domingo, 19 de febrero de 2017

MALAMBO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 15 – 19/02/2017

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

MALAMBO
Quizás, nuestro ya lejano tiempo de malambista, con epicentro en 1969, cuando Carlos Attemberg lograra el campeonato de Laborde, y Raulito Tolosa el de subcampeón infantil, y concursáramos con Guillermo Villaverde en la fantasía de “dúo de malambo”,  es que elegimos para la fecha esta palabra criolla.
Danza de hombre solo, varonil por excelencia, tiene, como otras cuestiones de nuestras costumbres y usanzas, un origen incierto, que permite las más variadas conjeturas. Más nosotros, fieles al principio de que gran parte de nuestros usos tienen un origen hispano que en estas tierras sufrió un proceso de “acriollamiento”, nos inclinamos a pensar en los zapateos y taconeos andaluces y gitanos. Quizás por eso dijo Yupanqui: “La guitarra arrinconó en sombras de olvido su tragedia moruna y las reminiscencias hispanas, y cobró un acento de tierra definitiva, de cielo alto y viento libre”.
Entre esas curiosidades está la del nombre, “malambo”, y cuenta el Prof. López Flores, que “según algunos proviene de la similitud de esta danza con otra muy parecida que bailan los indios colombianos, y cuyo nombre es el mismo de un cacique de esas tribus: Malambo”; no faltan quienes lo vinculan al ritmo y bailes de comunidades negras conformadas cuando la esclavitud. Más en lo personal, ni la una ni la otra logran convencimiento, inclinándonos por una expresión onomatopéyica del ritmo de la danza.
El citado profesor del párrafo anterior, dice que es una “danza pampeana” -afirmación que puede ser temeraria porque se lo reconoce por casi toda la geografía patria-, y agrega “en la que interviene un solo bailarín y no actúa la mujer (…), es una de las más antiguas de nuestro folklore coreográfico…”. Al respecto, Ventura Robustiano Lynch, en lo que resultara el primer trabajo de investigación sobre el gaucho y el folklore, publicado en 1883 (hace 133 años), y conocido hoy como “Folklore Bonaerense”, afirma: “Como baile no hay ninguno comparable al malambo. Es el torneo del gaucho…”; líneas más adelante refiere como testigo presencial: “En el Bragado, en 1871, vimos un malambo que duró casi toda la noche, constando de 76 figuras diferentes para cada uno de los bailarines”. Para aclarar lo que puede ser una contradicción con lo anteriormente dicho de danza de “un solo bailarín”, en este caso y al hablar de torneo, pinta un “malambo de contrapunto”, en el que un bailarín hace una mudanza o figura, y da tiempo al adversario de que la devuelva y a su vez agregue una nueva que el primero debe repetir y a continuación agregar otra, y así hasta que uno de los contendientes no pueda devolver, declarándose por lo tanto, derrotado.
El tradicionalista e investigador, Don Domingo Lombardi, autor de la letra del popular gato “El Sol del 25”, afirma respecto de la forma recién explicada de practicar la danza, que:
 “En la provincia de Buenos Aires desde el año (1867) por lo menos, el malambo tenía lugar, siempre, entre dos competidores, uno frente a otro y por turno,…”.
Don Ata, en su “Aires Indios”, allá por 1945, le imaginó el siguiente nacimiento: “Alguna vez el hombre de las tierras anchas, el gaucho de la llanura infinita, quiso tener su propia danza solista. // Seguramente se cansó de jotas, aires de contradanza y otros bailes que no traducían de ninguna manera esa rara fuerza del matreraje en las regiones apartadas. // Por eso, allá, en las pulperías de tierra adentro, de pampa adentro por mejor decir, comenzó de pronto a quejarse la tierra bajo el amago de un galope rítmico, con risa de espuela y jadeo de hombre. // (…) // El busto, erguido; los brazos caídos junto al cuerpo.”
Poniendo punto final, ilustramos con “Malambo” que el propio Yupanqui escribiera:

(El verso se encuentra en el blog “Poesía Gauchesca y Nativista”)

domingo, 12 de febrero de 2017

LAZO (2° Parte)

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 14 – 12/02/2017

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

LAZO
Avisábamos el domingo pasado que hoy daríamos lectura a un escrito que sobre el “lazo” dejó Don Ambrosio Juan Althaparro. Este estanciero vasco vivió entre 1875 y 1955, y desarrolló su vida de campo en la Estancia “Palenque Chico” en las vecindades de Parravicini. En 1944 publicó un libro sobre sus “recuerdos camperos” que tituló “De mi Pago y de mi Tiempo” basados en los 40 años transcurridos entre 1875 y 1915 en que hizo vida de estancia.
Del “lazo” dijo: “Se usaba para trabajar y no como adorno o complemento de un apero -como se ha generalizado después de 1900- aunque el que lo lleve no sepa ni armarlo. No se alzaba lazo sino en los casos que había que hacer algún trabajo de arreo, rodeo, carneada, hierra, cerdeada, etc.. Los peones de las estancias llevan lazo cuando tenían a su cargo el cuidado de hacienda vacuna (…) No se iba con lazo a las carreras, al pueblo, a la esquina, o a cumplir otras diligencias; hubiese sido ridículo, y el que lo llevase, se expondría a burlas (…).
El lazo para el trabajo en las estancias y más generalmente usado, era el conocido con el nombre de “chileno” que se hacía con una soga sacada en espiral del centro de cuero vacuno;  la que debía tener un ancho alrededor de una pulgada, según el grosor que se le quisiese dar. La soga se sobaba muy poco, y a esto se le llamaba redomonearla, (…).
Esta clase de lazos, que solían ser un poco pesados, llevaban yapa trenzada de cuatro, con argolla de fierro y presilla de cinco tientos; siendo su largo más corriente, de nueve a once brazadas. Se prestaban bien para ciertos trabajos, como cadenear,  manear de tres patas, etc.
Otro muy común era el “torcido” o “torzal” hecho de dos ramales y con las demás características parecidas al “chileno”. Se empleaba mucho para trabajar en corral chico, con animales pesados especialmente cuando se enlazaba de a pie y era necesario embramar en los postes. (A los torcidos cortos y muy gruesos también se les llamaba marote).
Los lazos trenzados no eran tan fuertes como los dos citados; tenían un largo mayor, siendo la medida más corriente la de doce  a catorce brazadas (20 a 23 mts.); por lo general más delgados, con yapa de seis tientos y argollas de fierro, aunque se veían algunas de bronce.
El trenzado más común era el de cuatro tientos, que se trabajaban casi sin sobar, por lo cual esta clase de lazos eran siempre más duros que los “chilenos” y se prestaban mejor para pialar. Los lazos de “seis” eran muy parecidos en su aspecto a los de “cuatro”; pero se hacían en mucho menor cantidad, posiblemente porque eran más difíciles de ingerir. En cuanto a los lazos “ocho” tientos, puedo asegurar no haberlos visto nunca, ni haber oído hablar de ellos; pero respetuoso como soy de afirmaciones ajenas, debo admitir la posibilidad de que hayan sido usados o de que se usen todavía, pero en zonas o en épocas distintas de las en que me tocó actuar.
 En forma de sarta en la argolla de los lazos, se solían colocar unos anillos de acero, conjunto al que se denominaba “cascabel”, porque producía un tintineo característico, especialmente al “pialar”. Su uso era por lo general resistido, porque importaba un alarde de habilidad en el manejo del lazo, que siempre resultaba jactancioso y por consiguiente mal mirado. Tan era así en algunos casos, que el padre del que esto escribe, “no tomaba como peón a quien se le presentase llevando lazo con cascabel”, pues el detalle le hacía presumir que en lugar de un  trabajador, se trataba de un compadrito inservible”.
(En el blog Poesía Gauchesca y Costumbrista, se podrá encontrar las 4 décimas de "Mi Lazo" de Juan Carlos Pirali, con que se cerró este bloque).

domingo, 5 de febrero de 2017

LAZO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 13 – 05/02/2017

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

LAZO
Prenda indispensable y que nunca debe faltar en el recado de trabajo; respecto del de dominguear… en otro momento lo charlamos…
Como muchas de las pilchas que hacen a nuestro acervo criollo, le encontramos el origen en viejas culturas de Asia, del Mediterráneo, de la “vieja” Europa (nombremos entre otras: la bota de potro, el poncho, la taba, el facón, el estribo, la espuela, la flor de cardo que vimos en el capítulo anterior, y muchas cosas más); lo grandioso de esto, lo realmente importante, ha sido la adaptación, reinterpretación y particularidades que nuestra gente le dio, confiriéndoles allí su fuerte condición de cosa “criolla”, más allá de cual fuere su origen.
En su origen, cuando en euroasia se cazaba el primitivo caballo “tarpán”, el lazo se componía de una larga caña o un palo largo, en cuyo extremo llevaba una armada fija hecha con una lonja de cuero, por lo que el jinete debía acercarse al animal a apresar para poder meter aquella lazada en su cabeza. Y según el entrerriano Martiniano Leguizamón, el mismo método utilizaron nuestros “mozos de la tierra” en épocas anteriores a las "vaquerías" que vieran nacer al gaucho.
Repasando nuestras tradiciones encontramos lazos de un solo tiento torcido al revés, al que se denomina “lazo chileno”, luego los hay de dos, tres, cuatro, seis y hasta ocho tientos. En cuanto al largo del lazo usado en nuestra campaña, los estudiosos que abordaron el tema hablan de entre 17 y 20 metros, aunque no debemos olvidar los decires de Saul Huenchul cuando le canta a su “Lazo de 20” brazadas con lo que estaríamos hablando de un extraordinario ejemplar de 34 mts. por lo menos. Vale decir que para trabajar a pie en el corral, se preferían trenzados más cortos.
Todo lazo se compone de 4 partes: la argolla (de unos seis centímetro de diámetro), la yapa (la parte más gruesa que contribuye a darle el peso necesario para volcar el tiro), el cuerpo propiamente y la presilla; y su uso es indistintamente de a pie o de a caballo.
No solo ha sido herramienta de trabajo, sino que ha probado eficiencia en las guerras de la independencia y en las gauchas montoneras; vale acá recordar que cuando las invasiones inglesas, un jovensísimo Miguel de Güemes, aprovechando la bajante del río tomó una nave enemiga enlazándola; del mismo modo y en arriesgadas acciones, no faltaron los soldados gauchos que en desesperada arremetida tomaron a lazo alguna pieza de artillería que castigaba fuertemente a su ejército.
Buscando información nos encontramos con las valiosas opiniones de Don Ambrosio Juan Althaparro, que por su importante significación, nos hemos tentado de leerlas textualmente en la edición del próximo domingo.

Cerramos ahora con las 4 décimas tituladas “El Lazo”, que como estilo cantara Gardel, que el lec
tor encontrará en el blog "Poesía gauchesca y nativista".

domingo, 29 de enero de 2017

CARDO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 012 – 29/01/2017

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

                              CARDO
Uno de los motivos clásicos en nuestra platería criolla, es “la flor de cardo”, por lo general centro de magníficas rastras de plata. Pero si nos ponemos a hilar fino, y a ver de dónde proviene “el cardo”, elemento que utiliza el orfebre para su obra, nos encontramos que no nos pertenece, que no es planta nativa de las Américas.
Pero… cómo puede ser…? cualquiera se pregunta, siendo que una vasta variedad de “cardos” encontramos por doquier en la campaña pampeana.
Entre nosotros se destaca “el cardo castilla”, originario de la cuenca del Mediterráneo europeo, planta exótica e invasora que quizás llegó a nuestros lares en la bosta de aquellos setenta y dos caballos que sobrevivieron a la dura expedición conquistadora de Don Pedro de Mendoza allá por 1536, donde además deben haber hecho su aporte cerdos y gallinas que también traían, como así mismo, los lienzos o las bolsas en que contenían el alimento para la larga travesía marítima.
Las feraces llanuras fueron el ámbito apropiado para su proliferación. Y es así que hemos vistos matorrales de “cardo ruso” con una altura de 2 mts., como así también albardones o pequeñas lomas cubiertas en apretados racimos por el “cardo castilla” o “de castilla” como sería la denominación correcta. Éste es considerado comestible, ya que se pueden aprovechar sus pencas, y así fue que en años muy lejanos y en la Vieja Europa, cultivándoselo en huertas, con el cuidado y la atención del hombre, al dejar de ser silvestre evolucionó y de él derivó “el aucalcil”.
Lo que muchos no saben, es que esa “flor de cardo” que resulta para nosotros tan criolla, es, desde el 1260 aproximadamente, la flor nacional de Escocia; al menos así lo entendió su pueblo cuando dicho cardo los salvó de una invasión nórdica (mas esa es otra historia que escapa a nosotros).
(Pero para que vamos a preocuparnos si “el cardo” es nuestro o no, si allá en el Reino Unido, desde 1911, nuestra Marcha de San Lorenzo se utiliza oficialmente cuando se entroniza un rey, como así también se ejecuta ante cada cambio de guardia en el Palacio de Buckingham).
Nunca me olvidaré (y aún hoy evoco), aquel yogur criollo -en tiempos en que en el campo no había heladera-, que mi abuela preparaba con leche gorda, recién ordeñada y bien azucarada, que cortaba con la acidés de los filamentos de la “flor del cardo castilla”, que envueltos en un trapito blanco bien limpio, previo machacarlos un poco, introducía en la fuente que contenía la leche. ¡Con que gusto salía al campo a buscar dos o tres de las flores más grandes que cortaba con mi verijerito! Nunca comí potaje tan sabroso.

Curiosamente para nosotros, la voz “cardo” tiene su origen en el latín provincial de Cártago, en el norte de África, lugar que actualmente ocupa Túnez. 

(Las décimas de "El Cardo" de D. Roberto Reparaz se pueden leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista")

domingo, 22 de enero de 2017

LANZA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 011 – 22/01/2017

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

LANZA
Si bien siempre se ha dicho que la Patria se hizo a caballo (idea a la que yo adhiero), habría que agregarle que esa historia se costureó a lanzazos, porque “la lanza”, hasta la aparición de los Remington, las ametralladoras Gotling y los cañones Krupp (esto allá por 1870 y tanto), fue el arma más al alcance del pueblo, la de menor costo y de más fácil construcción, la que enarbolaron las manos de aquellos 18000 gauchos que al llamado federal de López Jordán dieron cuerpo a la última gran patriada montonera que ya nada pudo contra la modernidad armamentista de Sarmiento y Roca.
Casi podríamos asegurar que es la herramienta y arma más antigua de la humanidad, que se mantuvo vigente siglo tras siglo mientras el armamento bélico, en el afán guerrero del hombre, se iba superando.
Todo palo recto y largo, o vara similar, en cuyo extremo se aseguraba una hoja metálica, fue considerado “arma de asta”, o sea una “lanza”. En sus orígenes el elemento punzo-cortante de su extremo fue una piedra tallada y también un trozo de madera dura bien afilado.
La “lanza de caballería”, de una extensión de 2.50 mts., lleva en un extremo la moharra, o sea la hoja punzo-cortante; y en el opuesto, el regatón. Dijo Yamandú Rodríguez en “Romance de Pumas”: “El regatón de las lanzas / va dando vuelta los muertos…”.
El gaucho, al llamado de su caudillo, improvisaba su “lanza” con una larga caña de tacuara enastada con un cuchillo viejo, o una media tijera de tusar, o un hierro puntiagudo; de allí que muchas veces con solo decir “la tacuara” se sabía que se hablaba de “la lanza”.
Todas las parcialidades indígenas la utilizaron en alguna de sus variantes. La de la región pampeana conformó un diestro guerrero enarbolando una muy larga, hasta de 6 mts. según lo refiere el investigador Mario López Osornio; construida con colihue, una caña maciza, propia de los Andes chilenos, que se da desde la zona de Talca (a la altura de Mar del plata) hasta la sureña Aysen (altura de Puerto Deseado), la que llega a crecer recta, sin ramasón, hasta los 8 mts.
El indio supo blandirla sobre su cabeza, practicando un molinete, que complicaba a los milicos poder entrarles a sable o con la lanza militar que era más corta, y a veces la cargó bajo el brazo en el momento del tremendo lanzazo. Esta arma pampeana, jamás fue arrojadiza, como se suele ver a veces en algunas representaciones, en las que indios bien montados, parados en los estribos, arrojan una lanza corta. Sí fue arrojadiza la de la región del chaco septentrional
Otra forma popular y común de denominarla fue “chuza”, y esta expresión quizás derive de la antigua expresión española “chuzo”, que designa a una lanza corta, arrojadiza.
Evocamos su gloria pasada con los versos que el entrerriano Arturo Berrotaveña titulara "La Chuza" (el verso se encuentra en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista")

domingo, 8 de enero de 2017

TALA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 009 – 08/01/2016


Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

En el norte se enseñorea el algarrobo, el caldén en la pampa, y en Buenos Aires, más allá de aquello de que “la pampa tiene el ombú…”, talla el tala!
Cuando allá por 1580 el conquistador español comenzó a reconocer los campos al sur del Riachuelo de los Navíos, es muy posible que armase campamentos y fogones a la sombra y al reparo de los tupidos “talares” de las costas del Plata. Más que centenarias plantas se erigían majestuosas e ignorantes de lo que después vendría.
Cuando el español ya más seguro, comenzó a internarse en la pastosa e infinita llanura, al toparse con arroyos, riachos o lagunas, volvió a disfrutar de la compañía del “talar”, que no solo le ofrecía cobijo sino también valiosa leña de templada brasa. Valga por ejemplo, el tupido y muy añoso “talar”, próximo al sitio en que fue fusilado Dorrego, en Navarro.
El desarrollo del “tala” depende de las probabilidades del agua: donde tiene buena agua dulce al alcance de sus raíces se desarrolla como un árbol que alcanza una altura de 12 mts., pero también hay versiones de que pudo alcanzar los 20 mts.!, y este parecería el caso de los “talares” que fueron convertidos en carbón allá por Gral. Madariaga, a juzgar por la vieja foto de la zona de los “montes grandes” que publicó Alberto Mola en su libro “Hechos del Tuyú Viejo”,
Cuando nace en tierras secas y pedregales, con escasa provisión de agua, es un arbusto que anda entre los 2 y los 4 mts. de altura.
El tupido entramado del “talar” sirve de protección y amparo a otras especies que a ese monte se entreveran, tal el caso del espinillo, el chañar, el coronillo, la sombra’e toro y la cina-cina, todas ellas, plantas y arbustos de tipo espinoso nativas de la América del Sur. No obstante, hay autores que hablan que la dispersión del “tala” abarca desde EE.UU. hasta la llanura pampeana, o sea: por casi el todo el continente Americano.
Si bien su madera es muy buena, tiene por contra que al no tener un tronco alto y recto (y pasa lo mismo con las ramas), su aplicación está limitada a trabajos de reducida envergadura.
Pero hay una pilcha criolla que lo recuerda: ese rebenque de trabajo, a veces algo tosco pero de cabo con buen peso, que llamamos “talero”, donde ese trozo de rama de tala, va por general retobado en una cola de vaca.
Los teleros han aprovechado su raíz, que hervida, brinda un color castaño o café, que se fija firmemente y es muy resistente. Por otro lado se ha usado el te hecho con sus hojas para afecciones del pecho, los resfríos y las indigestiones.
Tan ligada ha estado su existencia a la vida del hombre de estas regiones, que en Uruguay y Argentina hay ciudades que se llaman “Tala”, y localidades como “El Talar”, y así mismo muchas son las estancias denominadas: “El Tala”, “El Talar” o “Los Talas”.
Poco se conoce que en 08/2015, en C.F. fue declarado por la Legislatura, “Árbol emblemático de la Ciudad de Buenos Aires”.

(Se ilustra con "Talita del Pedregal" que se encuentra en el blog Poesía Gauchesca y Nativista)

viernes, 16 de diciembre de 2016

OSVALDO DURAN: ¡Don Osvaldo!

Tres Meses atrás, el pasado noviembre/2011, se cumplieron siete años del fallecimiento de Don Osvaldo C. Durán, quién para entonces tenía ciento un años y estaba a dos meses de sumar uno más.
Don Osvaldo fue hombre de las letras y del socialismo, y en esos dos rumbos trabajó con tesón y honestidad, dejando obra y la huella de sus pasos, como que no de balde anduvo por esta vida.
Había nacido en Tolosa, el 5/11/1902, donde su familia estaba radicada por estar abocados varios miembros a la labor ferroviaria, en el Ferrocarril del Sud.
En dicha barriada la casa familiar estaba sita en 528 y 118.
En su largo existir siempre vivió dentro del partido de La Plata, y al barrio natal le sumamos la etapa en que residió en City Bell;  pero donde más permaneció fue en el barrio de Circunvalación, viviendo en calle 70 entre 18 y 19.
Se inició joven en las letras y la militancia política; así es que en 1928 aparece su primer libro, “Mundo Íntimo”, y el mismo año integra el primer centro cultural platense de amplio espectro: la “Agrupación Bases”, institución de fuerte carácter “almafuerteano”, fundada el 28/03/1928, donde convergían otros hombres de la cultura que adherían al socialismo.
Supo contarle a Horacio Castillo, para su columna “Quién es Quién en La Plata” de este mismo diario, que como consecuencia de la guerra del 14 se había producido una gran chatura cultural, y que revertir esa situación fue una de las premisas de los fundadores de Bases”.
Su obra literaria se integra, además del libro ya citado, con: “Dando” (1944), “Cotidiana Voz” (1959), “Con la Palabra Entera” (1973), “Tiempo del Canto) (1981) -una antología de los cuatro anteriores-, “Hojas y Vilanos” (1988), y “La Última Luna” (1997).
Socialista puro, pero de los de verdad!, cumplía una larga jornada laboral, para ocuparse recién después, de hacer política. Así fue que editó un periódico barrial de aparición quincenal, con una tirada de cuatrocientos ejemplares, que distribuía entre los vecinos, al que bautizó con la denominación que se daba a la estación del ferrocarril provincial de su barrio: “Meridiano Quinto”.
También fue un activo colaborador de “El Día” con poesías y cuentos, y nutricias cartas que aparecían en el correo de los lectores.
Don Osvaldo Durán  -quien estuvo casado con Matilde Pianta, y tuvo cuatro hijos, tres varones y una mujer-, después de mucho vivir, nos dejó el 2/09/2004.

Para el Anecdotario

Con motivo de una serie de conferencias que el Museo Almafuerte organizó en 1983 en el salón de la Caja de Ingenieros, el día que estaba convocado para hablar de “Los Escritores Costumbristas de la Agrupación Bases”, me honraban en primera fila Don Osvaldo Duran y el también “básico”, Prof. Lázaro Seigel. Ese día lo conocí. Luego, como él solía -ya ochentón pero vital-, hacer largas caminatas por el barrio, pasaba frente a mi casa y cuando nos encontrábamos, conversábamos un rato. Un día tocó timbre, y no solo para saludarme, ya que traía un pequeño libro de otro hombre de aquella legendaria Agrupación, Hebert Smith, para que lo leyera. “Gracias Don Osvaldo, lo leo y se lo devuelvo…”, algo así fue mi respuesta, pero con disimulada sonrisa agregó, “Téngalo Carlitos, cuando lo necesite se lo pido…”. Demás está decir que cuando nos veíamos, se lo recordaba. Finalmente aquel “Don Segundo Sombra: su influencia en la argentinidad”, quedó en mi biblioteca. Creo que así lo quiso.
Y ya que hablamos de biblioteca, recordemos que la mayor parte de sus libros, por decisión de sus hijos, fueron donados a la Biblioteca “Dr. Francisco Romero Delgado” del Ateneo Popular “Alejandro Korn” (calle 49 Nº 731); la ceremonia de inauguración de ese nuevo sector se llevó a cabo el 5/11/2004, y aquel día, los organizadores del acto me invitaron a participar, refiriéndome al hombre y al escritor.

¡Gracias Don Osvaldo por haberme permitido estar cerca suyo!

(Publicado en el Suplemento Semanal "Norte" de Diario El Día de La Plata)