domingo, 18 de junio de 2017

FACÓN

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 31 – 18/06/2017

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

FACON
“Remotas huellas de llama / y de martillo lo azulan / con brillos que confabulan / los cruces de la amalgama; / con reverberos de escama / el resplandor lo sonroja / y si en el mango se moja /  la luz en candor de plata, / entre hielos se amorata / la línea cruel de la hoja.”, así comienza a describir el cuchillo la excelentísima poesía de Don Miguel Etchebarne.
Tenemos por costumbre denominar “facón”, a todo aquel cuchillo de cintura que usamos atravesado en la espalda, pero en realidad aquellos que son de forma triangular, por más que sean largos, siguen siendo “cuchillos de cintura” con la característica de que nunca llevan ningún tipo de defensa para la mano; en cambio el “facón”, según el saber de Don Mario Aníbal López Osornio, tuvo su origen al ser construido con restos de sables; esto hace que su espiga coincida con el centro de la hoja, siendo ésta angosta y muy fuerte a pesar de su extensión, caracterizándose por tener filo de un solo lado (aunque a veces los primeros 10 cms. del lomo, pueden estar rebajados), muchas veces con sangrador (la canaleta central), y generalmente con defensa contra la empuñadura, siendo ésta en forma de “S”, de “U”, o un simple “crucero” recto.
Dijimos que para la construcción, en sus orígenes se usaron hojas de sables, agregamos entonces bayonetas, espadas y hasta aún de limas chatas y gastadas. Posteriormente las fábricas comenzaron con la provisión de hojas ya construidas de exprofeso y a estrenar, las que hoy son buscadas por coleccionistas, ya que hay registros de marcas y procedencia.
La voz “facón” deriva y es aumentativo de la palabra “faca”, que significa “cuchillo corvo”, y ésta a su vez viene del árabe “farhah”, palabra que designaba al “hierro de la lanza”, y que pasó al español en el largo dominio de 8 siglos que los moros tuvieron sobre media península ibérica a partir -aproximadamente- del año 700.
Citamos “cuchillo corvo”, y esto nos trae al recuerdo una palabra caída en desuso, con la que el gaucho designaba al cuchillo largo o al facón, y ésta es la voz “alfajor”, curiosa porque parece que remite a un postre, pero que en cambio era la transformación amañada que se le dio a la voz árabe que designaba un largo cuchillo corvo, “el alfanje”, de allí pues: “alfajor”.
Si bien puede decirse que el “facón” es arma de pelea, en las manos ingeniosas del gaucho también fue herramienta de trabajo, con la que supo hachar un gajo, cortar pasto o paja, hacer un pozo, cuerear, etc.
En cambio el “facón caronero”, prácticamente una espada, fue arma de defensa y pelea, que nunca se portaba en la cintura, sino entre las caronas del recado, fundamentalmente en la vida del siglo 19, cuyo uso desaparece cuando la estancia se expande, los campos se alambran y los recados largos se acortan.

Evocamos ahora al “facón” con los versos de Carlos López Terra: "Viejo Facón"

(Los versos se pueden leer en el blog "Antología de Versos Camperos")

miércoles, 14 de junio de 2017

CHARRÚA (Charla 1)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 1 – 14/06/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.

Nuestra primera intención es desmitificar respecto de su nacionalidad, porque al identificarse como “Charrúa”, siempre se lo asociaba al país oriental.
Sobre el final de la década de 1930 apareció su primer libro, y durante las décadas del ‘40 y ‘50, fue muy difundido, al punto que sus temas “El Desafío”, “Tata No Quiere” y “Temblando”, fueron grabados y muy populares. Ahora, respecto de su persona y su vida, prácticamente nada se sabía, ni se mostraba alguna imagen suya. Y no había quien supiese dar información sobre el particular.
Por el año 1991/92, Ismael Russo (quien fuera un reconocido guitarrista que supo integrar el elenco de guitarras de Edmundo Rivero, y era un apasionado recolector de datos sobre personas del ambiente artístico criollo), conjuntamente con el poeta Horacio Bazán, me acercaron copia de unos datos que acababan de recabar en un Registro Civil de Capital Federal. Por los mismos nos enteramos que en las primeras horas del 31/10/1962, víctima de un sincope cardíaco, había fallecido en el Hospital Alemán porteño, Gualberto Gregorio Márquez, “Charrúa”, la edad de 79 años.
Muy poco después, el mismo Bazán aparecía con otra novedad: un libro de “Charrúa” que desconocíamos y que casualmente apareció el año de su fallecimiento: 1962. En el mismo, tanto el prologuista como el propio autor, informan que su edad es de 86 años. Una pequeña diferencia de 7 años con la anotada en su defunción. A partir de este dato, por una cuenta inversa, estimamos que su año de nacimiento rondaba 1876.
De un análisis detallado de todos sus versos, rescatamos aquellos donde dice: “Yo soy nativo uruguayo / siendo mi madre porteña,…”; y reafirma en otras rimas: “Nací en la Banda Oriental / criándome en la argentina”. Y en cuanto a su padre, apunta: “Soy el hijo de estanciero / de aquella estancia primera…”.
En aquella información del Hospital Alemán aparecía como responsable del trámite Conrado Eduardo Márquez, y, un poco a su pedido, en 2007, su hija Ángela Márquez -sobrina nieta del poeta-, encaró la re edición de todas las obras de “Charrúa”, en un solo tomo. Allí confirma que nació en Mercedes, Uruguay, el 17/11/1876, y que realizó toda su vida desde la escuela primaria, los estudios medios y los de escribano que no concluyó, en Argentina; y en su obra siempre se tuvo como tal, y dijo que era capaz de jugarse “como el mejor argentino”.
Si uno recurre a las antologías de poesía gauchesca o nativista uruguayas, se encontrará que nunca lo incorporan, o sea, no lo tienen en cuenta, no lo reconocen como un poeta de esos pagos más allá de que haya nacido en la tierra oriental.
Del famoso escritor Julio Cortazar, nacido en Bélgica, a nadie se le ocurrió nombrarlo como extranjero y siempre se lo trató como el argentino que era.

En conclusión, Gualberto Gregorio Márquez, “Charrúa”, más allá de su seudónimo nunca dejó de ser argentino nato.

(Los versos de "Carta Gaucha" se pueden leer en el Blog "Antología del verso campero")

domingo, 11 de junio de 2017

RASTREADOR

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 30 – 11/06/2017

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

En “Facundo”, Sarmiento -él, que no quería al gaucho-, hace  una encendida exaltación del rastreador Calibar, y reflexiona: “¿Qué misterio es este del rastreador? ¿Qué poder microscópico se desenvuelve en el órgano de la vista de estos hombres? ¡Cuán sublime criatura es la que hizo Dios a su imagen y semejanza!”.
Este Calibar era sanjuanino, y siempre se sostuvo que los más sabios rastreadores han sido de las provincias andinas, destacándose además a los sanjuaninos a los riojanos, y esto lo aseguraba y afirmaba el mismísimo Gral. Mansilla, aquel que se adentró al desierto y reflejó su incursión en “Una Excursión a los Indios Ranqueles”, quien en sus tropas siempre tuvo alguno y sostenía por su propia experiencia, que en San Juan y La Rioja estaban los mejores.
El poeta oriental Wenceslao Varela -quien sobre este tema recibió muchas enseñanzas de un paisano entrerriano-, escribió unas magníficas décimas repletas de detalles y minucias, en una de las cuales canta: “Sé en un rastro de baguales / si va madrina o padrillo / y sobre el renglón de un trillo / leo signos desiguales; / destingo en los arenales / la ranilla con tramojo. / Y marco, en cualquier rastrojo / o ande se hunda la pisada, / vejigas, taba cargada, / cuerda tensa o ñudo flojo”.

El ingeniero francés Alfredo Ebelot, que permaneció entre nosotros de 1870 a 1908 y tuvo a su cargo la construcción de la “Zanja de Alsina”, y dejó reflejos de su experiencia fronteriza en varios libros, en uno de ellos, “Pampa”, dejó noticias de lo que le tocó vivir en este aspecto. En síntesis: cuenta que anoticiado de que al parapeto de la zanja se le había practicado un boquete de unos dos metros, por el que habían  penetrado y salido un grupo de indios, mandó ensillar y partió con un piquete a inspeccionar el agujero, ordenando se le mande un rastreador. Ya en el sitio, en un día muy frío y ventoso que levantaba tierra, describe la llegada del “rastreador”: “…un sujeto de pura sangre arribeña (aclaramos: Córdoba y las  provincias andinas), lacio el pelo, saliente los pómulos, torvos los ojos a la par que penetrantes, y, para más señas, soldado viejo y milico irreprochable.”. Tras mirar largo tiempo, callado, las intrincadas pisadas a uno y otro lado del parapeto y la zanja, como con indiferencia, sentenció: “Han pasado seis caballos montados, quince sueltos, y una yegua madrina con un potrillo de seis a ocho meses”. Señalando que tomaron con rumbo a los valles de Sierra de la Ventana. Al día siguiente fueron capturados, y todo coincidía con lo que dedujera el “rastreador”, salvo… que no había tal potrillo…, pero más luego, los soldados que rastrillaban la zona, lo encontraron extenuado, rendido de cansancio, impedido de seguir el ritmo frenético impuesto al viaje por los indios. Y la relación quedó demostrada cuando lo reencontró la yegua con las efusividades de madre.

(Los versos de "El RASTRIADOR" de GABINO EZEIZA, se pueden leer en el Blog "Antología del Verso Campero")

miércoles, 7 de junio de 2017

ASTILLAS DE WENCESLAO (Charla 10 - final)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 10 – 7/06/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos al fogón de los versos, unas “astillas de Wenceslao”.

Con estas palabras comenzamos a dar el postrer tranco de los 10 que le hemos dedicado al “poeta de América”, deseando haber aportado alguna cosita para el conocimiento de su persona y su obra.
El gran Abel Soria, cuando el 18/02/1989 se le realizó un homenaje en el 16° Festival de Durazno, expresó: “No hay dudas que Don Wenceslao es el primero de los poetas gauchos, siendo también paradójicamente, el último”; respecto de esto último -valga la redundancia- podemos no estar de acuerdo con Soria, pero sí compartimos que haya sido quizás el último tan grande.
Otro gran oriental, Sandalio Santos, versificó en la Revista “El Fogón” N° 1, de 3/1956, cuando el poeta no había cumplido aún 50 años: “Que siga firme Varela, / con su ronda de canciones / dándonos criollas leciones / en esa su gaucha escuela, / y que aflore en su espinela / el encanto del relato, / al par que el ensueño grato, / y la verdad del consejo / y aprenda el niño y el viejo / con el cantor maragato.”.
Y si lo dicho no alcanza, recurramos entonces a su autodefinición, cosa que no podemos discutir: “Yo ensillo con mi recao / pilchas sin plata y sin oro / y como que ando en mi moro / ando siempre bien montao! / Ni poncho pido emprestao / aunque me muera de frío, / mi listao, hasta en estío / lo está pasando el sereno, / más prefiero a poncho ajeno / andrajos del poncho mío”.
Más allá de conocer su pensamiento, hemos traído estas rimas para compartir una reflexión: no sabemos en realidad si tuvo un “moro” para su silla, pero siempre habla de él como si lo tuviese allí a mano, en el palenque, o atado a la sombra del árbol más próximo al rancho. Ahora bien, Varela era un ferviente admirador de Hernández y su canto reivindicador del gaucho, y, pregunto: ¿en qué pingo andaba Fierro cuando lo destinan a la frontera…? En un “moro”! ¿Casualidad o intencionalidad de identificarse con el poeta argentino?
Muchas distinciones y homenajes recibió Varela en vida, uno ya lo citamos al remitirnos a Soria, pero vale recordar que el 6/05/1965, en el Estudio Auditorio del Sodre, Osiris Rodríguez Castillo ofreció un recital “sintetizando un movimiento popular en homenaje al poeta Wenceslao Varela”.
En su San José natal, en la década del ’70 se había constituido la “Peña Nativista Wenceslao Varela”, creada en su homenaje y con la “principal finalidad, la edición de (el libro) ‘Diez Años Sobre El Recao’”, objetivo que -por suerte para nosotros-, alcanzaron.
En 05/1988, el Honorable Senado uruguayo había aprobado por unanimidad un gran homenaje al poeta, la edición oficial de todas sus obras publicadas hasta entonces, y el otorgamiento de una pensión graciable, pero… tenemos la sensación que tal resolución quedó boyando en aguas de borrajas.
Si bien en la primera charla lo apuntamos, recordemos que había nacido el 25/05/1908, falleciendo en el sanatorio de su pueblo, aproximadamente a las 20hs. del sábado 25/01/1997, a los 88 años de edad, siendo sepultado en el Panteón Policial del Cementerio de la Ciudad de San José, siendo acompañado hasta allí por un cortejo de gente del pueblo e instituciones de a caballo.
Tras su muerte, la Intendencia Municipal de San José adquirió la casa en la que vivió el poeta y la transformó en el Museo Tradicionalista Wenceslao Varela, designando también con su nombre, la calle que pasa a su frente, siendo entonces la dirección: Calle Wenceslao Varela N° 267, con horario de visita, de martes a domingo, de 10 a 12  y de 15 a 19 hs..
También en la vecina ciudad de Florida, por Decreto Municipal N° 22 del 7/08/1988 se designó con su nombre la vía pública que va de Maestra Ana Fonsalba hasta la Avda. José P. Varela; y por si lo dicho no alcanza, el escenario de la “Sociedad Criolla Manuel Artigas”, sobre Ruta 3, en San José, también lleva su nombre. Todos testimonios, estos, de la valorización de un pueblo que lo ama
En su último libro, “Albardones”, presentado en un acto homenaje del Gobierno Nacional y Municipal, expresó: “…lo único que siento como propio es el gaucho y su destino. Y, cuando un poco cansado ya, de andar entre albardones, hago un repaso de lo pasado y pienso que, quizás pueda dar éste mi último homenaje al que, con humildad y coraje, contribuyó a forjar esta Patria que hoy tenemos.”
Agradeciendo a Daniel Líneas y su programa “Campo Afuera” por esta oportunidad de comunicarme con su audiencia, disculpen la vanidad, pero quiero cerrar éste ciclo con la última décima del verso que escribí y feché  el 29/01/1997, al enterarme de su desaparición:

Pienso al fin… que no se jué…
sacó a retozar su empeño
pa’encontrar el duro ceño
de aquel indio “Yyazuiré”…
Por siempre en su San José
su nombre… será un anhelo,
y cada vez que’n mi suelo
busque’l sentir de Varela
“Mis Manos” se hará vigüela
y canto, con Claudio Agrelo.


(Los versos de “Déjenmé en Tierra” se pueden leer en el blog “Antología del Verso Campero”) 

miércoles, 31 de mayo de 2017

ASTILLAS DE WENCESLAO (Charla 9)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 9 – 31/05/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos al fogón de los versos, unas “astillas de Wenceslao”.

“Si nos permite patrón / vamos a hacer unos tiros / pa’ no estar entre suspiros / gastando conversación. / Yo soy pa’l naipe, chambón / y a la taba me’jercito. / Es juego criollo y limpito / que muy poca cencia esije. / Me tiembla, como le dije, / el brazo roto, un poquito.”.
 Esta situación que Varela comienza a relatar en las décimas de “Taba y Baquianos”, se daba no solo en las pulperías y en las reuniones de los días de fiesta, sino también en los fogones de los troperos que llegaban a “la tablada” con arreos de diversos departamentos, o en los que se armaban en los altos de las tropas de carretas, a los que “como distráidos”, solían caer aquellos que al juego lo sabían hacer un modo de vida.
En cierta oportunidad le contó a un periodista que lo entrevistaba: “En torno a los fogones paisanos tuve mi mejor escuela y allí aprendí lo que es la vida, les debo todas mis obras, que son un reflejo de sus propias costumbres y expresiones”; y allí mismo, opinamos nosotros, se hizo baquiano en el manejo del naipe y en saber revolear con criterio el güesito bayo. Allí, en esa escuela de la vida, mamó también los devenires del juego, que eso también forma parte de la campera vida de antaño, y por eso “Guruyense” estampó en un escrito suyo que Wenceslao era “…una enciclopedia viviente sobre el devenir campero.”.
Con la misma naturalidad que en sus versos nos habló de dramas de la vida, de historias trágicas como las de “La Cuenta”, “El Barcino”, “El Chasqui Feliciano” o “El Lazarillo Gaucho”, también nos habló de las cosas de la vida cotidiana de trabajo y sustento, como en “La Yerra”, “La Tropa”, “La Ida del Gaucho”, “Mi Moro”, “Jineteada”, “Mi Rancho” o “Coyunda”, y porque forman parte de la vida sencilla y sentida del campo de ayer, no pudieron estar ausente las cuestiones que entretuvieron la vida rústica de aquellos hombre y aquellos tiempos, y así fue que le cantó con propiedad y conocimiento a “La Carrera”, “Ni Amor Ni Juego”, “En el Partidero”, “Carreras Muy Por Allá”, “Monte y Trampas” y justamente “Taba”, tema del que ya puntualmente nos ocuparemos, porque sí fue devoto del “lazo” para ejercitarse y lucirse en la puerta de un corral, no le hizo asco con “la bayita” en la mano, ni a la peor parada, y por eso supo versear: “…en la taba soy certero y muy cebao a ganar,…”.
En definitiva, puede afirmarse que fue la suya “una literatura de la existencia, de un reflejo de la dura vida que volcó en el papel a través de la poesía, de la narrativa, de los brochazos camperos sin tergiversaciones, de auténtico cuño en la observación y en el manejo del lenguaje con todos los modismos del habla campesina.”, según supo definir con acierto en el diario “El País”, el periodista Nelson Domínguez.

Vamos ahora a cumplir con el deseo del creador de este alero que nos cobija, con los cuartetos de “Taba”:
(El verso se puede leer en el Blog "Antología del Verso Campero")

domingo, 28 de mayo de 2017

APERO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 29 – 28/05/2017

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Apero: llamase así, a todas las pilchas que se usan para ensillar un caballo, la suma de lo que comúnmente llamamos “juego de cabeza”  y “lomo o recado”.
480 años atrás, en nuestros orígenes, solamente ensillaban los conquistadores, y estos habían traído de la vieja Europa los dos estilos -o las dos escuelas-, en uso por esos pagos: “la silla de jineta” y la de “brida o estridote”. La primera, que era cuadrada y muy fuerte, contaba de altos borrenes o arzones adelante y atrás, lo que hacía que el jinete quedaba como encajado en la misma, con una estribada muy corta; “la de brida”, según Don Justo P. Sáenz, tenía bajo el fuste posterior, un pequeño pomo de arzón, el asiento bien mullido y los estribos largos, de manera que el jinete estribaba como nuestros criollos.
Dice Agustín Zapata Gollán en su historia de “El Caballo y el Recado”, que la silla de altos borrenes fue, “la silla de cabalgar de los conquistadores; y fue también la jineta la silla usada por los mancebos de la tierra (o sea los primeros criollos) que con Juan de Garay bajaron del Paraguay en 1573, a fundar la ciudad de Santa Fe…”, que luego se allegarán hasta las costas del Plata para fundar definitivamente a Buenos Aires trayendo los primeros arreos.
Ciento y pico de años después, ya definida la figura del gaucho, compondrán el apero: cabezada, riendas, freno, bozal, cabresto, y todas las pilchas necesarias del lomillo: bajeras, matras, caronas, casco o silla, estriberas y estribos, encimera y cincha, cojinillo, sobrepuesto y cinchón; debiendo sumarse la manea, maneador, lazo, boleadoras, espuelas y rebenque. Todos elementos necesarios para cabalgar, sobrevivir en grandes extensiones, y poder hacer la noche.
Según Octavio P. Alais (n. 1850 – m. 1915), lo apuntado corresponde a “un apero sencillo, aunque también los hay de mucho lujo, de grandes chapeaos, como antes solía decirse, esto es, cubierto de plata pura, con grandes pretales también de plata, y espuelas inmensas del mismo metal que se llamaban nazarenas. (pero) basta conocer el apero sencillo, el que el gaucho necesita para sus trabajos del campo y que le es indispensable”. “El apero es la montura de trabajo; y hay que dejar establecido que tiene su originalidad americana, su sello propio”.
Con el paso del tiempo y la mestización del caballo, el lomillo se reemplazó por los bastos partidos, sistema que permite ajustar la separación a los bastos, adecuándolos al ancho del lomo del caballo a ensillar.
Los otros dos cambios importantes son el achicamiento de las caronas, y el reemplazo de las matras por los mandiles, esto porque ya el hombre no necesitaba tender el recado para hacer cama.

Para ilustrar poéticamente algo de lo que hemos contado, recurrimos a Borís Elkin: 

("Recado" de Boris Elkin, se puede leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista")

jueves, 25 de mayo de 2017

ASTILLAS DE WENCESLAO (Charla 8)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro N° 8 – 24/05/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos al fogón de los versos, unas “astillas de Wenceslao”.

Casualmente nos toca hacer este comentario casi en el día del nacimiento de Wenceslao, por lo que debemos comenzar por decir que mañana cumpliría 109 años.
Muy someramente vamos a desandar el trillo de las creencias, la religiosidad, la fe del poeta.
Desde lo personal siempre anidaron en mí las dudas respecto de la religiosidad del gaucho; éste supo de Dios y lo respetó, pero fue poco afecto a los ritos de la iglesia; no obstante en cada rancho por lo general no faltaba una imagen de la Virgen, aunque la atención del rezo -cuando se lo conocía-, era éste patrimonio de las mujeres de la casa; y cuando por casualidad se asistía a una parroquia, a no ser por el casamiento o un bautismo, ingresaban las mujeres y el hombre esperaba afuera que terminara el oficio.
Más allá de lo referido, el hombre practicaba ciertos formulismos, como persignarse ante una tumba, o expresar “Dios lo ampare” ante un muerto o alguien que se “desgració”, o aquella rutina presentada con sentimiento cuando un niño ante el abuelo o una persona mayor y de respeto, hincándose le pedía “La bendición, Tata”, recibiendo por respuesta. “Dios lo haga güeno”.
A estos ritos se limitaba, a mi entender, la religiosidad del gaucho.
Creo que con Wenceslao pasaba lo mismo, pero siendo éste un poeta de fina inspiración lo reflejó en versos profundos y sentidos.
Uno de ellos es “Me Visitó la Virgen”, delicadísimos ocho cuartetos alejandrinos (o sea de 14 sílabas, el verso más largo), donde casi que hincado canta a esa supuesta aparición milagrosa, y dice que al verla se “santiguó”, y que después, en señal de respeto y admiración  “me puse pa’adorarla el chiripa más nuevo, / y mozo por ajuera y por adentro niño / la contemplé con todo mi proverbial respeto. // Qué linda estaba, llena de celestial belleza…”, y cuenta que después de esa visita, “…sin saber la causa me siento más contento…”.
Otro verso muy puntual como el recién mencionado, es el que titula “La Misa” dentro de la obra “Diez Años Sobre El Recao”. En él nos cuenta que estaba en pareja con una entrerriana, y que en una ocasión al llegar al rancho, ella le avisa: “Compañero, viene un hijo / a alegrar el rancho suyo…” y le comenta que le ha prometido a la Virgen “Ir los dos, mañana, a misa…”, y él consiente diciendo “…Si el moro quiere que usté / se le siente sobre’l anca…”.
Al otro día, cumpliendo con lo prometido nos cuenta: “La misa había empezao / y tal silencio reinaba, / que se óia si se cortaba / una tela en el quinchao; / busqué un rincón apartao / pa’ hincarme con mi entrerriana. / Blanca melena lozana / el sacerdote lucía / y el chiripá se le vía  / al abrirse la sotana.”. Agudo detalle describe: el cura estaba de chiripá.

Cerrando este aspecto, y como homenaje al amigo Manuel Rodríguez que está cumpliendo 93 años y siempre tuvo este poema en su repertorio, nos vamos con los versos de “Ruego”:

(Los versos de RUEGO se pueden leer en el blog "Antología de Versos Camperos")