colgar” como se suele decir, cualquier escrito en ese inimaginable sitio para “los profanos” como uno, que es la “red o la web”. Y así resulta que se ponen historias apócrifas, porque no hay filtro alguno que lo pueda impedir. Ahí todos podemos ser escritores o investigadores sin haber leído nunca un libro. Pero también hay mal intencionados.

Así es que no muchos años atrás, comenzó a circular la historia, que en 1880, cuando el retorno de los restos del Gral. San Martín a la Patria, como renacidos de la nada, se presentaron en el puerto 7 Veteranos Granaderos a rendirle honores a su amado jefe amado. La historia está bien contada y resulta tocante por su contenido de respeto y admiración. Pero…

Cuando la conocí, en vez de recurrir a los libros para verificar, solo me puse a sacar cuentas, si: a sacar cuentas, para darme cuenta -valga la redundancia- que tal relato enmarcaba una historia apócrifa.

El Cuerpo de Granaderos se creó el 16/03/1812 y se fue ampliando en los años siguientes alcanzando su punto máximo por 1817, cuando ya estaban prestos a cruzar Los Andes.

Entre 1817 y 1880 median 63 años. Si a eso le sumamos los 20 años (que en promedio, aunque deben haber sido más), deberían haber tenido los granaderos al incorporarse, nos da que en 1880, esos sobrevivientes, rondaban, por lo menos, los 83 años.

Pero hay que saber que hacia mitad de la centuria de 1800 a 1900 (Siglo XIX), el promedio de vida, o de ‘esperanza’ de vida, era de solo 42 años, estirándose a 48 ya sobre el fin de ese siglo.

Qué gran casualidad sería, que justo esos 7 Veteranos Granaderos, hubiesen sido longevos. Pero hay algo más: el relato apócrifo dice que vestían con altivez uniformes harapientos, rotosos, deslucidos.

Claro, quien hace el ‘cuento’ se “olvidó” de contar que al regreso de los restos del Cuerpo de Granaderos al país, en 1826, remitidos al Cuartel del Retiro, disuelto el mismo, debieron entregar las armas y uniformes, siendo marginados de la vida militar.

Quien pergeñó la falsa historia, no hace aportes documentales, no da citas, no brinda referencias. Por lo pronto los diarios de la época que cubrieron tan importante suceso, nada dijeron de esos “7 fantasmas”, ni siquiera en un apartado como una anécdota de color.

Por otro lado, de haber ocurrido, Bartolomé Mitre, el primer panegirista de San Martín, con seguridad le hubiese dedicado un capítulo en su Historia del héroe.

 En realidad hay una historia con 7 Granaderos, pero es otra historia, que si la quieren escuchar, ya se las cuento.

Cuando San Martín se retira del Perú, cediendo toda la gloria y la responsabilidad de lo que quedaba por hacer, a Bolivar, ya no contaba con ningún tipo de apoyo ni respaldo político-económico del gobierno Central de Buenos Aires, y si bien el Cuerpo de Granaderos aún revistaba como “Granaderos a Caballos del Río de la Plata”, sus miembros -mayoritariamente- eran peruanos, ecuatorianos, colombianos; después de los acontecimientos del Callao, donde llegó a quebrarse la indoblegable imagen de los granaderos, con amotinamientos y traiciones, el Regimiento se encontraba para la etapa final de la liberación Americana, diezmado y reducido a su mínima expresión, no obstante fueron una tromba en Junín bajo el mando de Mariano Necochea, y sablearon en Pampa de Quinua, en Ayacucho, territorio del Perú, aquel 9/12/1824 de hace ahora 196 años, que marcó el triunfo definitivo de las armas patrias. Tal fue la actuación de los Granaderos en la ocasión, que su jefe de ese día, el paraguayo José Félix Bogado, fue ascendido a Coronel Mayor prácticamente sobre el campo de batalla.

Aquel día, la Caballería, a órdenes del Gral. Miller, ocupó el centro de la formación de ataque, integrada por el Regimientos Húsares de Junín, Granaderos de Colombia, Húsares de Colombia, y Granaderos a Caballo de Buenos Aires.

Tras esos sucesos, sin medios ni apoyos, Bogado recibe la orden de regresar ese Regimiento a su Cuartel en Buenos Aires; a los ponchazos podría decirse, eligiendo el camino del mar, logran llegar a Chile, desde donde, siempre a los ponchazos, tras desembarcar deben encarar el cruce de los Andes con el sentido inverso al que habían hecho en 1818. Febrero de 1826 los ve ingresar a la ciudad donde nacieran.

Gobierna Rivadavia, quien les ordena remitirse al Cuartel de Retiro, donde hace colocar una placa de bronce en su homenaje, al tiempo que les hace depositar sus armas y uniformes disolviendo, tras catorce años de victoriosa vida, el cuerpo que creara San Martín.

De aquellos pocos más de 100  soldados (al decir del Cnel. Yaben) que a Buenos Aires llegaron, solo 7 correspondían a la hora fundacional. Ellos eran:

Sgto. Trompa: Miguel Chepoya

Sargento 2°:    Damasio Rosales, Francisco Vargas, Patricio Gómez

Capitán:           Francisco Olmos

Sgto. Mayor:    Paulino Rojas

Cnel.                José Félix Bogado

 De acá viene la historia de que en las guardias y cambios de guardias, y custodia de los restos del Gral San Martín, en la Catedral porteña, siempre son 7 los Granaderos involucrados, pero NO porque fantasmagóricamente aparecieron en el puerto aquel día de 1880 en el que al Gran Capitán se le cumplió el sueño de descansar en su tierra.

La Plata, 19/12/2020

viernes, 25 de diciembre de 2020

GUSTAVO SOLARI - Gaucho y Pintor

 Con un entable de amplios cielos y campos dispares de diversas regiones de la Patria, se nos presenta la pintura de Gustavo Solari.

Del Catálogo de Galería Socorro
Exposición de 07/2000

Conocedor acabado de las tareas rurales, y apasionado de los pintores de “la patria vieja”, rezuma en su obra el colorido y los silencios propios de nuestro hombre de raigambre criolla, y como ellos, acostumbrado a mirar la distancia en pausada observación; por eso transporta al lienzo esa sensación de presencia, de ventana abierta en el tiempo para “ispiar” a nuestro arquetipo, mezcla de hombre y caballo, mitológico centauro de chiripá.

 Cuando llegué a una muestra de Solari, hacía años que éste ya era un artista reconocido. Fue en una exposición en la porteña Galería Socorro, corría 1996.

Uno a veces, profano en conocimiento de arte y artistas, podría preguntarse ¿pero… por qué hace lo que hace…? Y allí aflora la voz de su cuñado “Moro” Menvielle (el hijo de Don Omar J., el poeta del caballo), cuando un cuarto de siglo atrás, como si respondiera por él, sintetizó Es pintor y nació pintor porque desde casi su niñez expresa en sus cuadros amor, ternura, sensibilidad, en fin, arte. Y no solo pinta porque es pintor, pinta porque lo siente, como siente su tierra, sus caballos, su gente”.

confeso autodidacta desde la más temprana niñez, donde todo papel que llegaba a sus manos terminaba plasmado por un dibujo de algo de la raigambre criolla que lo rodeaba. En esa primera etapa que podríamos decir abarca toda la adolescencia, se especializó en trabajar a pluma, sin el uso del color, graduando los claros y oscuros para dar la tonalidad apropiada a su obra.

Tenía muy jóvenes 18 años, cuando con el invalorable apoyo y respaldo de su padre, presenta en pleno centro de la Capital Federal su primera exposición, de la que recuerda con cierta nostalgia, que “¡Vendí todo! Eran precios muy sencillos”.

Y hablando de vender, supo contarle una simpática anécdota de su primera venta, a Laura Soto, cuando lo entrevistó para un reportaje que publicó la Revista “Arraigo”. Nos tienta repetirla. Contó: “Fue una situación increíble. Lo vendí antes de poder terminarlo… Había tenido que instalarme en el enorme escritorio de papá, porque el cuadro que había propuesto hacer era tan grande que resultaba imposible conseguir un caballete adecuado.

"Buscando la Querencia"

Una tarde vino de visita un amigo de papá, quien al ver el cuadro se quedó maravillado. Era un trabajo a pluma, de una minuciosidad a la que hoy ya no me entrego. ¡Estaba a medio hacer, y me lo compró! ¡Yo no lo podía creer! Dibujé en él la puerta de un corral frente al cual una vaca se había pialado. En la misma escena, se veía a un paisano a caballo viniendo por detrás de la vaca, en el momento justo en que se la llevaba por delante, al tiempo que su caballo pegaba una bellaqueada. ¡Todo a pluma!”.

Su gran memoria visual le permite recordar puntualmente esos detalles, digo… porque aquello ocurrió hacía 1965 aproximadamente.

Y ya que citamos la particularidad de su memoria visual, recordamos que la misma le permitió no copiar en vivo, sino que una vez hecha la observación en detalle, podía recrearla después en su taller, sobre el caballete.

“Antes que aprender a pintar tuve que aprender a mirar. -le contó a La Nación- Me lo enseñó un gran maestro, Raúl Alonso: Todo realista en el fondo tiene algo de impresionista, que solo te va a salir, me dijo. Y así fue.”.

Su técnica surge espontáneamente de su propia e intensa experiencia de vida vinculada al campo y su historia. En su pintura le interesa recrear sucesos del Siglo 19 (el siglo en el que le hubiese gustado vivir, alguna vez dijo), y fundamentalmente los del período “rosista”, donde considera se comienza a gestar el sentimiento de ‘nación soberana’. Debe ser por eso que admira y analiza lo hecho a pintores como: Palliere, Pueyrredón, Rugendas y Morel.

Por muchos años su arte pictórico le cabrestió a su tarea de administrador de estancias de terceros, robándole muchas veces horas al sueño para despuntar el sano vicio de los pinceles. Hasta que aproximadamente desde 1985 se dedicó exclusivamente a pintar, y a montar una exposición por año. Y cuando decidió dedicarse solo al arte, se dijo: “…yo no puedo ser un simple dibujante, tengo que estar entre los mejores. Dios pasa una sola vez al lado de uno” (…) En la añoranza de mis cuadros trato de hacer sentir el olor a humo de alguna matera, hasta la tierra recién regada por el repentino tormentón de verano, que levanta el vaho de algún viejo corral de palo a pique. Mi mano está hecha, tanto para el pincel, cuanto para volcar con destreza un tiro’e lazo”.

Y esto último nos trae el recuerdo de don Eleodoro Marenco, quien tenía el mismo gusto y placer por el manejo del lazo, hasta que, ya cincuentón, un amigo le hizo ver que si en dicha destreza criolla se arruinaba las manos, adiós la pintura…

A Solari, no fue el lazo en la yerra quien le trajo problemas, sino esas vueltas de la vida escenificadas en un grave accidente automovilístico. Fue en octubre de 1999: por “…él mucho he perdido y mucho he cambiado”; y recuperado de éste, la vida volvió a golpearlo… y más de una vez. Pero no ha logrado vencerlo, y en la tozudez de sus espátulas y pinceles continúa recreando las escenas que le llenan el espíritu, y a nosotros los ojos que no dejan de poblarse de asombro.

Su paraíso, su lugar en el mundo, hoy está en Lobos, en su campo “La Añoranza”, donde adecuó dos vagones de ferrocarril como vivienda y taller: “Vivo en el campo entre mis telas y rodeado por todos los animales que quiero, los que son fuente constante de mi inspiración y paso tardes enteras leyendo libros de historia y tradición para avalar mis cuadros iconográficos.

Los cuatro retoños de su sangre -quienes más deben conocerlo y lo acompañan (junto a los nietos, por supuesto)-, han cantado de ese padre gaucho y artista:

“Con el pincel como sable // triunfante en arduas batallas // fuiste surcando tu rumbo // con hombría y con agallas”.

 Una síntesis perfecta. Está todo dicho.

A sus cuadros, el color llegó cuando andaba en los treinta años de edad, parecería que… tarde, pero no fue así: tenía todo el tiempo por delante para reflejar la paleta de colores de la Patria, y en verdad que lo estamos comprobando.

Podría decirse que de todos los pintores costumbristas es el único que ha incursionado con asiduidad en “las marinas”, reflejando el Plata o el Paraná con embarcaciones, y acciones navales.

Sin entrar en el detalle de la larga lista de exposiciones y muestras y distinciones, solo decimos del orgullo que sintió cuando en 1991 el Instituto Nacional Sanmartiniano lo nombró ‘asesor artístico’, en mérito a su obra “Primeras Formaciones”, donde había pintado a los granaderos con el uniforme original.

"Una Copa"

Solo nos resta decir que Gustavo Solari, nació en Barrio Norte de la ciudad de Buenos Aires, el 7 de Agosto de 1947, y pasaba los veraneos de su niñez en la Ea. “San Guillermo”, en Cnel. Vidal, Provincia de Buenos Aires, como una premonición quizás de su futura vida gaucha.

Valga como síntesis lo expresado por la Revista Caras: “sus cuadros conforman un compendio costumbrista del Siglo pasado”, en alusión claro está, al Siglo 19.

La Plata, 25 de diciembre de 2020

lunes, 21 de diciembre de 2020

RECAO CANTOR

 Es esta una expresión que ha sabido arrastrar sus discusiones, las que no habremos de aclarar nosotros, pero vamos a aportar algunos datos como para enriquecer las mismas.

Comencemos por decir que la voz “recado” o “recao”, deviene de la antigua voz castellana ‘recabdo’, que vocalizada ‘recaudo’ adquiere el sentido de ‘conjuntos de cosas’, y que entre nosotros por ingenio del gaucho llegó a significar ‘conjunto de piezas para ensillar’, esto a estar por el bien informado Diego Abad de Santillán, en su Diccionario de Argentinismos.

Sabemos que en la segunda mitad del Siglo 19 ya era usada, pues por ejemplo en el libro “Buenos Aires desde 70 años atrás”, su autor José Antonio Wilde, hace una rápida pero precisa afirmación respecto de los aperos: “Los había para todos los gustos y todos los posibles; desde el ‘recadito cantor’ hasta el que contaba miles de pesos”, diferencia que podemos interpretar como rico y pobre: el “recadito cantor” es prenda de un gaucho pobre.

Por ese entonces estaba tan difundido su uso, que el mismo Hernández lo plantea en su “Martín Fierro”, y precisamente para presentar en la historia al hijo del Sargento Cruz, a ‘Picardía’, mozo muy pícaro y muy pobre, al que describe: “(…) pero andaba despilchado, / no tráia una prenda buena, / un recadito cantor  / daba fe de su pobreza-  / le pidió la bendición / al que causaba la fiesta,…”. Nuevamente se coincide en que es un “recao” mínimo, despilchado y pobre.

Francisco I. Castro, enjundioso comentarista y analista del “Martín Fierro”, y gran estudioso de las palabras usadas en la obra, sostiene: “Cantor: califica algo que es pobre, reducido, corto, gastado, pero que se esfuerza por llenar las necesidades para que se lo requiere. Esta palabra sigue siempre a un diminutivo, que achica, apoca la cosa de que se trata. Posiblemente se dice “cantor” porque al exhibirse “canta” su pobreza”. Ahora, prestemos atención a algo de lo que opinó: “se esfuerza por llenar las necesidades para que se lo requiere” y reflexionemos: es pobre pero está empeñado en cumplir como un recado, quien lo usa, no es un desecho. Y ahora veamos la conclusión del ya citado Abad de Santillán cuando opina Recao cantor, significa figuradamente, apero muy pobre o de piezas más cortas de lo corriente.

Y acá comienza otra historia, porque ya en el transcurso del Siglo 20, la expresión “recao cantor”, no habla de cosa mínima ni de pobreza, sino de un estilo: un recado bien puesto, con sus matras y mandil, pero más corto que el recado habitual; podría decirse que fue una moda, pero que ha perdurado en el tiempo. Así conocí la expresión aproximadamente 60 años atrás; nunca vislumbré en quien la usaba, referirse en forma despectiva o de menosprecio hacía quien había ensillado de ese modo, por el contrario, era un elogio: ¡lindo el “recadito cantor”!

No podemos desconocer algo que se ha dicho y publicado, porque parecería que ocultamos lo que no conviene a nuestros fines.

El paisano don Sengo Balladares, de Tapalque (de 90 años, allá por el 2000), informante al que recurrió reiteradas veces don Rafael Darío Capdevila para la confección del libro “El Habla Paisana”, lo describe como un recado muy pobre, lastimoso, propio de crotos y de los cantores que peregrinaban de estancia en estancia: “Cuando era muchachos si los habré visto a estos cantores yegar a las estancias con la guitarra pa’ rebuscarse!”. Lo de la pobreza es coincidente con todos los testimonios precedentes, pero el hecho de atribuir la denominación a una particularidad de los cantores peregrinos, nos parece un despropósito, porque hemos  visto que en el Siglo 19 se lo usaba y no se lo vinculaba a los cantores, sino al hecho de que al ser observados, solitos cantaban su pobreza.

Poéticamente el artista de San Pedro, Don Artemio Arán escribió: “Compendio de pilchas, que al encimarse se plasman en una sola. Blandura de cojinillo donde somos horqueta afirmada en los estribos”.

La Plata, 06/09/2020