jueves, 6 de febrero de 2014

ESTANCIA "LA ESPERANZA" DE CAJARAVILLE - B. Bavio, Magdalena, Bs. As.

ORIGEN
Único retrato conocido del heroe

El 5 de abril de 1813, a los 18 años, sentaba plaza de “cadete” en el recientemente formado Regimiento de Granaderos a Caballos, el joven Miguel de los Santos Cajaraville; como era obligación en esos casos, aporta el uniforme, las armas, la montura y para su silla dos caballos “colorados” elegidos en la estancia paterna de la Magdalena.
Había nacido el 5 de julio de 1794, integrando un conjunto de seis hermanos, tres mujeres y tres varones.
Las noticias que traen los historiadores en ningún momento refieren el nombre de la estancia, pero sí se sabe que en 1796, el español Don Andrés Cajaraville (casado con la porteña María Engracia Miguens y padres del soldado), compró al Presbítero Antonio Rodríguez, una fracción de tierra situada en “los Montes Grandes, pago de Magdalena”, con frente al Río de la Plata por 3.5 leguas de fondo, cuyo origen se remontaba a los repartos de mercedes efectuados por Juan de Garay en su entrada a las tierras del sur después de refundar Buenos Aires.
Geográficamente la “merced” se sitúa casi paralela y al norte de la Cañada de Arregui.

LA ESTANCIA, EL SOLDADO Y “DECANO”

Conocí el apellido desde mi niñez –aunque mal pronunciado como Cajaravilla-, porque a la misma zona corresponden mis mayores, pero nunca había asociado al mismo con la gesta sanmartiniana. Hasta que ocurrió -a fines de los 80-, que revisando una colección de “Revista El Caballo”, encuentro en el ejemplar N° 124 de mayo de 1954, un breve comentario titulado “Decano” firmado por “Scissors”, donde se refería a “un noble e histórico caballito criollo”, con el cual el soldado “Caxaraville” había realizado la campaña del Ejercito del Norte y de los Andes, y retornado con él al “establecimiento de campo que poseía en el pago de la Magdalena.
El hecho me asombró y picó mi curiosidad: ¿un soldado y un pingo en el heroico Regimiento de Granaderos, y de mis pagos…?
A partir de entonces comencé a prestar atención a todo escrito en que apareciese citado el militar, y recapacitando, en el monolito erigido en diciembre de 1978 a la entrada del pueblo de Bartolomé Bavio, en la intersección de la Ruta 54 y la calle de acceso al Cementerio -bautizada Cajaraville-, en el que en una placa de bronce se transcribe parte de la arenga de San Martín en vísperas de Maipú, cuando refirió que el enemigo “…viene al sepulcro que ya le han abierto los valientes granaderos al mando del Guapo Cajaravilla…”.
Recién entonces asocié la historia con el apellido que conocía.
Y cuando ya había recabado bastante información, recurrí a los buenos oficios de mi prima hermana Mirta Espinel, residente en Bavio, quien intercediendo ante la propietaria de lo que restaba de la vieja estancia, me concertó una entrevista.
Y así fue que un domingo de principios de 1999 fui recibido y deferentemente tratado por María Angélica Cajaraville (Keka), con quien almorcé en el viejo casco de “La Esperanza”. El mismo se ubica a unos 5.5 kms. del pueblo, sobre Ruta 54, a mano izquierda yendo hacía Ruta 36, casi enfrente de la Escuela Agraria, establecimiento que tenía arrendadas las 80 has. del predio.

 En poder de familiares existían otras fracciones, fruto de las sucesivas divisiones ocasionadas en las múltiples sucesiones.
La cuestión es que allí se encontraban las construcciones fundacionales de la estancia, que en poder de los Cajaraville acreditaban ya dos centurias.
Por entonces “Keka”, devota católica, había donado su propiedad -conservando el usufructo- a la obra “Madre María Tres Veces Milagrosa”, creada por el Padre Carlos Cajade.
La población se componía de un señorial casco de sólida mampostería, con azotea de tejas y sobre ésta el clásico mirador, construcción que su dueña databa como de 1870 (ver foto). Pero lo más interesante es que tras éste, como si continuase el ala izquierda del casco, se encontraba el largo rancho, aún en pie aunque algo enclenque, que fuera población principal cuando el soldado se refugió en él junto al “colorado Decano”, buscando restablecer cuerpo y espíritu, después de siete intensos años de marchas y combates, en los cuales, hacia mediados de 1818 según apunta el historiador Jacinto Yaben “…enfermó de un tabardillo, enfermedad mortal por entonces…”.
Dicho rancho, construido en grandes ladrillos asentados en barro -según “Keka”, fabricados en un puesto de la estancia provisto de horno a tal efecto-, estaba techado a dos aguas, con la particularidad de estar el mismo recubierto por tejuelas madera de 40 x 15 cms., llamadas “ripias”, que al decir del Arq. Carlos Moreno, investigador de construcciones rurales que lo había visitado con anterioridad, era el segundo techo con esa particularidad que había relevado en la provincia, acotando que dichas tejas se importaban del Reino Unido. Muchos años atrás, el padre de “Keka” había hecho recubrir el techo con chapas de cinc, ignorando quizás que estaba protegiendo una reliquia.
En ese rancho, dividido en tres ambientes, se recluyó el soldado enfermo, y según conjeturas del historiador lugareño Don Raúl Affranchino, el ambiente del extremo oeste (opuesto al casco), transformado en establo o box -según se quiera- habría sido destinado a alojar al servicial “Decano”, “el mejor caballo del ejército patriota enseñado para la guerra” tal lo evoca el Cnel. Manuel Pueyrredón en sus “Memorias”.
En aquella visita pude observar un antiguo plano de la estancia, muy anterior a las sucesiones  que la finiquitaron, y un interesante árbol genealógico, que costó desenrollar por su tamaño, en el que figuraba el soldado, casado con Dorotea Nuñes “sin descendencia”, pero… cosa curiosa, el único retrato existente del héroe, firmado por el artista Fernando García, se encuentra en el Museo Histórico Nacional, al que fue donado el 25/01/1891, por “su hijo Feliciano Cajaravilla”.
Con posterioridad a mi visita, y a raíz de que se estaban reparando algunas deficiencias, recibí como recuerdo un ladrillo y una teja de ripia del viejo rancho, y una teja francesa de la azotea.

EN EL PRINCIPIO DE LA GAUCHESCA

Hombre de versos al fin de cuentas, no puedo pasar por alto un hecho para mi muy singular.
Cuando Cajaraville, enfermo, se retira de Chile, llega a Mendoza en momentos en que en San Juan se había sublevado el Batallón N° 1 de Cazadores de los Andes, siendo uno de los jefes rebeldes el Tnte. Francisco Solano del Corro. Toman el gobierno provincial y avanzan sobre Mendoza. En ésta se disponen alistar las fuerzas allí acantonadas, y coincidiendo se encuentra allí Cajaraville lo convocan para que encabece uno de los cuerpos. Así los sucesos, el 28/07/1820 las fuerza rebeldes chocan con las que él comanda (para lo cual y en virtud de su estado de salud, se hizo amarrar a la montura para cabalgar con alguna seguridad), en un punto denominado Jocoli, provocando la derrota y desbande de los alzados.
Y aquí la cuestión poética: sabido que el origen del género gauchesco se atribuye a Hidalgo, pero no han faltado investigadores que ven compartir esa “paternidad” con Juan Gualberto Godoy (1793/1864), y casualmente por un extenso poema de 624 versos, cuyo largo título simplificamos como “El Corro”, en el que relata los pormenores del alzamientos, y en el que el autor hace que el propio sublevado, llame a nuestro héroe “el bravo Cajaravilla”, expresándose cada vez que debe hablar, a través de la estrofa en décima.
 
Ilustración aparecida en "Caras y Caretas"
CONSIDERACIONES FINALES

En agosto de 2000, coincidentemente con el 99° Aniversario de Bavio dimos una charla sobre temas lugareños, en el ámbito acogedor de “La Casona”, allí en el centro del pueblo, y entre el puñado de asistentes se encontraba Keka Cajaraville. Fue la última vez que la vi. Falleció el 23/10/2003.
En 1906, épocas mejores de la estancia, se había erigido a espaldas del Casco, un oratorio bajo la advocación de la “Inmaculada Concepción”. Cuando mi visita, se lo abrió para que lo conozca, y así pude hojear el registro en el que se anotaban bautismos, nacimientos y hasta algún casamiento, tanto de personal del establecimiento como de vecinos.
Al cumplir cien años, se ofició una misa a cargo del Padre Carlos Walton, y la Banda del Regimiento de Magdalena ejecutó marchas y otros sones.

HOMENAJE

La existencia de este coterráneo del pago de mis mayores (que falleció en diciembre de 1852), me inspiró un par de versos que están incluidos en mi libro “Dos Evocaciones a un Pago: La Magdalena”, y con uno de ellos quiero cerrar el relato de aquella visita al casco de “La Esperanza” de Cajaraville.

                                           TENIENTE CORONEL
 ¡Ahijuna con los varones
que supo parir mi pago!
y que lo han yenao de halago
en encuentros muy bravones.
Entre aquellos mocetones
y solo por nombrar uno,
ya que’s momento oportuno
porque’l ricuerdo se oriya,
lo nuembro a Cajaravilla
y en él, ¡a tuitos riuno!

El hombre, de granadero
guerreó contra el español
pa’ imponer nuestro control
sobre el gobierno estranjero,
y en más de un encuentro fiero
del uno al otro confín
cuando el toque de clarín
decía que’l nuestro ganó,
por “guapo” lo destacó
el General San Martín.
                             La Plata, 12 de octubre de 2009

(Publicado en Revista "El Tradicional" Nº 92)

4 comentarios:

  1. Gracias por el halago!! insta a seguir escribiendo.

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  2. Las cosas que uno encuentra y realmente son para elogiar, realmente para es un gozo para el espiritu

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