sábado, 1 de febrero de 2014

Simplemente... Don LUIS DOMINGO BERHO !!!

El 26 de septiembre se cumplirán 20 años del paso al “cielo de los poetas” de quien en vida y en la tierra fuera nada más y nada menos que Don Luis Domingo Berho, por qué no?, uno de los más destacados nombres de “las letras gauchas” de la segunda mitad del Siglo 20.
(Decimos esto para que recapaciten aquellos que creen que el género murió poco después del nacimiento de “Martín Fierro”).

El matrimonio de María Rochford (de ascendencia irlandesa) y Juan Berho (de ascendencia vasca), se prolongó en 12 hijos, de los cuales, el último en nacer, el 4/08/1925, a una legua de Lobería, prácticamente sobre el arroyo de Los Huesos, fue el futuro poeta. Casi inmediatamente fallece su padre, y la familia se traslada al paraje “Cerro la Guitarra”, vecindades de San Manuel, donde crece y vive hasta aproximadamente los 17 años en que abandona a los suyos iniciando una vida andadora que nunca lo retorna a Lobería.
De este temprano abandono del hogar, hay dos versiones. Una dice que muerto el padre, fue el hijo mayor quien tomó las riendas del grupo familiar (cosa usual entonces), y que no se avino al autoritarismo de éste. La otra cuenta que tenía deseos de estudiar pero… se priorizó el trabajo (también algo muy común por esa época).
Lo cierto es que un día que la familia o la parte principal de ésta se trasladó al pueblo, Luis Domingo “cuadró el mono”, y ganó la huella para siempre.
Es posible que de sus pagos llegara hasta Monte, y cierto es también que inicia ahora una etapa de su vida muy vinculada al mundo del linyera, en pleno auge en esos tiempos; personaje al que oportunamente sabrá cantarle con precisión.
El sorteo del servicio militar ha de llevarlo a Mar del Plata, y de allí a un Regimiento en Bariloche, su destino. Cumplido ese compromiso vuelve a Mar del Plata y allí hace públicas sus condiciones poéticas (despuntaba rimas desde los precoces 16 años), vinculándose al inquieto ambiente cultural de la misma. Por eso no es extraño que su primera publicación -“Cortando Campo” en 1954-, vea la luz en la ciudad atlántica, cuando tiene 28 años (este libro salió con el precio impreso en contratapa: $ 8.50 m/n).

Posteriormente, en la década del ’70 aparecerá también allí, “14 Sonetos ½”, con el Nº 1 dentro del proyecto “Cuadernos Marplatenses” (es un pequeño opúsculo de 12 páginas).
Comparte allí con colegas del medio gauchesco y folclórico, como Ñusta de Piorno, Roberto Cambaré, Víctor Abel Giménez y Andrés Gromaz, quedando casualmente reunido con los tres primeros, en el disco que en 1968, Víctor Velásquez grabara para Odeón, en el que le interpreta el tema “Las dos aves”.
Las décimas de “El Maceta” han ganado vida propia y son muchos los paisanos que las memorizan, ignorando a veces a su autor. Sabrá decir Don Domingo que este es su verso más querido.
La década del ’70 es la del despegue y su nombre comienza a sonar fuerte en fogones y escenarios de la mano de diversos cantores; Argentino Luna ya le ha grabado “Tambo” (en un fragmento) y también “La Primer Visita”, y el correntino -pero surero-, Francisco Chamorro le musicaliza algunos temas que cobrarán fama en la voz de Alberto Merlo, quien le grabó no menos de siete temas, entre ellos las celebradas milongas “La Chata de Lobería” y “Estación de Vía Muerta”.
Podemos afirmar que fue uno de los poetas más acreditados en la segunda mitad del siglo pasado, en cuanto al regionalismo bonaerense.
Con su decir, logró un lugar destacado dentro de “la gauchesca”, la visión de un campo distinto al tratado por los poetas clásicos del género, ganado éste por otras modalidades, tareas y  personajes: la chacra y su entorno. Sin proponérselo quizás, inició el rescate -para salvaguarda de la memoria-, de herramientas y tareas propias de ese medio, obteniendo resultados difíciles de igualar por otros hacedores de rimas. Al respecto, el periodista Rubén Benitez (de “La Nueva Provincia”, de Bahía Blanca), afirmó que para lograr ese cometido “…inventó una literatura marginal, que no era gauchesca ni clásica. Se le extrajo a la chacra”.
Casualmente, el día que se conoció con el autor de esta nota y conversaron un rato, apoyándole el índice de la mano derecha en el pecho, le dijo: Mire que yo no soy un poeta gauchesco…”, con lo que certifica que tenía muy claro que su poesía marcaba una sutil diferencia con todo lo producido hasta el momento referido al ámbito rural. Era él “el poeta de la chacra”; no hay en sus composiciones tropas, reseros, jinetes, tropillas, ranchos de puestos de estancia, piales o palenques, aunque es cierto también que nada de eso desconocía, pero entendió que eso ya tenía quienes le cantaran.
Autodidacta, fue un gran lector de todo tipo de obras literarias -clásicas y contemporáneas-, lo que le dio una formación amplia y heterogénea.
Su obsesión por la poesía y la palabra, lo llevó a ser un permanente corrector de sus composiciones, en una búsqueda incansable por un sonido mejor y un contenido más claro y preciso.
Fue Berho un escritor “de primera mano”, como que le escribió a todo lo que hizo y conoció en su andariega existencia, por eso, sin temor al equívoco podemos afirmar que temas como “Peón de Fierro”, “Malacate”, “Cocina ‘e Chacra”, “Mis Trebejos”, “La Chata de Lobería”, “Estación de Vía Muerta”, “Tranquera de Alambre”, “El Maceta Viejo” o “Historia de un Relincho”, entre otros varios, son dignos de integrar la mejor antología.
Aproximadamente año 1991
Su obra publicada se compone de: “Cortando Campo” (1954), “Puerta a Juera” (1972), “14 Sonetos y 1/2” (s/f), “La Milonga Macabra” (1972), “Antiprosas” (1975); los folletos “El Maceta”, “La Chata de Lobería” (1983), “Estación de Vía Muerta” (1984), “Milongas Tuercas” (1985), “Tranquera de Alambre” (1986); y las plaquetas -1 solo poema- “Molina Campos”, “Alpillera”, “Galleta ‘e Campo”, “Receta del Guiso Carrero” y “Sulki Viejo”.
Agregamos una curiosidad: Roberto Cambaré, quien fuera muy amigo y compañero en los años juveniles vividos en Mar del Plata, le contó al poeta y periodista Pedro Leguizamón en febrero de 2001, “…escribimos en la década del 50 el 'libro de versos monovocales'…”, pero es ésta la única noticia que tenemos; si se publicó, nunca vimos un ejemplar.
De sus publicaciones, solo “Cortando Campo” tuvo forma de libro, con 36 poemas en 80 páginas. El resto, los criollos y los que no lo son, siempre fueron folletos o plaquetas.
También llevó a la grabación sus temas, y así nacieron los cassetes “Cortando Campo”, “Tranquera de Alambre”, “Milonga Macabra”, “Galleta ‘e Campo” y “Alpillera”.
No es muy conocido que el cantor y amigo personal Beto Ruidiaz -marplatense también-, aproximadamente el año 2006, realizó una grabación titulada “Sentimientos del Corazón”, compuesta de 15 zambas, una canción y un carnaval cruceño, que oportunamente habían compuesto en conjunto, Don Luis las letras y Beto las músicas.
Producida su desaparición, la familia radicada en Balcarce, con su sobrina Dora Berho de Faberi a la cabeza, se abocó a cumplirle el último sueño: publicar un libro que compendie la mayor parte de su obra, tarea a la que estaba dedicado, seleccionando y reuniendo versos, al momento de su internación.
A esa carpeta la familia decidió agregar otras composiciones y así tomó su forma final: “De Mi Galpón”, libro póstumo aparecido en 1999, editado en la ciudad de La Plata, que se enriqueció con las ilustraciones de tapa y contratapa que gentil y desinteresÁdamente aportó el artista plástico Rodolfo Ramos, tras una gestión que encarara Agustín López, poeta éste muy vinculado a Berho.
En las 150 páginas este libro,  se reúne lo más conocido de su obra, totalizando más de 80 versos.
En su andadora existencia, Don Luis Domingo tuvo varias “residencias de prestado” o “familias adoptivas”, por eso sin duda alguna citamos dos de ellas, la de Nelfi Trimarchi, en San Justo, partido de la Matanza, donde tenía su propia habitación; la otra es la de Néstor Barbieri, en la ciudad de Bahía Blanca. Barbieri, hombre de radio y organizador de importantísimos encuentros criollos, tenía verdadera pasión por el poeta y su obra, y fue un entusiasta y desinteresado difusor de su quehacer literario.
En lo de Trimarchi, casi tenía radicación, y allí estaba cuando debió internarse, y allí quedaron todas sus pertenencias tras el deceso, muchas de las cuales, con la aprobación de sus sobrinas, fueron donadas a la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas, la que le dedicó una vitrina para su permanente exhibición.
Libro de edición póstuma
Berho supo en vida del reconocimiento, y así fue que recibió el Premio “Payador” que otorgaba Radio Provincia de Buenos Aires, en el año 1986, como que también el escenario de la “Fiesta de las Tropillas y la Tradición” que organizaba la Agrupación Gauchos de Lobería, fue bautizado con su nombre.
Tras una breve internación, cuando nada parecía señalarlo, se ganó al “cielo de los poetas” cuando acusaba recién cumplidos 67 años; ocurrió en una clínica de San Justo, a las 11.40hs. del 26/09/1992, próximo ahora a cumplirse 20 años de su deceso.
Tal su deseo, sus restos descansan al pie de la sierra “La Barrosa” en el Cementerio de Balcarce, donde todos los años, para el 26/09 se realiza un homenaje junto a la tumba en la que una décima que le dedicara José Curbelo, lo evoca diciendo:


Fue Don Luis Domingo Berho
el descriptivo poeta
de la chata, del maceta
y del arado primero.
Del rastrojo, del potrero,
la cocina y los galpones.
En las sureñas regiones,
escribió su canto eterno,
con la chacra por cuaderno
y los surcos por renglones.

Con certeza decimos, que el homenaje en este vigésimo aniversario ha de reunir a muchos amigos y gente de la cultura criolla.

La Plata, 11 de agosto de 2012
(Publicado en Revista De Mis Pagos Nº 45)

1 comentario:

  1. Después de escuchar "Estación vía muerta" me interesé por este poeta y aquí encontré buena información

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