miércoles, 9 de mayo de 2018

LIBERTARIO BLENGIO (Charla 1)


AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 42 – 09/05/2018
Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.

Treinta años atrás, ¿quién que frecuentara las jineteadas no conocía al “Fogonero” Blengio? Puede que hoy la gente joven no sepa de él, pero realmente fue un auténtico trabajador del tradicionalismo y para el tradicionalismo, y si bien la animación de fiestas y la venta de sus libritos eran su medio de vida, no era un mercachifle ni un negociante.
Este año 2018, ha sido el del Centenario de su nacimiento, y por eso es que lo queremos evocar desde este fogón, ya que el 10 de marzo de 1918, nacía en Baigorrita, partido de Gral. Viamonte, quien sería el poeta Libertario Blengio, siendo su nombre real Líbero Carlos. Fueron sus padres Catalina Cerutti y Carlos Blengio, siendo éste, carrero de oficio y poeta aficionado.
De allí, de Baigorrita, por cuestiones de trabajo, la familia se trasladó a la zona de El Dorado, en Leandro N. Alem, hasta que a los 25 años Libertario se radicó en José C. Paz, calle Lisandro de la Torre 788, domicilio en el que vivió hasta el final de sus días.
Tuvo muy poca escuela, solo el 1º grado en su pueblo natal, época de la que siempre recordaba con sumo cariño a su maestra: Felipa Arce.
La vida lo obligó a desempeñarse en todas las tareas rurales, siendo las que más lo marcaron la de carrero y tambero, sin olvidar que a veces supo domar para su propia silla, y otras por encargo de alguien de la vecindad.
Fue por los 10 años cuando compuso sus primeras rimas: había quedado al cuidado de una chata que se rompió en el camino, y en la larga espera, mientras aguardaba volvieran a repararla,  compuso cuatro cuartetas.
En la década del 60, cuando ya estaba cerca de los 50 años, asistió un día a la audición “Amanecer Argentino” atraído por lo que allí sucedía con cantores y payadores, y todo lo que se hablaba de las fiestas criollas, y ya nunca más pudo apartarse de la huella: fue como que el destino allí lo estaba esperando.
Abandonó  todas sus actividades abocándose a escribir y llevar esos versos a modestos folletos, con los que empezó a acercarse a todos los fogones de que tenía noticia, y es de allí que le sobreviene su apodo: “El Fogonero”.
Vender sus pequeñas publicaciones, animar desfiles, reuniones de canto y jineteadas, se trasformará en su modo de vida, siempre a lo largo y ancho del país, porque no debe haber existido fiesta criolla, aunque sea en el rincón más apartado, a la que no haya asistido.
Su cara enmarcada por una tupida barba blanca y su mirada bonachona, aparejada a su campechana forma de ser, lo volvían un ser simpático y querible, que no tenía problema en acomodarse en el rincón más apartado, eso sí: hasta que se izaba la bandera, porque entonces le brotaba de muy adentro el verso con que gauchamente floreaba al pabellón nacional.
Lo mostramos con las cuatro décimas de “Son Pelos Firmes los Trece”: (El verso se puede leer en el blog "Antología del Verso Campero")

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