miércoles, 2 de enero de 2013

DELLA VALLE, ÁNGEL - apenas Un Grande

         Una centuria atrás, el 16 de julio de 1903, a la muy temprana edad de 47 años, fallecía Ángel Della Valle, probablemente el más notable pintor costumbrista de fines del siglo diecinueve, quien fiel a su vocación, al momento del adiós final, se encontraba en su atelier delante de sus discípulos dictando clase, formando futuros artistas.
         En un hogar de inmigrantes italianos -su padre era lombardo-, establecido en el porteño barrio de San Telmo, como tercer hijo de ese matrimonio, nació Ángel Domingo Juan del Sagrado Corazón de Jesús Della Valle, un 10 de octubre de 1855.
         Su padre, ejerciendo la profesión de constructor, levantó varios edificios en la Buenos Aires de entonces, permitiendo a su familia una vida sin apremios, al punto que el futuro artista pudo cursar sus primeros estudios en el Colegio San José, e iniciarse en pintura con José Bouchet, estudios que pronto enriquecería con otros maestros, y aunque su padre muere durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871, el apoyo y decisión de su madre, hará que pueda en 1875, trasladarse a Italia (Florencia), a continuar estudios superiores en su materia.
         Tenía 20 años, y por espacio de otros 8 permanecerá en Europa. Época de estrecheses  y privaciones para madre e hijo, que no pudo doblegar las motivaciones y convicciones que le permitieron al joven Ángel llegar a ser un grande.
         Instalado en Florencia estudia con Antonio Ciseri, quien -según escribe Gutiérrez Zaldivar- había fundado “la Sociedad Cooperativa de Estudiantes. Una escuela en la que entre todos los alumnos cubrían los gastos del alquiler del local, de los modelos y de la enseñanza.”
         A su regreso de Europa -1883- la organización del arte en el país estaba en cierne, por eso no llama la atención que al hacerse la convocatoria para la fundación de “El Ateneo” se encuentre participando del movimiento desde su primera reunión -la noche del sábado 23 de julio de 1892-, junto a los más notables poetas, escritores, músicos y plásticos del momento.
         Antes del año, el l5/05/1893, “El Ateneo” inaugura la primera Exposición de Arte que conocería Buenos Aires, y en ella Della Valle, junto a Sívori, Mendilaharzu y Caraffa, entre otros, integró el “jurado de admisión”, a la vez que todos ellos participaron de la muestra; en la misma fueron alabados los retratos de Schiaffino, “El Tambo” de Sívori, y “La Corrida de Sortija” de Della Valle. Esta, que representa el juego ecuestre del título en un día de fiesta patria en una población indefinida del interior rural, aproximadamente hacia 1870/80, es un óleo de notables dimensiones: 123 x 210 cm.
         Sobre éste particular Juan José Cresto escribió no hace mucho: “es, en nuestra opinión, la obra más lograda y una de las que mejor representan la sociedad argentina del interior y quizás la más genuina pintura nacional de toda nuestra historia. (el destacado es nuestro).
         Volviendo a “El Ateneo” es de resaltar que por iniciativa de sus plásticos, nacerá en 1895 el Museo Nacional de Bellas Artes.
         A partir de 1896 lo encontramos a Della Valle integrando distintas comisiones directivas.
         Al publicar Luis Berisso en 1915 un poemario de su autoría, incluye los versos titulados “Recuerdos del viejo Ateneo”, en los que dedica una estrofa a tres de los artistas que en él descollaban; la misma -no exenta de humor- dice:

“Para hallar reputación
Schiaffino pinta a destajo.
Della Valle da “Un Malón”
para hacer reputación.
De la Cárcova al Salón
va “Sin Pan y Sin Trabajo”.
Para hallar reputación
todos pintan a destajo”.
     
         Desde 1885 es profesor de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes que funciona en el edificio Bon Marché, de calle Florida y Córdoba, actualmente Galería Pacífico. Ejerció allí la docencia por espacio de 18 años, en forma ad honorem.
         En el mismo edificio tiene su atelier, donde pinta retratos, importante medio de ingresos cuando la fotografía no era aún una cosa habitual. Antes, recién llegado de Florencia, había instalado su estudio en San Telmo, en la casa familiar.
         Su obra costumbrista, tema al que se abocó con preferencia, se destaca por un puntilloso realismo de tipo fotográfico, en el que, según Romero Brest “su romanticismo se manifiesta en la libertad de movimiento de los personajes y animales, así como en la fluidez de las pastas.”
         Es de hacer notar que en el aspecto costumbrista -como bien apunta Gutiérrez Zaldivar- “...hizo su gran aprendizaje junto a Juan Manuel Blanes, creo que el maestro uruguayo fue quien le dio la clave para encauzar la forma y el espíritu de su obra.”. Casi podría afirmarse que hay cierta sintonía entre la forma expresiva de Blanes y Della Valle.
         Las principales instituciones del país tienen en sus colecciones, obras de Della Valle, así el
-          Museo Nacional de Bellas Artes, posee “La Vuelta del Malón” y “El Juego de Pato”; y el
-          Museo Histórico Nacional, “Carga de Granaderos”;
mientras que otras se conservan en el Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori” y el Municipal de Arte Hispanoamericano “I. Fernández Blanco”.
         En estos últimos años, cierta revalorización de su obra y un volver la vista atrás, hizo que cuadros suyos fuesen “la estrella” de importantes subastas capitalinas; así, en mayo del 96, Bullrich, Gaona & Wernike ofreció su óleo “Estación de Lomas de Zamora”; en mayo de 2001 Roldán y Cía. remató otra obra, y en octubre del mismo año, la casa J. C. Naón subastó -procedente de Italia- el cuadro “Idilio Criollo”, en la friolera de U$S 96.400. Con anterioridad, entre el 29/4 y el 2/6/1999, la Galería Zurbarán, de Cerrito 1522, realizó una “Exposición Retrospectiva”, según su información “la segunda exposición individual de Ángel Della Valle; la misma constaba de diez obras, entre las que se hallaban “Corrida de Sortija”, “Incendio en la pampa”, “La Estación de Lomas de Zamora” y “Tren en la pampa”.
         Magnífica expresión gaucha y costumbrista la que ofrece la paleta de Ángel Della Valle, sin duda alguna, uno de los máximos exponentes de la plástica nacional; por eso retomando la palabra del ya aludido J. J. Cresto, decimos con él: “Fue un argentino cabal, que amó su tierra, que fue la suya, la que interpretó con sus grandes condiciones artísticas, captando la esencia de cada escena cotidiana de la vida rural.”
         Hace 102 años, un gran argentino se volvía historia.

Bibliografía

-          Roberto F. Giusti - Momentos y Aspectos de la Cultura Argentina (Cap. Vida y Empresa del Ateneo), 1954
-          Julio E. Payró - 23 Pintores de la Argentina 1810-1900 (Eudeba, 11/1962)
-          Catálogo “Della Valle – Exposición retrospectiva” (4/1999)
-          Juan José Cresto - El pintor de las pampas (La Nación, 27/11/1999)
-          Abad de Santillán - Diego, Gran Enciclopedia Argentina
-          Martín Fierro (Ed. Nuevo Siglo S.A. – Bco, Municipal La Plata – 1997)
-          Genios de la pintura argentina, carpeta Della Valle (Ed. Perfil, 06/2000 – I. Gutiérrez Zaldivar)
-          La Nación (26/5/1996 – 29/4/2001 – 2/10/2001)
                                                                                                                                          (Publicado en Revista "De Mis Pagos" Nº 19)

viernes, 30 de noviembre de 2012

LA PLATA - Algunas Curiosidades

Diario "El Día" de La Plata - Cartas - Edición del 3/12/1998
Repasando el libro de Alberto S. J. de Paula, "La Ciudad de La Plata – sus tierras y su arquitectura", me encontré con un dato que si bien en otra ocasión pasó desapercibido ante mis ojos, ahora me llamó la atención, y se me ocurre una curiosidad para compartir con los lectores que aman la ciudad.
Hace pocos días nuestra Capital cumplió 116 años (*), y el dato que llamó mi atención proviene de la afirmación del autor citado, cuando dice que la fecha de fundación fue diferida en varias ocasiones; primero se pensó en el 6 de agosto; luego el 23 de septiembre se designaron por decreto los miembros de las comisiones para las fiestas correspondientes, expresándose que la ceremonia debía realizarse “a la brevedad”. Finalmente, el 10 de noviembre de 1882, por un decreto del Poder Ejecutivo se estableció la fecha del domingo 19 de noviembre para la fundación formal.
Y aquí mi sorpresa: casualmente en esta ciudad, cincuenta y siete años después, se concretó la Ley del Día de la Tradición, que -coincidentemente con la fecha de aquel decreto-, 10 de noviembre, fijaba este día y mes por ser el natalicio de Hernández. ¿Habrá sido una premonición? Sabida es la vinculación del poeta con la nueva ciudad e incluso con su nombre.
El otro dato poco conocido, lo aporta de Paula, cuando refiere que se fija el día 19, pues era el cumpleaños del segundo hijo varón de Rocha, llamado Dardo Melchor Ponciano y también el onomástico de su tercer nombre, San Ponciano, cuya coincidencia determinó se le encomendara el patronazgo de la ciudad.
Por último, y siempre siguiendo al mismo autor, decimos que ¡1500 carpas! se montaron en “la ciudad baldío” para albergar a los concurrentes, como así también, en la manzana delimitada por las calles 4, 5, 51 y 53 se montó el “pabellón desarmable” que había servido de sala de conciertos en la Exposición Continental celebrada poco antes en Buenos Aires, en la cual se distribuyeron mesas para 350 comensales.
Como se observará, todas cosas simples, pero que hacen a la historia de la ciudad. Y por cierto que vale la pena leer al autor citado.
La Plata, 26 de Noviembre de 1998

(*) El pasado 19/11/2012, la ciudad cumplió 130 años

martes, 27 de noviembre de 2012

LYNCH y SÁENZ

Dos Grandes de la Literatura Costumbrista

Diario "El Día" de La Plata -Cartas- edición del 16/12/1992


Diciembre hermana por fechas de natalicio y fallecimiento a dos grandes sin cuento de la literatura costumbrista en general, y del regionalismo bonaerense en particular. En primer término nombro a Benito Lynch, un platense notable -si tal lo juzgamos por su larga residencia en la ciudad-, y el más bastamente conocido cultor de la narrativa criolla junto a Ricardo Güiraldes. Y seguidamente evoco a Justo P. Sáenz (h), un narrador, poeta, investigador que nada tiene que envidiar a los autores mencionados, y que si bien es uno de los “máximos” referentes literarios dentro del tradicionalismo, no es tan conocido a nivel general del público masivo.

Y a dos hechos bien diferenciados pretendo referirme: Lynch, quien residió en la casa familiar de la Diagonal 77, frente a la plazoleta que triangulan los cruces de las calles 8 y 43, y se desempeñara por décadas como cronista de “El Día”, se fue de la vida el 23/12/1951.
Seis años y unos meses después, al demolerse dicho inmueble, la Municipalidad platense, a través de la Dirección de Paseos y Jardines, lo homenajeó al erigir sobre el lateral derecho del camino de acceso al Parque Saavedra (12 y 68, “el parque cerrado” como se lo conoce, aunque su nombre sea otro), no muchos metros antes de llegar al palacio que ocupa la parte central, un evocativo “Rincón del Novelista”, conformado el mismo por la puerta y el portón de dos hojas que otrora ocuparan el frente de su vivienda.
Y así como frecuente caminador y gustador de la frondosa arboleda del paseo, lo contemplé mil veces (por decir un número), deteniéndome ante él otras tantas veces, e incluso fotografiándome contra el mármol que reseña el homenaje.
Pero… desde hace un par de meses falta de su lugar una de las grandes hojas del portón de pesado metal, y al notarlo,  pensé en las depredaciones habituales de esa incultura que no admite justificativos de ninguna clase -y nos perjudica a todos-; la misma que dañara la totalidad de las figuras escultóricas del parque, daños a los que hace poco se refirieran desde estas mismas páginas mostrando además la muy deteriorada fuente “de los angelitos”.
Por suerte en mi caminata del sábado 26, topé de pronto con el desaparecido cerramiento, al que encontré sujeto con alambres a dos de las casuarinas que se ubican en hilera, paralelas a calle 14. ¿Qué fue lo que pasó? ¿La violencia anónima la arrancó de su emplazamiento? ¿El paso del tiempo deterioró los goznes y hubo que retirarlo? Sea cual fuere la causa, hago votos para la pronta reposición (*) en su sitial de honor, como una forma también de iniciar la recuperación estética del paseo que fuera orgullo de la barriada, cuándo nombrándolo como “jardín botánico”, lo recorríamos leyendo al pie de cada árbol, la chapa que lo identificaba con su nombre vulgar y científico.
El otro comentario evoca con sentida emoción la figura señera de un argentino que debería ser leído por todo aquel que se precie de tal y aspire al conocimiento de usos y costumbres regionales. Me refiero a Don Justo P. Sáenz (h), de quien este mes se cumple el centenario de su natalicio, como que vino a la vida el 19/12/1892. Al igual que Lynch, estuvo vinculado al campo desde su nacimiento, y si bien ejerció la profesión de escribano, para la cual estaba habilitado, desempeñose también y por largos períodos como administrador de campos en esta provincia y en las del litoral, trabajos que le permitieron acrecentar sus conocimientos costumbristas.

Según sus propias notas, relaciona sus años adolescentes con la confección de sus primeras estrofas, algunas de aquellas como “La Carrera”, de antología para los entrados en materia. Hacia 1927 un suplemento dominical de “La Nación” da cabida a su primer cuento, y de allí en más y hasta 1970, fue conspicuo concurrente en páginas tales como “Caras y Caretas”, “La Prensa”, “El Caballo” y “Camping” entre otras.
Su obra édita puede reseñarse nombrando “Pasto Puna” (1928, 3 ediciones), “Baguales” (1930, 3 ediciones), “Cortando Campo” (1941, 3 ediciones), “Equitación Gaucha en la Pampa y Mesopotamia” -ensayo/investigación- (1942, 5 ediciones), “El Pangaré de Galván” (1952), “Los Crotos” (1967), “Pampas, Montes, Cuchillas y Esteros” (1967). “Blas Cabrera” (1970, póstumo); también póstuma es la publicación en la desaparecida revista “Camping” de su último cuento “Sofanor Quiroga”.
Valga destacar que su obra “Equitación Gaucha”  -única en su género y como tal libro de consulta- recibió el Primer Premio de Literatura y Folklore Regional otorgado por la Comisión Nacional de Cultura, siendo designada además, como obra de estudio por la Facultad de Filosofía y Letras.
¡Cuánto habría para hablar de Don Justo!, pero demasiado hemos abusado del espacio, aunque estamos seguros ha de ser este uno de los pocos -sino el único- homenaje a su centenario.
Digamos por último que su estrella gaucha se encendió a los 77 años de edad, un 28 de mayo de 1970.

(*) Con posterioridad a la publicación de esta nota, la hoja del portón fue restituida a su lugar.


viernes, 16 de noviembre de 2012

PEDRO RISSO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 65 – 07/07/2012
         Con su licencia, paisano!
        Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

Pedro Risso - 11/1942
PEDRO RISSO. Poeta  campero ¡y de los buenos!, nació el 11/07/1915 en la localidad de Aldo Bonzi del “Viejo Pago de La Matanza”. Más adelante su familia se muda y se establece en Avellaneda, zona que por entonces centralizaba la actividad de mataderos y frigoríficos, y que lo puso en contacto con un gran movimiento de hombres de a caballo, lugareños o radicados en la zona, unos; del interior provinciano que llegaban como reseros, los otros. (Hace 4 días hubiese cumplido 97 años).
Integró el Círculo Tradicional “Leales y Pampeanos” desde 1937 -aproximadamente-, y fue su Revista “La Carreta” el órgano que permitió la primera difusión de sus versos, esos que son ¡una genuina expresión de la reunión de gente criolla: en la matera, en las grandes cocinas de las estancias, en el fogón! Su primer trabajo, firmado como “El Zurdo Nicasio”, apareció en 07/1946 y se tituló “El Oscuro Mentao”, verso en el que para disimular al autor, se nombra como dueño del caballo en cuestión, contrapunteando literariamente con el seudónimo “El Chueco Maidana” que escondía a Emilio Frattini, y en ocasiones con “El Pampa Filemón”, que no era otro que Rodolfo Nicanor Kruzich.
Marca su estilo el lenguaje exacto y fiel de los hombres de la campaña bonaerense con sus giros y expresiones, que puede a veces chocar con el buen decir de las academias, pero que por el contrario, refleja la verdad de un reservorio de pureza que fue ¡y es!, el habla del hombre rural. Opinamos que campea en sus versos, la sencilla realidad paisana del hombre de nuestra campaña, de ahí que suenen y resulten tan auténticos.
Ocho días antes de su deceso, entregó a su amigo Osmildo Etulain una selección de sus trabajos; selección que póstumamente, se aumentó con el aporte de versos que guardaban amigos y familiares, con la intención de compendiar en un libro lo más posible de su obra. Y así, con ese aporte y el económico necesario para solventar la edición, a ocho meses de su muerte, en octubre de 1967 aparece “De Mi Marca”, libro de 211 páginas que entablan 116 poemas de neto sabor campero, el que fue concretado por una suscripción entre los amigos, con una tirada de 500 ejemplares.
Curiosamente, como ya lo apuntamos al hablar de Menvielle, años después, la firma Carlos R. Azcona y Cía. S. A., de Azul, reeditó la obra en una tirada reducida y fuera de comercio, que distribuyó entre clientes y amigos.
En su poesía “Ensillando”, a través de veinte notables estrofas va contando como ensilla su “oscuro”, al tiempo que describe a todas y cada una  de las pilchas de su “recado de dominguear”, del que tomamos para cerrar, el deseo expresado en la cuarteta final de la última décima: “rogarle a Dios yo quisiera  / pa’ que el recao y mi pingo  /  no anden en manos de gringo  /  el día que yo me muera.”
Pedro Risso falleció con jóvenes de 51 años, el 11/02/1967. 

martes, 6 de noviembre de 2012

ANDRÉS EDUARDO GRÓMAZ


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 31 – 22/10/2011

Con su licencia, paisano!
Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

ANDRÉS EDUARDO GROMAZ PARRA, más conocido por Andrés Gromaz, nació en el campo “La Morocha”, en Napaleofú, partido de Balcarce, el 13/10/1922, siendo hijo de Doña María Micaela Parra y Don Federico Gromaz, ambos españoles, siendo Andrés el mayor de 8 hermanos.
En la vida rural -donde hizo de todo un poco-, su primer oficio fue ser boyero de tambo, iniciándose alrededor de los 13 años, y un lustro más tarde cuando comienza a borronear renglones, uno de sus primeros versos los dedica a ese primer trabajo.
En otro cuenta: “Caballerizo, mensual, / peón de tambo y arador, / y aunque no fui domador / como tuve algún pariente / en un redomón corriente / supe andar como el mejor.”
Por 1940 empezó a trabajar en un “almacén de ramos grales.” en San Martín, ptdo. de Lobería, y a los 20 años se radica en Mar del Plata, donde desarrollará su vida y donde se abocará afanosamente a la defensa y difusión del quehacer tradicionalista.
No ha cumplido 22 años cuando debuta en la conducción de la audición radial “Mosaicos Criollos”, en LU6 Radio Atlántica, con la que estuvo 12 años en el aire.
A instancias de su padre (un español muy acriollado llegado al país a la edad de 16 años), de niño se aficionó a los versos criollos, habiendo sido “mi primera cartilla… el Martín Fierro”, como alguna vez escribió. De allí a volverse autor había tan solo un tranco, y ese tranco lo dio con tal solvencia, que en el ambiente del tradicionalismo marplatense no dudaron en llamarlo “El Poeta de la Tierra”.
Como buen poeta popular eligió las estrofas rimadas para expresarse, y si bien manejó las distintas formas, se inclinó principalmente por las décimas, a las que supo imprimirle una sabrosa expresión paisana, con un decir llano y simple, directo, como si fuese contando cuestiones de su propia vida.
Héctor del Valle, Rodolfo Lemble, Alberto Merlo y Daniel Garbizu, han grabado temas de su autoría.
Lo sobrevive un libro: “Como Soy”, aparecido póstumamente. El mismo se presentó en la Sala A del Centro Cultural Gral. Pueyrredón, el 11/11/1999.
Lo cierto es que nuestro poeta falleció el 13/11/1994, cuando junto a 3 de sus hermanos, ya montados, se encaminaban a participar del desfile en la Fiesta de la Tradición, en el campo de jineteada aledaño al Museo Municipal “José Hernández”, y junto a la Laguna de los Padres.

miércoles, 24 de octubre de 2012

OMAR MORENO PALACIOS


LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 24 – 3/09/2011

Con su licencia, paisano!
Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si hablamos de “Poetas Criollos… y otras yerbas”.

OMAR MORENO PALACIOS. Hijo de Julia Josefa Palacios y Pedro Ponciano Moreno (en cuyo hogar anidaron 9 hijos, 8 propios y uno de crianza), nació en Chascomús el 5/09/1938, por lo que a la brevedad cumplirá 73 años.
Son conocidos los hechos de que fue discípulo del mentado guitarrista Mario Pardo, y que debutó a los 19 años en Radio Carve, de Montevideo, Uruguay, o que integró el conjunto de los Hnos. Abrodos por el breve espacio de 8 meses. ¡Ni que decir de su prestigiosa trayectoria como intérprete de canto y guitarra de la llanura pampeana!
Pero hoy queremos destacarlo como poeta, aspecto en el que poco se ha hecho hincapié. Por eso vale decir que Omar (o “Pancho”, como lo nombran sus amigos y allegados), es un notable y particular poeta criollo, al punto que lo ubicamos como uno de los escritores de mayor vuelo poético, preñado de conocimientos camperos y folclóricos, que bien acierta a reflejar en sus temas. A diferencia de otros creadores, es dueño de una metáfora muy brillante y a la vez clara, sin que por eso se aparte un jeme del decir campero. Por ejemplo cuando expresa: “El toro de los truenos / viene bramando, / pechando nubarrones, / negriando el campo…”. ¿Quién no reconoce allí el anuncio de una tormenta? ¡Y que camperamente dicho!, que no es forma propia de un autor de escritorio, sino la de un hombre del fogón, del que ha tranqueado huellas o cruzado campo al rumbo.
En “Agarrame el alazán”, versos cargados de criolla picardía, para hablar de los labios de su pretendida, reflexiona sobre la hora del amanecer y poetiza: “Eleva con vino amable / el horizonte, su copa, / para brindar con tu boca / con un rosa inigualable…”. ¡Qué inspiración!
En “Museo de barro”, habla al rancho, pone al viento de testigo y dice: “Si el Pampero hablar pudiera / dentraría en cavilaciones;/ implacable en sus sermones / que chiflan las casuarinas / yo soy corona de espina / para tus pobres horcones”. Le envideo el estro.
También en sus reflexiones y expresiones es muy criollo, y si no, veamos: “porque no conozco prenda / que no se parezca al dueño”. Justa la expresión, verdad?; o aquellos decires tan propios de hombres que andan trabajando de a caballo, como cuando dice: “¡Guarda!¡Guarda!¡Aifa toro. ¡Ta’ que rienda tiene el moro!”
Profundizar sobre su modo y estilo excede el espacio de ésta página, pero no podemos obviar decir que es además autor  cuentos criollos muy por el estilo de los de Wimpi, al que tanto interpretó y difundió, y con los que más de una vez amenazó que los iba a publicar.
Por lo expuesto digo, que “el Pancho”, nos está debiendo un libro de versos.
Un comentario final. Si bien hemos reconocido que Charrúa, Menvielle y Risso, nos marcaron por su forma de escribir, es imposible negar que entre los contemporáneos fue Moreno Palacios el que nos apistoló el ojo para encontrar las metáforas.

lunes, 15 de octubre de 2012

"EL LLAMADOR" Y LOS DIZ

¡Hace rato ya que estoy de a pie! Parodiando a Don Ata podría decir: “Sin caballo y en La Plata”. Es que las vueltas de la vida, con sus subidas y bajadas, con sus ocupaciones y desocupaciones, en vez de engordarme el cinto me ralearon el potrero. Pero no ha podido ¡ni podrá!, despoblarme el corral de los recuerdos.
Cuarenta y pico de años atrás mi abuelo Desiderio Espinel (al que al igual que el gran Vasco Istueta Landajo con su abuelo, también llamaba “Tata”), cayó a “Los Ombúes” -paraje “El Zapata” en la Magdalena- después de un remate-feria de animales en el pueblo de Bavio, con un potrillo de año y medio aproximadamente, producto de esos revoleos de compra y venta que hacían los paisanos, y del que el animalito le resultó como una yapa. Y era bonito y despierto el potrillo. Además venía con el agregado -según decían los lengua larga- de que era el resultado de un servicio que se había contrabandeado con un puro de una cabaña de criollos del pago.
Pasó el tiempo y le fue llegando el momento de la doma, claro que para entonces mi padre ya lo tenía bastante manso de abajo, bien manoseado y sin cosquillas.
Una tarde ensillamos; mi padre “El Gaucho” (un gateado grande, muy guapo), y yo “El Ciruja” (un zaino mestizo, muy tranqueador), y le caímos, como quien no quiere la cosa, al rancho criollo de Don Juan Carlos Diz. “El Indio” Diz para quienes lo conocían de antes.

JUAN CARLOS DIZ

(Don Juan Carlos Diz, hacia 1942 aproximadamente)
Los que no lo han conocido se preguntarán, ¿...y quién es Diz?, pues bueno, los anoticio: fue el primer bonaerense que resultó Campeón Argentino de Jineteada con recado, en julio de 1950, en Córdoba. Los otros fueron: en clinas, Gregorio Pérez, de Lincoln; en pelo con cinchón, Onil Centeno, de Córdoba, y de la maroma, Jorge Salgado, de Salta.
Aquel festival fue organizado con motivo de “La Semana de Córdoba” por el gobierno provincial, y las destrezas criollas, bajo la denominación de “Campeonato Argentino de Doma”, se realizaron en las instalaciones del hipódromo, que fue adecuado convenientemente con palenques, corrales y bretes para la ocasión.
Algunas de las delegaciones presentes fueron: Federación Gaucha Bonaerense, Asociación Tradicionalista Gral. Güemes, de Salta; estancias “La Francia” y “Santa Rita”, de Córdoba, Club Hípico Gral. José Ma. Paz y Haras Militar Gral. Paz, también de Córdoba, “La Montonera” de Ensenada, Bs. As.; provincias de La Pampa y Santa Fe, entre otras.
“El Indio” Diz, junto a Demetrio Oliva, Luis Benedo y “Romerito”, grupo que capataceaba Saturnino Montiel, integró la delegación de “La Montonera”, en la que también se destacó y fue premiada la tropilla de Miguel González.
Juan Carlos Diz, nació el 22/08/1916, criándose en Navarro, en una familia que integraba con ocho hermanos.
Sabía recordar que a eso de los seis años, un tío le hacía montar unos petizos “pony” muy bellacos, teniéndoselos con un lazo; luego, hacia 1927/8 aproximadamente, le hacen probar unos potros ante la atenta mirada de Pablo Olguín, el destacado jinete que hacia la segunda mitad de la década del ‘30 y principios de la siguiente, realizo una extensa gira por los variados rodeos de EE.UU.
Fue su vida, una vida plagada de aventuras. Apenas salido de la niñez, escapó al control paterno, cayendo a pedir asilo y conchabo en casa de un vasco gaucho que le abrió la puerta de la hospitalidad y lo ocupó en el tambo, al tiempo que sin levantar la perdiz, hizo saber a sus padres donde se hallaba. Un par de años después, ensilló recalando en el territorio de La Pampa, donde se aplicó a la doma, y de donde retornó ya hombre y con tropilla por delante.
Con motivo de las primeras fiestas del “Día de la Tradición” en La Plata -comenzaron en 1940- se allegó a participar de las montas, y terminó por radicarse en la zona, allá por el paraje “El Zapata” citado al principio. Corría 1942.
Anduvo jineteando hasta el ‘53 en que a los 37 años decidió retirarse. Hasta allí su vida fue una “hechuría” sobre el lomo de los brutos, montando con los ojos vendados, “cara pa’tras”, y hasta cumpliendo el malabarismo de ir desensillando el potro entre abalanzo y abalanzo.
En su momento de esplendor hubo un abogado que al mejor estilo de la literatura de cordel, hizo imprimir unos volantes de 14x23cms., de los que conservo dos en mi archivo; uno lo muestra jineteando y al pie de la foto cuatro décimas tituladas “Las Vizcacheras”; la otra lo muestra de a caballo, muy endomingado, y con las cinco estrofas de “¡Ay, décimas de mi pampa!...”. Reza el volante: “Recuerdo del Gaucho Argentino Juan Carlos Diz”. Lástima grande que a los versos les falte la cita de su autor, y él lo desconocía.

"EL LLAMADOR"

"El Llamador" en Los Ombúes, en 05/1973
Lo cierto es que le habíamos caído a su rancho, y allí, tras el “desmonten y aten”, acomodamos los montados y el potrito a la sombra tupida de una doble hilera de acacias y enderezamos al guardapatio donde Diz nos esperaba. Tras el saludo acostumbrado nos acomodamos bajo el alero donde también saludamos a Doña Adela Bustos, su señora y madre de los cuatro hijos del matrimonio: dos mujeres y dos varones.
Mientras se sucedían las preguntas de rigor (¿cómo están en las casas? ¿y doña Ana cómo anda?) y compartíamos un mate, el animalito nuevo relinchaba, inquieto, buscando de acomodarse para ventear con rumbo a la querencia. Fue en eso y ante esa insistencia que dijo Don Carlos dirigiéndose a mi padre: -Romeo, ¿cómo se llama el malacara? Un tanto sorprendidos nos miramos con mi padre...No tiene nombre... fue la respuesta. Entonces va a ser “El Llamador”, ¿no viste que relincha como llamando? Y así quedó bautizado.
A la rueda se agregó Juancho, muchacho de unos veinte años, grandote, algo grueso pero muy campero, que andaba de negro sombrero , bien aludo requintado.
Y llegó el momento de ponerle punto final al mate y los cueros al potrito, tarea de la que se encargó Juancho bajo la atenta mirada del “Indio”. Manso de abajo, lo ensilló sin problemas; lo montó y no tiró  más de dos saltos, entregándose dócilmente.
            Cuando emprendimos el regreso, un largo trecho nos acompañaron los relinchos del “Llamador”.
            Con varios galopes, Juancho lo entregó en “Los Ombúes”, donde lo siguió y enfrenó mi padre.
         Su pelaje era rosillo malacara, botas con delantal y mano blanca del lado de montar; tenía algunas manchas por la verija y la panza, que ante la influencia de “Los dos fletes” de Osiris Rodríguez Castillo me hacían imaginarlo más que verlo “overo rosao” (“Es el overo rosao, / es la aurora de mi empeño, / sol recién nacido en sangre / sobre el albor de los cielos. / Si no me siento sobre él, / se me hace que no amanezco.”).
           De su lomo me desmonté en 1982, frente al palco oficial, cuando en el multitudinario desfile gaucho por el Centenario de La Plata, tuve el honor de hacer uso de la palabra en nombre de los tradicionalistas.

PARA FINAL

Tendría unos veinticinco años, ya “jubilado”, cuando “El Llamador” murió en un potrero de “El Albardón” de Don José Tirado, a donde había llegado tras la venta de “Los Ombúes” en el ‘74, y donde Don José, con esa proverbial hidalguía criolla supo decirme: “- Tus caballos tienen campo hasta el día que se mueran”. Y así fue.
Juan Ramón Diz era el nombre completo de Juancho, quien había nacido el 30/10/1946. Verlo salir al antiguo camino real, para ir a recorrer los potreros sobre las costa del Plata, rodeado de sus inseparables perros, era presenciar la imagen de un pasado gaucho. Murió en el mismo rancho en que lo visitáramos, después de desensillar entrada la oración, un 26/09/2004.
A Don Carlos Diz -el que se allegara a saludarme cuando el fallecimiento de mi padre en 1979, pero sin llegar a la sala mortuoria, porque le hacía mal saber que los amigos se le iban-, lo vi por última vez, para el saludo y el abrazo, cuando en agosto de 2001 se celebró el Centenario del pueblo de Bartolomé Bavio.
Falleció el paisano el 11/11/2005, descansando sus restos en el cementerio del pueblo antes citado, en la Magdalena.
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¡Y pensar que a mi caballo lo bautizó el Primer Campeón Bonaerense de Jineteada!
La Plata, 11 de Febrero de 2007
(Publicado en  Revista El Tradicional Nº 76)