sábado, 5 de mayo de 2012

ANA BEKER - La Amazona de las Américas - A 30 Años del Adiós


Entre 1925 y 1928, Aimé Félix Tschiffely -con “Gato” y “Mancha” -, abrió el camino, marcó el rumbo, pero sobre todo demostró que se podía cabalgar las Américas de punta a punta.
A la fecha varios son los jinetes que han cumplido exitosamente el difícil desafío, inclusive ampliando el periplo ecuestre, pero que entre ellos hubo una mujer, poco se sabe. Y como casualmente en este diciembre del Año del Bicentenario se cumplen tres décadas de su desaparición, veintiséis años después de cumplida su marcha americana, es que queremos recordarla.
Casi todo lo que de ella sabemos proviene del libro que publicara a su regreso triunfal en 1954, y ¡por suerte que lo hizo!, porque de no haber sido así probablemente ignoraríamos su hazaña.
Ocurrió que al iniciar la marcha lo hizo con el público apoyo de Eva Perón y el reconocimiento oficial del gobierno, y como aproximadamente al año de su retorno el gobierno fue derrocado y todo lo de esa época se transformó poco menos que en mala palabra, la hazaña de Beker fue ganada por el desconocimiento y el olvido.
Pero… ¿quién era esta valiente mujer?
Bonaerense de Lobería, nació en 1921 en un hogar campesino, con padres de origen letón; luego la familia se afincó en Algarrobo, partido de Villarino, donde se crió en una existencia chacarera.
Enamorada de los caballos y el recorrer distancias, su primera “travesura” fue una marcha de 1400 kms., desde La Pampa hasta Luján, en un doradillo llamado “Clavel” la que concretó en diecinueve días. Luego, en dos caballos que le hiciera facilitar el Presidente Ortiz (“Zorzal”, un overo azulejo, y “Ranchero”, un doradillo), recorrió durante diez meses, la geografía del mapa patrio, denominado entonces de “las catorce provincias”, acabando el mismo en 1942.
Alentada, aunque no conforme con lo hecho, y pretendiendo emular a sus predecesores Tschiffely y Soulé, se propuso unir Buenos Aires, con Otawa, en Canadá.
Al respecto, cuenta Santiago Ferrari, que tras asistir Ana a escuchar una charla del jinete suizo, al finalizar la misma se le acercó a saludarlo y le dijo: “Yo voy a hacer el mismo viaje que nos ha contado usted”. Entonces Tschiffely, la miró asombrado, sonriendo, sin saber que decir. “Sí -insistió ella-. Yo voy a ir a caballo, como ha ido usted, a la América del Norte. Y más lejos que usted. Iré a Canadá. Me llamo Ana Beker”. Tschiffely se puso serio y se limitó a contestar: “Me parece muy bien. Pero no pase por el altiplano”.
No es necesario aclarar que nuestra heroína no le hizo caso, aunque valga que evocar que no le fue fácil.
Como ya hemos dicho el espaldarazo de Eva Perón le permitió concretar -a la edad de 29 años- su sueño, y así el 1° de octubre de 1950, desde la Plaza del Congreso, daba la puntada inicial de su largo periplo. Sus dos compañeros, ambos alazanes y de siete años, eran “Príncipe” (que además era ‘malacara’) y “Churrito”. Al primero se lo había obsequiado Manuel Andrada, al otro Pedro Mack, y eran ambos caballos de polo.
Cuarenta y cuatro meses duró su travesía; cuarenta y cuatro meses difíciles, duros, azarosos, en los que debió vencer adversidades, repechar desamparos, superar indiferencias; visitó primeros mandatarios, convivió con aborígenes, fue retenida por grupos insurgentes, y sufrió robos y asaltos.
Distintas circunstancias hicieron que se viera obligada a utilizar en su andar una media docena de caballos, encontrándose acompañada de “Furia” y “Chiquito”, cuando el 6 de julio de 1954 desmontó frente a la Embajada Argentina, en la ciudad canadiense que se había fijado como meta. Tres años y ocho meses le había insumido la marcha.
Valga aclarar que montaba en esos dos guapos pingos de 1951, cuando cruzara por Perú. “Chiquito” era un alazán ‘maneado de atrás’ (de 4 años y medios, al momento de recibirlo), y le fue entregado por el Ministro de Guerra por orden presidencial. “Furia” era un zaino con estrella en la frente, y le fue obsequiado por la Guardia Civil y Policía.
El 27 de septiembre de 1954, con el viaje costeado por la Presidencia de la Nación, en el barco “Río Tercero” arribó al puerto de Buenos Aires junto a sus dos fieles compañeros, siendo recibida por “una cantidad regular de gente”, tal lo acotado por el ya citado Ferrari. Entre ellos un grupo de jinetes encabezados por su inseparable amiga Virginia Salusoglia, conformaron una recepción emocionante.
Con los años sufrió una internación en el hospital Español de Lomas de Zamora, hasta que tiempo después fue trasladada a Bahía Blanca donde residían algunos hermanos, y donde finalmente falleció en un instituto geriátrico, el 17 de diciembre de 1980 a la edad de 59 años.
Hace algunos años la Biblioteca Municipal de Lobería llevaba el nombre de “Ana Beker”; esperamos que siga así.
Y digamos por último, que el año de su fallecimiento, según información periodística de Esther Serruya, la Cámara de Diputados de la Nación sancionó un proyecto de resolución para acuñar una moneda de plata y un diploma para honrarla. No sabemos si esa distinción llegó a tiempo”.
Bien vale, entendemos, evocar a modo de tributarle honores, a esta criolla argentina que le demostró a los hombre y al mundo, que los imposibles no existen cuando existen voluntad, tesón y sacrificio.
La Plata, 17 de octubre de 2010

Fuentes: su libro “Amazona de las América” (ediciones La Isla, 1/1957); “Ana Beker, amazona continental” por Santiago Ferrari (Revista El Caballo, 11/1954); “Ana Beker no merece el olvido” por Esther Beatriz Serruya (Diario La Nueva Provincia, ¿/1981); “Ana Beker amazona de las américas” por Carlos R. Risso (Diario El Día, 24/12/1998).   

(Publicado en el Nº 98 de Revista "El Tradicional")

3 comentarios:

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  2. Fantástica mujer. Solo una rica imaginación puede suponer las peripecias que habrá vivido en estas casi 4 años de cabalgata, por caminos y zonas aún hoy difíciles y peligrosas. Hermoso recuerdo y quizá figure el homenaje a Ana Beker en alguna programación oficial argentina. Es merecedora.

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  3. Gracias Fernando por visitar el sitio. Cierto que Ana merece se la recuerde y se le brinde un homenaje.
    Carlos

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