domingo, 1 de abril de 2018

QUERENCIA


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 66 – 01/04/2018
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Llamamos así al lugar donde uno ha nacido, se ha criado o donde se vive; esa querencia puede ser, p. ej., la estancia o el rancho paterno. A veces se puede extender tal denominación a la zona de su vecindario: “esa es mi querencia”.
No hay que confundir con “el pago”, ya que éste representa un espacio muy amplio y un tanto indefinido en sus límites. Por ejemplo: se puede ser “del pago’e la Madalena y tener la querencia por Atalaya”. ¿Quedó claro?
Para el diccionario de la Real Academia, en su segunda acepción, querencia resulta “la inclinación o tendencia de las personas y de ciertos animales a volver al sitio en que se han criado o tienen costumbre de acudir”.
La expresión querencia deriva de “la acción de querer o amar”, y esto se refleja en los decires de nuestro noroeste argentino donde “querenciar” significa “engualichar, enamorar mediante concesiones afectuosas o por efectos de filtros u otros poderes”, esto según lo que relata Diego Abad de Santillán.
Dicho decir, y con el mismo sentido, se usa y se usó en la “madre patria”, de allí que Capdevila nos recuerda que Cervantes, en su novela “Don Quijote”, cuenta: “Con este pensamiento guió a su Rocinante (el caballo del Quijote) hacia su aldea el cual casi conociendo su querencia con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo”.
Pero volviendo a nuestra campaña, querencia tienen tanto los cristianos como los animales; en este punto se dice que “el animal que menos la olvida es el yeguarizo”, y esto nos hace recordar el verso de Berho, “Historia de un Relincho”, cuando el animal que va “misturao” en una caballada con destino de tacho, que al enfrentar el potrero donde ha estado viviendo suelta un relincho, y dice el verso: “como lo hace un yeguarizo / cuando vuelve a la querencia.
Esto me trae un recuerdo personal: tendría 8 o 10 años cuando mi abuelo Espinel entregó un potro gateado a un domador que estaba radicado en “el barrio de los estú”, en la zona del Hipódromo platense, pero… meses después, sumido y trajinado, el animal se le hizo humo, y vaya a saber uno cómo, costeó la ciudad hasta que tomó el viejo camino a Magdalena, y después recorrer más de cinco leguas, una mañana, comenzó a costear el alambrado de “Los Ombúes”, hasta que anoticiado de lo que pasaba se le abrió la tranquera, y de ahí en más la paciencia de mi padre lo hizo caballo de su silla, resultando un animal incansable, de un galopar airoso, eso sí: muy avispao siempre! Supo el pingo volver a su querencia.
Mucho se habló de la querencia en la época de la estancia vieja o cimarrona, aquella que iba ocupando las tierras donde ya no merodeaban los indios, la que  casi no tenía poblaciones, y donde había que andar rondando permanentemente la hacienda que se llevaba para que se acostumbraran a los nuevos campos, por eso, en el sitio que se elegía para parar rodeo, se solían enterrar uno o dos palos donde los animales se rascaban, y si se podía se ponía una gran piedra de sal, a las que los vacunos lamían; los dos fueron métodos para aquerenciar a la hacienda.
Ilustramos ahora con unos versos que nos cuentan de un paisano que vuelve a su rancho y sobre la huella lo va hablando con sus dos caballos. “A la Querencia”, se titula, y me pertenece:
(Se puede leer en el blog "Poeta Gaucho")

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