lunes, 15 de agosto de 2011

DON MARIO ANIBAL LÓPEZ OSORNIO ¡Ta Que Hombre Gaucho el Dientero!




“Mi mejor amigo, un libro”, según los testimonios, era una frase frecuentemente pronunciada por un hombre que legó a la argentinidad, una amplia e importantísima obra literaria, que abarca diversos aspectos, por uno de los cuales se la puede considerar, si bien no única, sí pionera.
Su nombre: Mario Aníbal del Carmen López Osornio, quien si bien con acierto es considerado un hijo de Chascomús, había nacido en Buenos Aires, en el hogar de Dalmira Bordeu y Silverio López de Osornio, un 6 de septiembre de 1898, entroncando por línea paterna con el célebre Don Clemente López Osornio, aquel que en tiempos lejanos se aventuró a poblar en tierras por las que aún señoraban los naturales del suelo, en cuyas lides murió; y por rama materna su ascendencia lo vincula a Don Vicente Casco, criollo de origen paraguayo, y nombre muy íntimamente vinculado a Chascomús desde las primeras décadas del Siglo 19, también como poblador de estancias.
Huérfano de padre antes de los dos años, su madre, junto a sus nueve hijos se radicó en la casa paterna de Chascomús, el inmenso solar frente a la Plaza Independencia que es actualmente sede del Instituto Historiográfico.
Cursados los estudios primarios en su ciudad, realizó los secundarios en Dolores y Buenos Aires, donde posteriormente obtuvo la graduación en odontología, y ya con el título bajo el brazo retornó al pago de sus mayores, sitio donde elaboró una amplia obra repartida en diecinueve títulos publicados, heterogénea en los aspectos literarios (cuento, novela –histórica y de ficción-, teatro, investigación, recopilación, ensayo...), pero homogénea al comprobarse que desde cada uno de sus trabajos apuntó al rescate de la cultura popular, esa que suele dar la identidad de un pueblo pero pasa desapercibida para los cenáculos.
Sus tres primeras obras lo convierten en un caso casi único y pionero, como que de su observación nacen “Trenzas Gauchas” (1934), “El Cuarto de las Sogas” (1935) y “Al Tranco” (1938), tres libros que encierran los mil y un secretos de los trabajos en cuero -tema nunca desarrollado hasta entonces-, como ser: trenzas, botones, nudos, revestidos, sortijas, pasadores, costuras, remates, ingeriduras y ataduras; explicando con la palabra escrita y una adecuada representación gráfica, todas o casi todas las variantes, ya que el oficio de soguero es trabajo de creación, y entonces de esas privilegiadas manos artesanas continúan naciendo variantes y nuevos trabajos. Sin lugar a dudas, la tarea emprendida por el autor es de un valor incalculable, y si bien puede reconocerse algún esbozo anterior, es íntegramente suyo el mérito de haber difundido los secretos de los trabajos en cuero en forma amplia, ya que siempre la enseñanza había estado limitada a la transmisión ‘maestro-aprendiz’. A tal punto la importancia de estos libros, que en la actualidad son muchos los buenos sogueros que han consultado o consultan esas sabias páginas.
El éxito de estas obras hizo que reunidas en un solo volumen, se reeditaran en 1943 bajo el genérico título de “Trenzas Gauchas”, libro que ha superado las seis ediciones.
Su debut como autor es acompañado por el éxito, como que sus libros sobre trenzas y otros trabajos en sogas recibieron el “Premio Regional de la Comisión de Cultura” en 1936 y 1939, y no sería éste su único lauro literario, como que repite el mismo en el año 1940, esta vez con “Monografía sobre el lazo”, libro publicado el año anterior.
En el terreno del cuento dos son las obras publicadas: “Albardones” (1937) de muy buena acogida, y “Cuentos de Ayer” (1949); en el campo de la investigación, a más de la monografía ya mencionada, escribió “Las Boleadoras” (1941), “Esgrima Criolla” (1942) y “Viviendas en la Pampa” (1944), obras en las que intenta desentrañar los secretos de los temas tratados. En la novelística si bien son cuatro los trabajos editados, podemos hacer dos subgrupos: la novela costumbrista, con “Punta de Rieles” (1946) y “Amansados” (1951 - póstumo), y la biografía novelada, con “Un Poblador de Monsalvo” (1939), en la que trata la vida de Don
Vicente Casco, y “Don Clemente López (El Abuelo de Rosas)” (1950), sobre Don Clemente López de Osornio.
Encara el aspecto arqueológico con “Paraderos Querandíes” (1942) y el histórico con “Fundación del Pueblo de General Lamadrid” (folleto -1942); en dramas, “Mamaitá” (1941) y “Teatro de Títeres” (1942).
Y hemos dejado para el final la tarea de recopilación que refleja en “Oro Nativo” (1944) y “Habla Gauchesca” (1945).
El primero está dividido en tres partes: diversiones, poesía popular y antología del payador; y el segundo es en realidad una conferencia que pronunciara en oportunidad de ser invitado a disertar por la Asociación del Profesorado con el auspicio de la Asociación Argentina de Estudios Lingüísticos; sin dudas es un estudio de filología (ciencia del lenguaje), sobre la forma de expresión de nuestro hombre de campo, obra fundamental para aquellos que pretenden escribir reflejando el modo gaucho.
López Osornio, más allá de desempeñarse en los quehaceres de su profesión, ocupó también cargos públicos, como que en 1929 fue designado Juez de Paz; por dos veces integra el Consejo Escolar de Chascomús -la primera de ellas en 1928- e incluso lo preside; fue Cónsul de Primera Clase en el Ministerio de Relaciones Exteriores, época ésta en la que reúne información sobre las Islas Malvinas, con cuyo material proyectaba un libro que no llegó a publicar.
Colaboró con la Comisión Pro Centenario de la Revolución de los Libres del Sur y con la fundación del Museo Pampeano del que fue su primer secretario, como también fue director de la Biblioteca Popular “Sarmiento” desde 1937 hasta su fallecimiento.
Fue socio y/o colaborador de la Asociación Argentina de Estudios Históricos, del Dpto. de Folklore del Inst. de Cooperación Universitaria de Buenos Aires, del Inst. de Historia, Lingüística y Folklore de la Universidad de Tucumán, de la Asociación Folklórica Argentina... y esto no es todo.
Casado con Delia Pereyra, conformó un hogar con tres hijos: Mario Sila, César Silverio y Sergio Aníbal.
Recién sumaba 52 años cuando el 12 de septiembre de 1950, el corazón se le empacó sin darle explicaciones... justo a él, que tantas cosas recopiló tratando de explicarlas para que no las trague el olvido, y aún hoy, dos libros al menos permanecen inéditos: “De Tierra Pampa”, segunda parte de “Oro Nativo” y el ya citado sobre las Malvinas.
Con los pies firmes sobre el pago chico, y hurgando en la memoria del término, vivió sembrando aportes para mejorar el cimiento del pago grande que es la Patria.
A 110 años de su natalicio y 58 de su muerte valga la evocación.
¡Gracias, muchas gracias Don Mario López Osornio!
La Plata, 20 de Julio de 2008



(Publicado en Revista de Mis Pagos Nº 35)

5 comentarios:

  1. Gracias por esta hermosa reseña; me enseñó mucho sobre Mario L.O., quien fue mi tío bisabuelo, hermano de mi abuela Dalmira L.O. Tanto del marido de Dalmira, Baldomero Fernández Moreno, como de Mario, he heredado pasiones, sin saber que de ellos seguro provienen. Carmen Vasco.

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    1. Estimada Carmen, un gusto grande que hayas entrado a mi sitio!, y que lo escrito sobre Don Mario resultara de utilidad y de tu agrado.
      Espero te enteres de mi respuesta.
      Te mando un cálido saludo, y ¡a tus ordenes!
      Carlos

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  2. Hola, acá aterriza otra sobrina nieta de Mario López Osornio, de quién mi papá, Manrique Fernández Moreno, decía que se pasaba recorriendo el campo para buscar puntas de flechas y que era odontólogo y demás cosas tan bien explicadas en su artículo. Muchas gracias por lo bien escrito y exhaustivo. Silvia F. M.

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  3. Gracias Selene. Un gusto hayas visita el sitio, y muy lindo recibir tu visto bueno por el artículo.
    ¡Un grande Don Mario Anibal!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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