miércoles, 17 de marzo de 2010

WENCESLAO VARELA un poeta inolvidable


Puede decirse que en el campo de la literatura, escribir, escriben muchos, pero que vibrar en la cuerda más afinada de la misma y alcanzar la cumbre de ese “olimpo” imaginario de la excelsitud, pocos pueden. Esos pocos son los poetas mayores. Y el pasado 25 de enero se cumplieron diez años de la desaparición de uno de ellos, ese grande uruguayo -que para sentirlo también algo nuestro, a veces citamos ‘rioplatense’-, que por siempre se llamará Wenceslao Varela.Desapercibido pasó ese aniversario, puede que alguna audición radial lo evocara, pero ni una palabra escrita hemos visto, y como el hombre no se merece el olvido, aprovechando que mayo es el mes de su natalicio y cumpliría 99 años, es que queremos recordarlo.
Su conocimiento, su “cencia gaucha”, su creatividad, su variedad de recursos, su “sabiduría de los siete oficios camperos” al decir de Guruyense, ha quedado plasmado en muchos libros, algunos son: “Nativo – poemas del terruño” (1930); “Vinchas – poemas del terruño” (1946. Segunda edición con prólogo de Sandalio Santos, 1/1956; totalizó 4 ediciones); “Candiles – versos gauchescos” (4 ediciones; la última, con prólogo de Osiris Rodríguez Castillos, 8/1961); “De cuero crudo – versos gauchos” (195 ?), con prólogo de Claudio Servetto Cortabarría; “D'entre Caronas” (10/1963); “Dos Poetas Orientales” (con Abel Soria, 1965); “De mis yuyos” (2/1968); “Trote chasquero”; “Frontera Norte”, con prólogo de Alejandro Zorrilla de San Martín; “Glorias Orientales” (con Osiris Rodríguez Castillos); “Nazarenas de hierro - cuentos criollos” (con prólogo de Humberto Ciganda, 11/1974); “Diez años sobre el recao” (con prólogo de Julio C. Da Rosa,11/1978); “Mano a mano y entre hermanos” (con Juan Carlos Bares y prólogo de José Curbelo, 1980; ed. argentina); “Boleadoras de piedra” (con Abel Soria y Julio Durante García, 1989); y “Albardones” (cuentos; edición homenaje del Ministerio de Educación y Cultura, con prólogo de Uruguay Nieto Lissardy; 2/1995. Segunda edición, 1996).
Hombre de cuna humilde, había nacido el 25/05/1908 en el Paso de “El Cautivo”, margen izquierda del Río San José, donde cerca supo tener “una media estancia” su abuelo; “el lugar que más quise”, atinó a apuntar.
Tuvo muy poca formación escolar, que recibió en la escuelita de Mal Abrigo, vecina al Paso del Cautivo; pero mucha escuela de vida, pues hecho a todos los oficios rurales, tuvo en sus experiencias del diario trajín la enseñanza necesaria para nutrir sus versos de auténticos sones telúricos, los que le permitieron erigirse en un poeta mayor, no solo en su tierra orientala, sino en toda la cuenca gaucha del Plata.
¿A que no le cantó Wenceslao si a nada le esquivó el bulto?
Toda la temática del mundo gaucho desfila por sus versos. Desde aquel temprano -y hoy inhallable- “Nativo” que escribió mientras andaba domando por las estancias, y que le deparara el disgusto de ver un ejemplar en la letrina del molino harinero en que trabajaba para ser usado como papel, hasta los cuentos de “Albardones” que en edición homenaje, a los 86 años, editara el Ministerio de Educación, muy tupida y nutriente ha sido su producción, y de esta, podríamos decir, seguros, que es en “Diez años sobre el recao” donde alcanza su obra el punto máximo, convirtiéndose en “la bíblia gaucha” de los uruguayos.
Si bien descuella en la construcción de las décimas, como se puede apreciar en el libro antes citado, no le fueron ajenos los versos de arte mayor, en los que incursionó con la soltura propia del que tiene confianza en que lo que hace, está bien hecho.
Vale mucho, para interpretar la obra de Wenceslao, lo que opinó su “congénere” Osiris Rodríguez Castillos, quien, con ojo avispado, supo definir: “Wenceslao Varela no es un poeta
gauchesco: es un gaucho poeta; que no da lo mismo, sino que vale más; porque ya la calidad de ‘gaucho’ agrega algo de poeta al hombre; y la calidad de poeta eleva al gaucho a su máxima expresión”.
¿Hace falta aclarar más?
En lo humano sí podemos agregar el pensamiento de Sandalio Santos, quien dijo que en la charla personal “reconoció al poeta que había encontrado en sus versos. Alma limpia. Ingenuidad sapiente. Hombre sufrido. Madera de Poesía”.
Y estas opiniones son doblemente valiosas, como que son colegas los que se expresan.
Admirador de Yamandú Rodríguez, lo consideró “ese inmenso Yamandú”, superior a los de su generación y los posteriores. “Yamandú es Dios” opinó.
De este lado del Plata destacaba a Hernández y su “Martín Fierro”, el que fue su primer libro (“la obra mayor que leemos y leemos y volvemos otra vez a leer”).
Si bien en su adolescencia y juventud anduvo mucho por el litoral de la mesopotamia argentina (experiencia que volcaría después en “Diez años sobre el recao”), y de entonces recordaba al entrerriano Faustino Pereyra, un hombre gaucho que como un hermano mayor fue un maestro, comenzó a entreverarse en el criollismo bonaerense apadrinado por “ese gran señor Don Ricardo Zarazaga”, fundador y presidente de la institución “Los Tientos”, con quien llegó a la Fiesta de Provincial de las Llanuras, en Coronel Dorrego, y con quien también fue a las fiestas gaúchas de Brasil.
No podemos olvidarnos de mencionar que con su amada Amanda, se casó un 11/07/1932, fructificando en siete hijos, cinco varones y dos mujeres, una de las cuales estaba radicada en la bonaerense Berazategui.
“No tengo nada que reprocharle a la vida! Mis hijos han nacido bien, mi Amanda los cuidó siempre. ¡Ninguno me ha dado un disgusto! ¿Si no le agradezco eso a la vida, que le puedo agradecer?"Falleció en su pueblo de San José (donde se había radicado junto con sus padre, alrededor de los 22 años), el 25 de enero de 1997.
Con posterioridad a su fallecimiento, por Decreto 22/1998, la Junta Departamental de Florida, designó la calle frente a su casa, entre las de Mtra. Ana Fosalba y la Avda. José P. Varela, con su nombre; y el 23 de mayo de 1999, su casa fue convertida en el “Museo Wenceslao Varela”, con horario de visita de martes a domingos, de 10 a 12. y de 15 a 19hs.
Wenceslao Varela, un poeta mayor siempre presente en nuestros sueños gauchos y verseadores.
La Plata, 22 de abril de 2007

(Publicado en el N° 78, 05/2007, de Revista El Tradicional)

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