domingo, 6 de mayo de 2018

NUTRIERO


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 71 – 06/05/2018
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

La nutria, que aún sigue diciendo ¡presente! en distintos ámbitos de nuestra campaña, aunque muy disminuida con relación a épocas pasadas, supo servir para definir un oficio del que vivieron muchos paisanos, algunas veces bien recibidos y otras corridos por los dueños de campos donde éstas moraban.
La nutria o nutria criolla propia de sudamérica, es en realidad otro animal: el coipo o quiyá, y el que habita nuestra región es la especie llamada científicamente “myocastor coypus bonariensis”, es herbívora, siendo su alimentación en base a tubérculos, raíces, granos de plantas acuáticas, juncos y pajas, aunque a veces, por ahí en tiempo de cría, puede agregar algunos gusanos y otros bichitos del agua. Habita en pastizales de bañados y ambientes acuáticos de lagunas, ríos y arroyos, donde construye especies de túneles, al fin de los cuales excava la cueva en la que habita y que suele acomodar y tapizar con vegetación y que es el lugar donde la hembra tendrá sus crías, que pueden ser 4, 5 o 6  cachorritos, pudiendo parir hasta casi tres veces por año.
En nuestra campaña pampeana es natural de los amplios bañados sobre las costas del Plata, y los sistemas de arroyos y lagunas pampeanos del interior de la provincia.
A quien se abocó a su caza como un medio de vida o como una “changa” que le acerque una extra a otros magros ingresos, se lo denominó y aún se lo conoce como “nutriero”.
El poeta Don Adolfo Manuel Reynoso en 1982 le dedicó a estos personajes un libro que tituló casualmente “Romance al Nutriero”, demostrando con ello que había mucho por decir; unos 20 años antes, Don Miguel Comaleras dio a la prensa un hermoso y recomendable trabajo  titulado “Los Cañadones”, ambientado en una estancia de la zona de Lavalle, relatando historias de nutrias y nutrieros allá por 1937 a 1947, experiencia que transcurriera en la estancia que cita como “Cari Lauquen”.
Más atrás aún, por 1949, ya no en nuestra campaña sino en tierras santafecinas, el prolífico escritor Gastón Gori publicó el libro “El Camino de las Nutrias”, donde éste gran roedor y sus cazadores dan sustento a la trama de la obra.
La del “nutriero” que anda en los cañadones y pajonales, ha sido una vida muy ruda y sacrificada, ya que en el período de caza se establecía allí mismo, construyendo una precaria ranchada entre los juncales, viviendo en ese ambiente húmedo, tratando de mimetizarse con el medio, sin levantar “la perdiz” como quien dice, al punto de no prender fuego y en caso de hacerlo tratando de disimularlo lo más posible, para no delatar su presencia, tratando de evitar inconvenientes con dueños de campos y con controles de la fauna. Ocupándose después de recoger las trampas pasada ya la noche, en cuerear los bichos y en estaquear prolijamente los cueros, de la mejor manera posible para que den las mayores medidas que hará valer o tratará de imponer posteriormente, con el comprador de esos cueros, pieles que en trabajos de peletería adquirían valores muy ajenos a los que su pericia de cazador silencioso, recibía como pago por su mercadería.
Solo como una anécdota mínima puedo relatar que allá por 1958/60, se estableció en una casa vecina a “Los Ombues” de mis abuelos Espinel, un joven matrimonio conformado por un chileno con una misionera, con dos hijos pequeños. Como a aquel pedazo de campo lo atravesaba en diagonal un arroyo de buen cauce que no conocía la seca, mi abuelo lo autorizó a aquel hombre a colocar las trampas para cazar nutrias, pasando aquellas a ser casi el sustento diario por un largo tiempo, hasta que aquel consiguió un conchabo fijo. Aquella circunstancia, me permitió saborear junto a los hijos del matrimonio, la carne de nutria preparada al horno, sancochada y en escabeche, entre otras preparaciones, ya que la señora procuraba variar las recetas para no aburrir el paladar.
Ilustramos con unas décimas de del payador de Chascomús, Jorge E. Young, justamente titulado "Nutriero".
(El verso se puede leer en el blog "Antología de Versos Camperos")

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