lunes, 20 de julio de 2015

AMIGO

Día del Amigo 2015

AMIGO

Te mando un saludo amigo:
¡que pases un feliz día!
Eso me dará alegría
y será poncho de abrigo.
Porque sé, sos como el trigo
que con su harina da el pan,
y con tu afecto y tu afán
haces la harina bendita
de darle al que necesita
tus manos, que siempre están!


miércoles, 8 de julio de 2015

CARLOS ADOLFO CASTELLO LURO (Cacho)

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 69 – 04/08/2012
Con su licencia, paisano!
        Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.


CARLOS ADOLFO CASTELLO LURO (“Cacho”).  Nació  en  Puán  el  12/08/1928.
                                     Orgulloso de sus raíces de criollos de pura cepa, allí formó su hogar junto a Nora Zanetti, convirtiéndose con el tiempo en padre y abuelo.
Argentino hasta el tuétano, reflejó su sentir e inquietudes a través de la poesía criolla, el ensayo y la investigación histórica. Hombre de formación autodidacta, era tan exigente para con los cultores del género como para con sí mismo.
Si bien su nombre recorrió camino de la mano de sus composiciones poéticas, fundamentalmente de ese “Pelajes Entreverao” que lo hermanara a Don Atahualpa Yupanqui, no llegó a publicar un compendio de sus poesías; sí publicó en el rubro novela, donde hacia 1996 dio a conocer “Los pocos y los muchos”, en la que -con conocimientos de primera mano- relata acabadamente las vicisitudes de la vida agraria de los años 40, aproximadamente; novela que fechó en su pueblo en 1992.
 Como nada de lo que tenga que ver con la cultura le era ajeno, ejerció el periodismo, habiendo publicado entre 12/1971 y 1/1975 (3 años), un periódico quincenal del que aparecieron 31 números, y que denominó “La Voz de Puán”, cuyo lema era “la pluma es la espada del alma”, expresión cervantina.
Supo en vida del reconocimiento, como que en 1969 recibió “La Flor de Cardo” de parte de la “Fiesta de las Llanuras” de Cnel. Dorrego; en 1986 estuvo ternado para el “Premio Payador” de LS 11 Radio Provincia de Bs. As., y en 1998 recibió la “Distinción Trayectoria” de la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas, entre otros reconocimientos.
Ocupó la función pública en su pueblo natal donde ejerció como Director de Cultura.
Su decir poético suena sentencioso hasta cuando trata cosas simples; su voz es grave, su conocimiento criollo es grande y preciosista en cualquier forma de verso que adopte.
Además del ya citado Yupanqui, grabaron obras suyas: Alberto Merlo, Francisco Chamorro, Santiago Lettieri, Atilio Reynoso, Claudio Agrelo, Jorge Berón...
Afectado de neumonía se había trasladado para su tratamiento a la ciudad de Bahía Blanca, donde complicaciones de su salud devinieron en problemas cardiovasculares, falleciendo en la madrugada del 2 de julio a la edad de 79 años. Sus restos fueron trasladados y descansan en el Cementerio de su ciudad natal.
En coincidencia su cumpleaños, el año pasado (2011) se le rindió un homenaje que organizó Cultura de Puán y su familia, abriendo el acto la palabra de su amigo Carlos Difulvio.

FRANCISCO ANÍBAL RIU

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 15 – 25/06/2011

Con su licencia, paisano!
Acomodado en la cocina grande, junto a la venta para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

RIÚ, Francisco Aníbal.  Nació en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, en 1881.
Alrededor de 1894 se establece en La Plata donde cursa estudios en el Colegio Nacional, los que continúa en la Facultad de Derecho, hasta graduarse de abogado en 1904, con una tesis que “versó sobre la Ley de Trabajo y despertó asombro e interés”.
Desarrolla una activa vida universitaria, y así lo encontramos como presidente del Centro Universitario, elegido en la asamblea del 9/06/1903.
De su estancia platense proviene la amistad  con Almafuerte, quien supo escribirle llamándolo “Mi querido hijo bueno…”.

Participa en la política de su época en el Partido Radical, representando como dirigente a la provincia de Buenos Aires ante la Convención Nacional. Fue también Presidente del Comité de su provincia, habiendo integrado la Legislatura Nacional, como diputado electo en 1914 y 1918, función a la que no llegó “premiado por manejar porotos, sino por ser una persona idónea y un sacrificado e inteligente militante…”.
Como poeta gauchesco, es autor de décimas sonoras de muy cuidada construcción, expresadas en un lenguaje más vale culto sin ser castizo, en las que demuestra su admiración por el personaje y el paisaje que con seguridad conoció en su pago natal.
En 1905 publicó su primer libro titulado “Sílex”, al que en 1911 le siguió “La musa errante”, y en 1913 “Leyendas Nativas”.
Hemos verificado que a partir de 09/1916 fue un reconocido colaborador del Semanario “La Pampa” Argentina”, de la ciudad de Buenos Aires; también sus composiciones aparecieron en “Caras y Caretas” y en “Nativa”.
En opinión del reputado Julio Díaz Usandivaras, Riú era “el mejor decimista” del país, lo que es reafirmado y ampliado por Gabino Coria Peñaloza: “…sus décimas, que le han dado fama y muy bien sentada, de ser el mejor decimista de ambas márgenes del Plata.”. Éste último, en nota que le dedica en el N° 1 de Revista “Nativa” (1924), vuelca conceptos laudatorios, desde ubicarlo como “uno de los más conocidos cultores de la poesía costumbrista” a definir sus letras de “Cálidas, rotundas, sonoras, brillantes, son todas sus composiciones… (…) Vivida es la descripción; movido y amplio el escenario; ricas y variadas las imágenes; seguro el trazo; cerrada y gráfica la cláusula y una vibración continuada desde el principio hasta el fin”.
Coronando su actividad poética, José Razzano le grabó sus décimas “Desde el alero” con ritmo de estilo, en 1917.

Falleció tempranamente el 21/06/1929, tenía 48 años.

sábado, 23 de mayo de 2015

JUAN QUIROGA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 67 – 21/07/2012

Con su licencia, paisano!
        Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.


JUAN QUIROGA. En realidad su nombre era Camilo Haums Gómez, nacido en Neuquén el 17/06/1887, hijo de un vasco español y de Margarita Lara, hija de una cautiva.
Realizó estudios primarios en el Colegio San José de Calasanz, en Bahía Blanca.
De allí en adelante su vida transcurrió a lomo de caballo forjando una juventud aventurera y andariega.
Por 1904, con solo 17 años, abandona sus pagos con la idea de llegarse a la ciudad Capital de la Nación. Entonces se hace a la huella con una tropilla entablada, de 16 caballos recién domados por él mismo.
En los fogones paisanos se hace cantor y payador.
Después de andar una punta de años por campos de Dolores y estancias del este bonaerense como resero, domador, en las esquilas y hasta en las cosechas, cae a Buenos Aires donde, como carrero, trabaja en el relleno de los terrenos próximos a Puerto Nuevo. Así entonces, por 1920 se radica en el barrio de Parque de los Patricios. Anda por los 37 años.
Según sus recuerdos en el año 1907, en el Almacén “La Tablada”, en los deslindes de Lomas de Zamora, Almirante Brown y Quilmes, improvisó junto a Betinotti, en una de esas reuniones para juntar unos pesos, aclarando que “no fue una payada”.
El 29/04/1932, ya hombre de casi 45 años, se casa con María Cepeda, (hija de Don Lorenzo Cepeda, mayordomo de la EstanciaLa Luz” de Norberto Quirno Costa, en Bella Vista), con quien tuvo 5 hijas, viviendo afincado en Boulogne, partido de San Isidro.
A los 80 años, por 1967, con el auspicio del Círculo Tradicional “El Lazo” de esos pagos, apareció el opúsculo “Versos del Payador Argentino Juan Quiroga”, el que nos permite conocer algo de lo que han sido sus criollos decires.
Cuando le faltaban 11 días para cumplir 89 años, falleció el 6/06/1976, en la localidad de Moreno.
Vale la pena aclarar, que para hacer este informe nos hemos valido de un trabajo periodístico del recordado soguero D. Luis Alberto Flores.
Su compuesto más popular es sin duda el que se titula “El Salao”, al que a veces se nombra como “La Leyenda del Salao”, y que narra la muerte de dos reseros por 1914, pero que hoy lo descartamos por sus once décimas.

domingo, 17 de mayo de 2015

JOSÉ RAFAEL HERNÁNDEZ


 -A 128 años de su partida, algunas curiosidades de su vida y entorno-

Hijo de Isabel Pueyrredón Caamaño y Pedro Pascual Hernández (quienes se habían casado el 20/02/1833), nació en la Chacra de Perdriel, propiedad de la familia Pueyrredón, el 10/11/1834. Dicha finca -y acá la primera curiosidad-, cuando ante los sucesos de las Invasiones Inglesas, Juan Martín de Pueyrredón forma y entrena en la misma a los Húsares con que enfrentaría al invasor, era propiedad del padre de Manuel Belgrano.
El año de su casamiento, los Hernández-Pueyrredón tuvieron su primer hijo: una mujer a la que llamaron Magdalena.

Por otro lado, la de los Pueyrredón y la de los Hernández, eran familias de enfrentadas opiniones políticas: unitarios los primeros, federales los Hernández.
Tiene 5/6 años, cuando los Pueyrredón se exilian en Brasil, quedando entonces al cuidado de su abuelo paterno, José María Gregorio Hernández Plata, en su finca de Barracas. Allí, a partir de 1841 recibe la poca instrucción escolar que tuvo, asistiendo al Liceo Argentino de don Pedro Sánchez, en San Telmo, hasta que en 1846 (cinco años después), al parecer por problemas de salud, el padre lo lleva al campo, por Pila y Laguna de los Padres, donde se desempeñaba en estancias. Conoce allí la vida y el ambiente del gaucho.
En 1840 nace su hermano, quien será su amigo y biógrafo, al que la mayoría de los estudiosos dan como nacido el 1°/09 y bautizado como Rafael José (en forma inversa a su hermano), cuando en realidad su nombre es Rafael del Corazón de Jesús, y fue bautizado el 7/06, por lo que a septiembre ya había nacido.
Tiene 8 años, cuando muere se madre.
Hernández, que fue soldado, periodista y político, tuvo su bautismo de sangre, el 22/01/1853, en la Batalla de San Gregorio, enfrentamiento desarrollado en vecindades del puesto “San Gregorio” de la estancia “Juancho”, de la familia Miguens, en Chascomús. Casi 20 años después, aparece “El Gaucho Martín Fierro” financiado -curiosamente- por D. José Zoilo Miguens, quien había sido el fundador de Ayacucho… curiosamente también, la única localidad citada en las estrofas del libro. En cuanto a éstas, Hernández utilizó una, la sextilla, que no era de uso popular, y que de la manera que él la utilizó, representa a una décima a la que se le ha eliminado la cuarteta inicial, de allí que el primer verso siempre queda libre o “guacho”.
Si poeta es aquel que tiene por hábito hacer poesía, Hernández no era poeta, al menos al escribir la primera parte de su obra, ya que no tenía otros poemas escritos.
Antes, el 5/06/1857, su padre, andando con hacienda en sus tareas de hombre de campo, en momentos de una tormenta, muere fulminado por un rayo.
El 20/08/1878 le escribe una carta al pintor Juan Manuel Blanes, referida a la exposición  en Buenos Aires del cuadro “El Juramento de los 33 orientales”, la que tiene la particularidad de estar escrita en sextillas, las que casualmente suman 33, el número de los personajes que detalla y que componen la obra, número que señala la más alta jerarquía en la masonería, a cuya organización se había incorporado en la “Confraternidad Argentina”, el 28/08/1857. Cuenta 23 años de edad.
Cuando se discute la federalización de la ciudad de Buenos Aires, fue el gran defensor de la postura de que la provincia cediera a la nación a su ciudad cabecera, manteniendo encendidos debates con Leandro Alem, por la opositora. Trabaja entonces al lado de Dardo Rocha, y es quien le sugiere que el nombre de la nueva capital sea La Plata.
Ilustración de Revista "El Fogón" N° 11 (Montevideo 22/01/1899)
Cuando los fastos de la inauguración el 19/11/1882, tuvo a su cargo la realización del asado que debía servirse en una gran carpa ubicada hacia 4 y 51, pero el mismo fue un fracaso.
No vivió nunca en la ciudad por la que tanto bregó, a diferencia de su hermano que si se estableció por la esquina sur de 9 y 48.
En 1886, a pedido de su amigo Rocha, realizó de urgencia un viaje al norte argentino, con la finalidad de pacificar las diferencias políticas habidas entre los dirigentes de Salta y Tucumán, que se alineaban con Rocha para pelear por la presidencia de éste, pero estaban enfrentados. Cumple la misión satisfactoriamente, pero a su regreso, comienzan a manifestársele cuadros de fiebre, falleciendo en su quinta de Belgrano, en brazos de su hermano, el 21/10, hace ya 128 años. Se dice que fueron sus últimas palabras “Buenos Aires, Buenos Aires…”. Si bien los médicos dictaminaron muerte por “miocarditis que derivó en ataque cardíaco”, estudios contemporáneos suponen que había contraído el mal de chagas. Tenía 51 años.
Al día siguiente no faltó el diario que titulara: “Murió el senador Martín Fierro”.

(La Plata, 07/11/2014)
(Publicado en Revista De Mis Pagos Digital N° 53)

martes, 21 de abril de 2015

CARLOS MOREL: el del criollo pincel

“Fue el primer argentino que nos legó una obra de alto valor…”, “el primer artista argentino documentado por su obra”, “…el primer pintor argentino de verdadera significación”. Así definieron tres especialistas como Alejo González Garaño, José León Pagano y José Luis Lanuza -respectivamente-, la obra de Carlos Morel, el artista que naciera en Buenos Aires, en un hogar “gallego”, el 18 de febrero de 1813, el año del célebre Congreso.
Fueron sus padres, Doña Juliana Miró y Don José María Morel y Pérez, un fuerte comerciante de la plaza porteña. Éste muere cuando tiene tan solo doce años, en 1825, situación que lo obliga -junto a su hermano Estanislao-, a involucrarse en las actividades mercantiles que desempeñaba su padre, permaneciendo ligadas a éstas hasta 1834.
Paralelamente cursa estudios en la Escuela de Dibujo dependiente de la Universidad, de donde egresó en 1831 con conocimientos en dibujo, pintura al óleo y la acuarela, y litografía (1), y así fue un feliz retratista, y ganó prestigio con sus obras de tipo costumbrista, tales “Cielito”, “Mercado de Carretas en la Plaza Monserrat”, “La Media Caña”, “La Montonera”, “Payada en una Pulpería”, “La Calle Larga de Barracas”, entre otras.
En épocas de la colonia y los primeros años de la Patria, las artes plásticas estaban prácticamente limitadas a los viajeros que nos visitaban y las realizaban, y también a aquellos extranjeros que se radicaban en estos lares, tiempos en que los “retratistas” ocupaban un lugar destacado, hasta que la imposición de la fotografía los relegó. Y mientras que para aquellos lo importante era captar lo exótico, lo curioso, lo llamativo a sus ojos no acostumbrados a esa realidad, para Morel fue el desafío de reflejar con certeza y veracidad, todos los aspectos de los suburbios porteños y la vida de los campos entonces tan vecinos a “la Gran Aldea”.
Más allá de ser miembro de lo que hoy llamaríamos una clase media acomodada, es indudable que tuvo gran interés en retratar instantes y situaciones que tenían que ver con la vida del pueblo común, y el mundo del gaucho en particular, y a pesar de tener su pintura la influencia de lo que podría definirse como “renacimiento francés” -fundamentalmente en la conformación de sus caballos-, supo detenerse con precisión en plantas y ranchos, en el detalle de las pilchas, en las tareas criollas o el acontecer de la pulpería, sin olvidar lo que en su tiempo también era común: los combates de las luchas intestinas, las bravas gestas montoneras.
El Mercado de Carretas en la Plaza Monserrat
Y resume la opinión de Pagano: “Carlos Morel representa el momento inicial de nuestro arte figurativo -pintado y grabado-, y lo representa con personalidad propia, auténtica, inconfundible. No es poco.”(…) “es un narrador sencillo y claro. Anota, describe, refiere. En este trance, concede muy poco a la fantasía. El imaginativo ensayará en otro plano sus condiciones compositivas. También será allí el gaucho quien suministre la substancia viva de sus cuadros; y también entonces apoyará en la observación directa los elementos de sus motivos combinados. Lo domina el medio popular, sus modalidades, sus usos y costumbres. Lo mira y lo penetra para extraer de todo él una expresión caracterizada”. “Por eso se sostiene su obra: por la autenticidad”.
Tanto en el óleo como en las acuarelas, los críticos han alabado el uso del color y el manejo de las sombras, considerándolo notable, porque su formación académica fue muy elemental, resultando un gran intuitivo en su formación decididamente autodidacta. “Morel sentía la composición, veía el color”, interpreta Pagano.
Al decir de José Luis Lanuza: “Morel poseyó una rara habilidad para combinar en sus dibujos numerosas figuras humanas en actitudes dinámicas y naturales. En ese sentido (aunque las comparaciones sean odiosas) supera a Pellegrini. Y la prueba de ello está en que una de las pocas láminas de Pellegrini en que aparece una muchedumbre expresiva (“Fiestas
Mayas”, incluida en los “Recuerdos del Río de la Plata”, 1841) fue dibujada en colaboración con Carlos Morel.”
 
La Calle larga de Barracas
Si bien fue longevo, como que falleció en Quilmes a la edad de 81 años, el 10/09/1894, su vida artística fue muy breve (no mucho más de diez años), pues tras presenciar en el Cuartel de Ciriaco Cuitiño, en Buenos Aires (2) la ejecución de Julián Dupuy, esposo de su hermana Indalecia, esperando a su vez la hora de su propia ejecución (pena de la que fue absuelto y liberado) (3), se trastornó, y aunque posteriormente insistió con la pintura de tema religioso, no lograría retornar a la expresividad anterior; diría Lanuza, se “anuló por el terror, convirtiéndolo en un sobreviviente, en un pobre fantasma de sí mismo…”.
A estas últimas líneas que aluden a su salud mental y hacen a “la leyenda” a su alrededor tejida, se opone su sobrino-bisnieto Agustín Matienzo, autor de la obra “Carlos Morel precursor del arte argentino”, quien dice que no fue el suyo un estado demencial, sino que se limitó a un debilitamiento general de sus facultades intelectuales con el correr de la vida. Y cuenta que en su larga residencia en Quilmes, en casa de su hermana Indalecia, siempre fue para todos los miembros de la familia -sobrinos o no-, el “tío Carlitos”, y anota: “nadie se sienta a la mesa familiar, si no lo ha hecho él primeramente, en la cabecera que se le ha destinado”. Lo que, intuimos, habla de respeto y consideración, y no de un enfermo.
Tras el triste suceso de su cuñado Dupuy ocurrido en 1842, se retira a Brasil, más precisamente a Río de Janeiro, donde permanecerá dos años, compartiendo con Prilidiano Pueyrredón y su familia, José María Gutiérrez y Juan Bautista Alberdi entre otros argentinos exiliados, y he aquí un hecho que refuerza lo informado por su pariente biógrafo: entre otras obras realiza -recurriendo a su memoria visual-, dos retratos de su cuñado, y a juzgar por la composición, mantenía vigente el trazo y su condición artística.
Retrato de Juan Manuel de Rosas (miniatura)
En 1844, de regreso en Buenos Aires, publica unos meses después su álbum “Usos y Costumbres del Río de la Plata”, conteniendo 24 láminas repartidas en dos cuadernos de 12 cada uno. Esto también habla a favor de que no debía estar enfermo o disminuido mentalmente, ya que hay un claro afán de producir y publicar, pero… no deja Lanuza pasar por alto, que “Ya no se aproximaría más a las reuniones de paisanos, a los campamentos de carretas, a las payadas de las pulperías, ni se atrevería a evocar el entrevero del combate y el galope de los montados.”
También refiere su sobrino-nieto que “Morel nunca dio un sentido comercial a su arte…”, y de ser así, jamás podría comprender que una obra suya, “La Calle Larga de Barracas”, se subastara en 1999 en la friolera de ¡302.000 dólares! (A pesos de hoy: $ 3.600.000, según el dólar “blue” -válgame la palabreja-).
El primer y verdadero reconocimiento que se le brindó a Morel, quien pasó la segunda mitad del S.19 olvidado y desconocido para sus contemporáneos, fue la exposición de su obra que se organizó en 10/1933 en los salones de los Amigos del Arte, reuniendo óleos y acuarelas nunca antes ofrecidas a la vista del pueblo.
Tal Carlos Morel, “el primer pintor argentino de verdadera significación.”, (4) del que en septiembre se cumplirán 120 años de su fallecimiento.
Combate de Caballería en la Época de Rosas


Notas
(1) Litografía: técnica de reproducir mediante impresión, lo dibujado o gravado previamente en una piedra caliza.
(2) Referencia de Araceli Otamendi
(3)  José León Pagano habla de “degüello”; otros biógrafos dicen “fusilamiento”.
(4) Sentencia de José Luis Lanuza.

BIBLIOGRAFÍA

“El Pintor Argentino Carlos Morel”, por Alejo González Garaño – La Prensa, 24/05/1936
“Carlos Morel en la transfiguración del mito”, por José León Pagano (El Arte de los Argentinos, 1937)
“Carlos Morel”, por José Luis Lanuza – La Prensa, 24/05/1959
“Carlos Morel – Un precursor del arte argentino a través de un biógrafo de hoy” – Anales, 8/1959
“La Pintura de Morel” – Anales, 9/1959
“23 Pintores de la Argentina -1810/1900”, por Julio E. Payró – Ed. EUDEBA, 11/1962
 “Exposición Carlos Morel” – Quilmes generando cultura, 10/1994
“Record para un paisajista precursor” – La Nación, 25/06/1999

“La obra de Carlos Morel”, por Carlos R. Risso – El Día de La Plata, 27/02/2003 (carta de lectores)

(Publicado en Revista El Federal/El Tradicional N° 471)

domingo, 19 de abril de 2015

NOVILLO QUIROGA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 174 – 20/09/2014

Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

DIEGO NOVILLO QUIROGA “Hijo  de  ricos  estancieros  y  bisnieto  del  célebre caudillo riojano, Gral. Juan Facundo Quiroga, su amor a la tierra nativa lo convirtió en magnífico poeta”, así comienza la semblanza biográfica que sobre él escribiera Orlando del Greco.
Este poeta bonaerense nació en la localidad de San Pedro, el 24/10/1899, por lo que el próximo mes se cumplirán 115 años de su natalicio.
Su bohemia creadora lo llevó a frecuentar ambientes humildes, dándose más con los que menos tienen que con aquellos ambientes sociales que le eran propios por cuna.
Desde la adolescencia se dio a la poesía y al periodismo, habiendo escrito en la mayoría de los medios populares de sus años juveniles e inmediatos posteriores, tales como: “La Verdad”, “Crítica”, “La Bastilla”, “El Sol”, “Noticias Gráficas”, “La Nación”, y revistas como “Nativa”, “El Hogar” y “Caras y Caretas”, y por 1918, con el también escritor Ernesto Morales, fundan la revista “Hebe”. Con este mismo colega, publica en 1917 la “Antología Contemporánea de Poetas Argentinos”; ese mismo año aparece su primer libro de poemas: “Desde mi torre de marfil”. En 1922 da a la prensa “Sabañones” -versos satíricos-, en 1929 “Vinchas – versos criollos”, y en 1930 “Rasjidos”, compendio de canciones criollas compuesto por las letras y las partituras musicales de las mismas, desgranándose en sus páginas: zamba, vidala, chacarera, cuando, tonada, firmeza, huella, triunfo, triste, estilo, gato, vidalita, cielito, pericón y hasta un arrorró gaucho. Lo pinta de cuerpo entero la dedicatoria que escribe en su libro: “A mi pago, San Pedro, Provincia de Buenos Aires, húmedo a lágrimas de macho en mi ternura de hijo”.
Cierra su serie editorial el libro de cuentos criollos aparecido en 1939, “Pampa del Recuerdo”, obra que fuera alabada por la crítica.
Según su familia tuvo desde la juventud, trato amistoso con Carlos Gardel, y así fue que éste le grabó la ranchera “Hasta que ardan los candiles”, tema que había resultado premiado en un concurso de la grabadora Odeón; también José Razzano le grabó, en este caso el tango “Viejo Callejón”.
También es autor del primer tema grabado como chamamé, que fue “Corrientes Poty”,  y que grabara Samuel Aguayo.
Se sabe que tenía en preparación 2 libros que no llegaron a concretarse: “Diccionario del pelo de los caballos criollos” y “Vocabulario Criollo”.
Con jóvenes 50 años, falleció en Bs. As. el 26/06/1950.