lunes, 18 de junio de 2012

DON MARTÍN CASTRO: Poeta Cantor


          Hace 123 años, el 16 de febrero de 1882, nacía en Merlo quien estaba llamado a ser un respetado y admirado poeta popular: Julián Martín Castro.
          Indudablemente aquel partido bonaerense de hace más de un siglo, distaba mucho de éste actual que limita con Ituzaingó, Morón, Moreno, La Matanza y Marcos Paz, conformando una zona de muy alta densidad poblacional. Entonces el campo señoreaba por sí, y así lo recuerda el poeta:

“Nací en el pueblo de Merlo,
provincia de Buenos Aires,
disfruté de los donaires
y su belleza rural;
aspiré el perfume agreste
de sus pampas exquisitas,
de tréboles, margaritas 
 el encrespado cardal.” (1)

 (foto: aproximadamente 1902)

          También diría en un reportaje: “...había en el lugar unas pocas casas perdidas, la iglesia y la comisaría. Pero los maestros eran prácticamente desconocidos.” (2)
          Su núcleo familiar lo conformaban Don Martín y Doña María Lecumberry Ypar, ambos  entrerrianos, siendo del mismo origen sus abuelos paternos -D. Rosendo y Da. Elisa Ramírez-, mientras que por vía materna los abuelos eran de origen vasco-francés.
          La falta de maestros aludida más arriba, y la necesidad de tener que trabajar desde muy niño (quedó huérfano de padre hacia 1890), hicieron que llegara “a mozo sin conocer las cinco primeras letras del alfabeto. Mucho me costó aprender lo poquito que sé; quizás aprendí más en el andar de la vida que en los libros, pero no puedo desconocer que por medio de las letras me he podido comunicar...”. (3) Y agregó en otra ocasión: “Nunca tuve maestros que me enseñaran a leer ni a escribir, no fui un solo día a la escuela y eso no es bonito. No es lindo decir que uno es ignorante, pero aprendí rodando por los caminos. Aprendí solo y con mis amigos a leer y a hacer versos”. (4)
          Sobre estos últimos supo recordar que hacia los trece años pudo rimar sus primeros esbozos poéticos, sin saber muy bien como los hacía.
          También la guitarra fue su compañera temprana, y al respecto alguna vez supo referir que fue su madre quien le enseñó a tocar en ella el ritmo de milonga que lo acompañaría en sus incontables presentaciones durante su larga vida.
          De sus composiciones explicó que “...en mis versos, nunca me he preocupado por la forma, que quedaran bien y que fueran bonitos. Lo que siempre he cuidado, y a veces a expensas de la forma, fue la idea. Mis versos eran ideas. Y así como tales, yo las cantaba acompañado de mi guitarra.” (5)
          Criado a campo, como que peonó desde muy chico (peón de patio) en la estancia “La Choza” de Bernardo de Irigoyen, en Gral. Rodríguez, ya mozo, con la cuchara de albañil en una mano y la guitarra en la otra, se avecinó a los suburbios y centros proletarios. Y supo cantarle a esos dos paisajes, a esos dos mundos: evocó al gaucho y sus costumbres, cantó al obrero y las injusticias; y supo ser preciso en ambos casos, se diría más: auténtico.
          “Hay una exacta alternancia entre el campo y la ciudad; entre el cardo de las soledades gauchas y el yuyo de los arrabales proletario. En su rebeldía une a ambos universos de desdichas.” (6)
          Rebelde por la justa causa de ponerle voz al drama de los oprimidos y desposeídos, adhiere al anarquismo, movimiento en boga en las décadas iniciales del S. XX; él mismo evocaría: “He estado en el anarquismo, entendí el anarquismo, y todavía lo entiendo hoy .(...) el anarquismo exacto es como el cristianismo, pura bondad”.(7)
          Dicen las mentas que el aviso de su nombre en un bodegón, glorieta o salón popular, era suficiente para convocar al público trabajador, el que entusiasta se congregaba “al solo anuncio de que el “El Cantor del Pueblo” figura en el programa”. (8)
          Y junto con el público era común se hicieran presente un par de agentes de policía de la Comisaría de la zona, la que casi con seguridad terminaría visitando como consecuencia de los reclamos sociales de su canto, que como dijo Fermín Chávez “su obra se caracterizó por sus preocupaciones sociales”, o como reafirmó Américo Barrios desde su columna de Crónica, el 25/10/1971, evocando su desaparición: “Su verso se adornaba de música pero contenía la pólvora de la rebelión social”.
          Por suerte, de aquellas detenciones pudo salir indemne, ya que como contaba “Nunca me apalearon... mis versos me salvaron... porque no había policía que no los hubiera leído...”(9)
          Este pacífico revolucionario que esgrimía el arma del canto, la guitarra y su verdad, fue un continuador del reclamo hernandiano, o si se quiere, un precursor del posteriormente conocido como ‘canto de protesta’; vale entonces leer lo que expresara Ernesto Sábato: “El ha sido el gran payador anarquista de nuestro país. Un anarquista que, por supuesto, canta -también- a la bandera azul y blanca. Como gran criollo que es. ¡Canciones de protesta! Creen que es una novedad... Pasa que los que antes la hacían iban a la cárcel. Los que las hacen ahora, en cambio, ganan millones con los discos.”
          Y más allá del éxito de algunos de sus temas (tal el caso de “El Huérfano”, que incluso se internacionalizó), siempre vivió dignamente pero, con lo justo, producto de sus labores -entre otras- como albañil, al frente de un corralón, o posteriormente de su empleo en Salud Pública. Por eso dijo alguna vez: “Yo no he tenido éxito como poeta, he tenido éxito como amigo” (10). Y vale aquí una referencia a su amigo D. Justo Monroy: “Lo conocí por el barrio de Boedo (...). Tenía una casa de forrajes, cinco chatas armadas con buenos fletes, conocida en el Once, por ‘La Tropa del Porteño’. En esos tiempos yo cantaba por glorietas de Boedo; en San Juan y Colombres y Parque de los Patricios, etc. Un día vino a verme y me dijo: He comprado dos lotes de terreno en Ciudadela y los he puesto a su nombre, aquí tiene los papeles, yo le mando con mis chatas todos los materiales y usted que es albañil, se levanta el rancho”. (11) Y esa fue la morada que habitó hasta sus últimos días.

          Poco dado a expresar preferencias literarias, quizás, como le confiara a Lafuente, “Yo debo confesar que el poeta Alberto Ghiraldo fue mejor que todos nosotros, que todos aprendimos de él”. (12) (13)
          Asimismo, aunque afecto al canto repentista del payador -en el que admiraba a Acosta García y a García Morel-, no gustaba de trenzarse en contrapuntos, prefiriendo presentarse como solista; es que del canto alterno opinó: “¡Es un arte muy difícil... y para no hacerlo muy bien, más vale no hacerlo!
          En cuanto al decir gaucho, estuvo en la línea de los poetas de la primera mitad del siglo pasado, donde los dramas rurales tuvieron amplia repercusión popular, tal el caso de su “Juancho el desertor”, de “La Duda” o “Rastros que acusan”, por citar tan solo tres poemas.
          Abundante ha sido su obra editada, que acá reseñamos: “Armonías Libertarias” (1920), “Guitarra Roja” (1928), “Marlo y Chala” (1939), “Camino del Payador” (1949), “Chispazos de Fogón” (1950), “Versos de Martín Castro” (1950), “El Huérfano” (1952), “El Fogón de Don Martín” (1964), “Los dos tocayos” (1970). Póstumos: “El Adiós de Don Martín” (1973) y “La Vuelta de Martín Castro” (1992).
          A estos se suman “Los Gringos del País” (con una 2º edición de 1967 que se llamó “Contrapunto”), “La Canción de los Mártires” y “Versos del Pueblo”. También en Uruguay se publicó una obra suya bajo el título de “Hachando los Alambrados”.
          Muchos han sido los intérpretes de sus versos que han quedado en el registro discográfico, desde Ignacio Corsini a Horacio Guarany, pasando por Edmundo Rivero, Alberto Merlo, Oscar del Cerro, Héctor del Valle o Curbelo-Ayrala, por citar tan sólo algunos.
          En su larga vida de poeta y cantor supo granjearse el cariño y el afecto del pueblo trabajador que siempre le fue fiel, y que llevó a que Bernardo Verbisky lo denominara en 1955, desde las páginas de Noticias Gráficas, como “El más completo de los poetas populares”.
          A tres décadas de su desaparición física, acaecida el 7/04/1971 a los 89 años, su nombre no sólo no ha menguado brillo, sino que ha ganado prestigio, al punto que a la fecha tres calles ciudadanas recuerdan su nombre.
          Valga para cierre, su autodefinición: “Lo que yo hice fue vivir una vida brava, pero dándole el frente; aún, cuando iba preso, un día si y el otro también. He sido, todo lo que he sido, que era lo que quería ser; si tuve coraje fue porque al miedo me lo comí siempre.”

Notas:
(1) “Presentación” – El Fogón de Don Martín (27/10/1964)
(2) Nota de Diana Castelar
(3) El Fogón de Don Martín (datos en solapas)
(4) (12) “Martín Castro, el payador libertario”, por Miguel A. Lafuente (Todo es Historia Nº
          161 – 10/1980
(5) (7) “Autobiografía” (inédita)
(6) “Temas sociales de un poeta popular” – Crónica 20/02/1967
(8) Prólogo a “Guitarra Roja” (1928) por Fernando Gualtieri
(9) “Martín Castro gran poeta popular” – Carlos Echazarreta, Revista “Ñandubay” 15/01/56
(10) “Martín Castro a los 86 años” – Clarín 19/02/1968
(11)La Vuelta de Martín Castro”, por Numen Castro – Rev. Pal Gauchaje Nº 51 (08/1991)
(13) Poeta rebelde nacido en 1875 en la bonaerense ciudad de Mercedes, y fallecido en Santiago de
      Chile el 28/03/1946, en la mayor pobreza.

(Publicado en El Tradicional Nº 57, 02/2005)

9 comentarios:

  1. muy buen texto, saludos desde Colombia ^^'!

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    1. Gracias por la comunicación y la caricia para el espíritu

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  2. A los que se quieran arrimar, los esperamos cada 7 de abril a las 11 horas, frente a la tumba que guarda sus restos en el Cementerio Municipal de General San Martín.

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  3. Hola amigos tiene la letra y el audio del poema Hachando Alambrados? Donde podré conseguirlo?

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  4. Hola amigos tiene la letra y el audio del poema Hachando Alambrados? Donde podré conseguirlo?

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  5. Estimado, la letra se la puedo conseguir, audio no porque no me dedico a las grabaciones.
    La busco y la pondré en el blog Poesía Gauchesca y Nativista.
    Por las dudas le aviso que uno "fasebuque".
    Carlos

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  6. Respuestas
    1. Estimado David, como es un libro viejo que no se ha re editado, conseguirlo es muy difícil. Con paciencia, buscando en "librerías de viejo" en Capital, o bien consultando en Mercado Libre.
      Saludos,
      Carlos

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